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LA
COLUMNA

¿Para
dónde caminamos?
Hace tres años, el mundo contempló
atónito el “peliculesco” y dramático ataque
a las emblemáticas torres gemelas de la ciudad de New York. Este
episodio sólo puede recordarse con dolor y estupefacción
ante las guerras que se libran en el mundo. Por lo general, desayunábamos
con esas imágenes satelitales que la televisión nos regala
en directo, desde muchos lugares de la tierra, cual si fuera una superproducción
cinematográfica de corte violento. Pero la diferencia con el
11 de septiembre estaba en que no se trataba de una película
al peor estilo de Hollywood; era una cruel realidad de la cual recuerdo
especialmente los rostros desconcertados y algunos cuerpos cayendo en
el vacío, lanzándose desde los edificios en llamas, desesperados.
Desde todo punto de vista, las escenas de horror de aquel fatídico
11 de septiembre de 2001 no pueden dejar de conmover; son inaceptables
para estos días en los que nos ufanamos de adelantos tecnológicos,
de avances en la medicina.
Pero, pregunto: ¿cuánto hemos avanzado en derechos humanos,
en tolerancia, razonamiento, en el diálogo para alcanzar acuerdos
y dejar de lado la violencia como la vía más inmediata
cuando se persigue un fin? Definitivamente, el mundo camina en retroceso.
La magia de la televisión nos sigue envolviendo con noticias
casi apocalípticas donde reina la agresión, la imposición,
la fuerza bruta, lo inhumano. La palabra “negociación”
ha cobrado fuerza sólo en teoría, pues, en la práctica,
está condicionada por prácticas como la toma de rehenes,
tal es el caso de los periodistas franceses Christian Chesnot y Georges
Malbrunot en manos del Ejército Islámico de Liberación.
O el más reciente: la matanza horrorosa en una escuela de Beslan,
en Osetia del Norte, donde la mayoría de los 335 muertos, eran
niños.
La magia de la internet también nos ha regalado escenas sobre
cómo mueren degollados los rehenes de grupos opuestos a la presencia
del ejército estadounidense. Los ejemplos de cómo se juega
a la guerra hoy en día son muchos; y mientras tanto, los civiles
siguen muriendo, los seres más vulnerables siguen siendo el botín
de conflictos que no parecen acabar; al menos, pronto.
De los atentados del 11-S se dijo muchas veces que estos habían
“cambiado al mundo”.
Pero, ¿es esto cierto o en qué cambió al mundo?
¿Por qué tanta tragedia que resuena y conmueve a todos?
Hasta el momento este mundo “civilizado” sólo ha
podido encontrar un camino de negociación: la violencia. Y palabras
como paz, armonía, consenso están en peligro extinción
del lenguaje humano.
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