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ENTREVISTA
“La
crónica es una marca de época”
El
desconocimiento y consecuente incumplimiento de un proceso
administrativo de control congeló el ingreso mensual de José
Ovidio
. Cada año unos 120 pensionados del Instituto de Previsión
Social de
la Fuerza Armada se enfrentan a una suspensión

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Rossana Reguillo es doctora en Ciencias Sociales y profesora
del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, Guadalajara,
México, pero decidió aventurarse en el largo viaje de
la crónica para tratar de narrar los relatos desde otra perspectiva,
desde otra visión.
Llegó a El Salvador para ofrecer un seminario en la UCA, sobre
“Violencia, periodismo y reflexividad. Las construcción
social del miedo”. En su agenda tan ocupada accedió a hablar
un poco con nosotros a cerca de su otra cara en las ciencias sociales:
la crónica periodística.
Cuéntanos acerca de tus grandes apuestas desde la crónica
Es básicamente incursionar en otras formas de narrativa y del
lenguaje, cuando los materiales que yo iba trabajando en la investigación
quedaban fuera de lo que eran los libros más propiamente académicos.
Es decir, eran difícilmente convertibles al lenguaje formal.
Entonces decidí que tenía que hacer
un esfuerzo de reconversión de la escritura que, sin sacarme
del rigor investigativo, del compromiso que yo siento con el tratar
de comprender lo real, me permitiera comunicarme con la gente del otro
mundo. De tal manera que cada uno de mis trabajos de crónicas
trata de rescatar y de recuperar las charlas populares de los distintos
grupos con los que voy trabajando.
¿Qué vale la pena contar actualmente, qué
vale la pena escribir?
Todo, en eso pienso que en la crónica no hay desperdicios. Que
uno puede hablar desde la cuestión más aparentemente elemental,
convertirla en un relato ejemplar. Creo que vale la pena cronicar lo
cotidiano, porque es ahí donde se producen y se construyen las
grandes representaciones. Si el cronista es capaz de dar esos relatos
cotidianos, le acerca a toda la gente insumos para pensar su propia
realidad. Lo que yo podría señalar sería la necesidad
de contar para tomar posición. Estamos en un momento social muy
complicado en el que la desimplificación con la que vivimos la
vida es muy grande.
¿Qué es la crónica para ti? ¿Por qué
la crónica?
Yo sostengo la hipótesis que hay lenguajes epocables, eso significaría
que cada época se cuenta a sí misma a través de
distintos lenguajes, a través de distintas estéticas y
formas y que así como en América Latina el melodrama como
género fue muy importante en la etapa de arranque de nuestras
modernidades hoy día la crónica cinematográfica,
musical, periodística, etc. se convierte en una marca de época.
Es decir estamos un viviendo un momento en que el relato, la narrativa
es como el lente a través del cual interpretamos lo real. Para
mí, la crónica es un lenguaje a medio camino entre la
descripción, la poesía, la metáfora y el impacto
que te produce la articulación de estos tres elementos.
¿Por eso dices que la crónica es un texto fronterizo?
Un buen cronista es un viajero, un forastero que trae las noticias de
un mundo a otro, a las páginas del periódico, a las pantallas
de cine, a la música. El cronista recurre a la ficción
para volver más potente su relato, pero que tiene un sustrato
de realidad muy importante. Fronterizo también porque transita
múltiples espacios.
¿Crees que hay crisis en las formas del relato en nuestra sociedad?
Las crisis siempre son una oportunidad de reinventar cosas. En buena
medida creo que se han roto muchos mecanismos viejos para la transmisión
de los relatos. Ahora uno escucha la crónica, el relato, el discurso
modelizante a través de los medios de comunicación. Ahí
hay una crisis por la fragmentación, pero esto también
puede significar una nueva posibilidad de que al mismo tiempo ya no
está condensado por un solo grupo esta forma de relato, hay mayor
posibilidad de que se filtren diversidad de visiones que toquen los
sentidos consagrados de la narrativa en el relato.

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| La
abogada considera necesario el cumplimiento de las resoluciones. |
¿Cuáles deberían ser los
códigos de la crónica?
Hay un momento de pre-producción, de producción y de pos-producción.
Cada uno sujeto a su propia lógica. Una buena crónica
en la parte de pre-producción se inserta en la realidad, desde
ahí se empapa, construye, mira, escucha. Llega la producción,
ese es el momento de la elección de la crónica, sin posicionarse
a decir qué vale y qué no. Se requiere un dominio fuerte
del código formal y también requiere lo que llamaría
el trabajo de la imaginación. Y luego viene la pos-producción,
que tiene que ver con cómo se adecua el discurso de la crónica
al medio donde vas a presentarla.
¿Por qué es tan difícil encontrar cronistas?
Por el trabajo que se requiere en la pre-producción. Creo que,
en buena medida, la dificultad está en que tenemos especialistas
en el segundo y tercero de los niveles. Se le forma en ambos niveles,
pero no se le forma como investigador de la realidad. Por ahí
va, y también en que, en buena medida, los medios invierten poco
en los cronistas. Porque quizás no es redituable ya que un cronista
es más exigente con su propio trabajo que un reportero. Pero
creo la tendencia en los grandes medios de comunicación es que
se han dado cuenta de que tener buenos cronistas en la planta de sus
propios medios no sólo es importante, sino altamente redituable.
¿Cuál es el reto de los cronistas?
Primero tiene que ver con la legitimidad de su enunciación, y
con ganarse un lugar en los medios, volverse indispensable. Es decir,
que no haya posibilidad de que un medio se dé el lujo de desestimar
ese tipo de lenguaje, de trabajo, de narrativa. Segundo, que el cronista
tiene que estar cercano a la gente y a través de la crónica
hacerle sentir a la gente que de haber estado ahí hubiera visto
lo mismo que está viendo ahora.
Murió...
¿por la patria?
Antonia forma parte del ejército infantil integrado por miles
de héroes y heroínas de la sobrevivencia, aquellos
para los que cada minuto de estar vivos es casi un milagro. La Tony,
como la conocen sus cuates, tiene 11 años; o sea es de las
veteranas. Ya de plano no se acuerda y una sombra de duda le cruza
por la carita prematuramente envejecida cuando alguien le pregunta
que desde cuando anda en la calle, por no decir vivir, que se oye
feo. Uhh, pos sepa, contesta mientras separa con los ojos brillantes
lo que sirve y lo que no del botín que rescató de
un bote de basura: bien muchos, añade, desde que estaba chiquita.
Y no hay manera de avanzar más….
La Tony tiene su propio ejército formado por el Agustín,
el Fernando, el Juan, el Francisco y el Vicente, cada uno con rango
y nombre de batalla: el Chale, el Chimpas, el Sata, el Gordo, santo
y seña con que el grupo va bautizando a sus nuevos integrantes….
La Tony sabe que la vida en la calle es dura, difícil y que
se necesita algo más que ingenio para sobrevivir. No en balde
su larga experiencia la ha convertido en una especie de generala
de división, no hay nada que no se le consulte, ninguna decisión
se toma sin su consentimiento…
Hoy la generala Tony está de mal humor, le duele el pecho
(por la mojada de antier) y la cabeza. Además en su esquina
se acaba de instalar una nueva franquicia, que opina que no quiere
mocosos revoloteando alrededor de los coches de los clientes.
El pequeño ejercito no se da por vencido, más tardan
en correrlos que ellos en brotar de la nada: “¿ se
lo cuido?”, “¿le limpio el vidrio?”.
Aunque en el fondo la Tony sabe que el invasor los vencerá
(La historia se repite), diseña una estrategia de defensa
final. Con todo y la calentura en el pechito disminuido que no le
impide respirar, gira instrucciones, da órdenes, que el pequeño
ejército acata sin chistar.
Por la noche, toda la defensa parece inútil, su esquina ha
sido tomada…. Con escalofríos, la Tony se envuelve
en un periódico y se deja caer en la banqueta. Una ambulancia
recoge en la mañana, a los pies de un palacio de cristal,
un cuerpo helado que se reporta como “adolescente, femenino,
desconocida”. Ningún libro de texto recogerá
la historia de la Tony y sus cadetes.
(Tomado del Ciudadano N Crónicas
de la Diversidad, de Rossana Reguillo). |
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