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ESPECIAL
Roque
Dalton
Un modelo para armar
“Roque
Dalton murió por no haber comprendido que su papel de guía,
de nervio histórico de su pueblo debía realizarlo el poeta
y no el
combatiente. Su participación en la Historia se basó en
un equívoco.
Lo que de él solicitaban aquellos que lo forzaron a incorporarse
a la
guerra, no eran sus dotes de militar seguramente insuficientes, sino
su renombre de poeta. Sacrificó su ser poeta en aras de la actualidad.
El tributo a la historia ha debido ser su poesía y no su vida.
Fue hacia
la muerte no por haberla elegido sino inducido por un espejismo.
Pero como creador lo supo desde siempre. Por ello como creador sí
se anticipó y presintió su fin. Prueba de ello: ironías
de la historia,
su novela ‘Pobrecito poeta que era yo...”. Elizabeth Burgos
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En 1975, luego de ingresar a El Salvador el 24 de diciembre
de 1973 por el aeropuerto de Ilopango como Julio Dreyfus, Roque Dalton
es acusado de ser agente de la CIA por el Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP) y hallado culpable en un remedo de “juicio sumarísimo”
por Alejandro Rivas Mira (alias Sebastián Urquilla), Vladimir
Rogel Umaña (alias Carlos o “El Vaquerito”) y Joaquín
Villalobos (alias René Cruz) integrantes de la Comisión
Militar que lo juzgó y cuyo cuarto miembro, Eduardo Sancho (alias
Fermán Cienfuegos) votó en contra, según escribe
éste en su libro de testimonio “Crónicas entre los
espejos”. De ellos sólo ha muerto Vladimir Umaña.
Carlos Eduardo Rico Mira en su obra “En silencio tenía
que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000)”,
reconstruye los últimos momentos de Dalton, antes de ser ejecutado
por El Vaquerito, el 10 de mayo de 1975: “... El día en
que iban a ‘ajusticiarlos’, se dirigieron a la habitación
donde estaba Roque y le dijeron: ‘Es hora que salgas al patio
a tomar el sol’. ‘Sí, dicen que el sol cura el jiote’,
se puso a reir y salió. Por la espalda lo asesinaron, le pegaron
un sólo tiro entre la nuca y el occipital. Roque se derrumbó
sin decir palabra.”
La acusación se basó en su fuga de la cárcel de
Cojutepeque, descrita en “Pobrecito poeta que era yo...”,
de la cual desconfiaba el extinto Partido Comunista de El Salvador (PCS),
comenzando por su Secretario General, Salvador Cayetano Carpio, futuro
“Marcial” del FMLN. ¿Qué es lo anormal en
esta fuga de la cárcel? A principios de los sesenta Dalton y
otros militantes salvadoreños se entrenaron en Cuba. Uno de los
instructores cubanos, Aníbal Martínez (*), deserta con
los “dossiers” de los salvadoreños a Miami.
Aparentemente jubilado, Aníbal vive ahora en Washington. El grupo,
que debía formar parte del brazo armado del PCS, al llegar al
país se encuentra con un PCS dividido entre la lucha armada o
parlamentaria. La CIA envía a uno de sus agentes para neutralizar,
mediante dinero o la muerte, al grupo. Según un sobreviviente,
Pedro Rafael de la Cantera (*), quien vive en México como hombre
de negocios, el “Míster” de la CIA que menciona Dalton
en su novela estuvo efectivamente en el país desactivando al
grupo de salvadoreños entrenados en Cuba; se hospedaba en un
Hotel de San Salvador, y tenía apoyo de cubanos anticastristas,
entre ellos Aníbal.
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En
Berlín
Roque en Alemania junto al escritor guatemalteco Miguel Ángel
Asturias, Premio Nobel de Literatura.
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El “Míster” contactó por lo
menos a uno de los que formaban parte de ese grupo, Tomás Paz
(*), exilado en Costa Rica luego de participar en el Golpe de Estado
del 24 de marzo de 1972, a quien, aparentemente, logró neutralizar.
Tomás Paz conversó con Pedro Rafael de la Cantera para
que colaborara con el “Míster”, ya que del grupo
que había venido de Cuba al PCS, que andaba a la desbandada,
le dio la espalda. Era el sálvese quién pueda. A diferencia
de Tomás Paz, Rafael de la Cantera contactó al “Míster”
pero al mismo tiempo informó al PCS, por ello Pedro de la Cantera
se vuelve hombre de confianza de Marcial y los cubanos.
