6 de junio de 2004


CRÍMENES PASIONALES

Pasión que mata

Como salidas de la pluma de W. Shakespeare, entre los salvadoreños
ocurren verdaderas tragedias entre parejas. Asesinan por amor o
desamor, celos o venganza. Algunos hasta hacen un pacto de muerte
antes que dejarse de amar.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

El lógico silencio que reina en el cementerio gene-ral capitalino parece cómplice de un pacto de amor que hicieron hace 30 años dos de sus huéspedes.

Más que un pacto de amor, fue uno de muerte el que decidieron Mario y Lilian, dos jóvenes de 19 y 16 años, respectivamente, cuyos restos ahora yacen entre aquel tumulto de tumbas, pero siempre juntos, uno al lado del otro.

No fue una decisión arrebatada. Un escrito en el cuaderno de clases del novio lo reveló después. “Señores: perdónenme por lo que le he hecho a su hija, pero la quería mucho y temía perderla con sus autorizaciones, y por eso me la llevo. Pero, descuiden, que vayamos donde vayamos velaré por ella”.

Una tarde del 21 de mayo de 1974, Mario cumplía aquella advertencia dirigida a los padres de Lilian, quienes se oponían a la relaciónporque, además de jóvenes, debían continuar sus estudios antes de pensar en formar un hogar. Después de una búsqueda angustiosa de la niña, su cuerpo inerte era hallado junto al de su novio en la habitación de un motel en Los Planes de Renderos.

Ambos mostraban un balazo en la sien derecha. Mario, sin camisa y con un arma calibre 22 en la mano derecha; ella, con su uniforme, tendida a su izquierda. “Lilian queda virgen, no la he tocado”, escribió el joven en un papel antes de matarse.

Aquella escena ponía fin a una pasión juvenil desbordada que los había llevado al extremo, a ejecutar su propia muerte. No se sabe adónde fueron, como tampoco si Mario cuida de su novia en el más allá, como lo prometió en aquel papel. Lo cierto es que sus tumbas permanecen, hasta hoy, juntas, desde hace 30 años.

Sería difícil saber cuántas historias están enterradas en los cementerios del país, pero las hay, y muchas.

no me dejarás

Veintiocho años después de aque-lla tragedia juve-nil, dos adultos también protagonizaban su pro-pio drama.

Esta vez eran testigos el Lago de Coatepeque y una casa en construcción, la que por dos años había servido como lugar de encuentros ocultos entre una joven mujer y su amante de mayor edad.

Él, un cincuentón, casado y de fe evangélica. Ella, de unos 27 años, casada y a la vez cuñada
de su amante.

Cuentan que una mañana de junio de 2000, Ricardo (nombre ficticio) declinó asistir al culto en su iglesia, como acostumbraba hacerlo cada domingo junto a su esposa Ana (ficticio). Se excusó diciendo que tenía que supervisar la casa en construcción de su hermano, quien residía en Estados Unidos.

Mientras la esposa estaba en la iglesia, Ricardo, que había convivido con Ana desde hacía 17 años, asesinaba a la amante y luego se suicidaba.

Los vecinos cuentan que oyeron una discusión acalorada. Ella le decía que daba por terminada la relación. Él no aceptaba.

Luego se escuchó una serie de disparos. Tras un largo silencio, los vecinos entraron a la casa y los encontraron tendidos en el suelo, muertos.

Unos días atrás, la amante le había confesado a una amiga sobre la relación con Ricardo, y lo culpable que se sentía por el engaño a Ana, una mujer cristiana a quien la vecindad respetaba.

Escenas
Cada historia es única y violenta. Las motivaciones del asesino para acabar con la vida de su pareja son variadas, como las armas usadas y sus métodos.

Ricardo, quien jamás dio muestras de infidelidad a su esposa, e incluso la trataba con suma amabilidad, se ponía en evidencia aquella mañana de junio.
cegado por los celos

Dos años después de aquella escena a las orillas del Coatepeque, un marido celoso acababa con la vida de su pareja y la de su hijastro.

La escena no podía ser más horrorosa para un niño de apenas 12 años al ver, como en una película, a su padre decapitar fríamente y con un machete a su hermanastro, de 17 años, y luego a su madre, mientras éstos dormían.

Aquella madrugada del 7 de mayo de 2002, el niño dormía en su cama cuando entró el asesino. Se despertó, pero al ver el corvo en la mano de éste simuló que seguía durmiendo. Sin hacer el menor ruido salió de la habitación y se escondió. El homicida salió y se dirigió a la sala, donde estaba la mamá del niño durmiendo en una hamaca, y la mató.

El testimonio del pequeño valió para capturar y después condenar a Ambrosio R., de 57 años, un convicto por violación agravada que en ese momento gozaba de libertad condicional. Los vecinos del barrio San Jacinto dicen que Ambrosio celaba a su mujer con el hijastro. Y que eso lo habría motivado a asesinarlos.

Hay muchos Ambrosios y Ricardos, Mario y Lilian que se ven envueltas de pronto en este tipo de dramas. La lista es larga y las preguntas sobre qué puede estar pasando… también.

Celos y muerte

Haber roto una relación con su novio le costó la vida a Arely Barrientos, una odontóloga, el 18 de septiembre de 2002. El sospechoso, Erick Miguel, un piloto comercial, a quien antes había denunciado por maltratos físicos y amenazas. Arely fue asesinada junto a su madre Irma Barrientos.
Asesinato en motel

El 3 de octubre de 2002, Margarita del Carmen Estrada, de 35 años, es asesinada por su amante Julio César Valencia en un motel capitalino del barrio Lourdes. Recibió tres heridas con arma blanca en el cuello, tórax y abdomen. Luego, Julio intenta suicidarse con la misma arma.
Víctima de Sospecha

Stanley Benítez, un niño de 13 años, es asesinado junto a su supuesta novia de 22 años, Irene Beatriz Bautista. Sus cuerpos putrefactos fueron encontrados en una casa de la Residencial Las Conchas, San Jacinto. Nadie escuchó nada la noche del crimen. Habrían recibido una muerte violenta.



CRÍMENES PASIONALES

Asesinos y víctimas

Este tipo de crímenes no se pueden desligar de un fenómeno más
grande, el de la violencia intrafamiliar.
Es una de sus tantas manifestaciones, y una de las más violentas.
Una donde homicidas y víctimas son el resultado de variados
factores, entre ellos, el más fuerte, el cultural.

vertice@elsalvador.com

UNA REALIDAD PARA ENFRENTAR
MUJERES 1933
Es el número de denuncias femeninas por violencia intrafamiliar registradas en 2004, según el ISDEMU.
HOMBRES 423
El número de denuncias masculinas sobre violencia intrafamiliar es mucho menor al de las mujeres.
Tel. amigo 221-2020
Es la línea telefónica dispuesta por
ISDEMU a hombres y mujeres víctimas de la violencia.

Más allá de las historias trágicas, de esas narraciones de carne y hueso, los asesinatos entre parejas comienzan a evidenciarse en las frías estadísticas oficiales como un componente que descubre los más variados matices de la violencia intrafamiliar.

Ya no son los golpes, las magulladuras, el maltrato sicológico, abusos sexuales y otro tipo de agresiones, las que siguen desvelando el problema, ahora se le adiciona el crimen como su expresión más trágica. Tanto es así, que el término “violencia intrafamiliar” se estrena este año como causa de muerte en los registros del Instituto de Medicina Legal gracias a un convenio con ISDEMU.

Y gracias a ello, también se puede saber que las mujeres son las principales víctimas en estos enredos en donde hasta se duda que la palabra sentimental sea la única razón que esté de por medio.

Los detalles quedan al descubierto en las estadísticas de 2002. De las 894 mujeres que murieron por razones distintas, 23 de ellas se debieron a la violencia intrafamiliar, según la directora del ISDEMU, Zoila de Innocenti.

Pero hay un ingrediente adicional, el número de suicidios alcanzó los 190 ese mismo año. Aunque es difícil precisar cuántos fueron por motivos sentimentales o conflictos de pareja, no sorprendería que algunos, o muchos, obedezcan a esa causa.

El Instituto de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera (CEMUJER)” también lleva sus propios registros. A partir de un monitoreo de noticias sobre este tipo de crímenes en los principales medios informativos, entre 2002 y 2003, 476 mujeres murieron en manos de sus esposos, compañeros de vida, amantes, novios o ex parejas. Un 7% fue producto de acciones de maras.

Este año, esta organización ha contabilizado hasta mayo 34 muertes. Hay un rasgo importante y es que tanto en las cifras que manejan ISDEMU y CEMUJER, los esposos y compañeros de vida aparecen como los principales victimarios

Algunas entrevistadas no creen que los asesinatos de mujeres se deban a arrebatos pasionales, a los celos o a la infidelidad.

“Aquí algo está pasando y a este tipo de crímenes no se les está dando la importancia debida”, opina Alba América Guirola, directora de CEMUJER. Es más, apunta que el problema es “más que grave” en El Salvador, si se compara con los índices de países como México, donde, en 10 años, el número registrado de asesinatos de mujeres es similar al reportado aquí sólo en un año.

“Allí tenés todo un problema de orden social que se va acumulando. La gravedad del caso es que se está ocultando la real causa, se están invisibilizando los asesinatos de mujeres y se están destruyendo hogares donde muchos niños y niñas quedan desprotegidos, y lo que es peor, muchos de ellos han presenciado los crímenes y les quedan secuelas que al final pueden repetir ese patrón de violencia o miran como única salida las maras”, señala de Guirola.

Tanto para esta activista como para Patricia de Márquez, criminóloga, este problema tiene que ver mucho con la tradición cultural arraigada en la que el hombre domina y la mujer se somete.
cuestión cultural

Para Guirola, tanto el hombre como la mujer son víctimas de ese machismo que a la postre tiene desenlaces fatales como el asesinato o el suicidio porque “nadie nace, todos somos formados en ese sistema patriarcal… los sentimientos se empiezan a formar desde pequeños. Al niño le dicen, por ejemplo, no llore, usted no es niñita”.

De Innocenti cree que los llamados crímenes pasionales no se deben a los celos o las infidelidades, es más un detonante de una secuela acumulada de hechos violentos dentro de la pareja. “No es cierto que el hombre de pronto se enojó, le reclamó y la mató, siempre está rodeado de una secuencia de años, meses, semanas de violencia y hay un desenlace lamentable”.

Desde el punto de vista siquiátrico, este problema es visto por la doctora Margarita Mendoza de Burgos como un problema que se hace cada vez más grave, en el que convergen diversas emociones.

“En estos casos hay una pasión de por medio como si el amor se hubiera desbordado, una exaltación de emociones y pasiones”, lo define.

Pero además, de Burgos encuentra determinantes culturales, especialmente en el hombre celoso o engañado cuando siente que han atentado contra su honor, actúa de manera violenta, algo que no debería estar ocurriendo en pleno Siglo XXI.

Sin embargo, las estadísticas eso reflejan. Claudia Lara de Cruz, de la Unidad del Delito contra el Niño y la Mujer de la Fiscalía General de la República, dice que es difícil decir cuantos procesos sobre conflictos entre parejas han realizado en este año, pero se atreve a decir que éstos son frecuentes y que son, por lo general, hombres los principales acusados.

En los registros policiales tampoco supieron decir cuántos de estos casos han remitido, pero en términos generales, entre el 1 de enero y el 18 de abril, han sido capturadas 511 personas por violencia intrafamiliar, sin especificar cuántos son hombres y cuántas mujeres.

A juzgar por el resto de análisis estadísticos, el mundo del crimen, mal llamado pasional porque según los entendidos “cuando se ama no se mata”, parece estar regido por hombres.

Se acusan causas culturales como la persistencia del machismo, o de tipo social, que empiezan con golpes y terminan en asesinatos. Pero, ¿qué hay sobre las causas emocionales? y ¿cómo enfrentar esta realidad?



CRÍMENES PASIONALES

¿Por qué matan?

Definir el perfil sicológico de quienes asesinan a su pareja es tan
complejo como conocer las razones que los empujan a hacerlo.
Una criminóloga, una socióloga y una siquiatra, señalan algunos
parámetros que pueden advertir cuándo se está en peligro.

En la prisión de San Miguel, dos mujeres esperan juicio acusadas de haber asesinado a sus maridos. Carmen Vásquez Vigil, una ex combatiente, habría matado a su amante después de que éste terminara la relación.

La otra mujer, Manuela, una guatemalteca que supuestamente acuchilló a su marido después de una vida de maltrato.

Ambas habrían tenido razones distintas para asesinar a sus maridos. Cada una reúne una historia distinta pero convergen en un mismo desenlace: el crimen.

Ahora, conviven en una misma cárcel. Ninguna quiso hablar sobre el hecho ni qué las llevó a un mismo destino.

Prevención
Un buen inicio para frenar este
tipo de violencia es borrando estereotipos culturales y forjando valores positivos en la niñez.

En el caso de Carmen, la doctora Margarita Mendoza de Burgos dice que un estrés pos traumático pudo haberla llevado a asesinar y enterrar el cadáver de su amante en el patio trasero del hotelito que administraba.

Pero qué explicaciones médicas pueden darse a un hombre o a una mujer que actúa como Manuela, por ejemplo, o cómo se interpretarían conductas como las de José Alberto Díaz, quien no soportó la solicitud de divorcio de su esposa, Ofelia Amaya, y la asesinó en su casa en Lourdes hace dos años.

La lectura que esta siquiatra hace de este tipo de asesinos es que “actúan más por impulso”, que puede tratarse de una especie de catarsis que sufren de momento, una liberación de emociones, de alguien muy impulsivo, con frustraciones que en ese instante tienen un escaso control de sus emociones.

Sin dejar de lado los “agentes” externos de tipo cultural y social, ambas apuntan ciertas características de este tipo de homicidas. Coinciden en que son personas inmaduras e inseguras que lo reflejan en una autoestima y exceso de celos muchas veces infundados.

Pero para ambas profesionales, hay otras cualidades que indican cuándo se puede estar conviviendo con un asesino potencial.

Señales y acciones

Discriminar sicológicamente a la pareja es considerado por ellas como otro crimen en donde no hay cuerpo del delito, pero en el que se destruye al otro. “Hay gente que mata el alma cuando denigra a la otra persona”, opina la doctora de Burgos.

La licenciada de Innocenti añade el otro indicador que puede avisar peligro, cuando hay antecedentes de violencia física en el hogar, hay alcoholismo, es posesivo, fácilmente irritable, excesivamente celoso y que niega que sea un agresor.

¿Qué hacer? El Estado tiene un enorme reto de prevenir estas y otras expresiones de violencia con un esfuerzo coordinado entre diversas instituciones y demás actores sociales.


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