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LA
COLUMNA
Una
cuestión de imagen
El suceso más esperado de los políticos
estadounidenses -que aguardan por el momento del relevo con John Kerry
o por el instante de la revalidación en la silla presidencial
con George W.
Bush- nos corrobora que, tras todo este juego de tramoyas y bambalinas,
está el poder de la televisión. Y no hablo de la prensa
propiamente dicha; hablo de esa influencia imbatible que tienen los
duelos oratorios televisados desde 1960 cuando el candidato demócrata
John F. Kennedy, y su rival republicano, Richard Nixon, aceptaron debatir
frente a las cámaras. Algunos recuerdan aquel desenlace y otros
lo leímos.
Pero la relación entre la televisión y un fulano es un
tema aparte; de hecho, en política, es un universo propio donde
un rostro telegénico puede ganar votos con discursos huecos y
una propuesta honesta puede caer en el basurero del olvido.
La televisión tiene un poder que -una y otra vez- quiebra la
cabeza de los analistas del mercado político porque, en tiempos
de campaña, no tienen mejor alternativa que el descubrimiento
de una fórmula que arrase. Y ese hallazgo nunca es único.
Por ejemplo, lo que pasó con Al Gore hace cuatro años
es, justamente, cosa del pasado. John Kerry tiene su propio terreno.
Así lo aseguró Tobe Berkovitz, rector asistente del departamento
de comunicaciones de la Universidad de Boston, quien ha estudiado el
estilo de Kerry -al menos- durante ocho debates. Es un hombre
con una excelente confianza en sí mismo, con un dominio inusual
de los hechos, analiza Berkovitz, pero con un flanco débil:
La televisión lo convierte en una caricatura de sí
mismo, frío y patricio.
Sin embargo, Kerry -que se ubicó como ganador de la discusión-
no logró encabezar las preferencias electorales. Es increíble,
pero el presidente Bush ha logrado distanciarse de los abusos en las
prisiones de Irak, el desastre a nivel de seguridad interna durante
el 11 de septiembre y la deflación económica. Y así,
todos los que pueden, muestran sus simpatías sin desenfado; desde
gobiernos amigos -como el salvadoreño que vibra al oir la palabra
Bush- hasta simples militantes que tamborilean los dedos mientras Irak
sigue bajo fuego.
A nivel local, la televisión también fue aleccionadora
al ver el papel de los analistas locales. Desde la noche del jueves,
está claro que no es saludable anteponer el corazoncito republicano,
como si la elección en EE.UU. fuera algo tan predecible como
el conflicto entre rojos y nacionalistas guanacos. No, el desenlace
de todo será en noviembre. Ni antes ni después. Bueno,
habrá que esperar si no hay nuevas demoras en Miami.
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