.11 de enero de 2004


INTERNACIONAL

Un año de difícil pronóstico

La península ibérica ya prepara la transición de gobierno bajo el clima de
inestabilidad que dominó en 2003. La única buena noticia para este año es que
el terrorismo ya no tiene cabida y cierto sosiego económico.

Sara Barderas/dpa
vertice@elsalvador.com

A los españoles, de un modo u otro, les espera un año convulso de cara a las próximas elecciones de marzo.

Visto lo visto, la convulsión política que ha caracterizado 2003 se mantendrá en España con la llegada del nuevo año. Las elecciones generales de marzo agitarán aún más, y con toda seguridad, el panorama.

Pocas han sido las cuestiones políticas puestas sobre la palestra a lo largo de 2003, que al acabar el año, estén cerradas. Algunas, como el enfrentamiento entre el gobierno central y el regional del País Vasco, incluso, se han acrecentado.

El “lehendakari”, Juan José Ibarretxe, seguirá en 2004 impulsando su plan soberanista, que pretende convertir al País Vasco en una Comunidad Libre Asociada a España con poderes propios de un Estado independiente, con la oposición de gran parte de los españoles, así como del gobernante Partido Popular (PP) y del Partido Socialista (PSOE).

Para el nuevo año, Ibarretxe busca “desbloquear la incomunicación” e “iniciar un debate político, de una manera abierta”, según dice él mismo. Pero también advierte a esas dos formaciones de que “el debate no tiene vuelta atrás”. No obstante, habrá que ver qué decide el Tribunal Constitucional sobre la impugnación del plan solicitada por el gobierno.

Lejos de aunar sus fuerzas, PP y PSOE acaban el año divididos en la forma de afrontar el pulso que Ibarretxe plantea al Estado español.

Y es que los dos partidos mayoritarios tampoco se han entendido en 2003 sobre ningún tema. Hasta en el marco del Pacto Antiterrorista, creado por voluntad de ambos, ha habido algún que otro desencuentro.

Hasta las elecciones

Con la retirada de José María Aznar, la llegada de Mariano Rajoy a la secretaría general del partido conservador podría no obstante servir para rebajar los niveles de crispación, que en el año que termina alcanzaron cotas que no se recordaban desde hace mucho tiempo.

José María Aznar Presidente de España.

Rajoy está considerado como una persona mucho más dialogante que Aznar, con un talante más moderado que el del presidente del gobierno, al que sus detractores le achacan incluso soberbia.

Pero para ver si la crispación baja de tono, habrá que esperar seguramente a marzo, después de las elecciones generales de las que saldrá el nuevo inquilino de La Moncloa.

Los partidos muestran ya en su discurso que se encuentran en plena precampaña electoral. El tema estrella de la misma será con toda seguridad la cuestión territorial. España se perfila en 2004 como argumento electoral.

Abierta la veda de las reivindicaciones con el plan Ibarretxe, las reformas de los Estatutos de Autonomía para conseguir mayor autogobierno se piden también desde Cataluña, donde acaba de formarse un Ejecutivo tripartito de izquierdas integrado por socialistas, independentistas y ecosocialistas, y hasta, incluso, de Andalucía.

El PP apela ya desde hace tiempo a la unidad del país en este sentido. Los socialistas, que en Cataluña defienden la reforma estatutaria, se esfuerzan en plantear que el partido de Aznar supone un problema y ellos tienen la solución.
Y también en otro punto: “Tenemos que recordar que en 14 años de gobierno socialista se mantuvo la cohesión territorial”, dice un dirigente.

Guerra al terrorismo

En otro orden, y en vista de lo ocurrido en 2003, parece que este año podría seguir deparando grandes derrotas a ETA. Gracias a la efectividad de las fuerzas de seguridad y a la colaboración de la policía francesa, la organización separatista está descentrada y fuertemente debilitada.

Sus responsables han caído y en el año que termina su cuota de asesinatos, tres, se ha reducido respecto a los años anteriores.

En lo que a política exterior se refiere, la situación en Iraq seguirá sin duda dando qué hablar. Convertida la guerra en el país del Golfo en un asunto de política interna, España perdió en 2003 el consenso en política exterior.

El apoyo de Aznar a la línea marcada por George W. Bush alejó además al país de la política externa de sus socios europeos y provocó una gran crispación, tanto entre los partidos de la oposición, como entre los propios ciudadanos, que salieron en masa a las calles pidiendo que España no apoyase la guerra de Iraq. Tras la misma, son ya diez los españoles que han perdido la vida en el país árabe.

En vista de la situación, y si el PP, con Rajoy, vuelve a ganar las elecciones generales manteniendo el legado de Aznar, parece que el retorno al consenso en política exterior no será nada fácil.

Aunque hasta el momento el nuevo candidato de los conservadores se ha sentido cómodo con la herencia del presidente del gobierno en todos los campos, las cosas podrían cambiar en 2004.

“Rajoy es mucho menos predecible que Aznar. Así que si gana, lo mismo da una sorpresa”, aunque es “imposible adivinar en qué sentido”, según declaró un amigo del candidato a un rotativo.


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.