2 de mayo de 2004


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

La cobertura en crisis

Esta es una historia de policías, vendedores ambulantes, niños de la calle, sindicalistas, socorristas, transeúntes, entrometidos y periodistas. Cualquiera puede decir que es un reparto de saltimbanquis y acróbatas que sortean piedras, gas pimienta y balas de goma. Pero no hablo de una obra de teatro, sino de la aleccionadora cobertura que vivió la prensa nacional e internacional (acreditada en el país) la tarde del miércoles pasado. Como ya lo hemos advertido desde hace dos años, poco a poco los periodistas no merecen el más mínimo respeto y atrás, muy atrás, allá en los años ochenta, queda el espíritu de solidaridad de la mayoría de los ciudadanos y de fascinación de los niños frente a las lentes fotográficas o las cámaras de televisión. No, ahora, en lugar de una sonrisa, hay piedras, botellazo limpio, empellones, vapuleos y destrucción a nuestras herramientas de trabajo. No hay cosa más peligrosa que un carro “derechista” doble cabina o una cámara “arenera” de televisión apuntando hacia donde los agitadores. Brrr... de miedo. Los periodistas somos la cosa más peligrosa que puede haber en las calles de San Salvador; así que si los vendedores ambulantes, los sindicalistas, los presuntos universitarios ataviados con un pasamontaña y gafas ahumadas se ven en riesgo ante la deleznable actitud de los reporteros por grabar, fotografiar y anotar cuanto pasa a su alrededor, ¡zas!, hay que eliminarlo. ¿Cómo? Bueno, primero hay que ahuyentarlo preventivamente. Pero como no hay cosa más necia que un periodista, hay que vapulearlo un poquito, robarle el flash, sacarle carrera, gritarle “¡te vas a morir hijodeputa!”, “mentarle” a su madre, sacarle el dedo, hacerlo quebrar y, por supuesto, eso es más fácil si se arremete contra los colegas que patean las calles alborotadas del centro por primera vez. Y en eso sí que tienen razón los nuevos manifestantes: después de tantos años de vivir en una sociedad que está en una especie de paz o -digamos- ausente de la guerra, la mayoría de los colegas desconoce la diferencia y las semejanzas entre lo que fue el trato agradable de un Policía de Hacienda y el afecto entrañable que tienen hoy en día los vendedores ambulantes y conexos.
La venerable PiocHa, al menos, si tenías suerte, te exhibía con una camisa negra, hedionda, por periodista “sedicioso” que escribe cosas non gratas, “sospechoso” y muchos etcéteras (si no me creen, pregunten al entrañable Chico); si, por el contrario, no había mucha fortuna, pues... dele rienda a su imaginación. Ahora, los vendedores, sindicalistas, guardaespaldas, hampones, encapuchados, canasteras y etc., etc. tienen su propio estilo: jalonear y apalear a cualquier esquinero sospechoso con el agravante de ser... periodista.


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