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INTERNACIONAL
Un
año de difícil pronóstico
La
península ibérica ya prepara la transición de gobierno
bajo el clima de
inestabilidad que dominó en 2003. La única buena noticia
para este año es que
el terrorismo ya no tiene cabida y cierto sosiego económico.
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A
los españoles, de un modo u otro, les espera un año
convulso de cara a las próximas elecciones de marzo.
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Visto lo visto, la convulsión política
que ha caracterizado 2003 se mantendrá en España con la
llegada del nuevo año. Las elecciones generales de marzo agitarán
aún más, y con toda seguridad, el panorama.
Pocas han sido las cuestiones políticas puestas sobre la palestra
a lo largo de 2003, que al acabar el año, estén cerradas.
Algunas, como el enfrentamiento entre el gobierno central y el regional
del País Vasco, incluso, se han acrecentado.
El lehendakari, Juan José Ibarretxe, seguirá
en 2004 impulsando su plan soberanista, que pretende convertir al País
Vasco en una Comunidad Libre Asociada a España con poderes propios
de un Estado independiente, con la oposición de gran parte de
los españoles, así como del gobernante Partido Popular
(PP) y del Partido Socialista (PSOE).
Para el nuevo año, Ibarretxe busca desbloquear la incomunicación
e iniciar un debate político, de una manera abierta,
según dice él mismo. Pero también advierte a esas
dos formaciones de que el debate no tiene vuelta atrás.
No obstante, habrá que ver qué decide el Tribunal Constitucional
sobre la impugnación del plan solicitada por el gobierno.
Lejos de aunar sus fuerzas, PP y PSOE acaban el año divididos
en la forma de afrontar el pulso que Ibarretxe plantea al Estado español.
Y es que los dos partidos mayoritarios tampoco se han entendido en 2003
sobre ningún tema. Hasta en el marco del Pacto Antiterrorista,
creado por voluntad de ambos, ha habido algún que otro desencuentro.
Hasta las elecciones
Con la retirada de José María Aznar, la llegada de Mariano
Rajoy a la secretaría general del partido conservador podría
no obstante servir para rebajar los niveles de crispación, que
en el año que termina alcanzaron cotas que no se recordaban desde
hace mucho tiempo.
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José
María Aznar Presidente de España.
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Rajoy está considerado como una persona mucho
más dialogante que Aznar, con un talante más moderado
que el del presidente del gobierno, al que sus detractores le achacan
incluso soberbia.
Pero para ver si la crispación baja de tono, habrá que
esperar seguramente a marzo, después de las elecciones generales
de las que saldrá el nuevo inquilino de La Moncloa.
Los partidos muestran ya en su discurso que se encuentran en plena precampaña
electoral. El tema estrella de la misma será con toda seguridad
la cuestión territorial. España se perfila en 2004 como
argumento electoral.
Abierta la veda de las reivindicaciones con el plan Ibarretxe, las reformas
de los Estatutos de Autonomía para conseguir mayor autogobierno
se piden también desde Cataluña, donde acaba de formarse
un Ejecutivo tripartito de izquierdas integrado por socialistas, independentistas
y ecosocialistas, y hasta, incluso, de Andalucía.
El PP apela ya desde hace tiempo a la unidad del país en este
sentido. Los socialistas, que en Cataluña defienden la reforma
estatutaria, se esfuerzan en plantear que el partido de Aznar supone
un problema y ellos tienen la solución.
Y también en otro punto: Tenemos que recordar que en 14
años de gobierno socialista se mantuvo la cohesión territorial,
dice un dirigente.
Guerra al terrorismo
En otro orden, y en vista de lo ocurrido en 2003, parece que este año
podría seguir deparando grandes derrotas a ETA. Gracias a la
efectividad de las fuerzas de seguridad y a la colaboración de
la policía francesa, la organización separatista está
descentrada y fuertemente debilitada.
Sus responsables han caído y en el año que termina su
cuota de asesinatos, tres, se ha reducido respecto a los años
anteriores.
En lo que a política exterior se refiere, la situación
en Iraq seguirá sin duda dando qué hablar. Convertida
la guerra en el país del Golfo en un asunto de política
interna, España perdió en 2003 el consenso en política
exterior.
El apoyo de Aznar a la línea marcada por George W. Bush alejó
además al país de la política externa de sus socios
europeos y provocó una gran crispación, tanto entre los
partidos de la oposición, como entre los propios ciudadanos,
que salieron en masa a las calles pidiendo que España no apoyase
la guerra de Iraq. Tras la misma, son ya diez los españoles que
han perdido la vida en el país árabe.
En vista de la situación, y si el PP, con Rajoy, vuelve a ganar
las elecciones generales manteniendo el legado de Aznar, parece que
el retorno al consenso en política exterior no será nada
fácil.
Aunque hasta el momento el nuevo candidato de los conservadores se ha
sentido cómodo con la herencia del presidente del gobierno en
todos los campos, las cosas podrían cambiar en 2004.
Rajoy es mucho menos predecible que Aznar. Así que si gana,
lo mismo da una sorpresa, aunque es imposible adivinar en
qué sentido, según declaró un amigo del candidato
a un rotativo.
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