11 de abril de 2004


EN QUÉ CREEN LOS SALVADOREÑOS

Un Dios...varios idiomas

El salvadoreño es tremendamente religioso, sostienen estudios sobre religiosidad en el país, sin embargo, su relación con el Ser Supremo no es mono sectaria. En el país existen un número significativo de denominaciones que le ayudan a estar en contacto con Dios; es cuestión de gustos…

W. Hernández, A. Miranda y M. Cáceres
vertice@elsalvador.com


Creemos en un solo Dios (99%), sin embargo, no todos los salvadoreños comulgamos con una misma religión. De un tiempo para acá, el espectro religioso en el país se ha diversificado a un ritmo acelerado.

Desde finales del Siglo XIX, el salvadoreño viene experimentando un creciente rechazo a la doctrina católica, lo que lo ha llevado a adoptar, cada vez más, ideas propias o de autollamados enviados de Dios, en su búsqueda de lo que los sociólogos llaman “una religión a la carta”, es decir, como explicaron algunos teólogos aal periódico español El Mundo, ideas adaptadas a las necesidades e inquietudes de cada cual, o lo que mejor le convenga.

En este mosaico religioso, que cada día es más evidente, según las últimas estadísticas del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), de la UCA, la católica y evangélica son las religiones predominantes (56.5% y 25.3%, respectivamente), mientras que un 17.2% acepta no tener religión y sólo un 1.3 por ciento se adscribe a las demás denominaciones.

Con semejante rompecabezas de creencias, no extraña que aparezcan las contradicciones cuando de celebraciones litúrgicas se trata.

Así, católicos, evangélicos, islámicos, israelitas, testigos de Jehová, anglicanos, mormones, pueblo de Amós, agnósticos y todo ese mercado religioso que convive en el país comparten su creencia monoteísta; pero difieren en sus dogmas.

O como dice Carlos Lara, antropólogo de la Universidad de El Salvador, “definitivamente eso trae una transformación en las concepciones religiosas en el salvadoreño”.

Los hegemónicos

A pesar del creciente avance de las iglesias evangélicas en el país, el catolicismo aún se mantiene como la religión hegemónica entre la grey salvadoreña.

Según Lara, esto es por dos razones; la primera, por su profundidad histórica. “No podemos comparar 500 años de historia con 30 ó 40 años de las iglesias evangélicas o pentecostales”, dice.

Y segundo, porque la Iglesia Católica, con todas sus diferencias, mantiene una unidad orgánica bien definida, en contraposición con las otras. “Incluso hay fuertes contradicciones entre ellas”, advierte.

Esa dicotomía de poder religioso no es nueva. Viene desde finales del Siglo XIX. Sin embargo, es a partir de 1978, y sobre todo en los años de la guerra, cuando se empieza a desarrollar con más fuerza el movimiento protestante.
Al menos unas 130 denominaciones religiosas, que hacen el 25.3%, según la UCA, la colocan como la segunda comunidad religiosa más importante en el país.

Unas con más influencia que otras, se disputan el universo de católicos desencantados de El Salvador.
Ahí encontramos a las Asambleas de Dios, con al menos mil 440 iglesias en el país y una grey que alcanza los 245 mil personas.

El Tabernáculo Bíblico Bautista “Amigos de Israel” también es importante y famoso, más que por su carismático líder, por la cantidad de proyectos sociales que ejecuta en todo el país.
Y en esa competencia no se escatiman esfuerzos. Los órganos de difusión incluyen desde televisoras, pasando por radios y medios escritos, donde no se desperdician recursos. “Aquí circulan muchos billetes”, dice un feligrés que no se quiso identificar.

Para católicos y evangélicos el bautismo en agua significa pasar de la muerte a una nueva vida.

Con tal proliferación de sectas, resulta lógico que aparezcan las diferencias. Porque para unos ellos son los verdaderos enviados de Dios y los únicos que se salvarán “el día del juicio final”; aunque todos asuman a Dios como omnipotente, todopoderoso y que “más allá de lo terrenal, no tiene principio ni fin”.

La diferencia más marcada entre católicos y evangélicos tal vez está en el carácter iconográfico. Mientras que para los primeros las imágenes ocupan un lugar predominante en sus ritos, para los segundos resulta, en muchos casos, chocante. De ahí los enfrentamientos verbales entre ambos bandos.

Los más y los menos

Si nos ponemos a medir quién es más y quién menos, nos encontramos que cuanto mayores somos, nos volvemos más religiosos y siempre las mujeres son mayoría.

Respecto a estas mayores adscripciones, el teólogo español Juan José Tamayo advierte que los jóvenes tienen una visión del mundo más vitalista, mientras que las religiones fomentan una visión más negativa, más enfocada a la otra vida, lo que vuelve lógico que quienes se sientan más cerca de la religión sean las personas de más edad.