En estas circunstancias, el PCS ordena a Dalton que se oculte, pero
éste, luego de días de clandestinidad, sale a la calle;
esa misma mañana se va a beber con un personaje tan misterioso
como esperpéntico, Ricardo A., alias Ricardo H., al Bar “El
Paraíso”, de la Praviana. Es septiembre de 1964. Según
narró Dalton a Roberto Armijo en La Habana años después,
tiene la certeza que Ricardo A. lo delató, pues antes de su captura
ese septiembre de 1964, Ricardo A. se ausentó de “El Paraíso”
y no lo vió más.
Dalton es interrogado por el “Míster”; Aníbal
muestra fotos del entrenamiento militar en Cuba donde están juntos.
Este detalle es obviado en “Pobrecito Poeta...”. Supuestamente
Dalton no tiene más alternativa que colaborar. Cayetano Carpio
recuerda esto en 1973 antes del ingreso de Roque al país, en
una reunión FPL-ERP entre Felipe Peña, Alejandro Rivas
Mira, Lil Milagro Ramírez y Eduardo Sancho, cerca del Parque
Centenario: “En esa oportunidad, Cayetano Carpio, en respuesta
al informe del ingreso de Roque Dalton, expresa sus reservas que consisten
en la información que disponía el PCS que afirma sin pruebas
que Roque después de estar preso y salir de la cárcel
de Cojutepeque, tuvo un contacto en un hotel con la CIA, con la Embajada,
eso hizo sospechar dicho en boca de su ex secretario general aduciendo
que nunca pudo explicar su contacto.”, dice Eduardo Sancho en
su libro “Crónicas entre los espejos”.
Pedro Rafael de la Cantera respecto al supuesto que los cubanos, transmitiendo
el odio anti-poeta, anti-Dalton que tenían, instrumentalizaron
a Rivas Mira para deshacerse de Roque: “Sé algo de esa
historia, lo que pasa es que los cubanos ya no lo aguantaban, era odioso
para ellos. Me lo dijeron y por eso rompí con ellos años
después, por ver cómo trataban el caso Roque. La dueña
del odio era Haydeé Santamaría y su acólito Roberto
Fernández Retamar. El único que aceptaba a Roque era Fidel
Castro, pero los intermedios lo odiaban, según me relató
Arqueles Morales (poeta guatemalteco compañero de Roque en La
Habana) y que yo comprobé. Marcial no aceptó a Roque en
las FPL, pues lo detestaba por las mismas razones que lo detestaba el
Chafo (Schafik Jorge Handal) –creo que lo sigue odiando después
de muerto-, y es por razones ideológicas al igual que los cubanos,
lo consideraban un desleal, un degenerado, un cabrón, por aquello
de la doble moral de ellos”.
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Roque en La Habana
El poeta tuvo muchos amigos y admiradores en la isla caribeña.
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El gran capitán
Rivas Mira fue un destacado dirigente de la izquierda
salvadoreña de los sesenta. Había sido el primer bachiller
de la República, graduado del Liceo Salvadoreño, y estudió
en la Universidad de Tubinga, Alemania. Su primo, Carlos Eduardo Rico
Mira, da una valoración de él: “Cuando Sebastián
Urquilla (Alejandro Rivas Mira) estudiaba bachillerato era fascista,
admirador de Alemania, su Biblia era La Derrota Mundial, y Mi Lucha
de Adolfo Hitler.”
A imitación del “Gran Timonel” Mao, el “choco”
Mira era conocido como “el Gran Capitán”. Él
y Lil Milagro eran los jefes del ERP; además, convivía
con ella, relación que es rota por el noviazgo entre Lil y Dalton.
Por otro lado, la mujer de Rivas Mira, Ana Angélica Meardi, también
trama y urde difamaciones contra Roque.
Estos elementos subjetivos, dentro de la situación de paranoia
y tensión que vivían, sumados al militarismo y desprecio
anti-intelectual del ERP y “El Vaquerito”, jugaron un papel
en el desenlace trágico de los acontecimientos. Hay otro detalle
no tan subjetivo: cuando estudió en el Plan Básico de
Soyapango, “El Vaquerito” fue alumno nada menos que de Ana
Angelica Meardi; de nuevo surge ella como instigadora desde la sombra,
de toda una campaña que culminará con la muerte de Dalton,
por la influencia con su ex-alumno. Según diversos testimonios
Vladimir Rogel Umaña, “El Vaquerito”, era uno de
los más jóvenes, cuando no el más joven de todos
y el de mejores condiciones físicas, al grado que en los entrenamientos
era capaz de desenfundar la pistola y disparar mientras daba una voltereta
en el aire, y esto varias veces.
