
|
 |
REPORTAJE
Condena
por partida doble
Las
cárceles salvadoreñas no son territorio exclusivo de las
maras. Sordos, ciegos, tuertos, tullidos, mancos y hasta parapléjicos
purgan sus errores en estos recintos. Los vacíos de la ley penitenciaria
los alejan de la rehabilitación y levantan barrotes invisibles
a su alrededor
 |
|
Sin
poder caminar. La mayoría de los reos discapacitados del
país carece de movilidad en una o ambas piernas.
Foto: EDH/Wilfredo Díaz
|
Respirar es una tortura en la celda 7 del penal
de Apanteos, de Santa Ana. Cada madrugada, los inquilinos obligados
de este recinto se quejan y maldicen mientras José Eduardo González
Pineda, de 55 años, quisiera ser sordo para no oír insultos,
invisible para no ser blanco de duras miradas, y dominar los esfínteres
para no provocar ese olor.
Sin embargo, la paraplejía se lo impide. La PNC lo capturó
el 12 de noviembre bajo sospecha de violación y, mientras espera
audiencia, Apanteos es su hogar.
Duermo embrocado para que la espalda esté al aire, porque
me salen úlceras profundas, dice para explicar los cuidados
que él mismo debe procurarse, ya que el personal médico
del recinto penitenciario debe atender a otros 2,099 reos.
Si es declarado culpable, Pineda González se sumará a
los 150 discapacitados recluidos en los centros de cumplimiento
de pena diseminados en todo el país entre los que ya hay
dos parapléjicos: Dolores Enrique Portillo, en Jucuapa, Usulután,
y Nieves Emilio Santos Reyes, en San Francisco Gotera, Morazán.
Se trata de una población que no aparece referida en los artículos
de la Ley Penitenciaria. Eso explica que el director del penal de Apanteos,
Julián de Jesús Guzmán Martínez, no sepa
qué hacer con Pineda y especule: No debería estar
aquí, sino en un lugar donde duerma solo y tenga quien lo cuide.
La Constitución, la Ley Penitenciaria y el Reglamento tienen
algunas limitaciones, reconoce el nuevo director de Centros Penales,
Astor Escalante.
Cuando Vértice le comentó el caso de González Pineda,
el director prometió buscar la cooperación de instituciones
como Funter o de la empresa privada y estudiar la posibilidad de buscar
recursos para atender los problemas más graves de
los reclusos con discapacidades. Sin embargo, la primera medida que
Escalante cree necesario tomar es un diagnóstico de la
situación real de estas personas.
 |
|
José
Eduardo González, parapléjico de 55 años,
espera audiencia en la prisión de Apanteos. Como él
hay otros dos inválidos en el sistema carcelario.
Foto: EDH/Wilfredo Díaz
|
Barreras invisibles
Ver al reo Jaime Eduardo Villavicencio en brazos de otro compañero
no es raro. Recluido en Apanteos desde hace seis años, purga
una condena de ocho por agresión sexual en menor.
Este hombre de cabello encanecido y 57 años de edad caminaba
perfectamente hasta hace 13 meses, cuando se deslizó cargando
dos garrafones de agua. Intentó levantarse y volvió a
caer. Ingresó al Hospital San Juan de Dios con el diagnóstico
de fractura en fémur y columna.
Desde entonces utiliza andadera y las gradas que conducen al baño
son un obstáculo insalvable a menos que alguien lo suba. Ya
les pregunté si quieren que les pague, cuenta. ¡Noombre!
Allá arriba nos están pagando, dice que le respondió
un compañero de prisión.
Villavicencio es uno de los 26 reos condenados en todo el país
con amputaciones o inmovilidad en pies o piernas, que viven atados a
sillas de rueda, muletas, bastones y andaderas y para quienes llegar
a espacios como los sanitarios y baños es tarea difícil.
Un poco de privacidad, baños adecuados, adaptados para
su silla de ruedas o su discapacidad y una buena alimentación
es lo mínimo que uno de esos reos puede necesitar, dice
Milton Escobar, miembro de Acogipri de R.L. (Asociación Cooperativa
del Grupo Independiente Pro Rehabilitación).
Escobar lleva 23 años sobre una silla de ruedas y cree que si
él tiene dificultades de movimiento estando en casa, los reos
deben tenerla aún más en las prisiones.
 |
Derechos
que no se pierden. Tanto la Procuradora de Derechos Humanos,
Beatrice de Carrillo, como los diputados Norman Quijano (ARENA)
y Violeta Menjívar (FMLN), de la comisión
de
salud de la Asamblea legislativa, recordaron que los reos no
han perdido el derecho a ser tratados con humanidad.
|
Vamos a tratar de facilitarles su locomoción
sin menoscabar las medidas de seguridad, ofreció el director
General de Centros Penales al conocer las dificultades de reos como
Villavicencio. Estas no son promesas de político,
aseguró Escalante.
