6 de junio de 2004


CRÓNICA

El otro 1 de junio

Pocos kilómetros separaron las celebraciones de rojos y tricolores.
El primer día de gobierno de Antonio Saca estuvo marcado por la
evidente polarización política que vive el país. El FMLN y ARENA
inauguraron el quinquenio presidencial cada quien a su modo.

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Don Esteban es un hombre acostumbrado a los avatares de la vida. Acomodado en una banca al costado sur de la Plaza Cívica, frente a la Biblioteca Nacional, ahí donde antes era el Banco Hipotecario, el anciano de 75 años escucha atento el discurso de aquel señor barbado que, a diez metros de distancia, no deja de levantar la mano derecha y de preguntar si están de acuerdo con él.

“Sí”, grita. Ahí está don Esteban, bajo el sol ardiente que fríe la plaza, pero donde casi nadie se mueve. Casi nadie porque otros se refugian a la sombra de un árbol ubicado al costado oeste de la tarima o al amparo de toldos ubicados al centro de la plaza.

Es el otro primero de junio. El de la “Asamblea Popular”. “La fiesta de los farabundistas”, dice alguien.

Ese día, San Salvador estuvo más polarizado que de costumbre. Rojos y tricolores celebraban cada quien a su modo. Según su preferencia.

San salvador amaneció más polarizado que nunca el primero de
junio. Cada quien tenía su propia celebración, según su preferencia.

A las 9:50 de la mañana, justo cuando el nuevo mandatario de la República se enfunda la banda presidencial, campesinos, trabajadores, estudiantes y algunos farabundistas también inician, con una marcha, su propio festejo.

Antes, el ambiente es más bien relajado. “¿Por qué no inician?”, pregunta alguien. “Porque la Policía ha detenido varios buses con compañeros”, dice una voz por los altavoces.

La espera se alivia con algunas paletas, cigarros y la “Marcha de la Unidad” que suena por los parlantes del carro de Alquileres MM rentado para la ocasión. Poco a poco, van llegando buses repletos de manifestantes.

“Bueno compañeros, formémonos en dos filas y comencemos a marchar”, invita uno de los organizadores.

La dirigencia efemelenista organizó su propia celebración en la Plaza Cívica.

Unas dos mil personas comienzan el recorrido de los aproximadamente cinco kilómetros que llevan desde el Parque Cuscatlán hasta la Feria, o sus inmediaciones.

Hasta el monumento al Salvador del Mundo, todo normal. De pronto, piedras, palos, vidrios rotos, policías y manifestantes en actitud realmente amenazadora, rompen la aparente paz con que transcurre la marcha.

Los universitarios se han ensañado con los vitrales del edificio de una telefonía celular y, más adelante, con los rótulos de varias televisoras nacionales.

Es probable que los asistentes a la celebración oficial no se dieron cuenta de la protesta sino hasta que leyeron los periódicos del siguiente día. Faltaban poco más de cinco cuadras cuando un pelotón de policías impide el paso de los manifestantes.

Un pequeño mitin, mezclado con insultos a los agentes, concluye la marcha. Era hora de desandar los pasos y enrumbarse hacia la Plaza Cívica, en el centro de San Salvador.
segundo acto

Ahí, al tiempo que Antonio Saca inaugura su quinquenio de gestión, Schafik Handal hace lo mismo con lo que él mismo llama “la resistencia y la lucha permanente”.

El auditorio, más bien escaso, no alcanza a ocupar más allá de la mitad de la plaza, agita sus pañuelos rojos como tratando de ahuyentar los alientos flamígeros producto del vapor que se levanta del piso enlosado del parque.

El calor agobia. El sol quema. Ahí no hay ventiladores que mitiguen la temperatura. Lo único que queda es guarecerse en algún resquicio bajo los toldos o en la misma sombra del que está enfrente.

Las palabras lucha, resistencia, concertación y diálogo están de moda en el caló efemelenista. En más de una docena de veces han aparecido en los discursos de los políticos, acompañadas por frenéticos aplausos y gritos de aprobación de los asistentes.

Los medios de comunicación aún despiertan animosidad entre los manifestantes.

“Van a tener la resistencia y la lucha permanente”, ofrece Schafik Handal. Aplausos y mentadas de madre por parte del auditorio con un claro destinatario. A esa hora, los oídos del nuevo presidente seguramente estaban a punto de reventar.

Y los largos discursos siguen. Más aplausos y más consignas. El sol ha alcanzado su cénit. El pueblo, en tanto, se ha ido a comer un bocadillo o a adquirir uno que otro souvenir de los ya habituales en este tipo de actividades. Otros, mientras, encuentran un auténtico oasis en el frontispicio del Palacio Nacional.

En medio del barullo, los vendelotodo tratan de conseguir unos cuantos centavos que les signifiquen paliar su exigua economía. A ellos no les importan los discursos, vengan de donde vengan. “Hay que aprovechar estas cosas. Son centavitos extras”, dice una regordeta vendedora bajo un huacal lleno de bolsas de agua y bebidas enlatadas.

El calor y las ansias de mitigarlo son un verdadero festín para ellos. Mas no para los disertantes, quienes tienen que competir con una economía de mercado al más puro estilo popular.

“Un saludo especial para nuestros aliados que siguen, al igual que nosotros, en pie de lucha”, decía Schafik. “¿Qué le damos? Los DVD de la guerra cuestan seis dólares”, ofrecía un vendedor.

Y la disputa sigue. Camisetas, libros, afiches, mascarillas para la cara a base de hojas silvestres, cigarros, minutas, café con pan, panes con mortadela, hot dogs, “para engañar el estómago”, en clara lucha con los llamados al diálogo del ex candidato presidencial.

el principio del fin

Schafik termina su discurso y se dirige entre apretones de mano de sus compañeros hacia su asiento. Salvador Arias, Sáenz Varela, Sánchez Cerén, Guillermo Mata, Nidia Díaz, todos acomodan sus sillas para darle espacio al patriarca.

La fiesta anunciada
El Frente anunció, 15 días antes, que iba a realizar actividades paralelas al acto de toma de poder del presidente Antonio Saca.

21 de marzo
La fórmula efemelenista Schafik Handal y Guillermo Mata pierde las elecciones presidenciales frente a Antonio Saca.

15 de mayo
Durante una convención, el FMLN decide no asistir al acto de toma de poder de Antonio Saca, el 1º de junio.
1 de junio
El FMLN y algunas organizaciones populares organizan sus propios actos para inaugurar el quinquenio de Saca.
3 de junio
El presidente Saca se reúne con la oposición, entre ellos el FMLN, para planear una agenda de concertación.

“¡Schafik, Schafik!”, grita la muchedumbre. Él, con satisfacción, levanta la mano con los dedos en señal de victoria y saluda a sus correligionarios.

Sentado en su silla, con el semblante serio, mira a los presentes. Reparo en algo, ningún miembro de los “moderados” acompaña la mesa principal, ahí sólo hay ortodoxos, los incondicionales del veterano líder.

Los discursos terminan a eso de la 1:00 de la tarde. “¡El pueblo, unido, jamás será vencido!”, se oye en los parlantes. Agarrado de las manos de sus compañeros, Schafik Handal canta a todo pulmón el estribillo.

La fiesta ha terminado. Aclamado por los asistentes, se dirige a la camioneta verde Hyundai que lo espera frente a Catedral y se marcha sobre la Avenida Monseñor Romero.

Ahí queda don Esteban. Se levanta de su asiento, toma su maletín azul con el logo Adidas a los costados, agrega los tres centavos al pasaje del bus que lo llevará hasta Soyapango, de donde salió a las 8:00 de la mañana. “¿Satisfecho?”, le pregunto. Un movimiento de cabeza de arriba hacia abajo obtengo como respuesta.

Atrás queda la Plaza tapizada de bolsas celestes. Seis hombres doblan las sillas y desmontan los canopis.


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