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“El Vaquerito”, que terminó “agarrando
paja” de ser “jefecito” por la protección del
“Gran Capitán”, le da a Roque Dalton durante su captura
una paliza, él sabe que goza del visto bueno del “choco”
Mira y de Angelica Meardi, que veía en Roque alguien que opacaba
a su marido. Al respecto Carlos Eduardo Rico Mira escribe: “(El
Vaquerito) era jefe militar y era capaz de todo. Levántate culero,
respóndeme como hombre sino quieres que te haga mierda a vergazos...
Roque guardaba silencio en el suelo. Repentinamente lo agredió
a patadas como a un perro, lo agarramos para evitar que la golpiza continuara.
Y como loco vociferaba, suéltenme que tengo ganas de matar a
pura verga a este intelectual de mierda.”, señala (En silencio
tenía que ser, Pág. 110)
Cuando Rivas Mira huye del ERP robándose varios millones de dólares,
Ana Angélica Meardi hubiera sido la clave para descubrirlo, de
habérselo propuesto en serio la organización estafada.
Con una cirugía plástica, Rivas Mira sólo podía
ser detectado por su mujer, la “chele patanga de hombros caídos”
y su inconfundible manera de caminar.
Desde entonces Rivas Mira ha desaparecido, lo hacen
en México, Guatemala, Alemania, Inglaterra y hasta en China.
Esto es lo de menos pues él, al igual que sus secuaces, siguen
siendo lo que siempre fueron, un cero a la izquierda. Donde quiera que
esté carga con la maldición eterna de haber sido el autor
intelectual del asesinato del más grande poeta que ha dado El
Salvador, Roque Dalton García.
Pedro Rafael de la Cantera evalúa al “Gran Capitán”:
“Marcial no estaba en el país cuando asesinan a Roque...
Por razones pragmáticas creo que Marcial se habría opuesto
al ajusticiamiento. Ahora Eduardo Sancho escribe que esa afirmación
de Marcial fue determinante. No sé si Sancho se hace el tonto
o siempre lo ha sido, es probable que así sea. Pero yo no creo
su argumento, más bien está tratando de echar el muerto
a Cayetano, quien tenía intuición política, mientras
que los otros eran grandes locos...
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Una postal familiar
Roque junto a su hermana Margarita, tambien escritora, en México
en 1964.
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| “Poeta
hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse
en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de
la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la
poesía política latinoamericana”. Eduardo Galeano,
uruguayo |
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La
revaloración de un escritor
El mapa cultural salvadoreño que en los noventa se expresó
en la revisión de la historiografía literaria, llama
la atención de los centroamericanistas en EE.UU. y Europa
por la redefinición de los cánones literarios y
culturales desde la perspectiva de los procesos de desarrollo
después de la firma de los Acuerdos de Paz.
Terminada la confrontación civil, escritores que habían
sido anatemizados y prohibidos, “poetas malditos”
como Oswaldo Escobar Velado, Roque Dalton y Manlio Argueta fueron
editados por la Dirección de Publicaciones mediante una
labor de rescate de su obra. De Dalton salieron “La ventana
en el rostro” y la antología “La humedad del
secreto”. Paralelo a este nuevo canon literario viene el
reconocimiento político.
El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), admitió
el error de su asesinato; la Asamblea Legislativa lo declaró
“Poeta Meritísimo”; la Universidad Nacional
le erigió una estatua. Dalton es punto cardinal de las
letras nacionales.

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En el caso teorético de que Roque haya sido reclutado
por la CIA, eso no se sostiene... Roque se va a Checoslovaquia... ¿Y
ahí qué podía hacer? Sólo beber mucho más...
No te olvides que la compañía no recluta pendejos, ni
bajeros, ni inefectivos. ¿Qué podía hacer alguien
como él que ni siquiera sabía hablar inglés? Considerar
a Roque como agente de la CIA es una gran patraña del PCS y de
todos los políticos de izquierda anti-poetas. No creo que los
cubanos acepten esta acusación, no obstante el rencor que le
tenían...
El origen de esta tragedia fue la pequeñez, la mezquindad –cuyos
brotes, aún desde México, siento que todavía existen,
y ahora quizás más malignos-, el temor a que Roque le
quitara luz y protagonismo al ‘Gran Capitán’ y sus
adláteres; y se la estaba quitando, explicable por su brillantez,
su experiencia, incluso por su edad, pues los otros no pasaban de los
25 años; y algo más, eran ‘niños bien’,
socialcristeros, virgas, y virgos que ni siquiera habían ido
donde las putas, provincianos, cuyo mundo no pasaba del Camino Real,
de la Escalón, de la Universidad Nacional, etc...
Con todo y su problema de alcohol, Roque era una de las personas más
brillantes que he conocido; además, un bolo no tiene por qué
dejar de ser brillante. La borrachera se quita al día siguiente
pero la estupidez no, y esto es lo que pasó con el ‘Gran
Capitán’ de mierda & su Cía. de lobos.”
Revivir al poeta
Roque Dalton es el referente de la moderna literatura salvadoreña.
Sobre sus desencuentros con los poetas sargentones de La Habana, reflexiona
Pedro Rafael de la Cantera, testigo de ese tiempo: “El odio a
Roque Dalton, según Arqueles Morales, provenía de la ‘loca,
lesbiana e hija de puta Haydeé Santamaría’, directora
de Casa de las Américas, quien lo llamaba despectivamente ‘el
ciudadano Roque Dalton’; me sorprendió cuando Arqueles
dijo esto, supongo que él fue afectado por esta tendencia, ya
que él también bebía, y en una sociedad de doble
moral como la cubana, los extranjeros críticos con algunos puntos
de la revolución, sin temores reverenciales por venir de sociedades
irreverentes como las guanacas y chapinas, eran algo que no cuajaba
en el ‘buen gusto’ revolucionario.
Los cubanos no entendieron nunca que nosotros veníamos de ejercer
la libertad de expresión, de crítica y autocrítica
aún a costa de todo riesgo, la irreverencia era algo generacional
en la sociedad guatemalteca y salvadoreña, anarcoides, algo que
para acabar de joder, se incrementa más con el alcohol.”
Elizabeth Burgos, quien junto con Regis Debray conoció en 1966
a Roque Dalton en Praga, Checoslovaquia, tiene su propio punto de vista
sobre los hechos.
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Un acuerdo entre Rodolfo Parker y René Aguiluz calmó
aparentemente el agua de los pescados. Hoy se vuelve a revolver.
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Burgos, diplomática francesa de origen venezolano,
ex-esposa de Debray, ex agente secreta del G-2 cubano, y amiga entrañable
de Roque Dalton en Praga, París y La Habana sintetiza su figura:
“...
Al poeta tal vez le hicieron un servicio asesinándole -lo que
no exime a los culpables. Su muerte hará resurgir al poeta: su
obra es el mayor tributo que habrá legado a su país...
A los asesinos, la historia los ha puesto en su sitio:
ayer fueron actualidad, hoy son apenas una actualidad pasada. Aparecen
con su verdadero rostro al descubierto: el de la ambición y el
simple afán de poder.”
(*)Aníbal Martínez,
Pedro Rafael de la Cantera y Tomás Paz aún viven y son
citados con un nombre ficticio, por comprensibles motivos de seguridad
David Hernández, es PhD en Filología,
escritor y periodista salvadoreño-alemán, reside en
Alemania. Recién obtuvo el Premio Nacional de Novela Embajada
de España Alfaguara, por su novela "Berlín años
guanacos"
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Momentos
vitales
A mediados de la década de los 50, en San Salvador, junto
al poeta guatemalteco Otto René Castillo, fundó
el Círculo Literario Universitario, el cual fue el germen
de un movimiento que renovó la literatura salvadoreña.
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14
mayo 1935
Nace el niño Roque Dalton García, hijo de Winnal Dalton
y la salvadoreña María García. |
México
1961
Dalton publica su primer libro: “La ventana en el rostro”
y es reconocido en América Latina. |
Habana
1969
Con su poemario “Taberna y Otros Lugares” ganó
el Premio Casa de las Américas. |
10
mayo 1975
Muere asesinado en San Salvador, a manos de sus propios compañeros,
luego de un juicio interno. |
1981
y 1989
Póstumamente se publica su novela “Pobrecito Poeta
que era yo” y “Un libro levemente odioso”. |
Créalo
o no
“Cuando sepas que he muerto
no pronuncies mi nombre”
En
su libro “En silencio tenía que ser”, el autor Carlos
Eduardo
Rico Mira, cuenta algunas historias compartidas con Roque Dalton
en La Habana y en una sesión espiritista.
