11 de enero de 2004


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Premios, no castigos

Quisiera tener la suerte que tienen dos personajes públicos en nuestro país. O quizás quisiera tener alcahuetes que me solapen las sinvergüenzadas que haga y, es más, incluso me premien con “capacitaciones” en Europa o me envíen de delegado deportivo a Sudamérica. O mejor, quisiera saber lo que estos señores saben -o hacen- para exhibir ese nivel de impunidad. Porque no tiene otro nombre más que ese. O acaso es negligencia, compadrazgo, ineptitud, miedo, irresponsabilidad… Saque usted sus conclusiones.

Porque me parece inconcebible que un funcionario señalado en manoseos de decretos y muchas otras irregularidades en la “casa del pueblo” se vaya campante a Europa, con gastos pagados y devengando sueldo incluso, a un seminario de capacitación y nadie diga esta boca es mía. Incluso algunos se atreven a decir que eso fue un acuerdo de la junta directiva anterior. Vaya premio a la irresponsabilidad.

O que otro funcionario deportivo, señalado también por enésima vez en desmanes en “el equipo de todos” no reciba, al menos, una mínima sanción y lejos de eso salga el presidente de ese organismo alegando que es un “complot” montado por dos periódicos. Una de dos, o el señor perdió la cabeza o es cómplice. Pero que busque culpables donde no los hay.

¿Qué ejemplo estamos dando? Si hablamos de fomentar los valores éticos y morales, de combatir la corrupción, de transparencia, de honradez… de competencia. ¿Por qué estos señores siguen donde están? ¿Qué saben? ¿A quién no le conviene que los castiguen? Tengan valor y asuman sus responsabilidades porque no pueden seguir jugando con los ciudadanos.

Si bien es cierto ambos cosas son diferentes. Vamos al trasfondo. En el caso del funcionario de la “casa del pueblo”, por qué si despidieron a algunos de sus subalternos no lo sancionaron a él. ¿No tendría que, al menos, supervisar el trabajo de sus subalternos? Si no lo hizo ¿cómo se llama eso? Yo me preguntó, y cuestiono a “mis” representantes, ¿si le dieron una oportunidad más otra vez a ese señor, por qué no dársela a los “gatos”? ¿Qué privilegios tiene? ¿Cuál es el miedo? Alguien me lo podría decir. Señores, este señor les está viendo la cara, y ustedes a nosotros también.
El otro caso es digno de reír y llorar. No tanto porque es la enésima excursión de equipo disfrazado que organiza este caballero, sino por las cortinas de humo que se quieren lanzar en torno a él.

Ahora resulta que las denuncias que hacemos los periodistas son complots para dañar la imagen de mansas palomas.
“De ahora en adelante vamos a actuar con más cautela”, dijo el presidente del organismo deportivo. ¿Qué significa eso? Van a tener más cuidado en que no se descubran sus sinvergüenzadas o van a seguir el ejemplo de sus antecesores y comprarán lenguas viperinas para que despotriquen contra los que fiscalizamos responsablemente sus acciones.

Parecen diferentes, pero muy en el fondo son la misma cosa. Uno con cuestiones más delicadas que las del otro, sí. Pero ambos han salido incólumes de sus actuaciones y hasta han recibido palmaditas de apoyo.
¿A quién hay que acudir para pedir responsables? ¿Quién manda a quién?


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