Del 12 al 19 de diciembre de 2004



LA COLUMNA

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com

Hablando de identidad

Los bienes culturales expresan las tradiciones de nuestro pueblo, así se configuran el fundamento y razón de ser de la identidad e idiosincrasia de los salvadoreños.

Por eso es necesario fortalecer esos lazos que les unen y que hacen que constituyan una nacionalidad, nuestra nacionalidad. Lo que nos vuelve responsables, a todos los habitantes de la República, de conservar, mantener y valorar lo que forma nuestro tesoro común.

Esto obliga, de conformidad a la Constitución, a la salvaguarda de la riqueza artística, antropológica, histórica y arqueológica del país como parte del territorio cultural salvadoreño.

Estos conceptos que nos configuran e identifican son parte de las consideraciones que en 1993 formuló la Asamblea Legislativa en razón de la promulgación de la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador.

Sin embargo, las mismas establecen que “la carencia de una regulación adecuada en materia cultural está afectando en forma acelerada los bienes que constituyen el Patrimonio”.

Y aunque se cuenta con toda una estructura organizada (Concultura) y una política de protección, la falta de interés de los sectores que forman la sociedad sigue siendo lamentable y vergonzosa.

A la par de las instituciones que fomentan el arte se quintuplican las organizaciones, empresas y personas naturales -léase muchos profesionales respetables- que ven a la cultura con la misma indiferencia de un ignorante.

El ejemplo más común lo vemos en los bienes de naturaleza arqueológica, prehistórica y religiosa que continúan siendo las principales víctimas del fenómeno del tráfico, saqueo y comercio ilícito. Un trabajo de mafia que no ha podido erradicarse -pese a los convenios existentes con los Estados Unidos y otros países- porque el tráfico de piezas uno de los negocios más lucrativos dada la demanda de coleccionistas indiscriminados.

En El Salvador el problema del saqueo persiste, así como la destrucción de todo tipo de bien cultural. La falta de identidad de un pueblo que tiene entre sus tesoros la declaración de Patrimonio de la Humanidad, en el caso de Joya de Cerén, es difícil de entender.

El hecho de contar con una ciudad maya de más de 3,000 años (Chalchuapa) o el reciente hallazgo de restos prehistóricos en Apopa, entre los que se cuentan especies desconocidas en el mundo científico, aún no dice nada.

Mientras sigamos vendiendo pedacitos de nuestra patria, la debilitada identidad no podrá mantenerse en pie por mucho tiempo, ojalá que las siguientes generaciones no sean tan irresponsables como nosotros y puedan portar con derecho, dos colores que hablan de un país chiquito e inmensamente grande.


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