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LA
COLUMNA

Tengo
cinco preguntas
Una. ¿Cuántos niños o personas
más tenemos que esperar para que nuestros padres de la patria
comiencen a legislar con responsabilidad sobre el tema de las armas
de fuego en manos de civiles? Quien sabe. Todo parece indicar que mientras
nuestros flamantes representantes se mantengan enfrascados en discusiones
estériles sobre la aprobación del presupuesto, cualquier
imbécil puede esgrimir un arma y dárselas de macho, al
mejor estilo de las películas del salvaje oeste.
Esta semana murió Guillermo Menjívar; a inicios de año,
Melvin Borja, a manos de bestias disfrazadas de hombre. Soy testigo
de casos en los que cobardes amenazan a personas con arma de fuego y
andan campantes por los pasillos de la comunidad burlándose y
jactándose de su impunidad.
Dos. ¿Cuándo va a resolver los casos de violencia electoral
el TSE? Ni ellos lo saben.
El TSE tiene un serio problema. Mientras esté partidarizado,
tiene las manos atadas, aun y cuando el presidente del organismo se
llene la boca diciendo que van a ser estrictos. Los correligionarios
de los dos principales partidos siguen apedreándose e hiriéndose,
siguen los spot de organismos no partidistas haciendo propaganda,
sigue la pinta y pega incluso en árboles y señales
de tránsito, siguen los sondeos ilegales y los responsables
se ríen en la cara de los magistrados.
Tres. ¿Quién mató y mutiló a Rosa N.? La
Fiscalía y la Policía dicen que fue El Viejo Lin,
pero el Órgano Judicial lo
dejó libre por falta de pruebas ¿Se recuerdan
del famoso caso del auto fantástico? Aquel mismo que mató
a dos jóvenes en una zona exclusiva de la capital y al final
nadie lo conducía. ¿O del caso Katia Miranda? ¿O
del de la locutora Lorena Saravia? Tal parece que este caso va camino
a convertirse en uno de los grandes enigmas de la historia judicial
de nuestro país.
Cuatro. ¿Realmente está preso Carlos Perla? Porque, por
un lado, un día la familia dice que está libre, el presidente
Flores aconseja a los periodistas que no lo busquen en ninguna cárcel
parisina porque pierden su tiempo, un matutino desmiente a otro y al
día siguiente este periódico descubre que sí está
encarcelado. ¿Y entonces? ¿Por qué se equivoca
el presidente? Nosotros, pobres lectores, mantenemos la incógnita
de su aprehensión y comenzamos, con derecho, a conjeturar.
Cinco. ¿Cuál es el valor que la justicia salvadoreña
le da a los testigos de casos importantes? Porque por un lado la Policía,
la Fiscalía urgen a la población a colaborar con denuncias
y testimonios, y por otro los dejan a la merced de Dios para que los
señalados asesinen a sus acusadores. Esas son mis cinco preguntas.
Es probable que usted, amigo lector, tenga muchas más.
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