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Al
otro lado de la noticia
El
pueblo pierde por omisión
Teresa
Andrade es una poetisa de 19 años que estudia periodismo. La
joven escritora pisó, hace algunos días, por primera vez
en su corta vida, el edificio de la Asamblea Legislativa. Ahí
observó, y escuchó, una sesión plenaria celebrada
por los diputados. A Teresa le pedimos que nos narrara lo que allí
sucedió. De esa forma, la convertimos en una iniciada en la crónica
parlamentaria después de observar el comportamiento de cada uno
de los legisladores y conocer los asuntos que ellos trataron ese día.
Teresa nos cuenta, en esta crónica, muchísimos detalles
de lo que sucede en la Asamblea Legislativa. También relata cómo
la lectura de periódicos de convierte en uno de los pasatiempos
favoritos de los diputados. Al menos uno de los diputados prefiere leer
la Biblia que siempre lleva en su computadora personal.
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Con
el sonido del gong inicia el juego legislativo. Poco importa la
trascendencia de los temas, los jugadores se distienden en conversaciones
y minucias personales. Fotos EDh/Archivo
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El juego ha comenzado. Las mesas están dispuestas
en su lugar. Un par de alfombras dividen las extremas, derecha e izquierda,
y los partidos huérfanos.
Frente a aquel gran salón, Ciro Cruz Zepeda, el mediador, que
en este juego le llaman presidente, sólo observa detenidamente
a quienes, de vez en cuando, les da por hablar por teléfono,
eso está permitido para todos.
El gran mediador, que también es huérfano, toca el gong
y el sonido se va consumiendo en aquel ajetreo de la indiferencia. Un
efecto dominó los hace callar, uno tras otro toman su lugar.
La contienda del día ha comenzado. Las reglas estipulan que deben
haber 84 jugadores. Pero ahora hay 31 de izquierda, 28 de derecha y
25 que aún no se sabe para donde van a agarrar.
Son pocos los jugadores que están en su lugar y dispuestos a
comenzar el gran juego.
El presidente anuncia que son 61, unos faltan y otros no llegarán,
pero para eso están los suplentes, no se puede dejar las mesas
solas por mucho tiempo. Aquí no es importante estar sentado,
ni prestar atención, ni siquiera buscar pose de interesado; lo
que importa es saber cuando levantar la mano. No vaya a ser que la levanten
cuando no se debe, eso sería un gran bochorno.
La cita fue hace más de dos horas, Más vale tarde
que nunca. El presupuesto de la nación o alguna problemática
de interés nacional siempre puede esperar a que ellos se sientan
cómodos para empezar. Los jugadores hablan entre ellos, no importa
si les dan la palabra o no. El silencio no suele estar entre su agenda.
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Uno
de los entretenimientos favoritos es hablar por teléfono.
NO importa la hora o el tema que se trate, siempre hay un hueco
para las relaciones públicas. Fotos EDh/Archivo
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El teléfono o el celular es el compañero
que nunca falla. Todos danzan al compás de la sinfonía
telefónica. Un sonido tras otro, y todos a contestar. Mientras
Rodolfo Parker o Salvador Arias hablan por teléfono, el presidente
les da la palabra, ni modo, hay que colgar, no se va a quedar mal en
público.
Cada vez que un jugador sale, tiene que dejar a un suplente y el presidente
tiene que anunciarlo a todos. Mientras lo anuncia, las risas con Francisco
Merino se hacen presentes, es mejor reírse de quienes se van
y de quienes entran o de algún chiste personal.
De vez en cuando parece ser un juego de sillas vacías. Nadie
aguanta tanto sentado. Todos de pie o caminando eso no evita votar.
Otras veces es mejor formar su propia mesa de discusión, los
de la mesa de Héctor Silva y Héctor Dada con la mesa de
enfrente, donde Jorge Villacorta que da la espalda para poder hablar
mejor con sus compañeros de fracción. La sesión
de juegos continúa con o sin ellos atentos.
El calor del juego
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Rojos
y tricolores, azules y verdes o amarillos, al final, todos tratan
de dar un apariencia de buenos compañeros ante el público
que los visita. Fotos EDh/Archivo
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El debate comienza, una discusión sucede a la
otra. Ya lo hablamos eso en las comisiones de trabajo, dice
Nelson López. Ese es otro de los lugares de discusión.
Ahí se hacen pequeños simulacros del gran juego, ese solo
es los jueves.
Es en estas discusiones previas, los jugadores dan sus puntos de vista
y pelean por su posición, cada uno tiene su especialidad y en
el gran juego todos votan por lo que creen mejor para el pueblo.
Hay que discutir por que hay que discutir. En una ocasión, el
diputado Renato Pérez, del partido de derecha, atacó al
partido que usa la camiseta roja. No estamos a favor del comunismo,
radicales esos cómo los sacamos del gobierno.
Salvador Arias otro de los jugadores, ríe
y celebra, le aplaude en son de burla, al igual que su compañero
de lucha Schafik Handal, pertenecientes al equipo rojo.
Estas peleas solo son show, cuando los medios se descuidan no hay rivalidad.
Uno no debe asustarse si ve a Schafik Handal bromear, codearse y departir
con Milena de Escalón o con Norman Quijano o hasta con Roberto
dAubuisson hijo.
Lo que más disfrutan los 84 jugadores es la atención de
los medios de comunicación. Ellos sí los quieren. Una
danza de cámaras, grabadoras y libretitas rodean el salón.
Los jugadores buscan ser la noticia del día, así es que
hay que posar y actuar para la mejor toma. Eso sí, cuando hay
temas en disputa todos buscan hablar.
Las cámaras buscan al ganador. El mejor diputado es el que más
aparece en los medios, se dice por ahí. La prensa es el mejor
amigo de los jugadores, así que vale la pena dejar la sesión
para entablar una larga conversación con ellos, como lo hace
Hugo Martínez o Rodolfo Parker, amigos de toda la prensa.
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Las
peleas partidarias son pasajeras o parte del show para el respetable.
Muy en el fondo, el compañerismo asoma como muy buenos
jugadores. Fotos EDh/Archivo
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En este juego se vale de todo, lo importante es no estar
tan cansado, ni aburrido, pero siempre levantar la mano, hay que votar.
Una de las aficiones más grandes es leer el periódico,
claro, hay que leer lo que la prensa dice de uno mismo. Los adeptos
a este pasatiempo son muchos, entre Roberto dAubuisson hijo, Noé
González, Norman Quijano, entre otros. El jugador Antonio Almendáriz
lee la Biblia en su computadora portátil o busca imágenes
de tipo religioso, no se dan cuenta lo que en aquel lugar está
ocurriendo.
El jugador de la tricolor azul, blanco y rojo se pasa cigarros con Saúl
Monzón, luego les cae de algún lugar una bolita de papel
mojada, hay que jugar como niños y adolescentes, nunca hay que
perder el espíritu de niño.
El tiempo los está comiendo, ya están cansados. Tres diputados
le piden la palabra al presidente. Nadie quiere oírlos ya, todos
deniegan, quieren irse ya, y huir del largo trabajo. Luego de aprobar
algo de interés público, hay que celebrar, todos se ponen
de pie y aplauden. Los jugadores de rojo en una ocasión gritan
Qué viva el Frente y el jugador Almendáriz
dice sí, qué viva, pero lejos, todos ríen.
La sesión se alarga y hay que ver como entretenerse. Entre pláticas
y bromas, entre risas y el timbre de los teléfonos, se intenta
tomar decisiones. