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Relato
Yo
torturé... y casi maté
Mario
soñaba con ser militar. Pero el sueño se le tornó
pesadilla en la adolescencia:era un colegial cuando fue capturado y
torturado, en 1989. Con título de bachiller en mano ingresó
a la PNC. Ahí invirtió los papeles. Le llegó la
hora del desquite.
La historias de sus torturas se las relató él mismo a
la periodista de Vértice Lilian Martínez
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Desde que me gradué de la Academia anduve de una delegación
a otra. Primero en San Salvador, después en el interior del país.
Así como cambié de delegación también cambié
de división como cambiar de calcetines.
El trabajo me gustaba y todavía más cuando llegó
la oportunidad de sentir lo que un día sintió el que me
torturó.
Cuando lo metieron a mi delegación le vendé los ojos con
un trapo sucio. Entonces me dijo: Hey, esto está prohibido...
Te voy a llevar a los derechos humanos. Le respondí metiéndole
un poco de calcetines en la boca para que se callara.
Como ya era noche lo llevé al patio del puesto policial, lo desvestí
y lo dejé en calzoncillos esposado a un palo.
La delegación estaba en un lugar frío y él lo aguantó.
A las horas, cuando me pidió que lo dejara ir al baño,
le grité: ¡Te hacés ahí hasta que me
digás quiénes son los de tu banda!. Se hizo. Él
era el líder y el primero que terminó delatando a todos
sus cómplices.
Le amarré las manos, lo colgué y le pegué con todas
mis fuerzas en la boca del estómago. Empecé a sentir que
me estaba liberando del pasado.
Después lo metí a la bartolina, lo amarré a los
barrotes con los brazos extendidos y lo pinté de mujer. Lo dejé
solo. En mis adentros pensaba: "¡Gracias a Dios! porque me
está dando la oportunidad de hacer lo que a mí me hicieron!.
Era el desquite.
Regresé con él y le percuté en la cabeza un T65
y un G3. El chavo empezó a llorar de miedo. Le hice todo exactamente
como lo recordaba.
En lugar de palillos de dientes, como se acostumbra, le metí
un fósforo debajo de cada uña de sus manos y los encendí.
Cuando la llama llegaba cerca de la uña él quería
gritar de dolor pero no podía... tenía los calcetines
en la boca.
Como todavía no quería hablar, lo forcé a tener
la cabeza dentro de una pila con agua y se la sacaba hasta que dejaba
de moverse. Así lo tuve hasta que cantó.
Mis compañeros se quedaron asustados conmigo. Desde esa vez,
siempre que llegaba un reo que no colaboraba me llamaban y me lo llevaban.
Escuela propia
Con los días mejoré tanto que inventé llevarlos
a unos desfiladeros y amarrarles las manos al estribo de la cama del
pick up con una franela para que no quedara marca. Con la ayuda de otros
policías poníamos la cama del pick up a la orilla del
barranco y retrocedíamos. Entonces el reo quedaba suspendido
en el aire con la sensación de que ya se iba a caer. Viera cómo
se ponían... Después de eso empezaban a cantar.
Varias veces, mientras los interrogaba, se me salió preguntar:
¿A qué organización pertenecés? ¿A
qué célula terrorista?. Esto que le cuento no lo
sabe ni mi familia. Pero a mí se me dio la oportunidad de hacerlo
en la PNC cuando empezó, porque había gente que todavía
llevaba eso y me aplaudían.
Teníamos un chucho y le dejábamos corta la cadena para
que le ladrara toda la noche al que estábamos ablandando. El
animal estaba tan entrenado que cada vez que el reo se quería
caer del sueño nos ladraba. La idea era que estuviera toda la
noche de pie, no dejarlo dormir.
Después pasábamos un gran rato preguntándole ¿cómo
te llamás?, hasta el punto que el reo terminara detestando
oír hasta su propio nombre.
Otra cosa que se hacía en esa delegación era que a los
muchachos mareritos los agarrábamos, los desnudábamos
y los llevábamos al monte más refundido.
Vendaditos, en la madrugada, les decíamos: "Vaya, papá,
salú". Aparecían al tiempo. Si usted me pregunta
si le aplicaría este sistema a la gente de las maras ahora, le
digo que sí, funcionaría mucho. Me puede decir usted:
"¡qué resentido!". ¡No, seño! ¡Es
que esa gente se lo merece!
Aquí en el país ha habido torturas. Yo soy la prueba de
que eso se dio. Yo torturé. No llegué a matar, pero casi.
Llegué a obligarlos a que me dijeran lo que yo quería.
Interrogué alrededor de 30 personas. Cada cierto tiempo fui innovando
en muchas cosas. Por ejemplo, jugué con la corriente eléctrica.
La esponja, puesta en cualquier parte del cuerpo, por espacios bien
cortos, le da un tipo de choque eléctrico bien feo. Yo la aplicaba
en el pecho y en los genitales. Es sencillo, se pelan las dos puntas
de un alambre, una se conecta al toma corriente y la otra a una esponja
mojada colocada en los genitales, por ejemplo. Se quita y pone el alambre
y se provocan unos choques nada placenteros.
Nunca sodomicé a nadie. Otra cosa que apliqué mucho fue
el tehuacanazo.
Le digo que iba mejorando porque a las primeras de cambio la gente decía
lo que yo quería. No tenía que hacer tanto. Yo les decía:
"Aquí es la misma mierda, pero con otra letra", o sea
la PN ahora se llamaba PNC.
Ellos decían que los dejara en paz. Yo insistía: Vos
sos.
Después de todo sentía tristeza por mí mismo, lloraba
y me quise matar varias veces. Pero también lo veía como
un desahogo. Esa fue una de las razones por las que decidí salirme
de la policía. Porque sentía que podía llegar a
algo peor dentro de la institución. Nunca sospecharon de mí.
Además, los mismos jefes lo tapaban a uno. Tengo el expediente
sin ninguna falta.
Todo eso pasó el tiempo que estuve en esa delegación hasta
mediados de los 90. Ahora siento que sí cometí errores
y que eso aceleró más mi enfermedad: padezco de síndrome
de stress postraumático.
Yo torturaba de forma inconsciente, como una forma de defensa. Para
decirme a mí mismo que lo que pasé no había existido.
En ese aspecto, mi familia y mi esposa me han ayudado a salir adelante,
pero sobre todo la única solución que tuve en mi vida
fue Jesucristo.
En él me siento verdaderamente libre. Me encuentro gente que
se me acerca y me dice: Usted estuvo en la policía, usted
me ayudó. Me gusta que me recuerden así.
Pero no me gustaría que me recordaran del otro modo. Nunca he
encontrado a nadie... todos estaban vendados y encapuchados cuando los
hice sufrir. Aquí hubo gente que dejó escuela de tortura
y yo soy la prueba.
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La tortura
no es política de la institución
El director de la Policía Nacional Civil negó categóricamente
que dentro de la institución se haya practicado la tortura.
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La
tortura no se permite dentro de la policía, somos
una institución disciplinada y cualquiera que cometa
una falta... es sancionado
Ricardo Menesses
Director
PNC
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Si
alguien realizó torturas en años anteriores,
tipo escuadrones de la muerte, sería una responsabilidad
individual de ellos y jamás institucional
Romeo Melara
Inspector General PNC
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Durante todo el tiempo que ha pertenecido a la PNC
(es miembro fundador), ¿alguna vez tuvo noticia de que dentro
de ésta haya habido tortura?
No ha habido noticia de eso. Hace un par de meses salió que
en Apopa había un cuarto de la risa. Nosotros le dijimos
a los medios vamos a verificar.
Era un lugar donde no había bartolinas y se comprobó
que era falso.
Eso (la tortura) no se permite en la policía, somos una institución
totalmente disciplinada y cualquiera que cometa una falta, por pequeña,
que sea, es sancionado. Nos mantenemos en una depuración
permanente.
Además de esa denuncia ¿han recibido otras antes?
Yo no tengo conocimiento. Ha habido rumores. Nosotros siempre verificamos
y nunca se ha llegado a nada concreto.
Por eso siempre estamos prestos a supervisar todo el accionar de
la policía y, hasta este momento, nos ha ido bastante bien.
No le vamos a permitir a ningún policía que cambie
su servicio por otra situación.
¿Cree que exista la posibilidad de que se diera algún
caso de tortura sin que las autoridades superiores de la institución
se enteraran?
Sería bien difícil porque los mismos policías
hubieran denunciado a los compañeros, si es que pasó.
Nosotros no somos tolerantes con ese tipo de actitudes. |
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