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ANÁLISIS
Una
convención para Bush
La
Convención del Partido Republicano sobrevivió a las protestas
callejeras de
los neoyorquinos y a las presunciones de bomba en la estación de
trenes de Penn.
Si todo apunta por la misma dirección, no hay un factor determinante
que mueva
las tendencias electorales o ponga en riesgo la reelección del
hombre de la guerra.
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| Una
africana descansa en el puerto de Tarifa luego que las autoridades
interceptaran una “patera” en el estrecho de Gibraltar. |
La plataforma republicana fue simple. Al grano. En un
partido donde gobierna el ala conservadora, no hay espacio para la ambigüedad
política. No a la legalización del aborto, el matrimonio
entre homosexuales y otras formas de reconocimiento legal para las parejas
del mismo sexo.
Y punto. Ah, claro, la guerra contra el terrorismo continuará
a sangre y fuego porque la prevención es la nueva regla del gobierno
de los Estados Unidos.
Pese a la lucha encarnizada que simpatizantes con el ala demócrata
y la candidatura de John Kerry han arreciado, la sonrisa de Bush sigue
brillando en medio de la crisis. Nadie es capaz de mover la balanza
con una certeza que pronostique un cambio en las próximas elecciones
presidenciales estadounidenses.
Nadie ni nada. Ni el documental de Michael Moore, Farenheit 9/11,
ni las protestas de los veteranos de Vietnam que resienten las burlas
de los convencionistas republicanos por cuestionar las medallas del
senador John Kerry, el candidato demócrata.
Los estrategas de campaña del presidente Bush fueron atrevidos
al sembrar la duda sobre las medallas que Kerry obtuvo en Vietnam. Por
el momento, la fórmula (una campaña publicitaria que llevó
a otros veteranos que deslegitiman el valor de Kerry: sólo
fue un rasponcito) ha surtido efecto en la carrera por permanecer
en la Casa Blanca.
Mientras la Convención Republicana elevó el símbolo
de la tragedia del 11 de septiembre y minimizó las protestas
en su contra, el senador Kerry tuvo que resignarse a ofrecer explicaciones.
Y el escenario se adereza entre los veteranos que rezongan por las
exageraciones de Kerry en Vietnam y otros que acusan a los convencionistas
republicanos por mancillar el espíritu del corazón
púrpura (la medalla al valor que concede el ejército
norteamericano).
El viento sigue a favor de Bush y la influencia del poder conservador
ha sido reivindicada esta semana y no hay signos que demuestren un achicamiento
de la estrategia.
Por el contrario, la plataforma elogió la lucha de Bush contra
el terrorismo y llamó a crear cuentas de inversión personal
en seguridad social, como parte de una nueva sociedad de propiedad
que daría a los estadounidenses mayor responsabilidad y control
sobre su vida financiera. ¿Alguien está en contra? Pues,
en medio de la fiesta republicana, nadie alzó una voz en contra.
El documento de 93 páginas, que fue redactado bajo el estricto
control del equipo del Presidente, plantea promover y defender el desempeño
de Bush en cuanto a la seguridad nacional, así como esbozar una
visión nacional para un segundo mandato, y energizar a la base
conservadora.
Al margen de la fiesta pro Bush, la vocera del senador Kerry aseguró
que (la plataforma) refleja la divisibilidad y las políticas
extremas de los pasados cuatro años, mientras que los oradores
públicos pintan un cuadro muy distinto.
el espíritu del 9/11
Cheryl Jacques, presidenta de la Campaña por los Derechos Humanos,
una organización defensora de los homosexuales, declaró
que es una de las plataformas más discriminatorias en la
historia moderna.
Atrás quedaron los carteles que protestan la nominación
de Bush. Basta de sangre por petróleo, Regresen
los soldados a sus casas. Como ecos de cacerolas.
Las encuestas que divulgan las grandes cadenas de televisión
dicen que el presidente sigue con la cabeza erguida, con una ligera
ventaja; pero -exacto- con ventaja.
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| La
visión republicana gira en torno a que la nación no
puede estar segura sin un presidente que esté listo para
la guerra. |
El periódico The New York Times midió
la percepción de los ciudadanos respecto al evento político,
que se realizó poco más de una semana antes del tercer
aniversario de los ataques a las Torres Gemelas y descubrió malestar
entre quienes perdieron un ser querido.
Aquellos con la conexión más personal con el 11
de septiembre son más escépticos sobre la seguridad nacional
y están menos impresionados con los esfuerzos del gobierno antes
y después de los ataques, publicó el rotativo.
A los familiares de las víctimas tampoco les simpatizó
que una convención política tuviera lugar en Nueva York.
Alrededor de la mitad de los encuestados por NYT dijo que los republicanos
deberían haber ido a otra parte y afirmó que el Partido
Republicano había elegido la ciudad para capitalizar el
11 de septiembre y demostrar que (Nueva York) es segura.
Curioso, pero el Partido Demócrata no fue capaz de capitalizar
el movimiento anti Bush que impactó los alrededores del Madison
Square Garden y prefirió desmarcarse de los hechos. No
tenemos conexión con ninguno de los manifestantes, dijo
el presidente del Comité Nacional Demócrata, Terry McAuliffe,
he implorado a todos que se aseguren que los republicanos tengan
una convención pacífica.
Las protestas que invadieron Manhattan acarrearon poco caudal político
a la figura de Kerry. El liderazgo de la protesta estaba profundamente
fracturado y quienes inundaron las calles de Nueva York lo hicieron
sin una coordinación central, absoluta, que se concentró
mucho más en llamar la atención de la prensa, en lugar
de traducir -a mediano plazo- su posición en las urnas.
No en vano el discurso del Vicepresidente, Dick Cheney, machacó
la teoría republicana que valida las invasiones en Afganistán
e Irak: el derecho prioritario a una doctrina posterior a la Guerra
Fría, que redunda en construir una estrategia defensiva
de Estados Unidos ante cualquier tipo de amenaza y le guste o no al
resto del mundo. Estados Unidos debe ser una nación segura para
los Estados Unidos. Este es uno de los ejes de campaña.
En suma, una posición muy inteligente en proporción a
un pueblo norteamericano que teme hasta su sombra, desde que Orson Welles
los exploró con la broma radial La guerra de los mundos
del autor H.G. Welles.
Al margen de los malos pensamientos, si alguien tuvo dudas o reservas
por el escenario de la reunión republicana, debe recordar las
explicaciones del alcalde de la ciudad, Michael R. Bloomberg.
Bloomberg evocó que hace tres años el futuro de
la ciudad seguía siendo un signo de interrogación en muchas
mentes; pero, en las horas de mayor necesidad, tras
los ataques terroristas, los estadounidenses acudieron con apoyo y ayuda,
desde sábanas hasta poemas. Esta convención (fue)
nuestra oportunidad de decir gracias.
Y, por supuesto, después del desastre en las Torres Gemelas,
los neoyorquinos tiene razones de sobra para agradecer al presidente
Bush.
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Miles
de ciudadanos arribaron a las calles de Manhattan para expresar
su descontento al gobierno. |
Estados
Unidos debe ejercer su poderío
El Vicepresidente
estadounidense, Dick Cheney, regresó a las declaraciones
simples y audaces, de cómo Estados Unidos debería
ejercer su poderío, que a menudo se escuchaban en el primer
año después de los atentados del 11 de septiembre,
cuando Irak aún no era invadido, cuando todavía no
se había demostrado la falsedad de los informes de los servicios
de inteligencia, y cuando 17 meses de insurgencia aún no
habían hecho surgir el interrogante de si George W. Bush
había tomado una dirección equivocada en el combate
al terrorismo.
En su lugar, Cheney desechó las complicaciones del año
pasado, afinando el argumento central de la campaña republicana:
que el país no podía confiar en el senador John Kerry
para atacar de manera decisiva en la defensa de intereses estadounidenses.
El senador Kerry empezó su carrera política
diciendo que a él le gustaría ver el destacamento
de nuestras tropas sólo ante una directiva de la Organización
de las Naciones Unidas , dijo Cheney.
Él (Kerry) declaró en la Convención Demócrata
que defenderá con la fuerza a Estados Unidos -después
de que seamos atacados. Compatriotas míos, nosotros ya fuimos
atacados. |
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