Del 5al 12 de septiembre de 2004



INTERNACIONAL

Un grito al robo de arte

Es domingo por la mañana y el pequeño museo Munch de la capital noruega
Oslo está lleno de turistas, estudiantes y gente local que ha llegado a disfrutar de una
importante colección de pinturas...


Camilo Zamora

Empleadas de la casa de subastas Christie’s, en una imagen de septiembre de 1999, muestan la “Madonna” de Munch.

Es el día perfecto para tomarse el tiempo y contemplar el arte del famoso pintor noruego Edvard Munch. Sin embargo, la calma de la ciudad se corta con la llegada de un carro Audi oscuro; el vehículo se parquea y de este salen dos tipos enmascarados y armados con pistolas.

Uno de los asaltantes apunta su arma contra el guardia de la entrada y el otro se apresura al recinto. La gente entra en pánico y piensa que se trata de un ataque terrorista. “¡Todos al suelo!” grita el asaltante. A pesar de no entender noruego, los primeros en tirarse al suelo son los turistas.

El enmascarado le ordena bajar dos pinturas de la pared a una empleada del museo y ella lo hace y se las entrega.

El enmascarado se apresura a la salida con las pinturas debajo de su brazo, los dos asaltantes entran al carro y desaparecen dejando una nube de humo blanco, olor a llanta quemada y un gran signo de interrogación en la mente de los visitantes “¿Qué pasó aquí?”.

Lo que ocurrió el domingo 22 de agosto fue la más reciente expresión de robo de valiosas obras de arte en Europa. Sin disparar ni un solo tiro, los ladrones se llevaron una de las obras más famosas del mundo, “El grito” de Edvard Munch junto con “La Madonna” del mismo autor.

La seguridad del museo era insignificante: un guardia en la entrada; las pinturas colgadas en la pared sin ningún tipo de alarma o sistema de seguridad, y para remate, la policía tardó en llegar. A esto se suma el precedente que otra versión de la misma pintura hecha por Munch había sido robada de la Galería Nacional noruega diez años atrás.

“El Grito”, pintado en 1893, es la principal obra de arte de uno de los fundadores del expresionismo y en él se ve a una persona gritando mientras sujeta su cabeza con sus manos. El cuadro causó mucho revuelo cuando fue presentada en 1910, y siempre que se exponía provocaba controversia entre críticos del arte que la consideraban grotesca. Sin embargo, la obra ganó mucha popularidad tras la Segunda Guerra Mundial, en donde los miedos existenciales expresados por el autor en el lienzo eran más comúnmente compartidos.

Según críticos de arte, “El Grito” es una obra tan conocida que es imposible venderla en el mercado. Las bandas roba-arte acostumbran a pedir recompensas por las piezas a los museos a los cuales las robaron. Hasta el momento no se ha sabido de ninguna solicitud de recompensa por “El Grito” y “La Madonna”, que es considerada una de las versiones más sensuales del impresionismo.

Historia bien conocida

El robo de arte en Europa y el mundo no es algo que solo ocurre en las películas. Es mucho más común de lo que aparenta. En los últimos 20 años se han registrado más de 10 asaltos a museos o galerías en los cuales los perpetradores han escapado con obras que acumulan más de seis ceros en su precio.

El robo más grande de arte en la historia ocurrió en abril de 1991 cuando una banda de asaltantes entró al museo Vincent Van Gogh de Ámsterdam y salió con 20 obras de arte valoradas en $500 millones.

Poco después las pinturas fueron encontradas en un carro abandonado, no lejos del museo. Vale destacar que Van Gogh es uno de los autores predilectos entre los asaltantes; valiosas obras del autor holandés han sido robadas en 1985, 1991, 1998 y en 2002, cuando un segundo robo al museo Van Gogh significó el desaparecimiento de dos lienzos, que todavía no han sido encontrados.

En 1985 varias pinturas de los franceses Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir y Berthe Morisot fueron robadas del museo Marmottan en París. Las pinturas estaban valoradas en $37 millones. Otra obra de Renoir, junto con un autorretrato del maestro holandés Rembrandt, valorado en $30 millones, fueron robadas del Museo Nacional de Estocolmo en la capital sueca.

Uno de los principales casos de robo de arte en Estados Unidos se registró en Boston, en 1990, cuando una banda extrajo del museo Isabella Stewart Gardner una colección de obras europeas que sumaban cientos de millones de dólares.

Es muy difícil que obras tan conocidas y de tanto valor lleguen a manos privadas. Es casi imposible venderlas en el mercado, y si el museo atracado se niega a pagar la recompensa, las opciones de los asaltantes son muy reducidas.

En 1994 ocurrió un caso ilustrativo al respecto. El Museo de Arte Moderno de Londres, Tate Modern, prestó al Museo Schirn Kunsthalle en Frankfurt dos lienzos de JMW Turner para una exposición. Como parte de las condiciones de préstamo, cada pintura tenía que ser aseguradas por $24 millones por parte del museo alemán.

Durante la exposición, una banda de cuatro asaltantes se encargó de remover las pinturas del lugar sin dejar pistas. En abril del siguiente año Tate Modern cobró el seguro que ascendía aproximadamente a $48 millones. El pago de la suma significaba que el nuevo dueño de las obras, “en caso de ser encontradas”, era la compañía de seguro.

Sin embargo, pasaron los años y las pinturas no eran encontradas, no había contacto con los asaltantes y la policía no tenía ni pistas. Fue en 1998 que Tate Modern decidió ofrecer a la compañía de seguros $16 millones por los derechos de la pintura, “en caso de ser encontradas”. La aseguradora aceptó y vendió los derechos de dos pinturas que tenían cuatro años de estar perdidas.

Meses después, y como por obra de magia, las pinturas aparecieron.
No se sabe cómo aparecieron las obras y de qué manera negoció Tate con los asaltantes o si existió algún pago de recompensa; pero el Museo de Arte Moderno recuperó sus pinturas y se quedó con una ganancia de $32 millones.


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