7 de marzo de 2004


INTERNACIONAL

La nueva Alemania que se importa

La creciente adquisición de firmas germanas por parte de inversionistas extranjeros
ha despertado temores de un mayor desempleo. El gobierno ha comenzado a idear
cómo frenar esa especie de invasión financiera.

Vicente Poveda (DPA)
vertice@elsalvador.com
Las fuertes políticas de ahorro de los nuevos dueños auguran una crisis de desempleo.

El gobierno del canciller alemán, Gerhard Schröeder, contempla atemorizado cómo las empresas del país pasan a manos extranjeras. Hace apenas cuatro años, Mannesmann, uno de los grupos industriales más exitosos del país, fue absorbido por el gigante británico de telefonía móvil Vodafone en una espectacular oferta pública de adquisición (OPA) hostil.

La operación puso de manifiesto lo vulnerables que son las empresas alemanas ante el avance extranjero. Ahora, la discusión se centra en la posible adquisición de la farmacéutica Aventis por parte de su competidor francés Sanofi-Synthélabo, mientras la clase política en Berlín se pregunta qué vendrá después, ¿el Deutsche Bank?

Sanofi-Synthélabo lanzó a finales de enero una OPA contra Aventis, compañía de capital germano-francés surgida en 1999 a raíz de la fusión de Hoechst y Rhone-Poulenc. El anuncio de la operación con un volumen de 47.900 millones de euros (unos 60.000 millones de dólares) hizo saltar la alarma en Alemania, donde la empresa a adquirir emplea a 9.000 personas, de cerca de 71.000 trabajadores en todo el mundo.

Pocos días después de que Sanofi presentara su oferta, el encargado sindical de la rama alemana de Aventis, Friedhelm Conradi, puso el grito en el cielo y aseguró que sería “una catástrofe” y completamente “inaceptable” que saliera adelante la operación. Los representantes de los trabajadores temen que la sinergia entre ambas empresas después de la fusión provoque la eliminación de hasta unos 12.000 empleos, gran parte de ellos en las plantas de producción e investigación alemanas situadas en Fráncfort y sus inmediaciones.

La reacción de los empleados llegó casi al mismo tiempo que la del gobierno en Berlín. Lógicamente, en momentos en los que el gabinete “rojiverde” de Schröeder lucha para contener el alto desempleo del país, la pérdida de más puestos de trabajo no es en absoluto una buena noticia, máxime cuando se trata además de una empresa innovadora que en los últimos cinco años ha invertido más de mil millones de euros (1.285 millones de dólares) en el país.

El ministro de Economía y Traba jo, el socialdemócrata Wolfgang Clement, expresó el interés “muy serio” de Berlín por que Aventis mantenga sus centros en Alemania y aseguró haber tomado al respecto contacto con el gobierno en París. El portavoz de Schröeder, Béla Anda, se pronunció de manera similar.

Miedo al desempleo

El gobierno no quiere que vuelva a suceder algo similar a lo ocurrido con Mannesmann en febrero de 2000, después de la OPA por 198.900 millones de euros (255.900 millones de dólares) de Vodafone. De Mannesmann, empresa con más de un siglo de tradición y ramificaciones en un amplio abanico de actividades, Vodafone se quedó tan sólo con su división de telefonía y vendió el resto. Los nuevos dueños británicos impusieron una fuerte política de ahorro que llevó a la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo.

A diferencia de otros países, Alemania tiene una legislación muy liberal referente a adquisición de empresas desde el extranjero.

No obstante, al igual que con Mannesmann, es una realidad que en casos como el de Aventis los gobiernos de ambos países apenas pueden influir sobre la operación. “Es un asunto privado entre empresas”, afirmó el presidente francés Jacques Chirac tras una reunión con Schröeder celebrada a principios de este mes en Alemania y en la que el tema de Aventis ocupó un lugar central.

