Del 12 al 19 de septiembre de 2004


PRESAS DE CAZA

La otra trinchera

¿Existe una solución drástica al problema de las maras? Entre el concepto
‘martinista’ y el diálogo, el gobierno de Saca ha decidido enfrentar a los
pandilleros con una cacería tan efectiva que quizá no basten las cárceles
del país para recluir a todos. ¿Cuál es el punto de vista de quienes busca
apresar el súper mano dura? ¿Acaso importa?

L. Martínez, J.C. Rivas, A. Miranda y E.L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Cecilio Díaz y María Berta Portillo viajaron desde Virginia hasta Guatajiagua, para sepultar a 17 familiares fallecidos hace
15 días en Carolina, San Miguel.

La voz de -al menos- cuatro pandilleros es recogida en esta edición para hablar sobre el origen de la guerra entre las pandillas y, por otro lado, saber el punto de vista de quienes están en la mira de la administración Saca...

“Lo que fue determinante en la guerra de pandillas fue el hecho de que muchos de nosotros teníamos experiencia en las fuerzas especiales tanto del ejército como de la guerrilla”.

Las palabras son de Ernesto, alias “El Smokey”, quien ahora trabaja en programas de rehabilitación de jóvenes en riesgo social y es corresponsal para un canal de la televisión francesa...

El conocimiento en tácticas militares nos llevó a convertirnos en la pandilla más violenta de Los Angeles en los años 90. Te voy a contar de cuando llegamos a los Estados Unidos”.

Lo primero que vimos fue que los salvadoreños indocumentados estaban siendo discriminados tanto por el Estado (de California) como por las pandillas pertenecientes a otras razas. Y como veníamos del conflicto (salvadoreño), donde se nos había enseñado a defender la integridad de la patria, aún a costa de nuestras vidas, venimos nosotros y ¡pum! defendimos a nuestros compatriotas”.

Para esos días, la 18, que era una pandilla mexicana fundada en los 60, tenía algunos jóvenes salvadoreños en sus filas Fue una de las pandillas que más cerca estuvo de nosotros. Hubo casos en que salíamos y compartíamos fiestas. Así lo hacíamos. Pero en una fiesta rosa, los 18 mataron al ‘Shaggy’, un compañero de mi clica, los ‘western locos’ del área del Coliseo de Los Angeles.

La historia de una identidad controversial
Entre 1978-1979 se da la primera migración significativa a los Estados Unidos.

- RIVALIDADES con pandillas de otras razas. Los jóvenes salvadoreños recién llegados (campesinos, obreros, ex-combatientes) deciden organizarse para enfrentarse.

- EN EL ÁREA 213 Nacen como “los stoners”y se identifican con vestimentas de heavy-metal. Comienzan las riñas, robos y tentativas de asesinato; son perseguidos por la policía local; luego, son arrestados y detenidos los primeros.

-en PRISIÓN aprenden a organizarse, pelear, fabricar crack y comunicarse con códigos propios. Quedan libres los primeros, ahora transformados en Mara Salvatrucha (una palabra compuesta de salvadoreño y trucho, “alguien que anda en la jugada”), pero con una actitud distinta: pantalones flojos, cabezas rapadas, tenis y tatuajes. Obtienen el respeto a través de la violencia.

Eso originó que instantáneamente muchos cipotes salvadoreños se pasaran a la MS y se quitaran los tatuajes. Yo estaba en prisión por una tentativa de homicidio. Otros se identificaron en esa pandilla y se quedaron. Ahí comenzó la guerra”.

Con la firma de los Acuerdos de Paz (en El Salvador), Estados Unidos propuso la deportación masiva de todo salvadoreño que hubiese cometido delito o que habían llegado por un decreto de asilo; esa garantía desapareció”.

Llegamos a El Salvador sin una política de reinserción y rehabilitación. Inmediatamente sufrimos abusos, discriminación y cierre de espacios laborales (como en Los Angeles) y no tuvimos otra opción que sobrevivir de forma ilícita: venta de drogas, asaltos, crímenes y otras cuestiones que se fueron dando...”.

