Del 1 al 8 de julio de 2004


Al otro lado de la noticia

Periodismo a la inversa

Dicen que la comparación entre diferentes actividades es riesgosa y, en muchas ocasiones, irrelevante. ¿Cómo comparar una curul legislativa con una mesa editorial de un periódico? ¿Cómo cotejar un espacio de promoción cultural con una sala de redacción? En el marco del día del periodista, Vértice ideó intercambiar roles con cinco personalidades públicas de nuestro país e invitarlas a que formaran parte, durante un día, de la planificación del periódico en la mesa de editores; y a otros, que entrevistaran a los periodistas que cubren su área de trabajo. Un ejercicio de pura catarsis.

Equipo Vértice
vertice@elsalvador.com

Dicen que política y periodismo no se pueden mezclar, claro. Pero políticos y periodistas sí, una novedosa idea de Vértice lo hizo en el marco del día del periodista salvadoreño. Cuatro diputados fueron editores de este periódico por un día.

Están sentados uno frente al otro, con cara de inquietud e incertidumbre. Como peces fuera del agua. Como preguntándose qué hacen sentados ahí…

Norman Quijano, de ARENA, llegó puntual a la cita, como para apurar la experiencia desconocida.
Esa misma que hizo que Ileana Rogel, del FMLN, preguntara “¿cómo es la cosa?”, antes de ingresar a la reunión.

“Sencillo. Sólo es que usted participe de la reunión donde se toman las decisiones para la edición que saldrá mañana. No como diputada, usted es, hoy, una editora de El Diario de Hoy”, se le responde.

Asiente y se decide a atravesar la calle rumbo a la sala de chat de elsalvador.com donde será, ahora y sólo ahora, la reunión de editores.

“¿Algún día se imaginó que sería editora de El Diario de Hoy?”. La pregunta, a modo de preámbulo, pareció sorprender a la diputada efemelenista. Una sonrisa, como quien no quiere la cosa, fue la respuesta. “Esto es histórico”, musitó otro que se había prestado a esta idea loca de convertir a políticos en editores periodísticos durante un día.

Lo que sí estaba claro es que la parlamentaria quería evidenciar a toda costa a qué instituto político pertenece. Un traje rojo y negro ponía en guardia hasta al más avisado de los editores.
Después llegaría Hugo Martínez, también del FMLN, para completar la mesa editorial de El Diario de Hoy de ese día.

El editor Dagoberto Marroquín no dejó escapar la oportunidad de de mostrar sus dotes artísticas

Al menos, el equilibrio informativo estaba asegurado. Pero ese día no dejaba de ser inusual a
todos. Desde el lugar donde se desarrollaría el cónclave, los nuevos colegas, hasta los aperitivos a media reunión eran extraños, pero bienvenidos.

Quizás por eso, al menos los primeros minutos, los editores de El Diario de Hoy parecían otros. Lucían serios, inusualmente serios, quizás para dejar una buena impresión en sus nuevos colegas.

O quizás porque, sin querer, habían convertido la sala de chat de elsalvador.com en un sitio histórico, como dice uno de los carteles colgados en la pared frontal de la habitación.

Así comenzó la reunión. Entre gestos extrañados, incómodos, risas disimuladas y la bienvenida a los “forasteros”, al mejor estilo de un primer día de clases.

Y mientras unos y otros trataban de encontrar una salida lo más pronto posible a esa encrucijada de decir su nombre y la sección a su cargo, los nuevos editores intentaban tomar nota de lo que se les venía.

Después se dieron cuenta de que no lo necesitarían, de que jamás lo olvidarían. Era su primera aventura periodística.

Estaban ahí sentados frente a frente. Escuchando y anotando los temas que se trataban, como en otras veces lo hacen desde su propia trinchera, en su charco, para hablar a lo popular.

Pero esta vez era distinto, se trataba de la edición número 25,001 de El Diario de Hoy, de la que ellos formarían parte por una novedosa iniciativa de Vértice en el marco del día del periodista salvadoreño.

Norman Quijano
“Fue una experiencia muy interesante. Vi un proceso bastante meticuloso y analítico. Vi también que no es un sistema rígido, que entre broma y seriedad se obtiene un buen producto. Considero que eso es algo muy importante de conocer. Me sentí motivado, deseoso de dar mi modesto aporte y muy reflexivo. Nunca imaginé convertirme en editor”.

Con las aguas ya calmas, la confianza asomó en la cara de los nóveles editores. Aparte de las noticias, también aparecieron los chistes. Como aquel del burro que provocó un accidente de tránsito o la ocurrencia de un editor al informar de que a “algunos diputados se les había terminado la vida buena” cuando informó sobre la pérdida de privilegios a los parlamentarios guatemaltecos.

