 |  |
Dos
semanas de sangre y fuego
El
día D
hasta el tope
La
ofensiva de 1989 se gestó en Nicaragua, en medio de largas jornadas
de reuniones de la comandancia general del FMLN que concluyeron en la
incursión militar. El desarrollo de la ofensiva generó
momentos críticos en los que, muchas veces, se tuvo que improvisar.
Después de 14 días, las tropas abandonaron las ciudades
sin 420 hombres, de los 2,500 que eran
|
|
|
2,500
guerrilleros
Incursionaron en San Salvador. Murieron alrededor de 400. Más
de 8,000 guerrilleros participaron en la ofensiva en todo el país.
|
|
|
|
Managua, Nicaragua. 11 de noviembre de 1989. Son las
siete y cuarto de la noche cuando Joaquín Villalobos, comandante
del ERP, escucha por radio que sus unidades, en El Salvador, ya han
tomado sus respectivas posiciones. Ya la hicimos, dice para
sí.
Los primeros disparos sucedieron frente a la comandancia del Ejército
en Ayutuxtepeque, San Salvador. Una columna de insurgentes de las Fuerzas
Populares de Liberación (FPL) había desviado el camino
y la confusión permitió que los soldados, a pesar de la
oscuridad reinante, la descubrieran y le comenzaran a disparar.
La unidad miliciana respondió lanzando dos cohetes de RPG- 7.
Aunque los descubrieron antes de tiempo, venían con mucho
poder de fuego y lograron controlar la situación, recuerda
Facundo Guardado, entonces coordinador de las FPL en San Salvador durante
la ofensiva.
El enfrentamiento de Ayutuxtepeque fue el primero de una ofensiva militar
que el FMLN había gestado durante casi un año, cuando
varios acontecimientos nacionales e internacionales indujeron a la comandancia
general del Frente a entrar en acción.
En su lógica, era imprescindible realizar una incursión
de gran envergadura sobre las principales ciudades de El Salvador antes
de sentarse a negociar con el gobierno del Presidente Alfredo Cristiani.
La conclusión de la comandancia se daba en tres contextos. Primero,
finalizaba la década de los ochenta y el bloque de países
socialistas en Europa comenzaba a ceder ante presiones internacionales
para permitir una apertura democrática. Este hecho abría
un nuevo orden mundial que, sin duda, afectaría al FMLN.
Segundo: a nivel regional, en Nicaragua, el gobierno del Frente Sandinista
para la Liberación Nacional (FSLN) celebraría elecciones
libres después de una década de gobierno continuo. De
perder los sandinistas, el FMLN se quedaría sin el más
importante apoyo estratégico.
Y, tercero, El Salvador era escenario de cambios: Alfredo Cristiani
había sido electo como el primer presidente arenero, hecho que
daba fin al reinado de la Democracia Cristiana. Es importante
tomar en cuenta que se fue configurando un clima propicio para poder
acercarse a una negociación, asegura Guardado.
La estrategia
Julio de 1989. Managua, centro de operaciones de la comandancia general
del FMLN. En una casa enorme, con salones grandes, Joaquín Villalobos,
Salvador Sánchez Cerén, Francisco Jovel, Eduardo Sancho
y Schafik Handal estaban sentados en torno a la mesa de la sala principal.
Preparaban el plan estratégico para la ofensiva que dirigirían.
Esa era apenas una de las largas y extenuantes jornadas de trabajo que
tuvieron el resto de semanas hasta noviembre.
El plan que discutían partía de dos factores: necesitaban
contar con tiempo y territorio suficientes para llevar a cabo con éxito
la acción militar. Joaquín Villalobos les explicaba que
la conjunción de ambos aspectos debía ocasionar crisis
en el Ejército y el Gobierno.
¿De
qué forma lo conseguirían? El principio que planteamos
fue penetrar la ciudad y fortificarnos en las zonas populares. Así,
cuando el Ejército intentara sacarnos no iba a poder. Pasarían
los días y pronto íbamos a estar en CNN y otros espacios
de prensa internacional. Todo eso iba a provocar un impacto, de tal
forma que se tradujera en una intervención de los cascos azules
de la ONU y entonces se iba a generar una verdadera negociación
con la intervención de la ONU, explica Villalobos.
insurrección
Aunque toda la comandancia coincidía en el objetivo, las reuniones
se volvían agrias cuando se discutía la posibilidad de
una insurrección popular.
Francisco Jovel asegura que Joaquín Villalobos era el más
entusiasta con esa idea. Sin embargo, este último explica que
esa posibilidad sencillamente no era viable y que, por lo tanto, nunca
la visualizó: Eso simplemente fue un mito.
Tanto el FMLN como el Ejército se habían desarrollado
militarmente, eran ejércitos empatados, pero no se podía
poner a combatir a la población porque no estaba militarmente
preparada para enfrentar al Ejército.
Eduardo Sancho coincide con Villalobos y agrega que el tema de la insurrección
era algo muy subordinado al objetivo original... que era demostrar fuerza
de combate.
Pese a las divergencias que surgían, la comandancia general terminaba
por sobreponer el objetivo común.
Para poder llevar a cabo las acciones previas a la ofensiva, desde enero
hasta octubre de 1989 la dirigencia manejó un fondo común
y otro individual que sirvió para pagar la logística.
Y aunque ninguno de los entrevistados recuerda una cifra exacta del
monto, casi todos coinciden en que éste sobrepasaba los $2 millones.
Cada una de las cinco organizaciones manejaba sus propios fondos, procedentes
de los rescates que cobraban por secuestros a empresarios del país
y del aporte que les daba la solidaridad internacional.
La ayuda más importante provenía de una campaña
permanente que se realizaba en la República Federal de Alemania
llamada Armas para El Salvador.
|
|
|
Cae Avión con armas
Una avioneta de matrícula
nicaragüense se estrelló en Usulután. Trasportaba
armas,
entre ellas misiles tierra-aire y
cañones antitanques. .
|
| |
Pero ese dinero no bastaba. La magnitud de la incursión
obligó a que los cinco comandantes dispusieran todos sus recursos
a disposición. Parte de los fondos se gastó en la compra
de zapatos, uniformes, alimentos, mochilas y municiones. Porque lo que
venía no era una batalla más. Era la más importante
de todo el conflicto.
Detalles afinados
Durante los días previos al ataque, el FMLN comenzó a
trasladar las tropas, más de 2,000 hombres, desde el interior
del país hacia los centros urbanos, incluyendo la capital.
Mientras el FMLN trataba de mantener ocultos sus movimientos, avanzando
durante la noche, sus planes eran un secreto a voces para todos, incluso
para el mismo Ejército.
Cuatro días antes había un silencio casi total de
los radios del FMLN; eso nos indicaba que algo iba a pasar, recuerda
el general Mauricio Ernesto Vargas, que en 1989 era comandante del Ejército
de la zona oriental. Pero días antes de la incursión la
historia dio un giro inesperado. El ERP detectó que de una de
sus unidades se filtraba información que iba a parar al Estado
Mayor.
Para identificar al soplón, la dirigencia del ERP
lanzó una información falsa.
Desinformaríamos al Ejército y además íbamos
a identificar de dónde venía la fuga, explica Claudio
Armijo, coordinador del ERP en San Salvador durante la ofensiva.
La estrategia dio resultado: una semana antes de la ofensiva, René
Emilio Ponce, jefe del Estado Mayor Conjunto, apareció en los
periódicos afirmando que la comandancia general del FMLN había
abortado una ofensiva militar.
La noticia provenía de sus fuentes de inteligencia, reconoce
el mismo Ponce.
Una de las fuentes principales de información que teníamos
eran las infiltraciones que se hacían, no solamente al ERP o
a la RN, sino a todas las filas del FMLN, afirma sonriente.
Pero aquella información era falsa.