Alemania, a diferencia de otros países, tiene una legislación muy liberal en lo referente a adquisiciones de empresas desde el extranjero. Se rige sólo por el libre mercado, sin lugar para el proteccionismo.

El magnate australiano de medios de comunicación Rupert Murdoch tuvo por ejemplo que asumir la nacionalidad estadounidense para hacerse con la emisora de televisión Fox, ya que las leyes de Estados Unidos prohíben que un inversor extranjero adquiera cualquier televisión del país. Sin embargo, en el caso de Alemania, el productor israelí-estadounidense Haim Saban no encontró impedimentos legales el año pasado para comprar el grupo de emisoras ProSieben- Sat.1, antiguamente pertenecientes a Kirch.

Medidas legales

En noviembre, después de 15 años de negociaciones, los ministros de Industria de la Unión Europea (UE) aprobaron además una directiva que no pone ninguna traba jurídica a las adquisiciones de empresas dentro del bloque, sino que respeta sólo lo establecido en los estatutos de las diferentes compañías.

Aun así, son muy pocas las empresas alemanas que tienen mecanismos para defenderse ante una OPA hostil. Uno de los casos más conocidos -no exento de polémica- es el del fabricante de automóviles Volkswagen. En sus estatutos, una clausula especial de 1960 conocida como “Ley Volkswagen” prevé que ningún accionista disponga de más del veinte por ciento de los votos en el grupo, aunque tenga más capital.

Wolkswagen, una de las más emblemáticas y universales de la industria alemana, se ve amenazada.

La caída del Deutsche Bank en el mercado bursátil mundial posibilita la entrada de algún socio europeo.

El comisario europeo de Mercado Interno, Frits Bolkenstein, considera que dicha prescripción obstaculiza la libre circulación de capitales en la UE. Sin embargo, Schröeder lucha desde sus tiempos como primer ministro del estado federado de Baja Sajonia para que se mantenga la “Ley Volkswagen”, al considerar que su anulación supondría entregar al extranjero una de las principales empresas del país. El democristiano Christian Wulff, primer ministro regional desde el año pasado, es de la misma opinión.

En Alemania hay un buen número de empresas que, debido a su amplia base accionarial, podría convertirse en objeto de una OPA hostil por parte de algún competidor extranjero. Entre ellas se encuentran el tour operador TUI o la farmacéutica Schering, por citar algunos ejemplos. De todas maneras, las mayores preocupaciones del gobierno de Schröeder parecen estar en el sector bancario.

El gobierno alemán ha expresado en varias ocasiones sus temores por que alguno de los grandes bancos del país acabe en manos de un competidor extranjero, como el Citigroup. Según afirmó recientemente el secretario de Estado de Finanzas, Caio Koch-Weser, varios institutos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Suiza ya están echándole un ojo al mercado financiero alemán. Por ello, el gobierno anunció ya medidas legales para evitar una adquisición así, aunque éstas todavía no han sido presentadas.

Según versiones de prensa que no fueron confirmadas oficialmente, el Ministerio de Finanzas pidió a los presidentes de los cuatro grandes bancos privados del país -Deutsche Bank, HypoVereinsbank, Commerzbank y Dresdner Bank- que analicen la posibilidad de una fusión, aunque sea sólo entre algunos de ellos. Con ello, se podría crear una macroentidad bancaria menos susceptible de una absorción.

Tras su llegada a la cúpula del Deutsche Bank en mayo de 2002, el suizo Josef Ackermann fijó entre sus prioridades la de, a través de la venta de participaciones, hacer aumentar el valor bursátil del banco para que no resulte tan fácil de adquirir desde el extranjero. En años anteriores, el que fuera uno de los mayores bancos del mundo había caído a la mitad de la tabla, haciéndolo susceptible de una compra desde afuera.

Según versiones de prensa, la actual cúpula del Deutsche Bank está examinando la posibilidad de una fusión. No obstante, más que unirse a otro banco alemán, la entidad con sede en Fráncfort preferiría buscar un socio europeo.


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