Las risas distendieron el ambiente. Y los nervios iniciales desaparecieron.

Pero no las diferencias ideológicas de los invitados. Esas son imposibles de borrar de la noche a la mañana. Porque mientras Quijano sugería que se incluyera en la nota que era la primera vez que se penaba un caso de aborto en el país, Martínez y Rogel se iban por que se le diera un enfoque más socio-económico a la redacción. Total, como dicen los ancianos, “gallina que come huevos…”.

La llegada del refrigerio, tan extraño como bienvenido, marcó el punto de distención en el cónclave periodístico. Una caja de donas dispuesta al centro de la mesa ovalada avispó a más de alguno.

Las casi dos horas de reunión llegan a su fin con la invitación de la reunión de la tarde. La cara de los nóveles editores reflejan un dejo, sino de alivio, al menos de resignación por haber soportado estoicamente algo a lo que no están acostumbrados. Editar un periódico requiere de imaginación y mucha, pero mucha, paciencia. Lo de ellos es otro “trip”, dirían los jóvenes.
reunión vespertina

El parto de un periódico es en dos actos. Uno matutino y el otro vespertino. Cada uno con una sazón especial y diferente.

La reunión vespertina, o sea, el segundo acto del parto periodístico, tuvo, también, otro componente. Esta vez fue el turno del diputado pecenista Dagoberto Marroquín en convertirse en editor de El Diario de Hoy por un día.

Él solo, sin barra, tomó al toro por lo cuernos y se olvidó de que, a esa misma hora, Francisco Merino lo declaraba ausente en la plenaria de ese día.

Sentado a la derecha de su “amigo”, como llamó a Luis Lainez, así, sin tilde, con los brazos cruzados sobre la mesa, y con esa mirada desconfiada que lo caracteriza, Dagoberto Marroquín veía cómo ingresaban, uno a uno, sus nuevos colegas.

Conforme avanzó la reunión, Marroquín se tomó en serio su papel de editor y aclaró algunos puntos políticos, a petición de Laínez, con tilde. Sugirió enfoques y tener “sumo cuidado” en la redacción de la nota de las AFPs. Sin duda, todo un editor periodístico.

Iliana Rogel, fue por un día, editora de El Diario de Hoy, lo que alguien considero "historico"

El diputado tomó un papel más activo que sus colegas de la mañana. Sus discursos alargaron más de lo usual la reunión de la tarde. Más de alguno llegó a bromear que de seguir así no habría edición del siguiente día.

Las intervenciones de cada editor se sucedían a lo largo de la reunión, algunas salpicadas por las ocurrencias o los reclamos de Marroquín. “Yo creía que en las noticias que se publican sólo decidía Lafitte Fernández, pero hoy me doy cuenta de que hay toda una democracia”, dijo el parlamentario. Los murmullos y las risas asomaron nuevamente. Verdad o mentira, no se pudo comprobar.

Pocas reuniones de editores tienen refrigerio incluido, y mucho menos mañana y tarde, al menos cortesía de la casa. Quizás por eso los murmullos y los cambios de expresión cada vez que aparecían las cajas de donas y las tazas de café. No era para menos, no todos los días se cuecen habas…

Pero el paso inexorable del tiempo hace mella en cualquiera, y llegó un momento en que Marroquín se enfrascó en la confección de un barco de papel, ese mismo que le quedó de souvenir a la editora de El País, Sandra Moreno.

Dicen que para juzgar el trabajo del otro hay que calzarse los zapatos de éste. Por no decir que “no es lo mismo verla venir que tenerla enfrente”.

Esa premisa primó en el ejercicio con los diputados convertidos en periodistas por un día. Dar a conocer al menos un día de trabajo en un medio escrito. Sentarse al otro lado de la noticia.

“Sentir en carne propia” ese estrés delicioso de construir un periódico. Prestarles nuestros zapatos para que se los calcen. Ellos tendrán la última palabra. Nosotros seguiremos con lo nuestro.


Al otro lado de la noticia

“El periodista no puede
considerarse neutral”

El autor, diputado efemelenista, aceptó la oportunidad de entrevistar
al editor de política de El Diario de Hoy, Luis Laínez. Por media hora,
hablaron sobre el periodismo que se hace en El Salvador. Laínez, quien
tantas veces ha formulado las preguntas, hoy tuvo que responder.

Hugo Martínez
vertice@elsalvador.com


Tanto Hugo Martínez como Luis Laínez coincidieron en que el ejercicio periodístico fue interesante.

Hugo Martínez: ¿Por qué decidiste ser periodista?
No sé… por casualidad, yo quería aprender a escribir. Después te metés en la profesión y te va gustando escribir, contar historias, descubrir algo que no estaba a flote.

¿Qué pensás del periodismo salvadoreño?
Que está evolucionando desde hace una década, pero que le hace falta cambiar mucho, adquirir nuevas herramientas, dominar géneros, sobre todo madurar, porque está como en la adolescencia, pero eso lo va a lograr con el tiempo, cuando los periodistas crezcamos y cosechemos otras experiencias.

¿Si estuviera a tu alcance, qué crees que debería mejorar el periodismo salvadoreño?

Tal vez las capacitaciones de los periodistas, crear espacios, porque en esto lo que más falta hace es tiempo, tal vez tenés las mejores intenciones de ir a seminarios, pero hay que trabajar, tenés familia… Yo cambiaría eso y promovería que lean más, que no sólo se trata de ir a poner una grabadora, tomar nota, sino también tomar ejemplos, de saber cómo se escribe en otros lados, tenés a la mano la Internet que te sirve para conocer otras realidades y es tan fácil, con un “click” llegás a otro periódico, pero hay gente que no lo aprovecha.

Una extraña sensación
Me parecio extraño. Nunca había experimentado el hecho de ser entrevistado, pero no me sentí nervioso porque con Hugo Martínez ya nos conocíamos, había confianza.
Se había preparado, llevaba un cuestionario y su asistente fungió como fotógrafa. Se esforzó en su papel de periodista, estuvo interesante el ejercicio. Luis Laínez.

¿Qué pensás del periodismo investigativo? ¿Cómo lo ves? ¿Está a la altura?
Ese género es uno de tantos, no es, ni cualitativamente hablando, mejor que otros, como el periodismo de espectáculos o el que cubre la Asamblea. Es un estilo… no puedo decirte que todo va a girar alrededor del periodismo investigativo, es una especialización que la van a tener unos y otros no. Para que haya un periodismo investigativo fuerte tiene que haber también una gran inversión de los medios, porque es un género muy especializado quizás un poco más que los demás y que da frutos en el tiempo, no podés tener una investigación en un par de días y llamarla periodismo de investigación, es algo más profundo.

El director de un medio dijo, en la campaña del 2000, que el 80% de los periodistas de este país eran de izquierda. ¿Qué opinás?
Es su opinión. Lo que sí creo es que hay gente que confunde las cosas. Cree que está en una posición, digamos, idealista, la confunde con una forma de vida… Creo que, en cuanto a la ideología de las personas, eso no infiere tanto en su capacidad de trabajo ni en la calidad de lo que produce.

¿Y crees que hay periodistas que toman partido en una campaña electoral?
Los hay, pero cada vez menos…

¿Y qué opinas de ellos?

Hay gente o medios que pueden tomar posturas por ideas que a veces pueden coincidir con los planteamientos de los partidos, pero no significa que estén apoyando a un partido en particular; hay casos excepcionales de periodistas que apoyan a ciertos partidos en particular. Creo que el periodista, en ningún momento, puede considerarse neutral, desde el momento que decís: “voy a usar esta palabra y no esta otra” estás discriminando la realidad. Desde ese momento la neutralidad queda como algo imposible de alcanzar. Lo que tenés que buscar es balance, equilibrio, cuando faltás a una de estas cosas es que tomas un partido, como muy descarado. Eso va en contra de la ética del periodista, es un compromiso con los lectores, con el público; al final de cuentas, lo que hace esa persona es desmerecerse ante los demás.

Entonces va contra la ética y se desmerece una persona que tome una opción, así como tú decías “descarada”
Es que… si estás en el ejercicio periodístico, tu compromiso es con tus lectores, con los televidentes, con los radioescuchas, ellos son para los que vos trabajás. Tenés un compromiso directo, un vínculo con tu público… te convertís en los oídos, en los ojos del ciudadano común y corriente que no tiene acceso, digamos, a un presidente, a un diputado, a un funcionario, incluso a un accidente, a un muerto. Cuando no tenés claro eso y tenés un compromiso con un partido político, te estás como cambiando de bando en el sentido de que vos ya tenés un compromiso y estás faltando a él. Diferente es un periodista que cese sus funciones y toma partido…

¿Cuál debería ser la actitud de un periodista si sobre el enfoque de una nota tiene diferencias con el dueño del medio?
Eso sucede seguidísimo. Hay una cosa que se ha puesto de moda últimamente, pero que siempre ha existido, digamos en el Diario, es que podés dialogar, podés explicar tus razones, el impacto en la vida nacional, las repercusiones sociales y así dialogando se puede llegar a un acuerdo. No es algo que te van a decir: “No sale”. Lo que va a suceder es que vas a dar un debate de la importancia de “tal” tema y si el tema es fuerte se va a publicar…

¿Y si no hay acuerdo?
Siempre debe haber acuerdo. Siempre hay un diálogo que llega a algo.