Creo que no era responsabilidad del gobierno de El Salvador, porque si voy a Estados Unidos o crezco, estudio, paso mi adolescencia y cometo un delito en los Estados Unidos, no soy un delincuente salvadoreño; soy un delincuente norteamericano”.

Al desaparecer las garantías, el gobierno salvadoreño cometió el error de no enviar una comisión a averiguar las condiciones de los compatriotas. Cuando Estados Unidos se deshace del problema social, El Salvador nos recibe sin ninguna preparación”.

No era nuestra idea que la pandilla creciera en El Salvador. Queríamos vivir mejor que allá; pero hubo marginación y persecución de la policía. De pronto vinieron pandillas enemigas (la 18) y comenzaron a reclutar delincuencia común. Nos vimos obligados a crecer porque no era posible que la 18 fuera más grande que nosotros, y nosotros éramos la pandilla original salvadoreña...”.
A prisión en el salvador

Aquí me detienen cuando fui acusado de atentar contra dos policías porque supuestamente tenía el arma agresora; pero quedé en libertad seis días después por falta de pruebas”.
Un mes después soy detenido nuevamente con el cargo de homicidio agravado en dos empresarios; pero resultó que el día del crimen estaba en una actividad de rehabilitación e, incluso, pedí la protección de la PNC”.

Todavía guardo el video de un noticiero local como evidencia. El motivo de las detenciones era evitar que yo presentara el éxito del programa de reinserción donde trabajaba”.
Desde ese momento defino el accionar de las autoridades como una política de exterminio, concepto con el cual concuerdan todos los pandilleros a raíz del Mano Dura”.

Se suponía que la policía iba a representar un organigrama de los mandos de las pandillas en el foro de debate de la Corte Suprema de Justicia, y solo presentaron el de la 18. El de la MS no lo presentaron porque era falso; yo aparecía ahí como uno de los líderes cuando no existen los líderes en la MS. Esto sucedió en el Hotel Intercontinental”.

LAS CIFRAS QUE EL GOBIERNO MENCIONA GIRAN ALREDEDOR DE 15 MIL PANDILLEROS. MIEMBROS DE LA MS ASEGURAn TENER 45 MIL EN EL PAÍS, DONDE EL 30% NO ESTÁ TATUADO.

Por eso pienso que estamos siendo el papel higiénico para todos los problemas de El Salvador. Se nos acusa del tráfico de drogas cuando las pandillas solo son la mano de obra.

Fíjate, durante la guerra, el país sirvió como puente al narcotráfico; después se transformó en un país consumidor. Mientras nos persiguen, los narcotraficantes están sueltos y tranquilos operando.

Otro sector interesado son los traficantes de armas, quienes se beneficiarían al quedarse operando libremente mientras nosotros estamos en guerra”.

Con los casos de las mutilaciones y decapitaciones te digo que ese no es el operandi de la MS”.

Esa es la forma operandi que a mí me enseñaron en la Fuerza Armada. Las pandillas asesinan a la luz del día a otro pandillero y en frente de quien sea para adquirir respeto. El caso es que los medios se han dedicado a promover la violencia y la han dirigido a las pandillas”.

Te insisto en las políticas de exterminio porque antes una delegación se encargaba de la 18 y otra de la MS. Después del Plan Mano Dura nos colocaron en celdas a la par para que nos conociéramos. Conociéramos a nuestras familias para después tomar represalias entre las mismas pandillas”.

El Estado sabe que no mejorará la economía por la sobrepoblación. Y quienes son más vulnerables para eliminar son las pandillas porque nadie va a dar cinco centavos por nuestros derechos”.
Por eso podríamos suponer que las pandillas podrían irse un día a la clandestinidad. Ambas están bien armadas. Como MS tenemos suficiente capacidad para atacar al Estado y a la 18 juntos. Pero este es mi punto de vista de lo que podría pasar si continúa esta cacería indiscriminada. Creemos que hay falta de interés de parte de las autoridades para solucionar de mejor forma el problema”.

Es que no le están apostando a la reinserción porque no les interesa. No me extrañaría que algún día nos relacionaran con Al-Qaeda, porque la Ley de Terrorismo de Estados Unidos es similar a la Ley Antimaras. Nos han ligado al FMLN y no tienen nada que ver con las pandillas. El único punto es que simplemente nos atrajo su plataforma de gobierno en un momento determinado”.

