Del 12 al 5 de septiembre de 2004



ANÁLISIS

Una convención para Bush

La Convención del Partido Republicano sobrevivió a las protestas callejeras de
los neoyorquinos y a las presunciones de bomba en la estación de trenes de Penn.
Si todo apunta por la misma dirección, no hay un factor determinante que mueva
las tendencias electorales o ponga en riesgo la reelección del hombre de la guerra.


Erick L. Lemus

Una africana descansa en el puerto de Tarifa luego que las autoridades interceptaran una “patera” en el estrecho de Gibraltar.

La plataforma republicana fue simple. Al grano. En un partido donde gobierna el ala conservadora, no hay espacio para la ambigüedad política. No a la legalización del aborto, el matrimonio entre homosexuales y otras formas de reconocimiento legal para las parejas del mismo sexo.

Y punto. Ah, claro, la guerra contra el terrorismo continuará a sangre y fuego porque la prevención es la nueva regla del gobierno de los Estados Unidos.

Pese a la lucha encarnizada que simpatizantes con el ala demócrata y la candidatura de John Kerry han arreciado, la sonrisa de Bush sigue brillando en medio de la crisis. Nadie es capaz de mover la balanza con una certeza que pronostique un cambio en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses.

Nadie ni nada. Ni el documental de Michael Moore, “Farenheit 9/11”, ni las protestas de los veteranos de Vietnam que resienten las burlas de los convencionistas republicanos por cuestionar las medallas del senador John Kerry, el candidato demócrata.

Los estrategas de campaña del presidente Bush fueron atrevidos al sembrar la duda sobre las medallas que Kerry obtuvo en Vietnam. Por el momento, la fórmula (una campaña publicitaria que llevó a otros veteranos que deslegitiman el valor de Kerry: “sólo fue un rasponcito”) ha surtido efecto en la carrera por permanecer en la Casa Blanca.

Mientras la Convención Republicana elevó el símbolo de la tragedia del 11 de septiembre y minimizó las protestas en su contra, el senador Kerry tuvo que resignarse a ofrecer explicaciones. Y el escenario se adereza entre los veteranos que rezongan por “las exageraciones” de Kerry en Vietnam y otros que acusan a los convencionistas republicanos por “mancillar” el espíritu del “corazón púrpura” (la medalla al valor que concede el ejército norteamericano).

El viento sigue a favor de Bush y la influencia del poder conservador ha sido reivindicada esta semana y no hay signos que demuestren un achicamiento de la estrategia.

Por el contrario, la plataforma elogió la lucha de Bush contra el terrorismo y llamó a crear cuentas de inversión personal en seguridad social, como parte de una nueva “sociedad de propiedad” que daría a los estadounidenses mayor responsabilidad y control sobre su vida financiera. ¿Alguien está en contra? Pues, en medio de la fiesta republicana, nadie alzó una voz en contra. El documento de 93 páginas, que fue redactado bajo el estricto control del equipo del Presidente, plantea promover y defender el desempeño de Bush en cuanto a la seguridad nacional, así como esbozar una visión nacional para un segundo mandato, y energizar a la base conservadora.

Al margen de la fiesta pro Bush, la vocera del senador Kerry aseguró que “(la plataforma) refleja la divisibilidad y las políticas extremas de los pasados cuatro años, mientras que los oradores públicos pintan un cuadro muy distinto”.
el espíritu del 9/11

Cheryl Jacques, presidenta de la Campaña por los Derechos Humanos, una organización defensora de los homosexuales, declaró que “es una de las plataformas más discriminatorias en la historia moderna”.
Atrás quedaron los carteles que protestan la nominación de Bush. “Basta de sangre por petróleo”, “Regresen los soldados a sus casas”. Como ecos de cacerolas.

Las encuestas que divulgan las grandes cadenas de televisión dicen que el presidente sigue con la cabeza erguida, con una ligera ventaja; pero -exacto- con ventaja.

La visión republicana gira en torno a que la nación no puede estar segura sin un presidente que esté listo para la guerra.

