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CRONICA
La
verdad al banquillo
A
un lado está el testimonio de Suyapa. En el otro extremo, el Estado
salvadoreño. El punto de reunión es la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) con sede en Costa Rica. El caso en discusión
tiene un punto de partida: los recuerdos de una mujer que, cuando adolescente,
perdió a dos hermanas hace 22 años durante la guerra. Para
el Estado salvadoreño todo lo que ella sostiene es mentira.
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| Suyapa Serranoregresa
al lugar donde creció a confrontar sus recuerdos y la desaparición
de su familia |
Los recuerdos de ella son falsos o verdaderos, según
el ojo con el que se mire. Pero, a juicio de Suyapa Serrano, todo lo
tiene claro. El día que volvió a la parcela de la que
huyó -años atrás- fue encontrando pedazos de su
memoria. Suyapa parece una niña. Hace una retahíla
de años no visita el caserío donde creció
y la emoción la hace dar palpar con sus manos cada pedazo de
tierra, piedra y árbol y mirarlos cómo quien mira el mar
por primera vez. ¿Está mintiendo? Para el Estado, definitivamente;
ella miente. Y bajo ese argumento busca inclinar la balanza en la CIDH.
Aquí estaba la cocina, aquí dormíamos
dice, tocando el aire que ocupa el espacio donde hubo una pared. Este
mango lo sembró mi papá, ¡Híjole, muchá!
¡Cómo está de grande!, le comenta a su amiga
Guadalupe y a Roque, otrora vecino de infancia y ahora el único
inquilino de una tierra que albergó a una familia de 8 miembros.
De la casa que ella describe, con piso de tierra, donde Dionisio Serrano
y María Victoria Cruz Franco (padre y madre, respectivamente),
cobijaron a su prole, no queda más rastro que piedras, ramas
y hojas secas.
Mi mamá estaba en la cocina y yo aquí afuera, cuando
por acá vinieron los soldados, dice Suyapa señalando
a su derecha. Los militares, según recuerda, la capturaron con
un solo argumento: Estás bonita, cipota. Si ya fuiste mujer
de guerrillero, ahora vas a ser mujer de soldado, recuerda haber
escuchado. Tras abusar de ella, el mismo que profirió la sentencia
se corrigió: Ahora sabemos que no habías sido mujer
de nadie...
La demanda contra el Estado salvadoreño busca que éste
realice una investigación a fondo para esclarecer la desaparición
de las hermanas Serrano, el caso que fue llevado al tribunal interamericano
a iniciativa del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL)
y la Asociación Pro-Búsqueda.
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| Suyapa Serranoregresa
al lugar donde creció a confrontar sus recuerdos y la desaparición
de su familia |
El proceso inició el 18 de junio de 2003 y busca
dar con el paradero de Ernestina y Erlinda Serrano, quienes, según
los demandantes, son parte de los niños perdidos durante una
ofensiva que ejecutó el batallón Atlacatl, en el norte
de Chalatenango, contra la guerrilla.
La parte acusadora sostiene que las niñas no son una invención
de Suyapa, sino que existieron y son protagonistas anónimas del
operativo que también fue conocido como la guinda de mayo.
La defensa argumenta, que además de ser una suerte de fantasía,
el caso de las menores no le compete a la instancia porque El Salvador
ratificó la Convención Interamericana de Derechos Humanos
a inicios de la década de los 90, años después
de que las niñas Serrano desaparecieron.
Proceso abierto
El caso contra el Estado salvadoreño no gira en torno a la desaparición
de estas menores, sino que apunta contra el comportamiento de las autoridades
y los funcionarios locales, que según los demandantes, no dieron
seguimiento al caso. Por eso esperan que, de emitir un fallo condenatorio,
el Estado se vea obligado a investigar por todos los medios el paradero
de Ernestina y Erlinda.
Sin embargo, en el supuesto de que la CIDH condene a El Salvador, el
Estado podía pedir a la Corte una explicación sobre los
alcances de su resolución, explicó el abogado Astor
Escalante.
Como gobierno estamos dispuestos a respetar lo que dispongan los
tribunales legalmente constituidos; somos respetuosos de las sentencias
judiciales, afirmó. Sin embargo, Escalante señaló
que a veces no todo lo que pueda presentarse a demanda es cierto.