Las mujeres, por su parte, de acuerdo con el teólogo, “son herederas de una larga tradición en la cual han carecido de autonomía de pensamiento, lo que las ha mantenido vinculadas a la religión. Han vivido a su sombra, más sometidas al mundo de las creencias que los varones”.

Lara tiene su propia explicación y asume que la religiosidad femenina se debe más que todo a que la mujer mantiene un sentido de responsabilidad mayor que el hombre en términos religiosos y a que “en términos de sacrificio, mantiene una aceptación resignada del sufrimiento”.

De esa manera, la mujer siempre lleva la delantera con respecto a las creencias que los hombres. Por ejemplo, un 92.8% cree en los milagros, frente a un 89.2% del sexo masculino.
Según la revista Magazzine, lo que sí permanece inmutable es la imagen que tenemos de Dios. Aquí el estereotipo resulta inmune a todas las diferencias. La mayoría concibe al Ser Supremo como masculino; aunque no se atreve a dar una descripción detallada. ¿Por qué?

Lara sostiene que es porque el concepto de Dios es demasiado abstracto para la gente en general. “La gente tiene más relación con la imagen, con el icono, y menos con una concepción abstracta”, dice. Por eso es que sólo el 32.5% considera a Dios todopoderoso, porque su relación con él es por medio de los intermediarios, “los santos patronos”, acepta. Pero esto aplica para los católicos, la mayoría en este caso. ¿Y los demás?

Un recorrido por la espiritualidad salvadoreña permitió a Vértice descubrir que, al menos en lo que a religiones se refiere, el país no es chovinista. Al contrario, acepta y convive con denominaciones tan disímiles como lo son sus habitantes. Somos una especie de Torre de Babel. Todos creemos en un solo Dios, pero conversamos con él en distinto idioma.

La Pascua de los israelitas

El judaísmo se sustenta en 613 preceptos o mandamientos que regulan el comportamiento del ser humano. Se comprometen a cumplir las leyes judías, entre las más importantes está el “amar a tu prójimo como a tí mismo”.

En el judaísmo no existen los dogmas según el Rabino Daniel Sant, de la Comunidad Israelita en El Salvador. “Nosotros creemos en un Dios único sin imagen y sin forma”, asegura.

La comunidad israelita celebra la Pascua, la cual representa la contraposición entre la esclavitud y la libertad vivida por ese pueblo en el antiguo Egipto. La fiesta se realiza una vez al año, generalmente los meses de marzo o abril del calendario gregoriano. La fecha puede variar de acuerdo al calendario judío y en ocasiones coincide con la Pascua cristiana.

La comunidad prepara una cena con pan sin levadura, vino y hierbas amargas. Los mayores se sientan en almohadones y les relatan a los niños su liberación de la esclavitud hace 3500 años. El judaísmo no es proselitista; es decir, que no busca adeptos como en el caso de otras religiónes.

Si una persona quisiera adherirse al judaísmo tiene que estudiar la religión y después se presentará ante un tribunal rabino que decidirá su aprobación. En el mundo existen unos 14 millones de israelitas.
En Centroamérica, Guatemala tiene la comunidad más grande mientras que la de El Salvador es la más pequeña. Cada sábado unas 100 familias se reúnen en la sinagoga.

70%
De hombres y mujeres encuestados creen en la existencia de otra vida después de la muerte física.

91%
Dijo creer en los milagros. Un dato curioso de la encuesta del IUDOP es que un 80.8% de los que no profesan religión alguna, también creen en ellos.

La Iglesia Anglicana
UNA SEMANA PARA LA REFLEXIÓN ESPIRITUAL


La Iglesia Anglicana (o Episcopal como se llama en algunos países) se dice católica, apostólica y reformada. El término anglo se deriva de sus raíces en Inglaterra, aunque provienen de la iglesia judeocristiana.

“La iglesia Anglicana es Una, Santa, Católica y Apostólica. Lo que no somos es romanos. Pero nosotros tomamos la teología católica así como los católicos romanos”, asegura el obispo Martín Barahona, de la Iglesia Anglicana en El Salvador.

Según el obispo Barahona, la diferencia entre los católicos romanos y los anglicanos es en el sistema administrativo.
“Nosotros no tenemos una autoridad central como ellos lo tienen, que sería el Papa”.

Además explica que los sucesores de los apóstoles son los obispos y, en ese sentido, se convierten en la máxima autoridad desde el punto de vista pastoral.

La administración de la iglesia está en manos de los laicos. Esta modalidad -dicen- los hace ser democráticos. La máxima autoridad es la Convención Diocesana, la cual se realiza una vez al año y que está dirigida por un obispo.

Dentro de sus tradiciones está la conmemoración de la Semana Santa. “Aunque no tenemos los mismos rituales que los católicos romanos, celebramos esta semana”, dice el obispo.

