Del 11 al 17 de julio de 2004


OPINIÓN

Medellín, violencia, poesía y paz

El XIV Festival Internacional de Poesía celebrado en la segunda
ciudad más importante de Colombia, congregó a centenares de
jóvenes fervorosos que se rindieron ante la poesìa e hicieron mutis
a sus desesperaciones.

Manlio Argueta*
vertice@elsalvador.com

Es la segunda ciudad colombiana después de Bogotá y desde hacecatorce años celebra el Festival Internacional de Poesía.

El paraíso perdido y Pablo Escobar Gaviria.- En diciembre de 1993, murió en Envigado, comunidad cercana a Medellín, uno de los hombres más perseguidos del mundo, Pablo Escobar Gaviria.

Desde las tejas de las casas se defendió contra el ejército que previamente eliminó a sus principales apoyos armados, los famosos sicarios.

Luego de dos llamadas telefónicas que hizo a su familia, fue detectado y muerto a balazos mientras hacía frente al asalto.

Un año y medio antes se había escapado de la cárcel, preso por entrega voluntaria, quien era uno de los diez hombres más ricos del mundo según la revista Forbes y que había ganado una Diputación por el partido liberal. Escobar ofreció pagar la deuda externa de Colombia si no se le extraditaba a EE. UU.

Era el hombre que con sus obras sociales y apoyo a equipos deportivos de Medellín, había adquirido simpatía popular, al grado de considerársele un guerrero, una leyenda viva.

Ante el fracaso de las negociaciones, el capo de la droga le declaró la guerra a los mismos que se habían hecho los desentendidos ante sus negocios, por algo se le consideraba el Al Capone de Sur América.

El capo ofreció que Medellín dejaría de ser un paraíso y comenzaran así sus acciones de terror. Sus deseos no se le cumplieron, pues dicha ciudad tiene bellezas excepcionales que el capo no pudo borrar con su ira.

Con todo, diez años después de muerto, su tumba es la más visitada del cementerio cerca de Medellín.

Entre otras honras y audacias, Pablo Escobar fue invitado a la toma de posesión de la Presidencia de Felipe González en España; también los gemelos Ochoa, las estrellas de la “inteligencia” cubana (léase espionaje), fueron en su búsqueda con el fin de lograr fondos no importaba si sucios, destinados a negocios turísticos y hoteleros, según declararon en el juicio que se le abrió, donde uno de ellos fue condenado a fusilamiento por el régimen de Cuba.

En su tarea secreta los hermanos estuvieron varias veces en Medellín para obtener dinero turbio del cártel.

Pero hay más audacia en Pablo Escobar: existe una fotografía famosa, de él y su hijo pequeño, tomada frente a las rejas de la Casa Blanca en la misma época que el Presidente Ronald
Reagan le había declarado la guerra a Escobar Gaviria.

Así se crea el mito del guerrero y benefactor de las comunidades pobres de Medellín, capaz de demostrar que su dinero podía comprarlo todo, incluyendo visitar Washington, no obstante ser uno de los hombres más buscado del mundo.

Escobar y la poesía

Al asistir al XIV Festival Internacional de Poesía, celebrado recientemente en Medellín, me hizo rememorar a este personaje de novela y el que Laura Restrepo, Premio Alfaguara, diseña en su novela Delirio.

En mi visita a esta ciudad, por respeto, y más por el esplendor del encuentro de poesía, no quise mencionar su nombre, ni siquiera cuando rumbo al municipio de Caldas, pasé por Envigado, porque el deseo como sujeto de información que soy, me pedía a gritos saber algo más de Escobar, dado que estaba en el propio suelo de esa leyenda de las drogas y de la política. Opté por ser discreto ante la poesía y no mezclar agua con vino.

Una belleza más allá de su atractivo geográfico, así es Medellín, ahora la segunda ciudad de Colombia después de Bogotá.