Era una acción de contrainteligencia que se debía
soltar para cuidar el plan, dice Armijo. El cuidado tenía
su razón: no sería un simple enfrentamiento; militarmente,
la ofensiva planteaba un cambio estratégico, pues llevaría
la guerra del campo a la ciudad.
Como San Salvador sería el ojo del huracán cada organización
movilizó a lo mejor de sus tropas hasta las colonias populares
de la capital.
Los demás combatientes quedaron en los terrenos que mejor conocían:
sus zonas de combate tradicionales.
Ese sentido común permitió que, por ejemplo, las unidades
del ERP llegaran a tiempo a los sitios establecidos.
Por eso fue también que aquella noche de noviembre Joaquín
Villalobos quedó menos preocupado después de escuchar
que sus guerreros estaban listos para la acción.
A
las 7:15 de la noche de aquel sábado, el comandante se tomó
un trago de whisky. Quince minutos después, El Salvador se volvía
escenario de la mayor ofensiva guerrillera.
El plan en marcha
Norte de San Salvador. Sábado 11, 19:30 horas. Las unidades del
resto de las organizaciones terminaban por tomar posición.
Algunos vecinos de dicha zona ya esperaban visita. Se trataba de los
colaboradores y milicianos del FMLN que durante semanas habían
trabajado en la logística del plan, preparando el terreno.
El área metropolitana estaba sitiada por las fuerzas insurgentes
y en medio enfrentamientos, mientras el resto de la población
permanecía en casa, temerosa.
En el interior del país también había enfrentamientos.
La ofensiva pretendía afectar los centros militares más
importantes de El Salvador.
Los combates continuaron más de lo esperado por los militares.
Ellos, en un primer momento, creían que todo se trataba de una
simple incursión guerrillera; pero, 72 horas después del
inicio de los enfrentamientos, los alzados en armas seguían parapetados
en los mismos lugares. Y, sobre todo, continuaban atacando la retaguardia
del Ejército: San Salvador.
Fue en ese momento cuando, a juicio de todos los ex guerrilleros entrevistados
por Vértice, el Ejército, a través de la Fuerza
Aérea, comete su primer gran error. Las zonas populares del norte
de la capital comenzaron a ser bombardeadas.
Las colonias populares fueron ametralladas y bombardeadas de manera
cruel porque pensaban que eran gente de la guerrilla. El panorama era
caótico, recuerda Roberto Orlando Cruz, director Ejecutivo
de Comandos de Salvamentos.
La tarde del 15 de noviembre, durante una reunión, el Estado
Mayor y los jefes de los comandos militares replegados en el área
metropolitana llegaban a la conclusión de que era necesario
emplear todos los recursos que tenían para evitar que San Salvador
cayera en manos del FMLN, recuerda el General Ponce.
|
|
|
La
población civil sufrió
Los bombardeos obligaron a que las personas abandonaran sus hogares.
|
La población había sido evacuada
a escuelas y al Estadio Flor Blanca, eran como 80 mil personas. Para
nosotros, los que habían quedado en las zonas eran simpatizantes
del FMLN, añade.
La respuesta a los bombardeos fue un cambio en la estrategia del único
plan que existía. Desde Managua, Joaquín Villalobos se
comunicó con Armijo para preguntarle si existía un corredor
seguro que conectara desde donde estaban combatiendo hasta las colonias
Escalón y San Benito.
Ante la respuesta positiva de Armijo, Villalobos dictó que unidades
de las FPL y el ERP incursionaran en tales colonias. Al menos así
lo plantea él. Pero Francisco Jovel y Eduardo Sancho, de la comandancia
general, aseguran que dicha incursión era parte del plan original.
Vértice no pudo contrastar esta información con Schafik
Handal y Salvador Sánchez Cerén (también de la
comandancia). El primero, envió un mensaje diciendo que no
le interesaba hablar de este tema, pues no tenía tiempo.
Sánchez Cerén explicó que podía dar entrevista
después, a partir del lunes 8 de noviembre.
Improvisación o no, tanto Villalobos como Sancho aseguran que
conocían el terreno de antemano. Tuvimos de manera permanente
una unidad en el volcán de San Salvador y varias veces incursionamos
en esas zonas. Por eso no nos costó entrar, reafirma Facundo
Guardado.
¿Qué pretendían con llegar a esas colonias? En
primer lugar, distraer al Ejercito pues en esos sectores había
puntos neurálgicos como la Residencia Presidencial, el Estado
Mayor y la Embajada de Estados Unidos, entre otros.
|
|
|
Centenares de muertos
La población civil quedó en medio de fuertes enfrentamientos
entre el Ejercito y los insurgentes.
|
| |
En segundo lugar, el bombardeo a las zonas populares
y la muerte de los jesuitas, el 16 de noviembre, mostraba la desesperación
en que habían caído los militares. Y eso, a juicio de
la comandancia general, ubicaba al FMLN en una mejor posición
para negociar.
Llegar a la Escalón tenía otra intención: la madrugada
del 21 de noviembre, 11 días después de haber comenzado
la ofensiva, fuerzas de las FPL y el ERP se tomaron la torre del Hotel
Sheraton, ahora Radisson, donde se encontraba un grupo de asesores norteamericanos
y Joao Baena Soares (Secretario General de la OEA).
Eduardo Sancho y Villalobos aseguran que la presencia de esos personajes
en el lugar fue una casualidad.
Esta postura es compartida por el comandante de la RN Roberto Cañas,
quien en ese momento estaba en México como parte de la comisión
negociadora del FMLN: Cuando supimos que estaban ellos adentro
nos comunicamos inmediatamente con los contactos que teníamos
en Washington para explicarle al Departamento de Estado que la cosa
no era contra ellos.
Las unidades de las FPL y el ERP estuvieron solamente pocas horas en
el hotel; sin embargo, esa acción fue de acuerdo con los
entrevistados la pauta para posicionar al FMLN en la prensa internacional,
después de la muerte de los jesuitas.
La misión no duró pues fue interrumpida por fuerzas especiales
del Ejército, que sacaron a los guerrilleros del hotel.
Al día siguiente, el 22, los insurgentes comenzaron a replegarse
hacia sus retaguardias. Si bien hubo posteriores enfrentamientos no
fueron de gran magnitud.
Desde entonces, la ofensiva Hasta el tope y punto comenzó
a ser parte de la historia.
Hoy, después de 15 años, todos los entrevistados por Vértice
coinciden en que era necesario una ofensiva de esa envergadura para
poder sentarse a negociar. De lo contrario, esta guerra todavía
estuviera, sentencia Francisco Jovel. Sus ex compañeros
coinciden con él.
Los misiles que no lograron lanzar
Durante la guerra, el FMLN no usó misiles tierra
aire.
Trato entre EE.UU. - URSS
Por acuerdo de George Bush (padre) y de Mijail Gorbachev, presidentes
de Estados Unidos y de la Unión Soviética, respectivamente,
el Frente nunca pudo obtener misiles tierra-aire. Durante la planificación
de la ofensiva de 1989, Joaquín Villalobos negoció con
Fidel Castro para que le consiguiera algunos. Sin embargo, Castro no
agilizó los trámites. Poco antes de que terminara la incursión,
salió de Managua un avión y un barco con cargamento bélico,
incluyendo los misiles... pero de fabricación norcoreana.
Sin embargo, segundos antes de tocar tierra salvadoreña, el avión
cayó y se perdió el cargamento. Y los que llegaron por
barco no sirvieron. Fue hasta después de las elecciones en Nicaragua
que un alto mando de la Fuerza Aérea de ese país le vendió
al ERP una importante dotación de misiles rusos. Fueron los que
usaron durante la poco conocida ofensiva de 1990.
|
¿Valió
la pena la ofensiva?
|
|
Sí.
Quedó claro que no
queríamos negociar porque tuviéramos debilidad
Eduardo Sancho
|
Permitió
negociar y que
de allí se dieran los trazos
de un nuevo país
Facundo Guardado
|
Sí.
De allí se aceleran las negociaciones en donde si estuvieron
las Naciones Unidas
Joaquín Villalobos
|
Dos
semanas de sangre y fuego
La
desinformación
Las
sangrientas jornadas emprendidas por el FMLN en noviembre del 89
pusieron en evidencia la importancia de la comunicación en momentos
de
crisis. Fue lamentable que el gobierno de entonces no lo comprendiera
así
|
|
|
Acapararon audiencia mundial. El silencio oficial dio ventaja
a las radios clandestinas del FMLN.
|
| |
Para los periodistas que cubrimos la Ofensiva
Final Febe Elizabeth Vive resulta inquietante, aún ahora,
pensar que ésta pudo haber tenido éxito, no tanto por
la fuerza militar de la guerrilla, sino por los pobres recursos de comunicación
con que el gobierno del Presidente Alfredo Cristiani afrontó
la crisis.
El FMLN desencadenó el ataque, en la tarde del sábado
11 de noviembre de 1989. El domingo 12, el gobierno decretó el
estado de sitio y, con él, la suspensión de las garantías
constitucionales.
Acto seguido, la Secretaría de Información de la Presidencia
impuso una cadena nacional de radio y ordenó a los demás
medios abstenerse de publicar informes sobre el ataque que no emanasen
de esa oficina. Los noticieros televisivos también fueron suspendidos.
Como resultado de tal medida, la población y el resto del mundo
sólo tuvieron, durante cinco días consecutivos, tres fuentes
informativas: los periódicos que como EL DIARIO DE HOY ignoraron
la prohibición de la Secretaría; la Embajada de Estados
Unidos, cuyo jefe, el embajador William Walker, dio las primeras declaraciones
acerca del número de bajas y magnitud de la agresión,
y las radios Farabundo Martí y Venceremos.
Estas últimas fueron las más gananciosas, ya que mientras
la radiocadena del gobierno sólo transmitía música
populachera y abría canales telefónicos en los que la
gente, además de emitir mensajes personales, repudiaba la agresión,
la radio guerrillera acaparaba a las audiencias ansiosas de saber cuál
era el curso de los acontecimientos.
|
|
|
Desmoralización
La falta de información del gobierno durante los primeros
cinco días desmoralizó a gran parte de la ciudadanía.
|
| |
La guerrilla transmitía noticias triunfalistas.
Hablaba de masivas adhesiones de los habitantes de los populosos barrios
de Zacamil y municipios periféricos como San Marcos, Mejicanos,
Soyapango y Cuscatancingo, en todos los cuales según las
emisoras subversivas los pobladores aceptaban las armas que les
repartía el frente farabundista y se alzaban contra el gobierno.
Los primeros en nutrirse de esta desinformación fueron los corresponsales
extranjeros que difundían por todo el mundo la toma de San Salvador.
El mensaje del triunfo guerrillero intensificó el flujo de ayuda
financiera a los insurgentes procedente en su mayoría, de la
izquierda de Estados Unidos y Europa.
Estas noticias, además de mantener alta la moral combativa de
los farabundos, alentó a centenares de mercenarios que desde
Nicaragua comenzaron a incursionar en el territorio por vía marítima,
en lanchones desde los que desembarcaban hombres y armas en las costas
de La Unión, San Miguel y Usulután.
Pese
a las reiteradas amenazas de la Secretaría de Información,
así como de otros altos funcionarios,
EL DIARIO DE HOY publicó la información y gráficos
que sus periodistas recopilaban en el teatro de guerra y la que, con
reserva de identidad, suministraban oficiales y tropa del Ejército.
El 16 de noviembre, en abierto desafío a las restricciones del
estado de sitio, publicamos la denuncia de periodistas nacionales y
extranjeros contra el deficiente sistema informativo impuesto por la
Secretaría de Información.
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |