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CRÍMENES
PASIONALES
Pasión que mata
Como
salidas de la pluma de W. Shakespeare, entre los salvadoreños
ocurren verdaderas tragedias entre parejas. Asesinan por amor o
desamor, celos o venganza. Algunos hasta hacen un pacto de muerte
antes que dejarse de amar.
El lógico silencio que reina en el cementerio
gene-ral capitalino parece cómplice de un pacto de amor que hicieron
hace 30 años dos de sus huéspedes.
Más que un pacto de amor, fue uno de muerte el que decidieron
Mario y Lilian, dos jóvenes de 19 y 16 años, respectivamente,
cuyos restos ahora yacen entre aquel tumulto de tumbas, pero siempre
juntos, uno al lado del otro.
No fue una decisión arrebatada. Un escrito en el cuaderno de
clases del novio lo reveló después. “Señores:
perdónenme por lo que le he hecho a su hija, pero la quería
mucho y temía perderla con sus autorizaciones, y por eso me la
llevo. Pero, descuiden, que vayamos donde vayamos velaré por
ella”.
Una tarde del 21 de mayo de 1974, Mario cumplía aquella advertencia
dirigida a los padres de Lilian, quienes se oponían a la relaciónporque,
además de jóvenes, debían continuar sus estudios
antes de pensar en formar un hogar. Después de una búsqueda
angustiosa de la niña, su cuerpo inerte era hallado junto al
de su novio en la habitación de un motel en Los Planes de Renderos.
Ambos mostraban un balazo en la sien derecha. Mario,
sin camisa y con un arma calibre 22 en la mano derecha; ella, con su
uniforme, tendida a su izquierda. “Lilian queda virgen, no la
he tocado”, escribió el joven en un papel antes de matarse.
Aquella escena ponía fin a una pasión juvenil desbordada
que los había llevado al extremo, a ejecutar su propia muerte.
No se sabe adónde fueron, como tampoco si Mario cuida de su novia
en el más allá, como lo prometió en aquel papel.
Lo cierto es que sus tumbas permanecen, hasta hoy, juntas, desde hace
30 años.
Sería difícil saber cuántas historias están
enterradas en los cementerios del país, pero las hay, y muchas.
no me dejarás
Veintiocho años después de aque-lla tragedia juve-nil,
dos adultos también protagonizaban su pro-pio drama.
Esta vez eran testigos el Lago de Coatepeque y una casa
en construcción, la que por dos años había servido
como lugar de encuentros ocultos entre una joven mujer y su amante de
mayor edad.
Él, un cincuentón, casado y de fe evangélica. Ella,
de unos 27 años, casada y a la vez cuñada
de su amante.
Cuentan que una mañana de junio de 2000, Ricardo (nombre ficticio)
declinó asistir al culto en su iglesia, como acostumbraba hacerlo
cada domingo junto a su esposa Ana (ficticio). Se excusó diciendo
que tenía que supervisar la casa en construcción de su
hermano, quien residía en Estados Unidos.
Mientras la esposa estaba en la iglesia, Ricardo, que había convivido
con Ana desde hacía 17 años, asesinaba a la amante y luego
se suicidaba.
Los vecinos cuentan que oyeron una discusión acalorada. Ella
le decía que daba por terminada la relación. Él
no aceptaba.
Luego se escuchó una serie de disparos. Tras un largo silencio,
los vecinos entraron a la casa y los encontraron tendidos en el suelo,
muertos.
Unos días atrás, la amante le había confesado a
una amiga sobre la relación con Ricardo, y lo culpable que se
sentía por el engaño a Ana, una mujer cristiana a quien
la vecindad respetaba.
Escenas
Cada historia es única y violenta. Las motivaciones del
asesino para acabar con la vida de su pareja son variadas, como
las armas usadas y sus métodos. |
Ricardo, quien jamás dio muestras de infidelidad
a su esposa, e incluso la trataba con suma amabilidad, se ponía
en evidencia aquella mañana de junio.
cegado por los celos
Dos años después de aquella escena a las orillas del Coatepeque,
un marido celoso acababa con la vida de su pareja y la de su hijastro.
La escena no podía ser más horrorosa para un niño
de apenas 12 años al ver, como en una película, a su padre
decapitar fríamente y con un machete a su hermanastro, de 17
años, y luego a su madre, mientras éstos dormían.
Aquella madrugada del 7 de mayo de 2002, el niño dormía
en su cama cuando entró el asesino. Se despertó, pero
al ver el corvo en la mano de éste simuló que seguía
durmiendo. Sin hacer el menor ruido salió de la habitación
y se escondió. El homicida salió y se dirigió a
la sala, donde estaba la mamá del niño durmiendo en una
hamaca, y la mató.
El testimonio del pequeño valió para capturar y después
condenar a Ambrosio R., de 57 años, un convicto por violación
agravada que en ese momento gozaba de libertad condicional. Los vecinos
del barrio San Jacinto dicen que Ambrosio celaba a su mujer con el hijastro.
Y que eso lo habría motivado a asesinarlos.
Hay muchos Ambrosios y Ricardos, Mario y Lilian que se ven envueltas
de pronto en este tipo de dramas. La lista es larga y las preguntas
sobre qué puede estar pasando… también.
Celos
y muerte
Haber roto una relación con su novio le costó la vida
a Arely Barrientos, una odontóloga, el 18 de septiembre de
2002. El sospechoso, Erick Miguel, un piloto comercial, a quien
antes había denunciado por maltratos físicos y amenazas.
Arely fue asesinada junto a su madre Irma Barrientos. |
Asesinato
en motel
El 3 de octubre de 2002, Margarita del Carmen Estrada, de 35 años,
es asesinada por su amante Julio César Valencia en un motel
capitalino del barrio Lourdes. Recibió tres heridas con arma
blanca en el cuello, tórax y abdomen. Luego, Julio intenta
suicidarse con la misma arma. |
Víctima
de Sospecha
Stanley Benítez, un niño de 13 años, es asesinado
junto a su supuesta novia de 22 años, Irene Beatriz Bautista.
Sus cuerpos putrefactos fueron encontrados en una casa de la Residencial
Las Conchas, San Jacinto. Nadie escuchó nada la noche del
crimen. Habrían recibido una muerte violenta. |
CRÍMENES
PASIONALES
Asesinos y víctimas
Este
tipo de crímenes no se pueden desligar de un fenómeno
más
grande, el de la violencia intrafamiliar.
Es una de sus tantas manifestaciones, y una de las más violentas.
Una donde homicidas y víctimas son el resultado de variados
factores, entre ellos, el más fuerte, el cultural.
vertice@elsalvador.com
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UNA
REALIDAD PARA ENFRENTAR |
MUJERES
1933
Es el número de denuncias femeninas por violencia
intrafamiliar registradas en 2004, según el ISDEMU. |
HOMBRES
423
El número de denuncias masculinas sobre violencia
intrafamiliar es mucho menor al de las mujeres. |
Tel.
amigo 221-2020
Es la línea telefónica dispuesta por
ISDEMU a hombres y mujeres víctimas de la violencia.
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Más allá de las historias trágicas,
de esas narraciones de carne y hueso, los asesinatos entre parejas comienzan
a evidenciarse en las frías estadísticas oficiales como
un componente que descubre los más variados matices de la violencia
intrafamiliar.
Ya no son los golpes, las magulladuras, el maltrato sicológico,
abusos sexuales y otro tipo de agresiones, las que siguen desvelando
el problema, ahora se le adiciona el crimen como su expresión
más trágica. Tanto es así, que el término
“violencia intrafamiliar” se estrena este año como
causa de muerte en los registros del Instituto de Medicina Legal gracias
a un convenio con ISDEMU.
Y gracias a ello, también se puede saber que las mujeres son
las principales víctimas en estos enredos en donde hasta se duda
que la palabra sentimental sea la única razón que esté
de por medio.
Los detalles quedan al descubierto en las estadísticas de 2002.
De las 894 mujeres que murieron por razones distintas, 23 de ellas se
debieron a la violencia intrafamiliar, según la directora del
ISDEMU, Zoila de Innocenti.
Pero hay un ingrediente adicional, el número de suicidios alcanzó
los 190 ese mismo año. Aunque es difícil precisar cuántos
fueron por motivos sentimentales o conflictos de pareja, no sorprendería
que algunos, o muchos, obedezcan a esa causa.
El Instituto de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de
Herrera (CEMUJER)” también lleva sus propios registros.
A partir de un monitoreo de noticias sobre este tipo de crímenes
en los principales medios informativos, entre 2002 y 2003, 476 mujeres
murieron en manos de sus esposos, compañeros de vida, amantes,
novios o ex parejas. Un 7% fue producto de acciones de maras.
Este año, esta organización ha contabilizado
hasta mayo 34 muertes. Hay un rasgo importante y es que tanto en las
cifras que manejan ISDEMU y CEMUJER, los esposos y compañeros
de vida aparecen como los principales victimarios
Algunas entrevistadas no creen que los asesinatos de mujeres se deban
a arrebatos pasionales, a los celos o a la infidelidad.
“Aquí algo está pasando y a este tipo de crímenes
no se les está dando la importancia debida”, opina Alba
América Guirola, directora de CEMUJER. Es más, apunta
que el problema es “más que grave” en El Salvador,
si se compara con los índices de países como México,
donde, en 10 años, el número registrado de asesinatos
de mujeres es similar al reportado aquí sólo en un año.
“Allí tenés todo un problema de orden social que
se va acumulando. La gravedad del caso es que se está ocultando
la real causa, se están invisibilizando los asesinatos de mujeres
y se están destruyendo hogares donde muchos niños y niñas
quedan desprotegidos, y lo que es peor, muchos de ellos han presenciado
los crímenes y les quedan secuelas que al final pueden repetir
ese patrón de violencia o miran como única salida las
maras”, señala de Guirola.
Tanto para esta activista como para Patricia de Márquez, criminóloga,
este problema tiene que ver mucho con la tradición cultural arraigada
en la que el hombre domina y la mujer se somete.
cuestión cultural
Para Guirola, tanto el hombre como la mujer son víctimas de ese
machismo que a la postre tiene desenlaces fatales como el asesinato
o el suicidio porque “nadie nace, todos somos formados en ese
sistema patriarcal… los sentimientos se empiezan a formar desde
pequeños. Al niño le dicen, por ejemplo, no llore, usted
no es niñita”.
De Innocenti cree que los llamados crímenes pasionales no se
deben a los celos o las infidelidades, es más un detonante de
una secuela acumulada de hechos violentos dentro de la pareja. “No
es cierto que el hombre de pronto se enojó, le reclamó
y la mató, siempre está rodeado de una secuencia de años,
meses, semanas de violencia y hay un desenlace lamentable”.
Desde el punto de vista siquiátrico, este problema
es visto por la doctora Margarita Mendoza de Burgos como un problema
que se hace cada vez más grave, en el que convergen diversas
emociones.
“En estos casos hay una pasión de
por medio como si el amor se hubiera desbordado, una exaltación
de emociones y pasiones”, lo define.
Pero además, de Burgos encuentra determinantes culturales, especialmente
en el hombre celoso o engañado cuando siente que han atentado
contra su honor, actúa de manera violenta, algo que no debería
estar ocurriendo en pleno Siglo XXI.
