Del 5 al 12 de diciembre de 2004


Ex pandilleros bajo amenaza
SENTENCIA DE MUERTE

Según algunos mareros activos, el hecho que sus ex compañeros opten por una nueva vida y decidan dejar las pandillas no significa que se conviertan en enemigos. Pero se debe tener cuidado, ya que “al hablar de más” podrían ponerse en riesgo

Nathalie Villarroel Carbonero
vertice@elsalvador.com

Foto EDH / Archivo


Luego de una larga jornada nocturna, Ramón (seudónimo) salió a las ocho treinta de la mañana de su trabajo.

Iba rumbo a su vivienda para bañarse, cambiarse y regresar después a la construcción de un centro comercial. Cuando retornaba, subió a un microbús que lo llevaría al centro de San Salvador.

Durante el trayecto sacó de su mochila manchada de pintura al igual que sus zapatos, un casco azul que la constructora le asignó. Comenzó a conversar con otro pasajero.

Al escucharlo hablar (con el caló de pandillero) dos sujetos se levantaron de sus asientos, se le acercaron, sacaron sus armas y le pidieron que se levantara la camisa.

Ramón se negó y explicó, desesperado, que venía de trabajar, que lo dejaran en paz. Le contestaron con un “Órale” y le dispararon tres veces con un revólver calibre 38.

El casco rodó por el suelo y el cuerpo del joven de 20 años se desvaneció lentamente.

Durante el reconocimiento, Medicina Legal encontró en su mochila un carné extendido por el programa de rehabilitación “Adiós al tatuaje”.

En su brazo derecho le habían efectuado una cirugía para eliminarle las marcas que lo identificaban como pandillero.

No costó mucho movilizar el casi esquelético cuerpo de Ramón, testigo de una prolongada adicción al crack y de una lucha por dejar las drogas.

“Los que lo mataron no eran pandilleros —comentó uno de los presentes en el reconocimiento—, no parecían, y, además, ellos ya no se dejan ver durante el día, menos en los microbuses”, agregó viendo la escena del crimen con tristeza.

Pero, si este no fue un atentado de miembros de pandillas contrarias, ¿quién pudo haberlo asesinado?
Ramón pasó a ser uno más de los 150 mareros asesinados que Medicina Legal registra hasta junio de este año. El 60% por ciento de las muertes ha sido clasificada como rencillas entre pandillas. Los demás muertos eran ex pandilleros.

Pero en Chalchuapa, de los 600 jóvenes que habría empleado este año el profesor Carlos Carías en el plan de reinserción “Drogodependientes Reforestando El Salvador”, el 20 por ciento fue asesinado, según afirma.
¿Por qué los jóvenes en reinserción están muriendo?

No hay una respuesta concreta porque no existen investigaciones formales al respecto. Pero se puede plantear dos posibilidades: la primera es que sean los mismos mareros activos quienes ajusticien a los que optan por abandonar sus filas.

Foto EDH / Omar Carbonero

O, tal vez, como ellos mismos aseguran, hay una organización clandestina que está asesinando a los ex pandilleros.
víctimas del sistema
En los últimos 15 días hubo una deserción masiva de uno de los programas de recuperación de jóvenes en Chalchuapa.

El profesor Carías dijo que, en efecto, más de 60 ex pandilleros dejaron el programa sin razón aparente.

Ernesto Miranda, ex miembro de la Mara Salvatrucha explica el porqué: “Yo estuve en reuniones en las que jefes policiales les plantearon a los jóvenes: ‘Bueno, si ustedes quieren cambiar, deben dar muestras de ello, y por eso serán ustedes los que van a señalar a los pandilleros que están delinquiendo’. Si ellos deciden colaborar con las autoridades, firman su sentencia de muerte”, confirmó Miranda.

La pandilla MS tiene códigos de conducta —cual libro de normas—donde se dictamina que ningún pandillero puede favorecer a instituciones policiales o gubernamentales para ayudarles a resolver un delito. “Si un ex pandillero está en un programa de reinserción donde participe la institución policial corre su riesgo, porque la policía no ayuda a nadie sin que se le retribuya con información”, aseguró Miranda, quien usa el alias de El Smokey.

Para otro ex pandillero que pidió no ser identificado, la respuesta sale a flor de piel: “Los carnés que te dan en los centros de rehabilitación no son una garantía contra los miembros activos ni para las autoridades, que los rompen en pedacitos”.

Traición = muerte


Estas actitudes hacia mareros que deciden reinsertarse bien podría haber sido ordenada desde Estados Unidos.
Según la agencia de noticias EFE, el asesinato en una zona de Washington, Estados Unidos, de un miembro de la Mara Salvatrucha, en agosto de 2004, revela la forma en que operan las bandas juveniles y los lazos que éstas mantienen con sus “filiales” en Los Ángeles, California, y El Salvador.

“El asesinato de José Escobar, alias ‘Snoop’, a manos de integrantes de su propia pandilla, la Mara Salvatrucha, contó con el aval de los líderes de esta organización en Los Ángeles, y esto es algo nuevo en el norte de Virginia”, dijo William Jarvis, fiscal asistente del condado de Prince William durante una audiencia realizada el lunes 29 de noviembre de 2004 en la Corte estatal de dicho condado.

El ex pandillero de arriba es miembro de una iglesia cristiana, visitaba a un amigo y se vio envuelto en un operativo policial. Los agentes le dispararon dos veces a la pierna mientras se levantaba la camisa
para mostrar que no portaba armas.

Crímenes
150

Los pandilleros asesinados
de enero a junio de 2004.
40% eran ex mareros

Jarvis sostuvo que la muerte de Escobar fue planificada por sus ex compañeros, quienes le acusaron de haber denunciado a un jefe pandillero ante las autoridades de Inmigración.

“Snoop” tenía 22 años y trabajaba en construcción. Fue asesinado de un disparo en el pecho y varias puñaladas en el cuello, vientre y su brazo izquierdo el pasado 11 de agosto.

Actualmente, un ex integrante de la Mara Salvatrucha que conoció de cerca este caso afronta un proceso de deportación a El Salvador; a cambio de su testimonio en contra de los asesinos de Escobar se le ofrece una visa de protección para evitar ser deportado.

Jarvis comentó que la familia en El Salvador del ex pandillero ya ha sido amenazada tras conocerse que él iba a comparecer ante los tribunales.

Advertencias

El profesor Carías coincide con lo de las amenazas a ex pandilleros: “Hace un año, cuando se iniciaba el trabajo de reforestación y programas anti drogas, aparecieron en la plantación de arbolitos dos cabezas de ex miembros de la MS como señal de advertencia”.

Estas muertes podrían ser un fenómeno cíclico en El Salvador. En 1999 los pandilleros que decidían dejar a las clicas eran asesinados.

Esa ola de crímenes se agudizó cuando EE.UU. empezó una deportación masiva de inmigrantes con antecedentes penales. En cinco años han sido expulsadas 7,148 personas, la mayoría pandilleros procedentes de las cárceles de Los Ángeles. En el auge de las deportaciones, 500 de ellos eran repatriados cada mes.

Homies Unidos (programa de rehabilitación de pandilleros) es una de las organizaciones que más pérdidas humanas ha tenido.

Álex Sánchez, uno de sus fundadores en Estados Unidos, fue encarcelado en Los Ángeles en varias ocasiones. Finalmente fue deportado a El Salvador. Poco tiempo después regresó a Estados Unidos como “mojado” para evitar ser asesinado.

Un informe en la página de internet de Homies Unidos detalla que todos los miembros que fueron deportados a El Salvador en esa etapa murieron. Confirmar si más integrantes de la organización han sido asesinados no fue posible, aunque sí se pudo contactar a ex pandilleros de la Mara Salvatrucha que dan su versión acerca del por qué de las muertes.

Rueda de caballitos


Llegamos a la cita. Una mano nos saluda desde la acera de enfrente de la casa donde será la reunión. “Hola jefe —le dijo Ernesto a Jaime—; te digo así porque la policía dice que sos mi jefe”. Hay risas.

“El jefe”, o Jaime, (pidió no revelar su verdadero nombre, al igual que sus compañeros) nos guió por unas escaleras hasta el segundo piso, donde nos esperaba David, un chico alto y encorvado. Luis llegó apresurado, y aunque parecía nervioso, estaba decidido.

De una habitación contigua apareció Juan, vistiendo ropa de marca, bien cuidada, limpia y planchada. Es menor que los demás.
Todos habían iniciado un proceso de reinserción pero aún no se identifican como miembros o ex miembros de la Mara Salvatrucha, ya que abandonaron el Proyecto San Andrés.

Al preguntarles por qué, se miraron entre sí. Luego, Jaime tomó la palabra.
—Yo salí de la prisión, en julio, con privilegios por buena conducta. Dentro del penal saqué mi bachillerato; mientras estuve preso me prometieron trabajo y entrar a un plan de reinserción al salir, pero cuando los busqué, ellos no tenían nada para mí.

“Desde 1999, EE.UU. ha deportado a 7,148 salvadoreños con antecedentes penales. La mayoría proviene de la ciudad de Los Ángeles y son miembros de pandillas. Ellos han estado en las prisiones de una de las ciudades más violentas de América.

Me siento decepcionado porque en televisión salen hablando bien bonito de una mano amiga que hasta ahora no hemos visto. Hay un programa de reinserción que se llama “Jóvenes en riesgo”, en ese programa quería intentar yo, pero lo único que me ofrecieron fue arriesgar mi vida por nada.

—¿Arriesgar tu vida? —cuestioné.
—Sí, ese es uno de los obstáculos que tenemos que pasar. Me dijeron: “Usted ha dejado la pandilla pero sabe que hay miembros activos que están delinquiendo, usted se puede ver afectado por ellos; si quiere evitar que le hagan daño, lo que puede hacer es denunciarlos” —relata Jaime.

Al escucharlo, los demás comenzaron a hacer comentarios en voz alta.
Ernesto dijo molesto: “Los jefes policiales salen en la televisión hablando que gracias a los testimonios de los pandilleros en reinserción se ha logrado desarticular clicas y capturar a sus jefes; eso es decirles a los activos ‘Vayan y maten a los soplones’. Esto es un plan de exterminio”, aseguró en voz alta.

“No hay garantías, los carnés que dábamos en la ONG en donde yo trabajaba eran destruidos por las autoridades, no los respetaban”, agregó.

David se sumó a la conversación. “A veces sí los respetaron, depende del policía que nos para, pero varias veces nos pegaron y quitaron los carnés”.

Juan agregó que “una vez se llevaron a una chava que no tiene nada que ver con nosotros, sólo porque estaba cerca, la metieron a la bartolina cuatro días y ella perdió su trabajo”.

Luis comentó su experiencia: “Yo una vez venía con mi chamaca, ella estaba embarazada, yo venía algo ‘tumbado’, nos agarraron y nos pidieron los morteros (cohetes); mi chamaca cuando vio que me iban a golpear se puso a llorar y trató de defenderme, a ella se la iban a llevar también. Yo les dije que la dejaran, que yo era el pandillero, al final la empujaron”.

Luis prosigue: “Estando en las bartolinas, los policías me hicieron —con un cuchillo— un número 18 en la espalda”.
“Pero no son todos”, insistió Jaime antes de que los demás lo secundaran. “Algunos nos aconsejan cuando llegamos y otros sólo nos ponen las esposas y nos llevan, pero es suerte toparte con ellos”, indicaron.

