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INTERNACIONAL
La
nueva Alemania que se importa
La
creciente adquisición de firmas germanas por parte de inversionistas
extranjeros
ha despertado temores de un mayor desempleo. El gobierno ha comenzado
a idear
cómo frenar esa especie de invasión financiera.
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Las
fuertes políticas de ahorro de los nuevos dueños
auguran una crisis de desempleo.
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El gobierno del canciller alemán, Gerhard Schröeder,
contempla atemorizado cómo las empresas del país pasan
a manos extranjeras. Hace apenas cuatro años, Mannesmann, uno
de los grupos industriales más exitosos del país, fue
absorbido por el gigante británico de telefonía móvil
Vodafone en una espectacular oferta pública de adquisición
(OPA) hostil.
La operación puso de manifiesto lo vulnerables que son las empresas
alemanas ante el avance extranjero. Ahora, la discusión se centra
en la posible adquisición de la farmacéutica Aventis por
parte de su competidor francés Sanofi-Synthélabo, mientras
la clase política en Berlín se pregunta qué vendrá
después, ¿el Deutsche Bank?
Sanofi-Synthélabo lanzó a finales de enero una OPA contra
Aventis, compañía de capital germano-francés surgida
en 1999 a raíz de la fusión de Hoechst y Rhone-Poulenc.
El anuncio de la operación con un volumen de 47.900 millones
de euros (unos 60.000 millones de dólares) hizo saltar la alarma
en Alemania, donde la empresa a adquirir emplea a 9.000 personas, de
cerca de 71.000 trabajadores en todo el mundo.
Pocos días después de que Sanofi presentara su oferta,
el encargado sindical de la rama alemana de Aventis, Friedhelm Conradi,
puso el grito en el cielo y aseguró que sería una
catástrofe y completamente inaceptable que
saliera adelante la operación. Los representantes de los trabajadores
temen que la sinergia entre ambas empresas después de la fusión
provoque la eliminación de hasta unos 12.000 empleos, gran parte
de ellos en las plantas de producción e investigación
alemanas situadas en Fráncfort y sus inmediaciones.
La reacción de los empleados llegó casi al mismo tiempo
que la del gobierno en Berlín. Lógicamente, en momentos
en los que el gabinete rojiverde de Schröeder lucha
para contener el alto desempleo del país, la pérdida de
más puestos de trabajo no es en absoluto una buena noticia, máxime
cuando se trata además de una empresa innovadora que en los últimos
cinco años ha invertido más de mil millones de euros (1.285
millones de dólares) en el país.
El ministro de Economía y Traba jo, el socialdemócrata
Wolfgang Clement, expresó el interés muy serio
de Berlín por que Aventis mantenga sus centros en Alemania y
aseguró haber tomado al respecto contacto con el gobierno en
París. El portavoz de Schröeder, Béla Anda, se pronunció
de manera similar.
Miedo al desempleo
El gobierno no quiere que vuelva a suceder algo similar a lo ocurrido
con Mannesmann en febrero de 2000, después de la OPA por 198.900
millones de euros (255.900 millones de dólares) de Vodafone.
De Mannesmann, empresa con más de un siglo de tradición
y ramificaciones en un amplio abanico de actividades, Vodafone se quedó
tan sólo con su división de telefonía y vendió
el resto. Los nuevos dueños británicos impusieron una
fuerte política de ahorro que llevó a la pérdida
de decenas de miles de puestos de trabajo.
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A
diferencia de otros países, Alemania tiene una legislación
muy liberal referente a adquisición de empresas desde el
extranjero.
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No obstante, al igual que con Mannesmann, es una realidad
que en casos como el de Aventis los gobiernos de ambos países
apenas pueden influir sobre la operación. Es un asunto
privado entre empresas, afirmó el presidente francés
Jacques Chirac tras una reunión con Schröeder celebrada
a principios de este mes en Alemania y en la que el tema de Aventis
ocupó un lugar central.
Alemania, a diferencia de otros países, tiene una legislación
muy liberal en lo referente a adquisiciones de empresas desde el extranjero.