UNA FIESTA DE ARTE
Por décimo cuarta vez, medellín celebró el Festival internacional de poesía. extranjeros invitados leyeron peomas en sus respectivos idiomas.
La asistencia al festival sorprendió a propios y extraños. Más de la mitad de los escuchas eran jóvenes de entre 20 y 30 años de edad.
10 mil asistentes
mitad hombres, mitad mujeres, escucharon poesía durante ocho días. En los parques, las estaciones del metro, los anfiteatros gigantes, las casas de la cultura, en las cárceles, en refugios de desplazados de guerra.

Medellín es un espacio de primavera eterna gracias al privilegio de su situación geográfica, excepcional si la comparamos con otras del mundo, como lo puede ser San Salvador,
Tegucigalpa, San Francisco, Amsterdam y Brujas.

Situada a 1560 metros de altura en un valle enclavado en la cordillera oriental de los Andes, la ciudad y sus comunidades periféricas suben a los montes escarpados para crear una ola arquitectónica de ladrillos rojos en el día, y un mundo de pedrería en las horas nocturnas.

Pero si la naturaleza fue benigna con esta comunidad que pasa de los dos millones de habitantes, más lo es desde el punto de vista espiritual cuando sus jóvenes se rinden fervorosos ante la poesía.

Según mis cálculos un 60% de los asistentes a recitales eran jóvenes entre 20 a 30 años, mitad hombres, mitad mujeres. Así se completa la imagen de paraíso que quiso suprimir Pablo Escobar Gaviria por voluntad omnímoda de su poder.

Mutis a la violencia

Alrededor de 62 poetas extranjeros de África, Asia, Europa y América, se dan cita cada año para leer poesía en sus respectivos idiomas ante la presencia gozosa, amorosa, dicen los medellinenses.

De 8 mil a 10 mil oyentes plenos de fervor por un género considerado tan abstracto y ajeno al entusiasmo de editoriales que se niegan a publicar libros de poemas porque la poesía “no se vende”.

En Medellín, gracias a la Fundación Prometeo, presidida por el poeta Fernando Rendón, el género poético no se vende pero hace presencia gratuita y lúcida, algo de lo que carece cualquier ciudad bella de cualquier lugar del mundo.

Tanto invitados europeos o americanos que asistieron al XIV Festival Internacional de Poesía, se mostraron sorprendidos por la cantidad de público, sólo semejante a los eventos deportivos o de música rock.

Un evento excepcional que permite a los jóvenes hacer mutis a sus desesperaciones –guerrillas, paramilitares, milicias urbanas, delincuencia- para escapar de las prisas urbanas y ruidos, y concentrarse durante ocho días para escuchar poemas en los parques, en anfiteatros gigantes, en la estaciones del Metro, en las Casas de la Cultura, en las cárceles, en refugios de desplazados de guerra.

Casi diez días de lecturas poéticas, pero no quiere decir que sea un fenómeno estacional porque la devoción hacia la poesía es práctica cotidiana, se abona y se cultiva como se cultivan las flores de Colombia, el gusto por la música de los grandes maestros o por los libros.

Esto último lo pude ver en la biblioteca pública, que presta a domicilio más de cien mil libros al año a los lectores y que exhibía sus banners y afiches relacionados con el centenario del día en la vida que James Joyce narra en Ulises.

Escobar gaviria no puede desligarse de la historia de medellín. Su apoyo a obras sociales y el deporte le ganaron simpatía popular y que se le considerara un guerrero.

El Festival no nace de un deseo para atraer poetas a Colombia, pues ni siquiera se le da importancia a que los invitados hagan turismo ante la belleza del paisaje edificado o de sus rincones cordilleranos.

La única estética que se muestra en esos días es el poema, es decir, humanismo y palabra de elaboración mágica, ritmo enigmático que se esconde en cada verso.
Es otra realidad para lo cual los colombianos se prepararon desde hace más de un siglo y que les permite degustar la literatura casi con devoción.

Poesía contra violencia, aunque no se diga ni se manche con ese eslogan; pero se percibe, se sabe que se quiere ser diferente mediante la expresión poética, como una forma de neutralizar las violaciones guerreristas.

* El autor es escritor y diretor de la Biblioteca Nacional

 


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