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REPORTAJE
Esclavas
de la moda
Las
jóvenes que aprovechan las rebajas de cambio de temporada ignoran
que detrás
de cada blusa que compran por 5 dólares está el trabajo
mal remunerado de millones
de mujeres, que desde Asia hasta El Salvador, enfrentan jornadas laborales
de hasta
12 horas, con tal de renovar los escaparates en plazos cada vez más
cortos.
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REBAJAS... Desde hace dos años, las
salvadoreñas corren a renovar su guardarropa cuando una popular
tienda anuncia su venta de fin de temporada. La marca responsable
de que en nuestro país cientos de mujeres vivan pendientes de
la liquidación de las líneas primavera-verano
y otoño-invierno, tiene su sede administrativa en
España y es propiedad de Inditex, grupo textil con 1,558 tiendas
en 44 países, cuyos productos son elaborados en 1,900 talleres
y maquilas repartidos en 49 países.
En la base de dicho sistema de producción se encuentran millones
de mujeres obligadas, por la falta de opciones laborales y por la necesidad
económica de sus familias, a trabajar jornadas de 12, 13 y hasta
16 horas con tal de entregar a tiempo pedidos con plazos de 30, 15 y
hasta 5 días. Hazlo rápido, bien... y barato
es la estrategia comercial a la que recurren las marcas de ropa occidentales
para hacerse con una cuota más grande del mercado globalizado.
La idea es sencilla: se trata de renovar los escaparates con frecuencia
ofreciendo diseños que satisfagan el gusto cambiante de los consumidores
a precios competitivos (léase, cada vez menores). Lo que implica
que los proveedores reduzcan aún más los costos de producción
si quieren percibir ganancia.
En España, una marca reconocida renueva sus escaparates cada
20 días, por lo que los plazos de entrega que ésta da
a sus proveedores son de los más cortos del mercado,
según el documento Moda que aprieta, difundido en
Europa el mes pasado por Intermón Oxfam, filial española
de Oxfam Internacional, ONG que trabaja en pro de una vida más
digna en el Tercer Mundo.
La globalización podría ser un gran motor de desarrollo
que proporcionase empleos decentes y formales para ayudar a salir de
la pobreza a millones de mujeres, mejorando su salud, asegurando el
futuro de sus familias y dándole la parte que les corresponde
de los beneficios del comercio global. Pero esto no está ocurriendo,
asegura el documento de Intermón Oxfam. Dicha ONG ha solicitado
al sector textil español que se comprometa a desarrollar
una política plena de Responsabilidad Social Corporativa que
asegure los derechos de sus trabajadores y trabajadoras.
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La
puntada que faltó
El CAFTA pudo ser la oportunidad de mejorar las condiciones laborales.
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Human
Rights Watch, organización estadounidense de derechos humanos,
publicó en diciembre de 2003 un informe sobre el estado
de los derechos laborales en nuestro país. El documento
titulado Indiferencia intencionada: Inacción del
gobierno de El Salvador en la protección de los derechos
de los trabajadores critica duramente el incumplimiento
de las leyes laborales vigentes, a las que acusa de no estar a
la altura de los estándares internacionales internacionales.
La organización señala que las mejoras en
la legislación laboral significarán poco en la práctica
si el Ministerio de Trabajo carece de la voluntad política
necesaria para aplicarlas. Entonces, Human Rights Watch
vio en el CAFTA una oportunidad para optimizar el respeto
a los derechos humanos de los trabajadores en El Salvador.
Lo que según el organismo sería posible si el CAFTA
estableciera multas o sanciones aplicables cuando se irrespeten
esos derechos.
Los países importadores, como en el caso de Estados
Unidos, tienen la responsabilidad de demandar ese tipo de provisiones
sólidas en materia de derechos laborales con la finalidad
de proteger los derechos laborales de los trabajadores... de cuyo
sudor y trabajo sus ciudadanos y corporaciones obtienen beneficios,
finaliza el informe.
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Fardo tropical
Aunque la ropa con etiquetas de Inditex se vende solamente en un centro
comercial capitalino, la práctica de solicitar a los proveedores
pedidos fabricados de forma rápida, buena y barata es común
entre las marcas estadounidenses para las que trabajan la mayoría
de maquilas establecidas en El Salvador.
Cuando a uno lo contratan le dicen tiene hora de entrada
pero no de salida... A veces nos quedábamos trabajando
el jueves hasta altas horas de la noche porque el sábado era
el embarque. Si no terminábamos, nos quedábamos el viernes
y amanecíamos el sábado, hasta que cerraban la última
caja, recuerda Abigail H., ex operaria, de 44 años de edad
y desempleada desde hace 12 meses.
Ella renunció a su último trabajo como operaria luego
de 20 años pegando pretinas y cuellos en las maquilas. Tengo
alergia en los bronquios... Cuando uno trabaja con lona y se suena la
nariz le salen los pocos de mota azul, dice. Además del
impacto que dicho modo de subsistencia ha tenido sobre sus vías
respiratorias, esta madre soltera le debe a las maquilas algo más
doloroso.
Su hijo menor era preadolescente, mientras ella trabajaba en Prone S.A.
Ahí la jornada iniciaba a las 7 de la mañana y terminaba
a las 9 ó 10 de la noche. Cuando yo me iba, él quedaba
dormido, porque supuestamente, estudiaba en la tarde. Y dormido lo encontraba
al regresar. Pasé cinco años así, narra Abigail,
cuyo horario de trabajo tuvo consecuencias. Ahora, él no
es marero, pero sí drogo y no lo puedo sacar de la
droga... Todo eso se lo debo a la maquila, porque no tenía control
de mi hijo cuando más lo necesitaba, lamenta. En la época
que rememora, ella era parte de una fuerza laboral que en noviembre
de 2001 sumó un total de 92,000 mujeres y hombres, que, de acuerdo
al Ministerio de Economía, laboraban en las 86 empresas instaladas
en las 11 zonas francas del país.
Ahora, Abigail forma parte de un resto de mujeres que tras invertir
su juventud trabajando en las maquilas son prácticamente descartadas.
A uno lo sobreexplotan joven. Cuando uno pasa los 30 ya no lo
quieren, asegura Emperatriz Guardado, madre soltera de 38 años
que ha educado y alimentado a dos hijos con el salario mínimo
de las maquilas: $5.04 al día en un país donde la canasta
básica alimenticia urbana tenía un valor de $1.06 por
persona en 2002, según cálculos de la Dirección
General de Estadísticas y Censos del Ministerio de Economía.
Nosotras trabajamos una quincena, pero cuando recibimos ese salario
ya lo debemos, pagamos y quedamos a cero. ¡Y a seguir prestando!
Esa es la vida de las maquilas, concluye Emperatriz.
El hecho de cubrir un horario que sobrepasa las ocho horas diarias no
sería molesto para estas mujeres si los patronos les cancelaran
las horas extras sin ningún contratiempo. Sin embargo, Abigail,
Emperatriz y Carmen, otra ex operaria de maquila y madre soltera, han
tenido dificultades para que sus ex patronos les cancelen las horas
extras que trabajaron cuando ellos lo solicitaron.
En Industrias Maquiladoras Montalvo S.A. de C.V., me deben 19
horas desde hace tres años... Nunca me las pagaron, reclama
Abigail. A mí me deben 16, agrega Carmen. Ambos casos
son solamente una muestra de lo que parece ser una práctica generalizada
entre los patronos de las maquilas.
Durante 2002, el Departamento de Asesoría Jurídica de
la Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes
atendió un total de 501 casos, de los que 414 fueron catalogados
como laborales. De esos, 85 correspondían a deudas
de horas extras.
Según Marlene López, asesora jurídica de Las Mélidas,
las denuncias se duplicaron el año pasado. Ésto,
en su opinión, es bueno en el sentido de que más mujeres
están conscientes de sus derechos y se arman de valor para denunciar
los abusos que sufren. Lo alarmante de estos números es que reflejan
la inconsciencia de muchos patronos sobre lo importante que es respetar
los derechos de sus empleadas. Hay empresas que no reportan a
las AFPs, no reportan las cotizaciones al Seguro Social y ¿quién
les dice algo? Nadie, pregunta y responde Emperatriz. Su reclamo
es uno más entre los 148 casos de deuda de prestaciones
laborales registrados a solamente a lo largo de 2002.
Piezas averiadas
El informe sobre derechos humanos presentado por el Departamento de
Estado hace una semana reconoce que las maquilas son la fuente principal
de nuevos empleos en El Salvador. Pero, en el apartado El derecho
de organización y contratos colectivos, el informe registra
las denuncias presentadas por la Confederación Internacional
de Organizaciones Sindicales Libres (ICFTU por sus siglas en inglés)
que en 2001 informó que, en algunas zonas francas, los empleados
recibieron salarios bajos, enfrentaron riesgos de salud y seguridad,
y trabajaron de 12 a 14 horas diarias.
A pesar de ello, el Departamento de Estado reconoce los esfuerzos del
Ministerio de Trabajo para acercar los servicios
de inspección a las trabajadoras de las maquilas, lo que ha permitido
que algunas denuncien abuso verbal, acoso sexual y abusos físicos
que infligen los supervisores.
Sin embargo, el mismo informe califica como escasos los
recursos del Ministerio de Trabajo para verificar si las leyes laborales
se cumplen en las maquilas.
El documento oficial estadounidense agrega que las denuncias de
corrupción entre los inspectores de trabajo continuaron emergiendo.
Emperatriz describe la labor de los inspectores del Ministerio de la
siguiente forma ahí todo el mundo tiene que hacerse el
de las orejas gachas para dejar pasarle todo a los patrones. Luego
rememora al licenciado Gómez (ex inspector) lo despidieron
por haber sacado (a luz) la realidad de las maquilas.
Carmen, por su parte, comparte una anécdota: Yo conozco
una cipota que entró a trabajar cuando tenía 14 años.
Como a ellos les avisaban cuándo iban a llegar los del Ministerio,
sacaban a las bichas por otra puerta y las escondían.
Lo cierto es que hay una gran semejanza entre lo que han vivido estas
salvadoreñas y lo que viven millones de mujeres del tercer mundo,
según el informe de Oxfam en el que se insta a los consumidores
a presionar a las compañías para que cambien sus
prácticas de compra, pues la ropa buena, bonita y
barata disminuye la calidad de vida de mujeres cuyos derechos
son tan importantes como los de quienes pueden renovar su guardarropa,
aunque sea gracias a las codiciadas rebajas.
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