Se rige sólo por el libre mercado, sin lugar para el proteccionismo.
El magnate australiano de medios de comunicación Rupert Murdoch
tuvo por ejemplo que asumir la nacionalidad estadounidense para hacerse
con la emisora de televisión Fox, ya que las leyes de Estados
Unidos prohíben que un inversor extranjero adquiera cualquier
televisión del país. Sin embargo, en el caso de Alemania,
el productor israelí-estadounidense Haim Saban no encontró
impedimentos legales el año pasado para comprar el grupo de emisoras
ProSieben- Sat.1, antiguamente pertenecientes a Kirch.
Medidas legales
En noviembre, después de 15 años de negociaciones, los
ministros de Industria de la Unión Europea (UE) aprobaron además
una directiva que no pone ninguna traba jurídica a las adquisiciones
de empresas dentro del bloque, sino que respeta sólo lo establecido
en los estatutos de las diferentes compañías.
Aun así, son muy pocas las empresas alemanas
que tienen mecanismos para defenderse ante una OPA hostil. Uno de los
casos más conocidos -no exento de polémica- es el del
fabricante de automóviles Volkswagen. En sus estatutos, una clausula
especial de 1960 conocida como Ley Volkswagen prevé
que ningún accionista disponga de más del veinte por ciento
de los votos en el grupo, aunque tenga más capital.
| Wolkswagen,
una de las más emblemáticas y universales de la industria
alemana, se ve amenazada. |
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| La
caída del Deutsche Bank en el mercado bursátil mundial
posibilita la entrada de algún socio europeo. |
El comisario europeo de Mercado Interno, Frits Bolkenstein,
considera que dicha prescripción obstaculiza la libre circulación
de capitales en la UE. Sin embargo, Schröeder lucha desde sus tiempos
como primer ministro del estado federado de Baja Sajonia para que se
mantenga la Ley Volkswagen, al considerar que su anulación
supondría entregar al extranjero una de las principales empresas
del país. El democristiano Christian Wulff, primer ministro regional
desde el año pasado, es de la misma opinión.
En Alemania hay un buen número de empresas que, debido a su amplia
base accionarial, podría convertirse en objeto de una OPA hostil
por parte de algún competidor extranjero. Entre ellas se encuentran
el tour operador TUI o la farmacéutica Schering, por citar algunos
ejemplos. De todas maneras, las mayores preocupaciones del gobierno
de Schröeder parecen estar en el sector bancario.
El gobierno alemán ha expresado en varias ocasiones
sus temores por que alguno de los grandes bancos del país acabe
en manos de un competidor extranjero, como el Citigroup. Según
afirmó recientemente el secretario de Estado de Finanzas, Caio
Koch-Weser, varios institutos de Estados Unidos, Gran Bretaña
y Suiza ya están echándole un ojo al mercado financiero
alemán. Por ello, el gobierno anunció ya medidas legales
para evitar una adquisición así, aunque éstas todavía
no han sido presentadas.
Según versiones de prensa que no fueron confirmadas oficialmente,
el Ministerio de Finanzas pidió a los presidentes de los cuatro
grandes bancos privados del país -Deutsche Bank, HypoVereinsbank,
Commerzbank y Dresdner Bank- que analicen la posibilidad de una fusión,
aunque sea sólo entre algunos de ellos. Con ello, se podría
crear una macroentidad bancaria menos susceptible de una absorción.
Tras su llegada a la cúpula del Deutsche Bank en mayo de 2002,
el suizo Josef Ackermann fijó entre sus prioridades la de, a
través de la venta de participaciones, hacer aumentar el valor
bursátil del banco para que no resulte tan fácil de adquirir
desde el extranjero. En años anteriores, el que fuera uno de
los mayores bancos del mundo había caído a la mitad de
la tabla, haciéndolo susceptible de una compra desde afuera.
Según versiones de prensa, la actual cúpula del Deutsche
Bank está examinando la posibilidad de una fusión. No
obstante, más que unirse a otro banco alemán, la entidad
con sede en Fráncfort preferiría buscar un socio europeo.
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