Más allá de las taras
Pedro de Jesús Vega Lemus pone el pantalón en la pila,
se apoya poniendo la rodilla en ésta y restriega con toda la
fuerza de su brazo derecho.
No me queda bien lavada, pero como no tengo dinero para ver quién
me la lava, ni modo, se consuela. Vega Lemus, de 33 años,
carece de movimiento en su brazo izquierdo a raíz de un accidente
de tránsito, purga una condena de 7 años en Santa Ana
desde 1999, y tiene claro lo que necesita: Quisiera tener terapia,
sería una bendición de parte de Dios recuperar el movimiento
de mi brazo.
Por lo pronto ha asistido a los cursos de fontanería y panadería,
pero evita los talleres donde se utilizan sierras eléctricas
y maquinaria pesada pues peligroso me cortan mi único brazo.
Ése que lo impulsa para subir a la parte superior del camarote
donde duerme, pues cuando llegó al penal los primeros pisos
ya estaban ocupados.
Vega Lemus reconoce que tal vez en otros lugares hay internos
que están peor. Sin embargo, afirma que la vida diaria
dentro del penal se le dificulta.
Quisiéramos que nos ayudaran de alguna forma, para que
nosotros pudiéramos mantener la mente ocupada explotando nuestras
inteligencias, solicita. Sin haberlo escuchado, el director General
de Centros Penales, lanzó un mensaje para reos como González
Pineda, Villavicencio y Vega Lemus.
 |
Independientemente de la discapacidad física
que pueden tener, esto no les inhibe de ingresar al sistema laboral
dentro de los centros penitenciarios y al sistema de educación,
aseguró.
La tarea pendiente
Una lesión en el fémur izquierdo mantiene a Enrique Alonso
Reyes Juárez, de 23 años, en silla de ruedas dentro de
Apanteos. Cuando se le pregunta si ha participado en algún taller
responde: Ahorita, por esto que no puedo caminar no me he metido
a ninguno... Pero siempre podría así ¿veá?.
Como Reyes, la mayoría de reos discapacitados se abstiene de
participar en los cursos de desarrollo humano que se ofrecen en los
centros penales porque ignoran lo importante que son para pasar de la
fase ordinaria a la de confianza dentro de los recintos.
Así, José Pedro González Gómez, condenado
a 5 años por el delito de homicidio simple tentado, recibió
un pronóstico de reinserción desfavorable.
Según el Dictamen Criminológico que le entregaron, luego
de solicitar la reducción de pena, González no tiene faltas
de conducta pero sí un diagnóstico de cataratas bilaterales.
Ésto le inhibe de participar en los programas que lo catapultarían
a la fase de confianza.
Astor Escalante no considera la falta de visión como un obstáculo
para que los reos puedan educarse. Tuve un compañero invidente,
a veces, le serví de lazarillo. Ahora es abogado, ejemplificó.
Sin embargo, el director de Centros Penales no es insensible a las necesidades
de los reos discapacitados. Quizá la ley no lo dice pero
vamos a salirnos un poco de la ley, sin irrespetar el ordenamiento existente,
y a buscarles un sitio digno donde puedan realizar sus actividades.
Giraré instrucciones para ver en qué programas específicos
de los que tenemos en las cárceles se acomoda a estas personas,
se comprometió.
|
|
XXXXXXXXXX
|
 |
|
Daniel Paiz Méndez,
de 29 años, cumple una pena de 25 años en Santa
Ana.
|
|
Pedro de Jesús Vega explica
el dolor que siente en su brazo inmóvil.
|
Prisionero de su propio cuerpo
 |
Juan
Carlos Sura no quiere indulto, sino terapia física.
Foto EDH /Omar Carbonero
|
El
17 de agosto, Juan Carlos Sura estuvo a punto de ingresar a
Mariona, donde cumpliría una pena por facilitación
de inmuebles, pues según la policía, en la casa
de Sura, parapléjico desde la Navidad de 1999, se almacenaba
y distribuía droga.
El entonces director de Mariona, José Antonio Guzmán
Blanco, no admitió a Sura en el penal con el argumento
que ahí no era posible darle la atención
especial que necesita, pues no se tiene local adecuado
para esta clase de internos.
Luego de ser igualmente rechazado en el Hospital Rosales, Sura
pasó a ser el único condenado que cumple sentencia
en su casa.
Él no contradice el veredicto del tribunal que lo sentenció,
pero cree que fue condenado debido a la inexperiencia de su
defensor.
Dice necesitar terapia de rehabilitación y estar dispuesto
a trabajar.
Sin embargo, el programa de reinserción de reos de la
Dirección de Centros Penales no contempla este tipo de
casos. Astor Escalante cree que en el caso de Sura hay
un vacío que habrá que llegarle a responder.
|
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |