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LA
ARISTA AFILADA
El
Salvador: ¿por qué ganó la derecha?
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En la medida en que se acercaban las elecciones iba
en aumento el apoyo a Tony Saca, el joven candidato de ARENA, el partido
de la derecha salvadoreña. Cuando fue nominado, hace unos meses,
aparecía 17 puntos por debajo del candidato de los comunistas.
Finalmente, en las elecciones del 21 de marzo, obtuvo un 57% de los
votos. El FMLN de Shafik Handal, el representante de los comunistas,
sólo alcanzó un 35.
Este es el cuarto triunfo consecutivo de ARENA y el más contundente
de todos. ¿Por qué? Sin duda, porque la izquierda llevaba
a un candidato impresentable. Handal es un viejo e irredento estalinista,
que jamás ha pedido perdón por los crímenes cometidos
durante la época de la lucha guerrillera, muy ufano de sus magníficas
relaciones con Fidel Castro y Hugo Chávez.
Los salvadoreños, con bastante buen juicio, advirtieron que una
victoria de semejante reliquia de la Guerra Fría llevaría
al país al abismo y los enfrentaría inútilmente
con Estados Unidos, de manera que decidieron sepultarlo en una urna,
como quien encierra un genio maligno en una botella.
Pero, además de un voto de castigo contra Handal, había
razones muy sólidas para premiar la labor de los tres gobiernos
anteriores de ARENA. El Salvador es uno de los países de América
Latina que más exitosamente se ha enfrentado a la miseria en
los últimos quince años. De acuerdo con las mediciones
de la ONU, en 1991 el 59,7 % de la población era pobre. En el
2002 había bajado al 33.
En ese mismo periodo, la tasa de mortalidad infantil se redujo del 45
por mil a 27; el analfabetismo de 23 % a 14; la tasa de interés
de 25% al 6,7; la inflación del 19,9 % al 2,8; el desempleo del
8,7 al 6,7. En cada día de los cinco años de actividad
frenética de Francisco Flores, el presidente saliente, se construyeron
106 viviendas populares, 3 escuelas, 1 kilómetro de carretera
y una unidad de salud, mientras el país se enfrentaba a devastadores
terremotos e inundaciones. En 20 años -me dijo el Ministro
de Hacienda Juan José Daboud-
El Salvador pondrá un pie en el primer mundo, como hizo España,
como lo está haciendo Chile. ¿Cómo sorprenderse,
pues, de que ARENA arrasara, muy especialmente en las zonas pobres y
campesinas del país, pero también en la capital, que hasta
estas elecciones había sido un feudo del FMLN?
La pregunta que hoy todos se hacen es muy simple: ¿hasta cuándo
la derecha salvadoreña va a seguir ganando elecciones? Y la respuesta
es también sencilla: mientras gobierne bien, mantenga el mismo
rumbo económico, presente candidatos atractivos y, sobre todo,
tenga enfrente a una izquierda paleolítica escapada del comunismo
jurásico.
Sin embargo, lo ideal no es que ARENA gobierne permanentemente, sino
que los electores puedan elegir entre opciones democráticas diferentes
que no pongan en peligro un modelo político y económico
evidentemente exitoso. Es indispensable, pues, que esa izquierda antigua
y rencorosa, hoy congregada en torno a Handal, asuma posturas semejantes
a las del Partido Socialista de Chile para que algún día
pueda alcanzar el poder sin provocar una catástrofe.
Tareas pendientes
Es verdad que en El Salvador esa posición razonable la defendía
el médico Héctor Silva y fue abrumadoramente rechazado
-un ex dirigente de la lucha guerrillera que ha evolucionado hacia el
sentido común y la sensatez, pero sólo obtuvo un 4% de
los votos-, mas la responsabilidad del descalabro de la izquierda no
es de él, sino de la dirigencia tradicional de ese sector, encabezada
por Handal, empeñada en aplastar la corriente socialdemócrata
e incapaz de guiar a sus simpatizantes hacia la realidad política
y económica del siglo XXI.
En todo caso, los resultados electorales de El Salvador han sido una
bendición para Centroamérica. La zona se prepara para
una futura integración económica y comercial con México,
Estados Unidos y Canadá, y la llegada al poder de una persona
como Handal hubiera destruido esas magníficas oportunidades de
acelerar el desarrollo de la región, desempolvando la vieja dialéctica
de la lucha entre el norte y el sur, y la desacreditada teoría
de la dependencia, el antiimperialismo y el resto de los pavorosos errores
acumulados por la izquierda durante un siglo de cavilaciones empedernidamente
disparatadas.
La asignatura pendiente es ahora Nicaragua, donde las divisiones y las
rencillas entre los demócratas abren una brecha por la que pudieran
regresar al poder Daniel Ortega y los sandinistas, otros fósiles
vivientes semejantes a Handal, pero con una historia aún más
truculenta y lamentable. Afortunadamente, dentro del caótico
Partido Liberal Constitucionalista -pese a todo la primera fuerza política
del país- van emergiendo líderes nuevos sin vínculos
con la corrupción, como el prestigioso periodista Pedro Joaquín
Chamorro, a quien todas las encuestas señalan como el próximo
alcalde de Managua. Es probable, pues, que el resultado de las elecciones
de El Salvador influya muy positivamente en Nicaragua. Sería
como haber matado dos pájaros con el mismo disparo.
©FIRMAS PRESS]
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