Aún así, queremos enviar un mensaje a nuestro Presidente... Que nos dé la oportunidad de participar y presentar nuestros puntos de vista sobre la ley y las consecuencias que ésta trae para los jóvenes que ya estamos fuera”.

Yo sé que es un Presidente distinto, accesible y hay voluntad en él”.

El sabe que tenemos muchos elementos que pueden ayudar a mejorar la condición de vida y el índice de inseguridad nacional. Pero sé que hay otras personas en el Estado que no abren los espacios y no quieren dar la oportunidad que él quiere ofrecer a los jóvenes. Pensamos que con él se puede llegar a un acuerdo. No queremos seguir siendo el problema sino parte de la solución”.


PRESAS DE CAZA

Plegarias ignoradas...

El testimonio en primera persona de este ex pandillero es más común
de lo que muchos salvadoreños imaginamos y comprendemos.
Pero ¿qué mueve a un joven para que ingrese a una pandilla? No hay
una respuesta única a la pregunta; pero hay algunas tan deplorables
como la ausencia de un padre y la desidia de una madre.

La PNC reporta la captura de 599 mareros a través de las denuncias, en lo que va del plan super mano dura. Otros 107 están en proceso de investigación.

Si tuviera la posibilidad de tener frente a mi a ese chamaco de 14 años, que está a punto de entrar a la MS, le dijera: “¡Mira lo que te espera! Perdí a mi hermano y a mi casi me matan...

Mientras estés adentro, nunca tendrás tranquilidad porque vas a tener que cuidarte, a cada segundo, de los que considerás tus enemigos. Conocí todas las cárceles de Los Angeles y allí pasé cumpleaños.

Desperdicié toda mi juventud; ni siquiera pude estudiar. En las pandillas solo vas a sufrir golpes fuertes. A un pandillero le espera el hospital, la cárcel o la muerte. ¿Vale la pena?”.

Pero en aquel momento no hubo alguien que me dijera nada. Me sentía bien con los ‘hommies’. Toda mi infancia estuve sólo y con ellos, por fin, tenía compañía. Mi madre se había ido a Estados Unidos cuando era pequeño y no conocía a mi papá”.

Desde que me acuerdo quise saber quién era mi papá; pero cuando preguntaba por él, mi madre me pegaba. Me acuerdo que eran tantas las ganas de conocerlo que miraba como los niños pasaban con sus papás frente a la tienda que teníamos y me imaginaba que era yo el que iba a pasear o a la iglesia”.

Cuando me fui de El Salvador para los Estados Unidos, la cosa no cambió. Me presentaron a tres hombres diferentes como mi papá. ¡Era horrible!”

Esa situación me confundió más y terminé por acomplejarme. Hoy por fin conozco a mi padre; de hecho, somos amigos, pero en ese momento tenía ganas de matarlo”.

La rabia y los maltratos de mi madre fueron el gancho para que comenzara a gustarme el ambiente de las pandillas.

Al principio sentí miedo. Los ‘hommies’ andaban armados y eso me daba miedo; pero, poco a poco, fui formando parte de ese mundo hasta que el miedo desapareció”.

Para entrar a la MS hice lo que hacen todos, aguanté una verguiada de 13 segundos para demostrar coraje. Creo que es una forma de decir que estás dispuesto a cualquier cosa por la clica. Y de hecho, una vez adentro, comencé a hacer locuras”.

La vida en la pandilla era agitada. Teníamos que dormir durante el día para andar despiertos en la noche ‘pisteando’ (tomando cerveza), ‘loqueando’ (drogándose) o cuidando el barrio”.

A veces traíamos carros robados para ir a los ‘walk by’ (entrar caminando a otro barrio y acribillar a los pandilleros contrarios) o los ‘drive by’ (entrar a bordo de un carro a otro barrio y acribillar a los pandilleros contrarios)”.

Adentro del barrio teníamos bien controlado a todos; incluyendo a los vendedores de droga, a los que les cobrábamos 20 dólares semanales por estar en nuestra zona. Con el dinero, que era mucho, comprábamos armas para los 30 pandilleros que formaban la clica”.

Nada nos detenía, ni siquiera la gente de la Iglesia Evangélica que había en el barrio. Me acuerdo que iba a esa iglesia, pero sólo para conocer a más gente. El señor que le daba mantenimiento al edificio era mi amigo; así que me dejaba dormir adentro”.

¡Hacíamos maldades! Hay cosas que no las puedo decir porque son muy negras; pero hice horrores en esa iglesia. Me drogaba, tomaba y llevaba a mujeres casi todos los días. En fin, la vida se me iba entre las drogas y las maldades que hacíamos a otros”.

Todos los días me enfrentaba con la muerte. A veces me veía en medio de una balacera y yo tiraba como loco para todos lados. No razonaba el peligro al que me exponía. Un día de esos me cayó un balazo en la espalda”.

El proyectil pasó a tres centímetros de mi corazón. Estuve unas varios días en coma, inconsciente. No sé como es que salí bien”.

Pocos días después de haberme recuperado, mi madre recibió la noticia del asesinato de mi hermano; pero ni eso me calmó. Seguí en el vacil”.

Anduve en todas las juveniles en Los Angeles y seguí siendo rebelde hasta que me agarraron
por andar un arma. Era un delito menor y por eso me preguntaron si quería hacer servicio a la comunidad o entrar a la cárcel. De cabezón les dije que quería estar preso. Así que cuando cumplí el tiempo, me deportaron”.

La esperanza

Regresé a El Salvador en septiembre de 1992. Estaba cansado, no quería seguir en con esa vida, quería calmarme; pero las cosas no cambiaron.

Fui de los primeros que vino de Estados Unidos con una moda nueva. Andaba vestido con zapatos Nike, con pantalones flojos y bien planchados, así como se visten los pandilleros en Estados Unidos.

En poco tiempo, algunos jovencitos se comenzaron a identificar conmigo. Me preguntaban porque me vestía así y yo les decía que era un MS. Aunque quería calmarme, siempre me identificaba como pandillero”.

Les fui explicando a los chamacos que en la pandilla éramos unidos y que nos protegíamos de los contrarios. No faltó él que se interesara por entrar. Por eso terminé formando dos clicas de la MS, una en Usulután y otra en Santa Tecla”.

Los que están en El Paraíso son cipotes que se brincaron porque yo estaba allí. Me seguían y el nombre ‘Flipper’ comenzó a escucharse por todos lados”.

Tenía poco tiempo de estar en El Salvador y las radios sacaban noticias sobre un pandillero deportado y drogadicto que andaba por las calles buscando problemas”.

Una vez, fui a la casa de un locutor a pedirle cuentas. El tipo no hallaba que hacer y creo que por miedo tuvo que llevarme a la radio para que, en vivo, me defendiera”.

Los cuatro años siguientes anduve en las mismas hasta que me metí en problemas. Fui a una fiesta y asesiné a un joven”.

Eso fue lo que me llevó directo a ‘Mariona’; pero adentro no me calmé. Seguí de rebelde. Me hice escolta de un capo, que distribuía la droga adentro del penal. Yo lo conocía; así que me dio trabajo cuidándolo”.

Anduve en malos pasos. Distribuía y consumía droga todo el tiempo. Si no me mataron es porque Dios es bueno. Gracias a mi Dios que no duré mucho tiempo descarriado”.

Un día de esos, en el año 1996, iba pasando por una champita sencilla de lámina y vi un montón de hermanos que estaban condenados a 20 años de prisión. Igual que yo estaban condenados a 20 años; nadie los visitaba y no tenían ni un cinco para un cafecito; pero vi que tenían una cara diferente”.

Me di cuanta que tenían alegría en sus ojos y pensé que yo quería ser feliz. Yo estaba pasando por un momento difícil en mi vida, me había dejado la mujer y aquí no tenía familia; por eso consumía mucha droga para olvidar”.

Pensé que esa alegría no me la daba la droga que me metía todos los días. Así que me animé a entrar y le dije a Dios: ‘Si existís, cambiame’ y lo hizo porque dejé ese mundo de una buena vez”.

La decisión de entrar a la iglesia La Esperanza, en el sector tres del penal, y de salir de las maras la tomé yo. Nadie me obligó. Es algo muy personal”.
Opinión sobre el Plan super mano dura

¿Qué opinas sobre el Plan Super Mano Dura? Lo digo con mucho respeto porque viene del señor Presidente, pero para mí es una solución muy represiva. Violencia genera más violencia. No soy profeta; pero es posible que aquí se empiecen a dar problemas graves. Uno ve como les violan sus derechos y eso está generando mucho resentimiento.

Si alguien ha infringido la ley hay que juzgarse según manda la ley; pero, como cristiano, creo que el gobierno debería de buscar la forma de llegar a esta gente.

Si la solución al problema de las maras estuviera en tus manos, ¿qué harías? Crearía muchos centros de prevención para estos cipotes. Les contara cómo es la vida en las pandillas a través de mi testimonio y el de otros casos parecidos.

 


PRESAS DE CAZA

Marcado de por vida

El fruto amargo de la emigración puede destruir familias, como fue
el caso de Carlos, que partió a Estados Unidos con todos los suyos.
Esto no impidió que ingresara a una pandilla. Luego de ser deportado,
ahora se dedica a ofrecer a los mareros una vida diferente.

Somos tres hermanos, pero el más inquieto fui yo, el de en medio... Nosotros huímos de aquí antes de la guerra. Llegamos a Estados Unidos en 1979”.

Mis padres pasaban trabajando y mi papá tomaba mucho, y siempre había problemas en la casa. Vivíamos cerca del centro de Los Ángeles”.

Yo hubiera podido estudiar y seguir otro camino, porque mi familia se había levantado y tenía recursos económicos. Pero lo que uno necesita en una familia es ser amado; no que le den las cosas sin amor.

Eso me llevó a unirme a la pandilla, a meterme en bastantes problemas y a buscar ser reconocido en ese ambiente.

Entonces tenía 17 años. Llegué a cometer los crímenes típicos de los pandilleros; pero nunca participé en una violación”.

Aún estando en la pandilla siempre me gustó leer, porque no quería que nadie me tuviera como tonto. Todos los crímenes que cometí los planifiqué. La gente me respetaba. Pero un día, me descuidé y me arrestaron y pasé casi seis años en la cárcel esperando ser juzgado por diversos delitos. Uno de los casos en mi contra era bien pesado. Si lo perdía me daban cadena perpetua o la pena de muerte”.

A pesar de eso, en la cárcel me iba poniendo peor, me metí con la mafia, vendí droga, y me hice adicto a la heroína”.

Llegué a una situación en la que estaba bien enfermo”.

Pero pasó algo... En la prisión, cuando uno hace una cosa mala, lo mandan al ‘hoyo’. Se trata de una celda pequeña, algo oscura, con lavamanos, excusado y un camarote. Dentro del hoyo sólo le permiten tener un cepillo, una pasta de dientes y un libro religioso. Mi mamá me mandó una Biblia. Entré y salí tantas veces de esa celda que la leí toda y la releí.

Después de cierto tiempo Dios le llega a enseñar a uno que su corazón está mal. Lo que pasa es que uno se acostumbra a hacer tanta maldad que ya se le convierte en algo bueno. Al ver eso le pedí a Dios que me cambiara y como que creció una chispa en mi corazón. Pero el cambio no fue automático”.

Cuando salía del ‘hoyo’ seguía haciendo las mismas cosas, pero ya no me sentía a gusto”.
Cuando puyaba a alguien y les contaba a los de mi celda me lo celebraban. Yo era uno de ellos, estaba entre los más peligrosos. Sin embargo, me tiraba de rodillas, lloraba y leía la Biblia”.

Aunque no agarraba el libro y decía ‘soy cristiano’, algo pasaba en mi interior. Luego, pienso que Dios hizo el milagro, a Él se lo atribuyo... En el juicio me bajaron el tiempo de condena, quitaron varias acusaciones en mi contra, y en el delito por el que me declararon culpable, me bajaron los cargos y, al final, me deportaron”.

