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INTERNACIONAL
Un
grito al robo de arte
Es
domingo por la mañana y el pequeño museo Munch de la capital
noruega
Oslo está lleno de turistas, estudiantes y gente local que ha llegado
a disfrutar de una
importante colección de pinturas...
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| Empleadas
de la casa de subastas Christies, en una imagen de septiembre
de 1999, muestan la Madonna de Munch. |
Es el día perfecto para tomarse el tiempo y contemplar
el arte del famoso pintor noruego Edvard Munch. Sin embargo, la calma
de la ciudad se corta con la llegada de un carro Audi oscuro; el vehículo
se parquea y de este salen dos tipos enmascarados y armados con pistolas.
Uno de los asaltantes apunta su arma contra el guardia de la entrada
y el otro se apresura al recinto. La gente entra en pánico y
piensa que se trata de un ataque terrorista. ¡Todos al suelo!
grita el asaltante. A pesar de no entender noruego, los primeros en
tirarse al suelo son los turistas.
El enmascarado le ordena bajar dos pinturas de la pared a una empleada
del museo y ella lo hace y se las entrega.
El enmascarado se apresura a la salida con las pinturas debajo de su
brazo, los dos asaltantes entran al carro y desaparecen dejando una
nube de humo blanco, olor a llanta quemada y un gran signo de interrogación
en la mente de los visitantes ¿Qué pasó aquí?.
Lo que ocurrió el domingo 22 de agosto fue la más reciente
expresión de robo de valiosas obras de arte en Europa. Sin disparar
ni un solo tiro, los ladrones se llevaron una de las obras más
famosas del mundo, El grito de Edvard Munch junto con La
Madonna del mismo autor.
La seguridad del museo era insignificante: un guardia en la entrada;
las pinturas colgadas en la pared sin ningún tipo de alarma o
sistema de seguridad, y para remate, la policía tardó
en llegar. A esto se suma el precedente que otra versión de la
misma pintura hecha por Munch había sido robada de la Galería
Nacional noruega diez años atrás.
El Grito, pintado en 1893, es la principal obra de arte
de uno de los fundadores del expresionismo y en él se ve a una
persona gritando mientras sujeta su cabeza con sus manos. El cuadro
causó mucho revuelo cuando fue presentada en 1910, y siempre
que se exponía provocaba controversia entre críticos del
arte que la consideraban grotesca. Sin embargo, la obra ganó
mucha popularidad tras la Segunda Guerra Mundial, en donde los miedos
existenciales expresados por el autor en el lienzo eran más comúnmente
compartidos.
Según críticos de arte, El Grito es una obra
tan conocida que es imposible venderla en el mercado. Las bandas roba-arte
acostumbran a pedir recompensas por las piezas a los museos a los cuales
las robaron. Hasta el momento no se ha sabido de ninguna solicitud de
recompensa por El Grito y La Madonna, que es
considerada una de las versiones más sensuales del impresionismo.
Historia bien conocida
El robo de arte en Europa y el mundo no es algo que solo ocurre en las
películas. Es mucho más común de lo que aparenta.
En los últimos 20 años se han registrado más de
10 asaltos a museos o galerías en los cuales los perpetradores
han escapado con obras que acumulan más de seis ceros en su precio.
El robo más grande de arte en la historia ocurrió en abril
de 1991 cuando una banda de asaltantes entró al museo Vincent
Van Gogh de Ámsterdam y salió con 20 obras de arte valoradas
en $500 millones.
Poco después las pinturas fueron encontradas en un carro abandonado,
no lejos del museo. Vale destacar que Van Gogh es uno de los autores
predilectos entre los asaltantes; valiosas obras del autor holandés
han sido robadas en 1985, 1991, 1998 y en 2002, cuando un segundo robo
al museo Van Gogh significó el desaparecimiento de dos lienzos,
que todavía no han sido encontrados.
En 1985 varias pinturas de los franceses Claude Monet, Pierre-Auguste
Renoir y Berthe Morisot fueron robadas del museo Marmottan en París.
Las pinturas estaban valoradas en $37 millones. Otra obra de Renoir,
junto con un autorretrato del maestro holandés Rembrandt, valorado
en $30 millones, fueron robadas del Museo Nacional de Estocolmo en la
capital sueca.
Uno de los principales casos de robo de arte en Estados Unidos se registró
en Boston, en 1990, cuando una banda extrajo del museo Isabella Stewart
Gardner una colección de obras europeas que sumaban cientos de
millones de dólares.
Es muy difícil que obras tan conocidas y de tanto valor lleguen
a manos privadas. Es casi imposible venderlas en el mercado, y si el
museo atracado se niega a pagar la recompensa, las opciones de los asaltantes
son muy reducidas.
En 1994 ocurrió un caso ilustrativo al respecto. El Museo de
Arte Moderno de Londres, Tate Modern, prestó al Museo Schirn
Kunsthalle en Frankfurt dos lienzos de JMW Turner para una exposición.
Como parte de las condiciones de préstamo, cada pintura tenía
que ser aseguradas por $24 millones por parte del museo alemán.
Durante la exposición, una banda de cuatro asaltantes se encargó
de remover las pinturas del lugar sin dejar pistas. En abril del siguiente
año Tate Modern cobró el seguro que ascendía aproximadamente
a $48 millones. El pago de la suma significaba que el nuevo dueño
de las obras, en caso de ser encontradas, era la compañía
de seguro.
Sin embargo, pasaron los años y las pinturas no eran encontradas,
no había contacto con los asaltantes y la policía no tenía
ni pistas. Fue en 1998 que Tate Modern decidió ofrecer a la compañía
de seguros $16 millones por los derechos de la pintura, en caso
de ser encontradas. La aseguradora aceptó y vendió
los derechos de dos pinturas que tenían cuatro años de
estar perdidas.
Meses después, y como por obra de magia, las pinturas aparecieron.
No se sabe cómo aparecieron las obras y de qué manera
negoció Tate con los asaltantes o si existió algún
pago de recompensa; pero el Museo de Arte Moderno recuperó sus
pinturas y se quedó con una ganancia de $32 millones.
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