Sin embargo, las estadísticas eso reflejan. Claudia Lara de Cruz,
de la Unidad del Delito contra el Niño y la Mujer de la Fiscalía
General de la República, dice que es difícil decir cuantos
procesos sobre conflictos entre parejas han realizado en este año,
pero se atreve a decir que éstos son frecuentes y que son, por
lo general, hombres los principales acusados.
En los registros policiales tampoco supieron decir cuántos de
estos casos han remitido, pero en términos generales, entre el
1 de enero y el 18 de abril, han sido capturadas 511 personas por violencia
intrafamiliar, sin especificar cuántos son hombres y cuántas
mujeres.
A juzgar por el resto de análisis estadísticos, el mundo
del crimen, mal llamado pasional porque según los entendidos
“cuando se ama no se mata”, parece estar regido por hombres.
Se acusan causas culturales como la persistencia del machismo, o de
tipo social, que empiezan con golpes y terminan en asesinatos. Pero,
¿qué hay sobre las causas emocionales? y ¿cómo
enfrentar esta realidad?
CRÍMENES
PASIONALES
¿Por qué matan?
Definir
el perfil sicológico de quienes asesinan a su pareja es tan
complejo como conocer las razones que los empujan a hacerlo.
Una criminóloga, una socióloga y una siquiatra, señalan
algunos
parámetros que pueden advertir cuándo se está en
peligro.
En la prisión de San Miguel, dos mujeres esperan
juicio acusadas de haber asesinado a sus maridos. Carmen Vásquez
Vigil, una ex combatiente, habría matado a su amante después
de que éste terminara la relación.
La otra mujer, Manuela, una guatemalteca que supuestamente acuchilló
a su marido después de una vida de maltrato.
Ambas habrían tenido razones distintas para asesinar a sus maridos.
Cada una reúne una historia distinta pero convergen en un mismo
desenlace: el crimen.
Ahora, conviven en una misma cárcel. Ninguna quiso hablar sobre
el hecho ni qué las llevó a un mismo destino.
Prevención
Un buen inicio para frenar este
tipo de violencia es borrando estereotipos culturales y forjando
valores positivos en la niñez. |
En el caso de Carmen, la doctora Margarita Mendoza de
Burgos dice que un estrés pos traumático pudo haberla
llevado a asesinar y enterrar el cadáver de su amante en el patio
trasero del hotelito que administraba.
Pero qué explicaciones médicas pueden darse a un hombre
o a una mujer que actúa como Manuela, por ejemplo, o cómo
se interpretarían conductas como las de José Alberto Díaz,
quien no soportó la solicitud de divorcio de su esposa, Ofelia
Amaya, y la asesinó en su casa en Lourdes hace dos años.
La lectura que esta siquiatra hace de este tipo de asesinos es que “actúan
más por impulso”, que puede tratarse de una especie de
catarsis que sufren de momento, una liberación de emociones,
de alguien muy impulsivo, con frustraciones que en ese instante tienen
un escaso control de sus emociones.
Sin dejar de lado los “agentes” externos
de tipo cultural y social, ambas apuntan ciertas características
de este tipo de homicidas. Coinciden en que son personas inmaduras e
inseguras que lo reflejan en una autoestima y exceso de celos muchas
veces infundados.
Pero para ambas profesionales, hay otras cualidades que indican cuándo
se puede estar conviviendo con un asesino potencial.
Señales y acciones
Discriminar sicológicamente a la pareja es considerado por ellas
como otro crimen en donde no hay cuerpo del delito, pero en el que se
destruye al otro. “Hay gente que mata el alma cuando denigra a
la otra persona”, opina la doctora de Burgos.
La licenciada de Innocenti añade el otro indicador que puede
avisar peligro, cuando hay antecedentes de violencia física en
el hogar, hay alcoholismo, es posesivo, fácilmente irritable,
excesivamente celoso y que niega que sea un agresor.
¿Qué hacer? El Estado tiene un enorme reto de prevenir
estas y otras expresiones de violencia con un esfuerzo coordinado entre
diversas instituciones y demás actores sociales.
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