David, después de pensarlo mucho, dijo: “A mí me detuvieron una vez y les mostré el carné. ‘Ok, no te vamos a detener’, dijeron, pero anotaron mi dirección y después uno de ellos dijo: ‘Ya sabés que cuando toquemos a tu puerta a cualquier hora que lleguemos, información queremos’”, recordó.

“Al salir de la pandilla no podemos reunirnos con los activos, no tenemos ese derecho, por eso ya no sabemos nada de lo que hacen, ya no confían en nosotros como antes”, subrayó Luis.

“Hay dos clases de policías”, afirmó Ernesto, “los que aparecen en la televisión dándole la mano a los pandilleros en reinserción que trabajan en áreas de familia... ellos tienen una conciencia social y estudios especiales para tratarnos. Pero también están los policías operativos, ellos son diferentes, nos golpean, insultan y nos quitan el pisto, celulares y cosas de valor”.

—¿Y las muertes?, interrogué.
—Desde un principio, esta ley fue de exterminio y te lo voy a demostrar. Antes, cuando capturaban a pandilleros, los llevaban a diferentes delegaciones a MS y 18. A partir de la ley anti maras los pusieron en bartolinas a la par, así la pandilla contraria podía ver las caras y a las familias de sus enemigos —argumentó Ernesto.

Cuando termina de decir esto, el ambiente se vuelve tenso. Es porque en la zona dos policías hacen su recorrido.
Nerviosos, los mareros se asoman continuamente para monitorear la situación, sobre todo cuando ven que aparece una patrulla.

“Desde 1999, EE.UU. ha deportado a 7,148 salvadoreños con antecedentes penales. La mayoría proviene de la ciudad de Los Ángeles y son miembros de pandillas. Ellos han estado en las prisiones de una de las ciudades más violentas de América.

Pero la calma llega con el “se fueron”, que dijo David, después de que dos pandilleros que custodiaban desde una esquina próxima le avisaran que el peligro había pasado.
“A veces hay gente que nos avisa que nos escondamos cuando ven a la policía porque han visto que nos hemos calmado”, dijo Jaime.

¿homicidas clandestinos?
Otra de las hipótesis que se manejan sobre la muerte de ex pandilleros es la existencia de “grupos de exterminio”.
Aunque el profesor Carías dice que no se puede asegurar que haya sicarios, hay situaciones que indican que sí hay persecución.

“Incluso yo he recibido varias amenazas, no por parte de las pandillas sino de terceros. En una ocasión me dejaron una granada en la puerta de mi casa con una nota que me ordenaba irme en menos de 72 horas, pero Dios nos ha permitido seguir trabajando”, comentó.

Organizaciones de protección a los Derechos Humanos como Casa Alianza y Homies Unidos, pero sobre todo los propios pandilleros, aseguran que es un grupo de sicarios el que asesina a los miembros de maras y a otros.

Intentamos obtener la reacción de la Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, Beatrice de Carrillo, pero no la obtuvimos porque ella dijo sentirse indispuesta para atendernos.
Para el doctor Fabio Molina, del departamento de estadísticas de Medicina Legal, la mayoría de los crímenes en El Salvador es por delincuencia común, no por pandillas.

“La delincuencia común y el robo son los que se llevan más del 50 por ciento de los homicidios, los delincuentes andan armados y asesinando a las personas, tal vez más que las pandillas”, comentó el doctor Molina.
“Un gran porcentaje de muertes es por móviles desconocidos y sólo el 15 por ciento de los homicidios registrados tiene que ver con pandillas”, añadió.

Agrega que la tasa anual de homicidios generales para 2003 fue de alrededor de 36 crímenes por cada 100 mil habitantes y que para este año hubo un incremento considerable.

Entre sus registro muestra que para lo que va de 2004 se han dado 150 homicidios de miembros de pandillas, cifra no dividida entre activos y ex pandilleros.

El gobierno opina


Por su parte, Óscar Bonilla, presidente del Consejo de Seguridad Pública, aseguró que su institución busca terminar con los factores de riesgo en las comunidades para evitar que las pandillas crezcan, eliminar las drogas, armas y crimen organizado, entre otras actividades.

“Se sabe que desde que un joven se involucra con pandillas está en riesgo que viene de su propia decisión, ellos tienen normas y si se rompen tienen las consecuencias que han sufrido algunos”, planteó.
“El canje de información por beneficios no es una política del gobierno”, aseguró respecto a las declaraciones de los salvatruchos.

Los asesinatos de ex integrantes de clicas han aumentado en 2004 respecto del año anterior. Medicina Legal registra datos generales, sin hacer diferenciación entre pandilleros activos y los que estaban en proceso de reinserción. Foto EDH / Archivo

Acerca de una posible organización clandestina que elimina a los pandilleros en rehabilitación, respondió firmemente que el gobierno no va a permitir algo así “bajo ninguna circunstancia”.

“Aunque no se puede negar que muchos de los pandilleros ya están cansados de ser perseguidos y capturados y por eso han decidido cambiar, para poder optar a los planes de reinserción, los jóvenes no deben tener cuentas pendientes con la justicia.

“El plan de reinserción, es paso a paso, los pandilleros no pueden salir de una prisión y entrar a trabajar de inmediato. Para colocarlos en la empresa privada, antes debemos garantizar al empleador que el joven esta rehabilitado”, apuntó.
Por su parte el director de la Policía Nacional Civil, Ricardo Menesses, comentó que la institución está apoyando de primera mano la reinserción de los pandilleros y su rehabilitación.

“Hemos tenido mucho éxito en nuestro empeño, estamos trabajando en beneficio de la población y apoyando a los jóvenes que quieran reinsertarse a la sociedad”, comentó. Además, dijo que en los medios no se ha hablado acerca de información que ex pandilleros hayan proporcionado a la policía: “Son pandilleros activos los que, cansados de los delitos cometidos por los jefes de las clicas, han colaborado con la institución para que fueran capturados y encerrados”.

Por su parte, los ex pandilleros buscan un plan que los ayude con lo necesario para subsistir. “Yo quiero la oportunidad de desarrollarme, soy bachiller y futbolista, jugaba en la reserva de un buen equipo pero ahora me rechazan y no soy mal jugador”, aseguró uno de ellos.

“Necesitamos un trabajo, ganar para mantener a nuestras familias y no pasar quebrados todo el tiempo”, explicó otro.
“Nosotros no podemos decir nada si nos agarran delinquiendo, allí sí es trabajo de la policía llevarnos presos, pero habemos muchos que queremos calmarnos”, aseguraron.

Mano amiga, mano extendida y mano dura

El proceso de rehabilitación es duro y las marcas de la vida en las pandillas son eternas, la adicción a las drogas los hace recaer y abandonar el proceso.

Para César Funes, secretario de Juventud, los mareros no ven la mano amiga porque han confundido los términos. “La mano amiga es un programa de prevención, es para los jóvenes en riesgo social, es decir, que viven en sectores dominados por pandillas”, dijo antes de explicar que es por esta razón que el proyecto está enfocado al deporte y a actividades recreativas que mantengan a los muchachos ocupados y, lejos de las drogas y las maras.

“El Gobierno le da prioridad a este plan para prevenir el ingreso a las maras; pero también el Presidente Saca ha dicho que para aquel pandillero que quiera salir de las maras está el plan Mano Extendida”, comentó.

Y describió que éste consiste en un proceso de desintoxicación a paso lento hasta lograr rescatar al joven de ese mundo, para que sea una persona confiable y recomendable para un puesto laboral.

Funes indicó que hay un plan de trabajo para estos chicos, que se está diseñando con especialistas en los que se ve cada uno de los aspectos a tratar para lograr una rehabilitación real. Pero para aquellos que continúen delinquiendo recibirán con toda su fuerza la Mano Dura.


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