¿Ese acuerdo puede incluir que el nombre del periodista no aparezca en la nota?

Podría ser… otra cosa, cuando no aparece el nombre del periodista es cuando han trabajado varios, cuando una nota es muy corta nunca te le ponen el crédito o porque representa más la posición del Diario que la de un periodista en particular.

¿Qué piensas sobre información y opinión?

Que son dos posibilidades que pueden haber en un medio de comunicación, pero que están separadas o más bien delimitadas en sus espacios, la opinión es exclusiva de las páginas editoriales. La información, como tal, va para las páginas de información, no se deben mezclar.

¿Crees que se respeta esa diferencia entre la opinión editorial del medio y la información que ese medio está comprometido a trasladarle a su público?

Nadie es perfecto, muchas veces se ha visto que se han traspasado los límites, por eso te decía, que el periodismo tiene que madurar y crecer y una de esas cosas es que comparás un medio de comunicación, cualquiera, con hace quince años y vas a ver una diferencia enorme, entonces eso ha ido cambiando.


Al otro lado de la noticia

“Periodistas, no críticos”

Esta reconocida empresaria cultural también asumió el rol de periodista.
Con un estilo más relajado pero acucioso, logró extraer algunos juicios
sobre el estado de nuestro arte y cultura, a los editores de Vida de
El Diario de Hoy, Ana Giralt y Javier Maldonado.

Beatriz Alcaine
vertice@elsalvador.com

Cuatro menos diez minutos del miércoles 28 de julio. Mientras navego en el río revuelto de buses y carros de la Avenida Juan Pablo II, pienso en la manía que tengo de meterme en líos, como si no tuviera suficientes.

A petición de Vértice, vamos a invertir los roles. Me dispongo, grabadora en mano, a entrevistar a los “entrevistadores”, a los editores de “Vida”. Es un buen lío entrevistar a la periodista “más agresiva, dura y crítica”, que “ponía a temblar a los diputados en la Asamblea cuando la veían entrar”, según algunos de sus colegas. Y a la vez, a su compañero de fórmula, Javier Maldonado, “periodista jovial, hiperactivo y eléctrico”.

Nos presentamos “entrevistadora” y “entrevistados”. Ojos lindos y un “look” sobrio, pero moderno y discretamente sexy, Ana Giralt parece una auténtica catalana, aunque es “re-tica y centroamericana”.

La entrevistadora
Nombre: Beatriz Alcaine
Profesión: inventora, diseñadora... pero le gusta más que la llamen “artista y empresaria cultural”.
Trabaja: tampoco le gusta que la presenten como “propietaria” de la La Luna Casa y Arte, sino como “fundadora” de este centro cultural que abrió sus puertas en 1991.
La incomodidad de ser entrevistado
Yo no estaba nervioso, pero se siente raro que a uno le pongan la cámara enfrente y le hagan fotos.

Me intrigaba que la entrevista fuera sobre cultura general porque si me empezaban a hacer preguntas de presidentes salvadoreños, por ejemplo, me habrían ponchado. Sé más de artistas que de presidentes. (Javier Maldonado)

Javier Maldonado trae una sonrisa fresca y amplia y su mirada saca chispas. Mientras caminamos al edificio de enfrente, entre risas nerviosas, los dos piden que no los vaya a tratar mal, pero yo les aseguro que soy “noble y buena gente”.

Me habría encantado sacarlos de su lugar de trabajo y hacer una plática en sofás cómodos con una buena taza de café. Pero no. Ya estamos allí, mirándonos de frente. La grabadora empieza a correr.

Beatriz Alcaine: Ana, un par de colegas tuyos me decían que quizá tú eres la periodista joven más crítica, agresiva y dura que hizo temblar a la Asamblea más de una vez. ¿se puede tener esa misma actitud en el campo de la cultura, escenarios?
Lo estamos tratando de hacer, es un área que desconocía y donde se puede hacer tanto… Así como aprendí a conocer qué hacen los diputados… sacar cosas más interesantes del quehacer legislativo, eso estamos tratando de hacer acá.

¿Tienen los recursos para hacer que esta sección de ustedes trascienda el mero traslado de informacion?
Ana:
Para ser la primera vez que en el Diario se tiene una presencia permanente de la palabra cultura y de las distintas expresiones culturales, creo que se está haciendo un buen trabajo, se podría hacer mejor y para eso vamos… Creo que tenemos libertad, aunque existen momentos en los que, por diferentes motivos, hemos tenido que limitarnos, pero han sido mínimas.
Javier: Muchas veces hemos tenido que valorar qué podemos sacrificar y lamentabemente hay material que hemos tenido que “mochar”.

Ana, en esos cinco años que pasaste en política, conociste a muchos personajes, ¿quién de ellos te impresionó?
Rafael Machuca, por su sinceridad, siempre decía las cosas en la cara, es de los pocos políticos que dicen que el blanco es blanco y el azul es azul… Él, en las plenarias, siempre fue un político demasiado franco e incluso lo critiqué por la forma en que decía las cosas, mal o bien, pero siempre fue franco.

¿Javier, de la gente que está en la onda de la cultura, quién te ha impresionado?
No me han impactado nombres sino lo que hacen artistas a los que casi nunca se les identifica, que no están en una galería famosa de arte, que no están en un museo, a los que se les llama artesanos, pero que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Le doy el valor a la gente anónima.

Ana, ya fuera de tu oficio, ¿qué opinas del sexo?
El sexo es rico… (ríe). Es una libertad.

El sexo es una agresión y violencia para un montón de gente, no es rico ni placentero, ¿qué opinás, Javier?
Creo que en este tema se ha perdido el interés mágico, lo ven como la satisfacción de una necesidad…

Hay un elemento cultural allí, ¿qué se puede hacer para que en lugar de ser un tema tabú, se hable desde los medios de comunicación para cambiar esa percepción?
Javier: No permitir a esos que pretenden manipular la moral, y decir las cosas como realmente son, sin malas intenciones…

¿Ana, ser mujer en Costa Rica y ser mujer en El Salvador, se parecen?
No. La mujer en El Salvador, sin ofender, creo que está demasiado sumisa. En Costa Rica somos más aventadas, y nos dicen que somos putas, y no somos putas, lo que pasa es que somos mucho más abiertas, mucho más francas…

A mí Que me pregunten de política
Me inquietaba saber sobre qué tema me iban a platicar. Temía que fuera de historia o algo parecido.
Me dije: si me preguntan sobre la historia salvadoreña, ya me tronaron. A mí que me pregunten de política. (Ana Giralt)

Hablando del papel del arte ¿es relevante o es un accesorio?
Javier: Se le ha visto como un accesorio… Tan simple como haber visto en el Festival de Teatro Infantil donde habían colas de niños con sus papás, pero en el festival centroamericano no fue así…

¿Hay que apostarle al arte?
Ana: uno de los propósitos de Ricardo Poma fue hacer un teatro en Metrocentro porque ahí converge mucha gente…
Javier: Es un error pensar que los medios de comunicación son los encargados de fomentar el arte y cultivar a la agente, también el gobierno debe impulsarlo en una dosis muy grande, y no lo hace.

Rafael Menjívar Ochoa dice que un buen periodismo cultural lo hacen “individuos que no sólo manejan las buenas técnicas, sino que saben de lo que están hablando, y aman y viven lo que están hablando...
Ana:
De acuerdo, hay muchos periodistas que no tienen idea de lo que están hablando…y hay gente que se quiere convertir en crítico cuando no lo es…

¿Pueden hacer reportajes de eventos culturales, pero no crítica?
Ana: Decir este tipo de arte es una porquería porque yo, Ana Giralt, lo digo, me parece irresponsable como periodista porque influís en la opinión de un gran sector.
Javier: Podés matar ilusiones.

¿Hay algo que nos toca a todos, es el amor… lo podrían definir?
Ana: el amor es una mezcla de sentimientos, de sensaciones...
Javier: es un sentimiento que a unos les da miedo…

Ana terminó relajada y feliz porque no le hice preguntas sobre datos históricos. Javier cambió la risita nerviosa por una más amplia y natural. Yo respiré aliviada.
Sumergida de nuevo en el río pesado de las cinco de la tarde, pensé en todas las preguntas que pude haberles hecho y agradecí ser entrevistadora sólo por hoy. Mis respetos a quienes lo son todos los días.

Más que una entrevista formal fue una plática amena la que sostuvieron Ana Giralt y Javier Maldonado, editores de la sección Vida de El Diario de Hoy, con Beatríz Alcaine, la periodista por un día.

 


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