 |  |
OPINIÓN
La
invención de la nación
 |
Indigene Kulture und nationales Trauma (intitulado en
español El Salvador, modelo por armar) del escritor salvadoreño
David Hernández desarrolla por primera vez una historia analítica
de la literatura salvadoreña tomando como punto de partida la
insurrección de la etnia pipil de los Izalcos en 1932, que constituyó
un trauma nacional desde dos puntos de vista. En primer lugar la dictadura
militar del general Maximiliano Hernández Martínez arrojó
con esta masacre al ostracismo a las culturas indígenas del país,
pues toda referencia a lo indio se asoció desde entonces
a la barbarie comunista del 32.
La desigual distribución de la tierra, que junto con el crash
de la bolsa de Nueva York en 1929 lanzó por los suelos los precios
del café en el mercado internacional, están en el origen
de la insurrección de 1932, sobre todo en la región de
los Izalcos (Nahuizalco, Sonsonate, Juayúa, Tacuba, Izalco, Santo
Domingo de Guzmán, Sonzacate, Ahuachapán), donde las comunidades
indígenas habían sido privadas en 1881 de sus tierras
comunales y ejidos y se habían convertido de la noche a la mañana
en jornaleros de los cafetaleros que habían comprado a precios
mínimos las tierras comunales. De esta fecha datan epítetos
como las catorce familias o los barones del café
en referencia al grupo que dominó por completo la vida social,
económica y política del país desde la mitad del
siglo XIX y todo el siglo XX.
Cuestión de identidad
Por otro lado, en las discusiones científicas sobre las literaturas
extraeuropeas desde hace más de una década, juega un papel
importante la pregunta sobre el significado del proceso de la formación
de la nación. Un gran impulso a esta discusión lo dieron
las tesis de Benedict Anderson explayadas en su estudio Imagined
Communities en el que desde un análisis comparatístico
demuestra que los procesos de homogenización y de la abstracción
del tiempo y el espacio son premisas fundamentales para la construcción
de una identidad nacional. Es decir que un espacio vacío puede
ser llenado, en última instancia, por la invención de
la historia narrada de lo nacional. En otro contexto hay que resaltar
las discusiones sicoanalíticas que han llevado a reflexionar
sobre la importancia que juega la violencia en los procesos históricos,
sobre todo en lo referente a los traumas colectivos.
Este punto de discusión reviste especial importancia para los
países latinoamericanos, cuando se trata de responder a la pregunta
de la heterogenización cultural, sobre todo en Centro y Sur América,
que tienen un alto porcentaje de población indígena. Es
por ello que la respuesta positivista de principios del siglo XX al
proceso de mestizaje, no pudo ser resuelta satisfactoriamente en la
mayoría de países latinoamericanos. Incluso la estela
de la revolución mexicana dejo sin resolver esta pregunta (los
latinoamericanos somos mestizos, católicos e hispanohablantes),
como lo demuestran los sucesos de Chiapas de los últimos años.
Es evidente que a lo largo y ancho de toda Latinoamérica a partir
de los años veinte se publican trabajos teoréticos que
articulan el mestizaje en cada país (Radiografía
de la Pampa de Ezequiel Martínez Estrada, Siete ensayos
de interpretación de la realidad peruana de J.Carlos Mariátegui,
Guatemala, las líneas de su mano de Luis Cardoza
y Aragón, El laberinto de la soledad de Octavio Paz,
La expresión americana de Lezama Lima, El nicaragüense
de Pablo Antonio Cuadra, La invención de la América
Mestiza de Arturo Uslar-Pietri, entre otras) y que responden a
la necesidad de crear un discurso occidental que ponga en pie de igualdad
las nuevas burguesías gobernantes en el continente con el mundo
occidental, tal y como lo propugna Irlemar Cortés Chiampi en
su trabajo El discurso americanista de los años veinte
(Revista ECO, No.203, Colombia, 1987).
Nueva sociedad
El estudio de David Hernández hace referencia en lo literario
a dos islas en ese momento histórico, Alberto Masferrer y Salarrué,
que trataron de articular una expresión de lo nacional, pero
que fueron asfixiados por la mediocridad y la falta de un espacio cultural
adecuado. Por ello Hernández propone una Invention of Tradition
a la luz de investigaciones como la de Anderson, al encarar el trauma
de 1932 con obras como Cenizas de Izalco, novela de Claribel
Alegría y Darwin J. Flakoll, El Salvador, monografía
política de Roque Dalton o Tierra azul donde el venado
cruza, selección de poemas de Oswaldo Escobar Velado que
él ubica como articulaciones del mestizaje salvadoreño.
Un análisis de la novela de Manlio Argueta Siglo de O(g)ro
donde se mezclan tradiciones indígenas precolombinas con la vida
moderna del protagonista principal cierra el libro. Especial atención
merecen las referencias al aporte del geógrafo alemán
Leonhard Schultze Jena, quien en 1930 visitó por tres meses la
región de los Izalcos y convivió con ellos, tomando notas
de sus mitos, idioma y tradiciones. Su libro Mitos en el idioma
natal de los pipiles de Izalco en El Salvador publicado en alemán
y nahuat junto con la primera gramática y vocabulario de éste
idioma en Jena en 1935, es para Hernández un valioso referente
cultural que rescató en 1930 gran parte de las tradiciones orales
y el lenguaje de los pipiles de la región de los Izalcos.
La tesis doctoral de David Hernández publicada en Berlín
por la editorial Wissenschaftliches Verlag propone una invención
de lo nacional para abordar el futuro inmediato y mediato de una nueva
sociedad salvadoreña, donde la democracia y el respeto a la civilización
condicionen las nuevas formas de la cultura y la literatura.
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |