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LA
ARISTA AFILADA
Rumbo
a la libertad
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¿Puede América Latina superar el subdesarrollo
y dejar de ser el segmento más pobre y desesperanzado de Occidente?
El escritor peruano Alvaro Vargas Llosa cree que sí, y en un
bien documentado libro que acaba de publicar explica por qué
suelen fracasar las reformas en esta parte del mundo, y cómo
se podría lograr el milagro de que, algún día,
los latinoamericanos alcancen la prosperidad, el progreso técnico
y el buen gobierno.
La obra, amena pese a la densidad del tema, fruto de dos años
de investigación en el Independent Institute de California, se
titula Rumbo a la libertad, y, simultáneamente, la han editado
en inglés Farrar, Straus and Giroux (Liberty for Latin America),
y, en español, en Chile, para todo el continente, la editorial
Planeta.
El subtítulo, que fue el punto de partida de esta penetrante
indagación, es una provocación en forma de pregunta: ¿Por
qué la izquierda y el neoliberalismo fracasan en América
Latina? En efecto, América Latina ensayó sin éxito
diversas formas de socialismo durante casi todo el siglo XX.
Desde el estalinismo castrista hasta el fascismo peronista, con escalas
en el Brasil de Getulio Vargas, el PRI mexicano o la Nicaragua sandinista,
todo el espectro del autoritarismo, del intervencionismo y del dirigismo
estatal fue puesto a prueba alcanzando diversos grados de catástrofe.
Ante estos continuados desastres, a partir de finales de los ochenta
del siglo pasado, y durante toda la siguiente década, comenzaron
las reformas hacia el mercado y la desregulación, dirigidas entre
otros-- por César Gaviria, Carlos Salinas de Gortari, Gonzalo
Sánchez de Lozada, Carlos Menem, Luis Alberto Lacalle y Fernando
Henrique Cardoso, políticos muy diferentes, pero unidos en la
convicción de que todas las versiones del populismo latinoamericano
habían fracasado sin remedio y se hacía necesaria una
nueva estrategia.
¿Todo fracasa?
Sin embargo, pocos años más tarde el pesimismo también
se extendía al campo de los reformistas, llamados neoliberales
por sus encarnizados enemigos neopopulistas. Aparentemente, el abandono
del estatismo no había producido efectos beneficiosos, aumentaba
el número de pobres y se producían graves desastres financieros,
como el que destruyó el valor de la moneda argentina o el que
produjo la brutal devaluación del real brasilero en un 40 por
ciento.
¿Qué ocurría? ¿Por qué en América
Latina todo suele fracasar? Alvaro Vargas Llosa tiene una
explicación audaz pero coherente: ni los rasgos culturales ni
las instituciones prevalecientes en América Latina conducen a
la estabilidad y a la prosperidad creciente.
Y ni siquiera es la consecuencia de la herencia ibérica, como
se ha dicho tantas veces, pues en las civilizaciones precolombinas,
dentro de sus propios códigos, también existían
cinco elementos parecidos a los que hoy impiden o retardan el progreso:
el corporativismo, el mercantilismo de Estado, los privilegios, la redistribución
arbitraria de recursos y la politización del Derecho.
Las reformas neoliberales, definidas en el llamado Consenso de Washington,
no habían fracasado porque fueran erróneas, sino porque
eran insuficientes y porque no habían ido a la raíz cultural
e institucional del problema.
El aterrizaje amable
Si cinco eran los males de fondo que obstaculizaban el despegue de los
latinoamericanos, al menos tres deberían ser las medidas encaminadas
a corregir esos viejos problemas: expurgar de reglas inútiles
la copiosa legislación que entorpece el desarrollo, legitimar
las transacciones espontáneas hechas por las personas y eliminar
el sectarismo y la politización del poder judicial.
En otras palabras, liberar a los ciudadanos del peso muerto de un Estado
opresor que mantiene en la miseria a una buena parte de ellos. Llevar
a cabo esa reforma era, según Vargas Llosa, poner proa a la libertad.
Naturalmente, la disminución súbita del peso del Estado
produciría efectos que pudieran ser nocivos.
Al fin y al cabo, el mercantilismo o el corporativismo, aún cuando
mantienen en la pobreza a la mitad de la población latinoamericana,
constituyen una especie de muy imperfecto modelo de relación
entre la sociedad y el Estado, del que derivan su forma de vida decenas
de millones de personas, que en una primera fase pudieran quedar aún
más desamparadas de no existir una forma gradual de readaptarlas
a un modelo caracterizado por la libertad y la responsabilidad individual.
Es a eso a lo que Vargas Llosa llama un aterrizaje amable:
la reforma que propone exige graduar y atenuar el cambio hasta que la
sociedad civil alcance totalmente el control de su destino y transforme
a los funcionarios del gobierno en verdaderos servidores públicos.
Cuando eso se logre, América Latina habrá dejado de ser
el pariente pobre de Occidente. La libertad la habrá redimido
de siglos de opresión y miseria. Un excelente libro, en fin,
para alimentar el eterno debate.
©FIRMAS PRESS
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