No digo que este caso; pero, a veces, se manipula la información,
aclaró.
Para el jurista Henry Campos, el que este caso haya pasado a la Corte
significa que se le está reclamado al país por no haberse
ajustado a la Declaración Iberoamericana de Derechos Humanos
y, si los demandantes ganan, el respeto del El Salvador a la resolución
podría influir no sólo en el movimiento de capitales,
sino también en movimientos políticos a nivel internacional,
máximo cuando estamos pidiendo ser miembro del Consejo
de Seguridad, afirma Campos.
Otro punto que el Estado no debe perder de vista es que el caso de las
hermanas Serrano es solo uno de casi una veintena de otras demandas
que se han presentado en su contra ante la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos. Dichas instituciones aseguran haber agotado todas
las instancias a nivel nacional antes de llevar los casos a instancias
internacionales.
En el sistema interamericano, para que un caso pase a una instancia
como la Comisión Interamericana de Derechos Humanas a la Corte,
la parte acusada debe haberse negado a llegar a una solución
amistosa con la parte acusadora. Cuando esa posibilidad se agota, y
si los expertos de la CIDH estiman que hay elementos suficientes, el
caso pasa a ser del conocimiento del pleno.
La CIDH ya ha dirimido temas complejos contra diversos Estados. Honduras
fue el primero en ser condenado, Nicaragua tuvo lo suyo con un caso
ocurrido durante el régimen sandinista, y Guatemala ha merecido
su más reciente condena por el asesinato de niños de la
calle a manos de sicarios miembros de los cuerpos de seguridad. En Suramérica,
los gobiernos Fujimori y Hugo Chávez también han sido
condenados.
La resolución probablemente será emitida a finales de
este año y, si la delegación oficial pierde, implica que
nuestro país entre a la lista de sancionados por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. El Salvador es el único país centroamericano
que todavía conserva una posición prestigiosa.
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Una lluvia de recuerdos
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El Estado salvadoreño
tuvo que comparecer ante la Corte Interamericana de Justicia los
pasados 8 y 9 de septiembre. Ahora está a la espera del veredicto
por este caso.
En junio de 1982 la Fuerza Armada inició un operativo con
el objetivo de eliminar los asentamientos guerrilleros al norte
de Chalatenango. En el caserío Santanita, de San Antonio
de la Cruz, Dionisio Cruz (Nicho), padre de los Serrano Cruz, escuchó
los rumores de que pronto aparecería el ejército.
Días antes, un vecino había sido asesinado frente
a su casa, y el temor por su vida y la de los suyos le hizo tomar
una decisión: dejarlo todo y huir hasta que el operativo
terminara o encontrar un lugar más seguro.
De acuerdo al testimonio de Suyapa, a los tres días de haber
caminado entre montes y quebradas, la familia se dividió.
María Victoria, Fernando y Rosa se adelantaron. Dionisio,
Suyapa, que ya tenía un bebé de once meses, junto
a Erlinda, Ernestina y Enrique perdieron el paso y quedaron rezagados.
Los niños tenían sed y al no encontrar agua en una
quebrada, su padre decidió ir a buscarla quebrada abajo junto
a Enrique.
Suyapa dice que escuchó disparos y temerosa de que si su
hijo lloraba, la encontrarían y matarían por ser adulta,
escondió a sus hermanas y se separó de ellas. Al rato
de dejarlas, Suyapa dice haber escuchado voces y visto a dos soldados
acercarse al escondite de sus hermanas. Asegura que los vio discutir
sobre si llevárselas o no y que luego de no oírlos
hablar más, al anochecer, se acercó a donde las había
dejado pero ya no estaban... Cuando su padre y su hermano regresaron,
la búsqueda fue en vano. Más tarde una vecina aseguró
haber visto a las niñas bajar de un helicóptero militar
en La Sierpe, ciudad de Chalatenango, y luego subir a una ambulancia
de la Cruz Roja. La guerra continuó y la familia Serrano
Cruz permaneció en Honduras.
Fernando, que perdió la vista en la guerra, piensa que ahora
deben ser mujeres, pero igual queremos saber qué fue de ellas
porque lo prometieron a su madre, en el lecho de su muerte. |
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