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PRENSA
VULNERABLE
Armados con un lapicero
Los
reporteros que salen a la calle en busca de la mejor fotografía,
una
declaración o una secuencia digna de salir en la televisión
tienen una nueva regla:
cúbranse como puedan. La prensa es un objetivo a
eliminar.
Y quienes arremeten contra los reporteros pueden ser desde sindicalistas,
carteristas,
hasta vendedores callejeros. ¡Sálvese quien pueda!
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La
cobertura de huelgas y manifestaciones callejeras
en San Salvador toma nuevos matices en perjuicio de
la integridad de los periodistas y fotoreporteros
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San Salvador despertó del sopor de una tarde
cualquiera, rutinaria, para sumergirse en un día inundado por
piedras, en el propio corazón capitalino.
El panorama no es alentador desde el momento en que Ricardo Monge es
sometido por la Policía y una acompañante vomita los efectos
del gas pimienta que le han echado en el rostro. Monge es el líder
del sindicato del Seguro Social que lidera la última ocupación
de la Catedral Metropolitana; un grupo de jóvenes con pasamontañas
ha cerrado los portones de la iglesia desde temprano en la mañana
y a esa hora controlan todo el panorama desde los campanarios.
El calor del mediodía achicharra a todos y el día avanza
pegajoso, con policías en las calles y la gente que va de un
lado a otro sin reparar en la última protesta. Los salvadoreños
están acostumbrados.
Pero cuando el reloj marca poco más de las cuatro y diez minutos
de la tarde unos disparos de salvas y el humo de los gases lacrimógenos
alcanza la zona de la Avenida
España y es la señal para el inicio de la acción.
Frente al Palacio Nacional, al contrario de la prensa que corre de un
lado a otro en busca de una imagen, una muchedumbre de capitalinos luce
estacionada sobre las gradas del edificio histórico (como quien
espera un espectáculo) y observa el intento de escape de dos
periodistas de televisión, la inevitable vapuleada y el momento
en que la turba vuelca el auto modelo pick up para meterle ¡candela!
El inicio de la Avenida Cuscatlán arde y la Policía opta
por desalojar a los mirones, los transeúntes, los indigentes
y todo ese complejo universo antropológico y social que llega
todas las tardes a la Plaza Cívica a purgar los miedos y a llorar
la vergüenza del desempleo. Ellos protagonizan otro tipo de protesta;
menos violenta, claro.
Una anciana se resiste a abandonar la banca donde descansa todas las
tardes y -de repente- un indigente abre todas las rejas de acceso a
la Plaza Barrios antes la resistencia de la Policía. ¡Déjenme!
¡Fuera de aquí! ¡Fuera! ¡Es mi parque!.
Ataques a la prensa
El altoparlante vuelve a chillar y la voz dice ¡las calles
son del pueblo! Policía
rebélate y no castigues
al pueblo.
El carro de la televisora arde. Los periodistas han sido evacuados y
otros huyen en carrera limpia hasta el Bulevar Venezuela porque tras
ellos va una muchedumbre que quiere castigarlos porque se atrevieron
a fotografiar la secuencia del fuego.
Así, Arturo aguanta un bastonazo por acá; Franklin, un
empujón más allá, y David termina levantando las
manos con el único instrumento que puede utilizar para defenderse:
el lapicero.
No tan lejos de ahí, una cuadra a la redonda, el asfalto comienza
a tapizarse con trozos de cemento que han sido desmenuzados unos
metros atrás por un grupo de jóvenes que ha tomado
la zona de la Plaza Hula Hula. No hay ambulancia que valga ante una
lluvia de piedras y botellas cuando intenta entrar en sentido
contrario sobre la Calle Rubén Darío para evacuar
a los empleados de los establecimientos anexos.
Los periodistas siguen siendo conminados. Por un lado, las piedras y
por otro el efecto del gas pimienta que quema las fosas nasales y reseca
la garganta de quien no pudo huir en el tiempo esperado.
¿Por qué la prensa es el nuevo blanco móvil de
los desórdenes callejeros? Lo que vimos esta semana no sólo
fue a un grupo de sindicalistas; también el paisaje incluyó
a todo anárquico que tiene deudas con el papel de la prensa.
En la calle, bajo esta nueva perspectiva, los periodistas representan
la línea editorial de los medios para los que trabajan y, por
lo tanto, hay que castigarlos.
Desde lo alto de una de las torres del templo católico, una voz
llama a defender la libertad porque un grupo de trabajadores del Seguro
Social ha sido despedido.
De repente, la tarde empieza a caer inexorablemente y la muchedumbre
organiza piras en los cuatro puntos cardinales de la ciudad. La gente
que camina hacia su casa toma cartones, trozos de madera y apoya a los
activistas que incendian las calles. Un microbús de la ruta 42B
lleva la peor parte y no logra sobrevivir a la emboscada. En pocos minutos,
las llamas consumen el chasis y las llantas.
¿quien dijo respeto?
Los periodistas son sospechosos de todo y no merecen el respeto ni de
los huelepegas y transeúntes.
Los rótulos publicitarios a ambos lados de la calle pasan sin
que quede tiempo siquiera de ser leídos, igual que cuando se
viaja en un microbús de la 42B, de la misma ruta que incendiaron
porque en la campaña llevaba la bandera de ARENA.
La noche ha caído. La luna en menguante vigila la catedral, la
ciudad y los policías que desalojan a todos los curiosos. Y las
escaramuzas seguían y es cuando un grupo de periodistas cae en
la cuenta que no es fácil salir de la zona de riesgo. ¿Cómo
hacerlo? ¿Con el carné? Por lo general, te salva de tantos
peligros; pero, ahora, precisamente es eso, una señal de peligro.
Alrededor de las piras, un sujeto celebra: Este día es
de fiesta.
¡Si esto solo son vejigas! ¡Esto empieza!, responde
otro que va de paso.
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Agresiones recientes
Un breve vistazo al pasado nos recuerda que los periodistas se
han
convertido en blanco de ataques en expresiones de protesta.
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En
la tarde
El fotoperiodista Alcir Zavala de Diario El Mundo huye
de una turba que lo persigue porque fotografió
el incendio de un carro de televisión.
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Al
caer la noche
El fotógrafo Salomón Vásquez de
La Prensa Gráfica es evacuado por socorristas
luego que una piedra lo alcanzara en la cabeza.
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1
de mayo de 2002
Periodistas de Teledos son agredidos y un camarógrafo de
la cadena Telemundo es intimidado durante una marcha del Día
del Trabajo.
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27
de nov. de 2002
Un fotoperiodista de El Diario de Hoy y uno de la agencia AP resultaron
heridos durante una marcha de sindicalistas del Seguro Social.
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8
de enero de 2003
Periodistas de distintos medios locales son atacados y sus equipos
de trabajo dañados por activistas que apoyaban la huelga
del STISS. |
PRENSA
VULNERABLE
El templo cautivo
Las
demandas sociales siempre han tenido este escenario común. En
tiempos
de guerra como de paz, la catedral metropolitana sigue siendo la tarima
desde
donde se hacen públicas las más variadas exigencias; pero
con el mismo método.
vertice@elsalvador.com
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27
de abril de 2003
La imagen más reciente del conflicto entre la policía
y manifestantes que se vivió en los alrededores de la catedral
metropolitana.
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Las manifestaciones más violentas o pacíficas
se han desarrollado con mayor frecuencia ante la principal catedral
del país, un edificio con fachada de vívidos colores y
asentado en pleno corazón capitalino.
Los pasados hechos violentos del 27 de abril, que dejaron más
al descubierto la vulnerabilidad de la prensa, también tuvieron
en ella a un silencioso testigo.
Desde los convulsos años ochenta a los tiempos de la paz, su
entorno y sobre todo su interior ha sido símbolo de la expresión
o demandas de distintos sectores sociales con tendencia de izquierda.
Abrigarse en su interior para rezar, escuchar misa o simplemente reflexionar
en medio del silencio peculiar de los templos católicos, se ha
visto alterado -más de una vez- en los últimos treinta
años.
La misma declaración de ser la voz de los sin voz
por parte del asesinado arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar
Arnulfo Romero, en los años más álgidos de la pasada
guerra, parecieran marcar esa especie de ocupación del templo
cada vez que se quiere atraer la atención del gobierno a toda
costa.
Política y fe
Ocupar el principal templo de la Iglesia Católica se ha convertido
en una estrategia que no ha perdido actualidad. Antes y durante el conflicto
armado, entre 1975 y 1987, el lugar fue ocupado unas 40 veces. A poco
más de diez años de la firma de la paz, los asaltos al
templo católico no cesan.
A través de esta especie de tarima política han desfilado
numerosas agrupaciones, como el caso de los sindicalistas del Ministerio
de Obras Públicas, en enero de 1996; o de un grupo de ex patrulleros,
que el 7 de octubre de 1998, exigían una justa indemnización
por los servicios prestados. El 9 de enero de 2003, miembros del
grupo universitario BRES, con sus rostros cubiertos, proclamaron un
rechazo a la privatización y el Tratado de Libre Comercio.
En años más recientes, entre 2003 y 2004, el edificio
ha sido ocupado en cuatro ocasiones; la última de ellas la encabezó
esta semana un grupo de manifestantes en apoyo a las demandas del STISSS
para que se restituya a trabajadores despedidos por las autoridades
del Seguro Social.
Cada vez que ocurre una de estas ocupaciones, se ha hablado de la profanación
de un lugar sagrado para el catolicismo. Incluso, existe un decreto
que determina excomunión para los que realizan este tipo de acciones
en los templos católicos. La medida aún no ha sido aplicada.
Las autoridades eclesiásticas se han limitado a exigir respeto
a quienes se toman catedral. Esta última vez se pidió
incluso que no se alteraran los decorados del edificio.
Después de cada ocupación, catedral queda contando, a
través de sus manchadas paredes, una profanación más.
Esta vez, al parecer, el edificio fue respetado.
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Las
tomas del stisss
Los miembros del Sindicato de Trabajadores del
Seguro Social (STISSS) han protagonizado varias de las tomas de
catedral en los últimos años.
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2003
Privatización
Apoyados por derechohabientes y otros activistas, rechazan la
privatización de la salud y el TLC.
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2004
Restitución
Piden que se restituya a trabajadores despedidos durante la huelga
que finalizó el año pasado.
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