El periódico The New York Times midió la percepción de los ciudadanos respecto al evento político, que se realizó poco más de una semana antes del tercer aniversario de los ataques a las Torres Gemelas y descubrió malestar entre quienes perdieron un ser querido.

“Aquellos con la conexión más personal con el 11 de septiembre son más escépticos sobre la seguridad nacional y están menos impresionados con los esfuerzos del gobierno antes y después de los ataques”, publicó el rotativo.

A los familiares de las víctimas tampoco les simpatizó que una convención política tuviera lugar en Nueva York. Alrededor de la mitad de los encuestados por NYT dijo que los republicanos deberían haber ido a otra parte y afirmó que el Partido Republicano había elegido la ciudad “para capitalizar el 11 de septiembre” y “demostrar que (Nueva York) es segura”.

Curioso, pero el Partido Demócrata no fue capaz de capitalizar el movimiento anti Bush que impactó los alrededores del Madison Square Garden y prefirió desmarcarse de los hechos. “No tenemos conexión con ninguno de los manifestantes”, dijo el presidente del Comité Nacional Demócrata, Terry McAuliffe, “he implorado a todos que se aseguren que los republicanos tengan una convención pacífica”.

Las protestas que invadieron Manhattan acarrearon poco caudal político a la figura de Kerry. El liderazgo de la protesta estaba profundamente fracturado y quienes inundaron las calles de Nueva York lo hicieron sin una coordinación central, absoluta, que se concentró mucho más en llamar la atención de la prensa, en lugar de traducir -a mediano plazo- su posición en las urnas.

No en vano el discurso del Vicepresidente, Dick Cheney, machacó la teoría republicana que valida las invasiones en Afganistán e Irak: “el derecho prioritario a una doctrina posterior a la Guerra Fría”, que redunda en construir una estrategia defensiva de Estados Unidos ante cualquier tipo de amenaza y le guste o no al resto del mundo. Estados Unidos debe ser una nación segura para los Estados Unidos. Este es uno de los ejes de campaña.

En suma, una posición muy inteligente en proporción a un pueblo norteamericano que teme hasta su sombra, desde que Orson Welles los exploró con la broma radial “La guerra de los mundos” del autor H.G. Welles.
Al margen de los malos pensamientos, si alguien tuvo dudas o reservas por el escenario de la reunión republicana, debe recordar las explicaciones del alcalde de la ciudad, Michael R. Bloomberg.

Bloomberg evocó que hace tres años “el futuro de la ciudad seguía siendo un signo de interrogación en muchas mentes”; pero, en las “horas de mayor necesidad”, tras los ataques terroristas, los estadounidenses acudieron con apoyo y ayuda, desde sábanas hasta poemas. “Esta convención (fue) nuestra oportunidad de decir gracias”.
Y, por supuesto, después del desastre en las Torres Gemelas, los neoyorquinos tiene razones de sobra para agradecer al presidente Bush.

Miles de ciudadanos arribaron a las calles de Manhattan para expresar
su descontento al gobierno.
Estados Unidos debe “ejercer su poderío”

El Vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, regresó a las declaraciones simples y audaces, de cómo Estados Unidos debería ejercer su poderío, que a menudo se escuchaban en el primer año después de los atentados del 11 de septiembre, cuando Irak aún no era invadido, cuando todavía no se había demostrado la falsedad de los informes de los servicios de inteligencia, y cuando 17 meses de insurgencia aún no habían hecho surgir el interrogante de si George W. Bush había tomado una dirección equivocada en el combate al terrorismo.

En su lugar, Cheney desechó las complicaciones del año pasado, afinando el argumento central de la campaña republicana: que el país no podía confiar en el senador John Kerry para atacar de manera decisiva en la defensa de intereses estadounidenses.

“El senador Kerry empezó su carrera política diciendo que a él le gustaría ver el destacamento de nuestras tropas ‘sólo ante una directiva de la Organización de las Naciones Unidas’ ”, dijo Cheney.

“Él (Kerry) declaró en la Convención Demócrata que defenderá con la fuerza a Estados Unidos -después de que seamos atacados. Compatriotas míos, nosotros ya fuimos atacados”.

 


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