Amarga bienvenida

Vine aquí en el año 1997. Entonces, recuerdo que todavía tenía tatuajes en la cara y noté cómo la gente sentía pánico de ver a alguien así entre ellos”.

Nadie pensaba ver un tipo como yo en Galerías, Merliot o Metrocentro, lugares por los que pasaba para ir a la iglesia donde me congrego. Con el tiempo la gente se acostumbra, pero hay otros que guardan distancia. Sí, hay personas que me han recibido bien... pero son pocos”.

Después de hablar con un hermano de la iglesia, que es dueño de un gimnasio muy conocido, me dieron la membresía. Cuando yo entraba la gente se me quedaba viendo; en la cara les notaba que me tenían miedo y no querían acercárseme”.

Entonces Pensé: ‘si me voy, si me intimidan, voy a quedar derrotado y nunca voy a poder ser parte de la sociedad’. Seguí yendo al gimnasio y me fui ganando su confianza.

Si alguna persona necesitaba levantar algo, venía yo y le ayudaba. Me daban las gracias, me comenzaban a preguntar sobre mi vida y yo les explicaba todo lo que había pasado y cómo Dios obró en mí”.

Eso es lo que hago, sé que voy a ir a lugares donde la gente me va a tener miedo. Es cierto, cometí ciertos errores y yo tengo que probarle a la gente que hubo un cambio. Llevo ya seis años estudiando en el instituto bíblico, estoy en el segundo ciclo de Ingeniería en Sistemas y trabajo con una fundación que ayuda a pandilleros que quieren rehabilitarse”.

Yo puedo llegar ante ellos y decirles ‘esto pasó en mi vida’. Muchos me conocieron en EE.UU. y testifican lo que yo era: ‘Sí, yo lo conocí allá y era así, pensamos que lo habían matado en la cámara de gas y ahora lo vemos aquí”.

No soy pandillero ni me visto como ellos; pero tengo marcas en mi cuerpo. Si me pregunta ¿qué pienso sobre la mano súper dura? Le digo que si algo no es constitucional, no es correcto.

Aunque ciertas situaciones desesperan a la población y la gente clama porque se tomen medidas más difíciles para los pandilleros, no pienso que puedan meter a alguien en la cárcel por lo que es; pero sí por lo que hace. Me imagino que eso está en la Constitución. Porque conozco un poco más la constitución de EE.UU.”

Pienso que la súper mano dura son medidas drásticas para disminuir el crimen y, si se trata de eso, creo que los delincuentes van a padecer. Mi responsabilidad como ciudadano es obedecer las leyes, y no puedo decir que la mano súper dura ‘es mala’, pero sé lo que piensan los pandilleros: ‘que se trata de una política para mostrar que el Presidente está haciendo lo que prometió”.

“Nunca podré salir de aquí”
Luz vive dentro de una habitación oscura por donde el sol suele colarse, a veces, tímido, como quien pide permiso en absoluto silencio...
Yo sé que fue la policía quien me disparó cuando iba con mi marido. Si unos minutos antes los ‘cuilios’ nos habían pedido los papeles y, a la vuelta, pum-pum, nos balacearon y aquel pudo correr porque solo le dieron en la mano. Yo no. A mi la bala me atravesó el hueso y por eso camino patoja. En el hospital me hicieron injertos, pero siempre quedé patoja. Después de eso es que volví a quedar embarazada de este chiquitín. La otra niña tiene tres años. No la puedo llevar a ningún kinder, aunque quisiera. ¡Chis! No tengo pisto y los privados cobran bien caro y me da pena porque la bicha es bien inteligente (...) pero aquí se entretiene conmigo, jugando, y jodiendo al hermanito. Lo mejor es que siempre estoy cerca; es que no tengo trabajo y, con estos tatuajes, no llego lejos. Si no es la policía que me detiene, pueden venir los otros mierdas, los enemigos y me pegan un tiro. Aquí sólo mi marido es quien me cuida. Él trabaja para mantener la casa. Somos de la misma pandilla. Somo una familia y no, no me puedo quitar los tatuajes. Entonces, me mataría la mara”.

 


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