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Carlos Rico cuenta algunas historias compartidas con
Roque Dalton en vida y... después de su muerte. Una de ellas
la habría vivido con el espíritu del poeta asesinado.
El cumplimiento de algunas revelaciones hechas en aquella sesión,
como el fin del conflicto, le dieron la certeza, de que, aún
desde el más allá, Dalton abogaba por la pacificación
del país. A continuación reproducimos el texto:
“Antes de la firma de Acuerdo de Paz, mi querida amiga B.B fiel
creyente del espiritismo me invitó a asistir a una sesión
de ese tipo, por consideración a ella y que no soy dogmático
fui a la sesión, la médium era una persona mayor, de mucha
confianza y estima. Iniciamos la sesión, todo se desarrolló
tranquilamente, al final B.B me preguntó: ¿Quiere convocar
a alguien en especial? Vacilé un poco y respondí: a Roque
Dalton. Es necesario aclarar que con ella nunca había conversado
sobre la forma en que conocí a Roque. Transcurrieron varios minutos
luego la médium levantó su cabeza y comenzó a hablar:
¿Qué tal bachiller?, gracias por llamarme, pensé
que nunca saldría del lugar en que me encontraba.
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Roque en La Habana me decía bachi o bachiller,
sin embargo no era algo sorprendente, pero comenzó a decirme
que donde estaba se reunían con el General Martínez y
otras personalidades para trabajar por la paz en El Salvador, que ya
no había espacio para la guerra, que habláramos con el
Mayor d´Aubuisson, que era patriota y que de veras quería
la paz. Para mis adentros, en la mente me decía: ¡Cómo
va a ser Roque! Todo un revolucionario, propulsor de la lucha armada,
guerrillero de corazón, hablándome de la paz y con el
Mayor d`Aubuisson, eso es la locura.
De repente, dijo Roque: ¿Estás dudando Bachiller?
Pancho: Pues sí, el Roque que yo conocí
no hablaba así.
Roque: ¿Te dice algo el nombre del Dr. Fabio Castillo Figueroa?
Por medio de él, nos conocimos.
Con eso sí me sorprendió, ese hecho lo conocíamos
él y yo, nadie más de los que estaban en el lugar. Me
quedé con la duda. Después de la firma de Chapultepec,
cuando se buscaba la tumba, los restos, y fracasaron los intentos, recordé
la sesión espiritista, le expliqué a mi amiga B.B. la
situación y le pedí una nueva reunión con Roque,
y así lo hicimos.
Roque: ¿Qué tal bachi? Por fin se logró
la pacificación del país.
Pancho: Sí hombre, con la participación
clave de d´Aubuisson.
Roque: ¿Te acuerdas que te lo dije?
Pancho: Sí, pero no creí. Ahora vengo
por algo bien concreto. Se está haciendo un esfuerzo por recordar
hechos específicos de la historia reciente, se están buscando
tus restos pero se ha fracasado en el intento, las referencias se han
perdido.
Roque: Bachiller, ¿qué importancia tiene un
puñado de huesos? Lo importante es la obra que en vida hiciste,
lo demás es pura vanidad.
Pancho: Pensé que podrías darme pistas.
Roque: No, bachi, no es necesario, basta que me recuerden,
que reproduzcan mis libros, nada más.
Pancho: Los más interesados son tu familia,
Aída, tus hijos.
Roque: No te preocupes, me haré cargo de eso, tranquilizaré
sus espíritus. En el lugar que ustedes suponen que están
mis restos pueden hacer un parquecito para que los poetas jóvenes
den recitales de sus poemas.
Recientemente estuve de visita en la ciudad de La Habana y visité
a Aída, la viuda de Roque, en el apartamento de la calle J No.
162, conversamos largo y tendido, me contó que un amigo que era
médium le relató que los restos de Roque estaban entre
árboles y había un caminito cerca de la tumba, lo cual
era cierto, y que Roque no estaba interesado en que encontraran sus
restos sino que lo recordaran por sus obras, que hablara con ella y
sus hijos al respecto.
Quedé sorprendido por la coincidencia de lo que había
hablado conmigo y el mensaje para su familia.
El mensaje era casi textual, de hecho sus hijos sobrevivientes querían
ubicar el lugar exacto, encontrar sus restos. Aída me contó
que en ese momento, casi veinte años después, ya estaban
mas conformes y decidieron dejar que las cosas fueran como Roque quería”.
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