La Iglesia Anglicana de El Salvador conmemorará la pasión, muerte y resurección de Jesucristo a través de retiros espirituales, de celebraciones eucarísticas, predicaciones y otras actividades. “Es lo mismo, pero buscamos más intimidad”, asegura el obispo.

Actualmente, la feligresía anglicana en El Salvador la conforman unas 2 mil familias que se organizan en 10 iglesias anglicanas, 5 misiones y 7 centros de predicación.

Seguidores del Islam


El Islam surge en el año 570 de la era cristiana después del nacimiento de Mahoma, en la ciudad de La Meca (Arabia Saudita), quien es considerado el último profeta enviado por Dios.

De Mahoma reciben la doctrina de la religión musulmana que se resume en cinco mandamientos.

El primero, y el más importante, consiste en la existencia de un único Dios: Alá. Los musulmanes rezan cinco veces al día en dirección a La Meca; dan limosna a los pobres, siempre que tengan la posibilidad de hacerlo; además, peregrinan a La Meca una vez al año o -al menos- una vez en su vida.

En El Salvador existen unos 5 mil seguidores del Islam, pero, a nivel mundial, sobrepasan los mil millones.

Como en cualquier parte del mundo, los musulmanes salvadoreños ayunan durante el mes sagrado, el Ramadán, desde la salida hasta la puesta del sol, como una forma de purificación o de recibir perdón por los pecados cometidos.

Al final del mes celebran la “fiesta de romper el ayuno”, que este año concluyó el 7 de abril y que recuerda como el patriarca Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo como prueba de su fe en Dios.

Iglesia de Amós
De la tradición a la revelación de Jesús


Se denominan oficialmente “Iglesia Pueblo de Amós, la Obra del Espíritu Santo en la Tierra” y no celebran la Semana Mayor ni comparten los ritos con los que la celebra la feligresía católica.

Para unos cuatro mil salvadoreños que profesan esa fe en Amós en todo el país, el recordatorio de la pasión y crucifixión de Jesús es cosa del pasado. “Nosotros hemos salido de una tradición a una revelación diferente”, dice un feligrés o “Amosito”.

Para los Amositos, celebrar la muerte de Jesús no tiene sentido, sino más bien la resurrección. Sobre todo cuando afirman contar con la revelación o encarnación -física y espiritual- de Jesús en Amós, un puertorriqueño que en 1943 se presentó al mundo como el Mesías y el “consolador” o el Espíritu Santo mismo, que habría de venir tras la ascensión de Jesús resucitado al cielo, según relata el Nuevo Testamento.

Desde entonces, unas diez mil personas del continente y de España lo siguen como la fuente de la santificación y guía en su proceso de preparación para ascender al cielo. Su argumento: “Somos cristianos evangélicos, la continuación de la doctrina primitiva de Jesucristo, la esencia, sin ligarse a una religión existente, la obra que está profetizada desde los tiempos de Jesús”.

Testigos de Jehová


Testimonio y fe para ir al cielo

Los Testigos de Jehová nacen en 1870, en Pensilvania, EE.UU., cuando un pequeño grupo de personas comenzó a reunirse para estudiar la Biblia dirigidos por Charles Taze Russell.
Según los Testigos de Jehová, Dios creó la tierra para que los seres humanos fueran felices; pero la desobediencia y no dar testimonio de Dios ha postergado ese paraíso y, por ende, a la vida eterna. “A diferencia de los católicos conmemoramos únicamente la muerte de Jesucristo, como testimonio del amor de Dios, Jehová, al ofrecer la vida de su propio hijo para salvarnos”, asegura Wilfred Martínez, miembro de la congregación salvadoreña de Testigos de Jehová.
En El Salvador existen más de 80 mil Testigos de Jehová, entre activos y simpatizantes. En el mundo hay 65 millones.

La fe del Mormón
La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se fundó el 6 de abril de 1830, en Vermont, Estados Unidos.
Según establece esta iglesia, José Smith tuvo una serie de revelaciones en las que Dios le pidió una renovación del Evangelio de Jesucristo.
La doctrina de la iglesia se basa en el libro del Mormón y la Biblia. Ambos dan a conocer el plan de Dios para salvarse. Un mormón creerá en un Dios padre, un hijo, Jesucristo, y un Espíritu Santo.
La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días comparte algunas celebraciones con la iglesia Católica Apostólica Romana; por ejemplo la natividad de Jesucristo. Sin embargo, su celebración más importante, que celebran en el mes de abril, es la conferencia a nivel mundial en la que escuchan vía satélite a su actual profeta, Gordon B. Hinckley.
En El Salvador hay 60 mil seguidores. En el mundo el número alcanza unos 12 millones.

 


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.