Del 3 al 10 de octubre de 2004



LA COLUMNA

Eric L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Una cuestión de imagen

El suceso más esperado de los políticos estadounidenses -que aguardan por el momento del relevo con John Kerry o por el instante de la revalidación en la silla presidencial con George W.

Bush- nos corrobora que, tras todo este juego de tramoyas y bambalinas, está el poder de la televisión. Y no hablo de la prensa propiamente dicha; hablo de esa influencia imbatible que tienen los duelos oratorios televisados desde 1960 cuando el candidato demócrata John F. Kennedy, y su rival republicano, Richard Nixon, aceptaron debatir frente a las cámaras. Algunos recuerdan aquel desenlace y otros lo leímos.

Pero la relación entre la televisión y un fulano es un tema aparte; de hecho, en política, es un universo propio donde un rostro telegénico puede ganar votos con discursos huecos y una propuesta honesta puede caer en el basurero del olvido.

La televisión tiene un poder que -una y otra vez- quiebra la cabeza de los analistas del mercado político porque, en tiempos de campaña, no tienen mejor alternativa que el descubrimiento de una fórmula que arrase. Y ese hallazgo nunca es único. Por ejemplo, lo que pasó con Al Gore hace cuatro años es, justamente, cosa del pasado. John Kerry tiene su propio terreno.

Así lo aseguró Tobe Berkovitz, rector asistente del departamento de comunicaciones de la Universidad de Boston, quien ha estudiado el estilo de Kerry -al menos- durante ocho debates. “Es un hombre con una excelente confianza en sí mismo, con un dominio inusual de los hechos”, analiza Berkovitz, pero con un flanco débil: La televisión “lo convierte en una caricatura de sí mismo, frío y patricio”.

Sin embargo, Kerry -que se ubicó como ganador de la discusión- no logró encabezar las preferencias electorales. Es increíble, pero el presidente Bush ha logrado distanciarse de los abusos en las prisiones de Irak, el desastre a nivel de seguridad interna durante el 11 de septiembre y la deflación económica. Y así, todos los que pueden, muestran sus simpatías sin desenfado; desde gobiernos amigos -como el salvadoreño que vibra al oir la palabra Bush- hasta simples militantes que tamborilean los dedos mientras Irak sigue bajo fuego.

A nivel local, la televisión también fue aleccionadora al ver el papel de los analistas locales. Desde la noche del jueves, está claro que no es saludable anteponer el corazoncito republicano, como si la elección en EE.UU. fuera algo tan predecible como el conflicto entre rojos y nacionalistas guanacos. No, el desenlace de todo será en noviembre. Ni antes ni después. Bueno, habrá que esperar si no hay nuevas demoras en Miami.


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