 |  |
LA
COLUMNA

Hijos
de la impunidad
Simplemente increíble. Razón tuvo
el fiscal Aquiles Parada de calificar de insólito
el hecho que un un condenado a prisión imponga las reglas
del juego. Sí, me refiero a Raúl García Prieto,
el ex presidente del Banco de Fomento Agrope-cuario (el BFA), el mismo
que un día juró servir a la patria; pero terminó
traicionándola cuando, al margen de la ley, favoreció
a dos sociedades para que adquirieran el ingenio El Carmen.
Pero lo insólito de toda esta historia no es en sí la
naturaleza de la petición del ex funcionario de una audiencia
especial de revisión de medidas, sino el hecho de que en su condición
de prófugo condicione al tribunal para entregarse a cambio de
permanecer en casa. Me gustó mucho la reacción de una
jueza cuando dijo: No va a venir un condenado a poner condiciones
de cómo quiere entregarse....
Pero, luego, el Juzgado Sexto de Sentencia le favoreció con arresto
domiciliar por veinte días, mientras se revisaba la sentencia.
Pero lo risible en este caso es que el señor García Prieto
no sólo consiguió burlar al sistema judicial obviando
oir sentencia, huir y no llegar en el plazo de dos días que le
habían otorgado para presentarse a la instancia, sino que impuso
su capricho de permanecer en su hogar. Quien sabe que se le ocurra otro
ardid para que se modifique o anule su condena. ¡Vaya! ¡Cuán
astuto el condenado y cuán irresponsables los jueces al conceder
el juguete al niño para evitarle más berrinches!
Hay algo más que agregó la jueza antes citada: ...
Si doy oportunidad van a venir todas las personas condenadas a querer
que se les revise su situación. ¿Cuál es
la diferencia entre el condenado García Prieto y el condenado
Juan Pérez?
Después de esta ejemplar lección de como se imparte justicia
en El Salvador, ¿no tienen también derecho los otros condenados
a pedir revisiones de sentencia mientras miran la televisión
y comen junto a su familia en casa? El precedente se ha escrito; esto
es un hito en la historia judicial.
De esta maraña concluyo que como sociedad, como sistema, a los
salvadoreños nos falta mucha honestidad, equidad y ética
a la hora de impartir justicia.
Me llama la atención que imputados como el abogado Nelson García
y Héctor Cristiani echaron mano del recurso del padecimiento
físico para cumplir su arresto en un hospital y no dentro de
las frías bartolinas.
El mismo Raúl García Prieto justificó su estancia
en casa por problemas de salud mientras era enjuiciado. Ante estas casualidades
me asalta una duda ingenua: ¿realmente están enfermos
o se burlan de nuestro débil sistema judicial?
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |