2 de mayo de 2004


PRENSA VULNERABLE

Armados con un lapicero

Los reporteros que salen a la calle en busca de la mejor fotografía, una
declaración o una secuencia digna de salir en la televisión tienen una nueva regla:
“cúbranse como puedan”. La prensa es un objetivo a eliminar.
Y quienes arremeten contra los reporteros pueden ser desde sindicalistas, carteristas,
hasta vendedores callejeros. ¡Sálvese quien pueda!

Erick L. Lemus/Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com


La cobertura de huelgas y manifestaciones callejeras
en San Salvador toma nuevos matices en perjuicio de
la integridad de los periodistas y fotoreporteros

San Salvador despertó del sopor de una tarde cualquiera, rutinaria, para sumergirse en un día inundado por piedras, en el propio corazón capitalino.
El panorama no es alentador desde el momento en que Ricardo Monge es sometido por la Policía y una acompañante vomita los efectos del gas pimienta que le han echado en el rostro. Monge es el líder del sindicato del Seguro Social que lidera la última ocupación de la Catedral Metropolitana; un grupo de jóvenes con pasamontañas ha cerrado los portones de la iglesia desde temprano en la mañana y a esa hora controlan todo el panorama desde los campanarios.

El calor del mediodía achicharra a todos y el día avanza pegajoso, con policías en las calles y la gente que va de un lado a otro sin reparar en la última protesta. Los salvadoreños están acostumbrados.

Pero cuando el reloj marca poco más de las cuatro y diez minutos de la tarde unos disparos de salvas y el humo de los gases lacrimógenos alcanza la zona de la Avenida
España y es la señal para el inicio de la acción. Frente al Palacio Nacional, al contrario de la prensa que corre de un lado a otro en busca de una imagen, una muchedumbre de capitalinos luce estacionada sobre las gradas del edificio histórico (como quien espera un espectáculo) y observa el intento de escape de dos periodistas de televisión, la inevitable vapuleada y el momento en que la turba vuelca el auto modelo pick up para meterle ¡candela!

El inicio de la Avenida Cuscatlán arde y la Policía opta por desalojar a los mirones, los transeúntes, los indigentes y todo ese complejo universo antropológico y social que llega todas las tardes a la Plaza Cívica a purgar los miedos y a llorar la vergüenza del desempleo. Ellos protagonizan otro tipo de protesta; menos violenta, claro.
Una anciana se resiste a abandonar la banca donde descansa todas las tardes y -de repente- un indigente abre todas las rejas de acceso a la Plaza Barrios antes la resistencia de la Policía. “¡Déjenme! ¡Fuera de aquí! ¡Fuera! ¡Es mi parque!”.

Ataques a la prensa

El altoparlante vuelve a chillar y la voz dice “¡las calles son del pueblo! Policía… rebélate y no castigues al pueblo”.
El carro de la televisora arde. Los periodistas han sido evacuados y otros huyen en carrera limpia hasta el Bulevar Venezuela porque tras ellos va una muchedumbre que quiere castigarlos porque se atrevieron a fotografiar la secuencia del fuego.

Así, Arturo aguanta un bastonazo por acá; Franklin, un empujón más allá, y David termina levantando las manos con el único instrumento que puede utilizar para defenderse: el lapicero.

No tan lejos de ahí, una cuadra a la redonda, el asfalto comienza a tapizarse con trozos de cemento que han sido desmenuzados —unos metros atrás— por un grupo de jóvenes que ha tomado la zona de la Plaza Hula Hula. No hay ambulancia que valga ante una lluvia de piedras y botellas cuando intenta entrar —en sentido contrario— sobre la Calle Rubén Darío para evacuar a los empleados de los establecimientos anexos.

Los periodistas siguen siendo conminados. Por un lado, las piedras y por otro el efecto del gas pimienta que quema las fosas nasales y reseca la garganta de quien no pudo huir en el tiempo esperado.

¿Por qué la prensa es el nuevo blanco móvil de los desórdenes callejeros? Lo que vimos esta semana no sólo fue a un grupo de sindicalistas; también el paisaje incluyó a todo anárquico que tiene deudas con el papel de la prensa. En la calle, bajo esta nueva perspectiva, los periodistas representan la línea editorial de los medios para los que trabajan y, por lo tanto, hay que castigarlos.

Desde lo alto de una de las torres del templo católico, una voz llama a defender la libertad porque un grupo de trabajadores del Seguro Social ha sido despedido.

De repente, la tarde empieza a caer inexorablemente y la muchedumbre organiza piras en los cuatro puntos cardinales de la ciudad. La gente que camina hacia su casa toma cartones, trozos de madera y apoya a los activistas que incendian las calles. Un microbús de la ruta 42B lleva la peor parte y no logra sobrevivir a la emboscada. En pocos minutos, las llamas consumen el chasis y las llantas.

¿quien dijo respeto?


Los periodistas son sospechosos de todo y no merecen el respeto ni de los huelepegas y transeúntes.
Los rótulos publicitarios a ambos lados de la calle pasan sin que quede tiempo siquiera de ser leídos, igual que cuando se viaja en un microbús de la 42B, de la misma ruta que incendiaron “porque en la campaña llevaba la bandera de ARENA”.

La noche ha caído. La luna en menguante vigila la catedral, la ciudad y los policías que desalojan a todos los curiosos. Y las escaramuzas seguían y es cuando un grupo de periodistas cae en la cuenta que no es fácil salir de la zona de riesgo. ¿Cómo hacerlo? ¿Con el carné? Por lo general, te salva de tantos peligros; pero, ahora, precisamente es eso, una señal de peligro. Alrededor de las piras, un sujeto celebra: “Este día es de fiesta”.
“¡Si esto solo son vejigas! ¡Esto empieza!”, responde otro que va de paso.

Agresiones recientes
Un breve vistazo al pasado nos recuerda que los periodistas se han
convertido en blanco de ataques en expresiones de protesta.

En la tarde
El fotoperiodista Alcir Zavala de Diario El Mundo huye de una turba que lo persigue porque fotografió el incendio de un carro de televisión.

Al caer la noche
El fotógrafo Salomón Vásquez de La Prensa Gráfica es evacuado por socorristas luego que una piedra lo alcanzara en la cabeza.

1 de mayo de 2002
Periodistas de Teledos son agredidos y un camarógrafo de la cadena Telemundo es intimidado durante una marcha del Día del Trabajo.

27 de nov. de 2002
Un fotoperiodista de El Diario de Hoy y uno de la agencia AP resultaron heridos durante una marcha de sindicalistas del Seguro Social.

8 de enero de 2003
Periodistas de distintos medios locales son atacados y sus equipos de trabajo dañados por activistas que apoyaban la huelga del STISS.



PRENSA VULNERABLE

El templo cautivo

Las demandas sociales siempre han tenido este escenario común. En tiempos
de guerra como de paz, la catedral metropolitana sigue siendo la tarima desde
donde se hacen públicas las más variadas exigencias; pero con el mismo método.

vertice@elsalvador.com

27 de abril de 2003
La imagen más reciente del conflicto entre la policía y manifestantes que se vivió en los alrededores de la catedral metropolitana.

Las manifestaciones más violentas o pacíficas se han desarrollado con mayor frecuencia ante la principal catedral del país, un edificio con fachada de vívidos colores y asentado en pleno corazón capitalino.

Los pasados hechos violentos del 27 de abril, que dejaron más al descubierto la vulnerabilidad de la prensa, también tuvieron en ella a un silencioso testigo.

Desde los convulsos años ochenta a los tiempos de la paz, su entorno y sobre todo su interior ha sido símbolo de la expresión o demandas de distintos sectores sociales con tendencia de izquierda.

Abrigarse en su interior para rezar, escuchar misa o simplemente reflexionar en medio del silencio peculiar de los templos católicos, se ha visto alterado -más de una vez- en los últimos treinta años.

La misma declaración de ser “la voz de los sin voz” por parte del asesinado arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero, en los años más álgidos de la pasada guerra, parecieran marcar esa especie de ocupación del templo cada vez que se quiere atraer la atención del gobierno a toda costa.

Política y fe

Ocupar el principal templo de la Iglesia Católica se ha convertido en una estrategia que no ha perdido actualidad. Antes y durante el conflicto armado, entre 1975 y 1987, el lugar fue ocupado unas 40 veces. A poco más de diez años de la firma de la paz, los asaltos al templo católico no cesan.

A través de esta especie de tarima política han desfilado numerosas agrupaciones, como el caso de los sindicalistas del Ministerio de Obras Públicas, en enero de 1996; o de un grupo de ex patrulleros, que el 7 de octubre de 1998, exigían una “justa indemnización por los servicios prestados”. El 9 de enero de 2003, miembros del grupo universitario BRES, con sus rostros cubiertos, proclamaron un rechazo a la privatización y el Tratado de Libre Comercio.

En años más recientes, entre 2003 y 2004, el edificio ha sido ocupado en cuatro ocasiones; la última de ellas la encabezó esta semana un grupo de manifestantes en apoyo a las demandas del STISSS para que se restituya a trabajadores despedidos por las autoridades del Seguro Social.

Cada vez que ocurre una de estas ocupaciones, se ha hablado de la profanación de un lugar sagrado para el catolicismo. Incluso, existe un decreto que determina excomunión para los que realizan este tipo de acciones en los templos católicos. La medida aún no ha sido aplicada.

Las autoridades eclesiásticas se han limitado a exigir respeto a quienes se toman catedral. Esta última vez se pidió incluso que no se alteraran los decorados del edificio.

Después de cada ocupación, catedral queda contando, a través de sus manchadas paredes, una profanación más. Esta vez, al parecer, el edificio fue respetado.

Las tomas del stisss
Los miembros del Sindicato de Trabajadores del Seguro Social (STISSS) han protagonizado varias de las tomas de catedral en los últimos años.

2003 Privatización

Apoyados por derechohabientes y otros activistas, rechazan la privatización de la salud y el TLC.

2004 Restitución

Piden que se restituya a trabajadores despedidos durante la huelga que finalizó el año pasado.


 


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