4 de julio de 2004


ENTREVISTA

“La crónica es una marca de época”

El desconocimiento y consecuente incumplimiento de un proceso
administrativo de control congeló el ingreso mensual de José Ovidio
. Cada año unos 120 pensionados del Instituto de Previsión Social de
la Fuerza Armada se enfrentan a una suspensión

Teresa Andrade
vertice@elsalvador.com

Rossana Reguillo es doctora en Ciencias Sociales y profesora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, Guadalajara, México, pero decidió aventurarse en el largo viaje de la crónica para tratar de narrar los relatos desde otra perspectiva, desde otra visión.

Llegó a El Salvador para ofrecer un seminario en la UCA, sobre “Violencia, periodismo y reflexividad. Las construcción social del miedo”. En su agenda tan ocupada accedió a hablar un poco con nosotros a cerca de su otra cara en las ciencias sociales: la crónica periodística.

Cuéntanos acerca de tus grandes apuestas desde la crónica

Es básicamente incursionar en otras formas de narrativa y del lenguaje, cuando los materiales que yo iba trabajando en la investigación quedaban fuera de lo que eran los libros más propiamente académicos. Es decir, eran difícilmente convertibles al lenguaje formal.

Entonces decidí que tenía que hacer un esfuerzo de reconversión de la escritura que, sin sacarme del rigor investigativo, del compromiso que yo siento con el tratar de comprender lo real, me permitiera comunicarme con la gente del otro mundo. De tal manera que cada uno de mis trabajos de crónicas trata de rescatar y de recuperar las charlas populares de los distintos grupos con los que voy trabajando.

¿Qué vale la pena contar actualmente, qué vale la pena escribir?
Todo, en eso pienso que en la crónica no hay desperdicios. Que uno puede hablar desde la cuestión más aparentemente elemental, convertirla en un relato ejemplar. Creo que vale la pena cronicar lo cotidiano, porque es ahí donde se producen y se construyen las grandes representaciones. Si el cronista es capaz de dar esos relatos cotidianos, le acerca a toda la gente insumos para pensar su propia realidad. Lo que yo podría señalar sería la necesidad de contar para tomar posición. Estamos en un momento social muy complicado en el que la desimplificación con la que vivimos la vida es muy grande.

¿Qué es la crónica para ti? ¿Por qué la crónica?

Yo sostengo la hipótesis que hay lenguajes epocables, eso significaría que cada época se cuenta a sí misma a través de distintos lenguajes, a través de distintas estéticas y formas y que así como en América Latina el melodrama como género fue muy importante en la etapa de arranque de nuestras modernidades hoy día la crónica cinematográfica, musical, periodística, etc. se convierte en una marca de época. Es decir estamos un viviendo un momento en que el relato, la narrativa es como el lente a través del cual interpretamos lo real. Para mí, la crónica es un lenguaje a medio camino entre la descripción, la poesía, la metáfora y el impacto que te produce la articulación de estos tres elementos.

¿Por eso dices que la crónica es un texto fronterizo?

Un buen cronista es un viajero, un forastero que trae las noticias de un mundo a otro, a las páginas del periódico, a las pantallas de cine, a la música. El cronista recurre a la ficción para volver más potente su relato, pero que tiene un sustrato de realidad muy importante. Fronterizo también porque transita múltiples espacios.

¿Crees que hay crisis en las formas del relato en nuestra sociedad?

Las crisis siempre son una oportunidad de reinventar cosas. En buena medida creo que se han roto muchos mecanismos viejos para la transmisión de los relatos. Ahora uno escucha la crónica, el relato, el discurso modelizante a través de los medios de comunicación. Ahí hay una crisis por la fragmentación, pero esto también puede significar una nueva posibilidad de que al mismo tiempo ya no está condensado por un solo grupo esta forma de relato, hay mayor posibilidad de que se filtren diversidad de visiones que toquen los sentidos consagrados de la narrativa en el relato.

La abogada considera necesario el cumplimiento de las resoluciones.

¿Cuáles deberían ser los códigos de la crónica?
Hay un momento de pre-producción, de producción y de pos-producción. Cada uno sujeto a su propia lógica. Una buena crónica en la parte de pre-producción se inserta en la realidad, desde ahí se empapa, construye, mira, escucha. Llega la producción, ese es el momento de la elección de la crónica, sin posicionarse a decir qué vale y qué no. Se requiere un dominio fuerte del código formal y también requiere lo que llamaría el trabajo de la imaginación. Y luego viene la pos-producción, que tiene que ver con cómo se adecua el discurso de la crónica al medio donde vas a presentarla.

¿Por qué es tan difícil encontrar cronistas?
Por el trabajo que se requiere en la pre-producción. Creo que, en buena medida, la dificultad está en que tenemos especialistas en el segundo y tercero de los niveles. Se le forma en ambos niveles, pero no se le forma como investigador de la realidad. Por ahí va, y también en que, en buena medida, los medios invierten poco en los cronistas. Porque quizás no es redituable ya que un cronista es más exigente con su propio trabajo que un reportero. Pero creo la tendencia en los grandes medios de comunicación es que se han dado cuenta de que tener buenos cronistas en la planta de sus propios medios no sólo es importante, sino altamente redituable.

¿Cuál es el reto de los cronistas?
Primero tiene que ver con la legitimidad de su enunciación, y con ganarse un lugar en los medios, volverse indispensable. Es decir, que no haya posibilidad de que un medio se dé el lujo de desestimar ese tipo de lenguaje, de trabajo, de narrativa. Segundo, que el cronista tiene que estar cercano a la gente y a través de la crónica hacerle sentir a la gente que de haber estado ahí hubiera visto lo mismo que está viendo ahora.

Murió... ¿por la patria?

Antonia forma parte del ejército infantil integrado por miles de héroes y heroínas de la sobrevivencia, aquellos para los que cada minuto de estar vivos es casi un milagro. La Tony, como la conocen sus cuates, tiene 11 años; o sea es de las veteranas. Ya de plano no se acuerda y una sombra de duda le cruza por la carita prematuramente envejecida cuando alguien le pregunta que desde cuando anda en la calle, por no decir vivir, que se oye feo. Uhh, pos sepa, contesta mientras separa con los ojos brillantes lo que sirve y lo que no del botín que rescató de un bote de basura: bien muchos, añade, desde que estaba chiquita. Y no hay manera de avanzar más….
La Tony tiene su propio ejército formado por el Agustín, el Fernando, el Juan, el Francisco y el Vicente, cada uno con rango y nombre de batalla: el Chale, el Chimpas, el Sata, el Gordo, santo y seña con que el grupo va bautizando a sus nuevos integrantes….
La Tony sabe que la vida en la calle es dura, difícil y que se necesita algo más que ingenio para sobrevivir. No en balde su larga experiencia la ha convertido en una especie de generala de división, no hay nada que no se le consulte, ninguna decisión se toma sin su consentimiento… 
Hoy la generala Tony está de mal humor, le duele el pecho (por la mojada de antier) y la cabeza. Además en su esquina se acaba de instalar una nueva franquicia, que opina que no quiere mocosos revoloteando alrededor de los coches de los clientes.
El pequeño ejercito no se da por vencido, más tardan en correrlos que ellos en brotar de la nada: “¿ se lo cuido?”, “¿le limpio el vidrio?”.
Aunque en el fondo la Tony sabe que el invasor los vencerá (La historia se repite), diseña una estrategia de defensa final. Con todo y la calentura en el pechito disminuido que no le impide respirar, gira instrucciones, da órdenes, que el pequeño ejército acata sin chistar.
Por la noche, toda la defensa parece inútil, su esquina ha sido tomada…. Con escalofríos, la Tony se envuelve en un periódico y se deja caer en la banqueta. Una ambulancia recoge en la mañana, a los pies de un palacio de cristal, un cuerpo helado que se reporta como “adolescente, femenino, desconocida”. Ningún libro de texto recogerá la historia de la Tony y sus cadetes.
(Tomado del Ciudadano N Crónicas
de la Diversidad, de Rossana Reguillo).

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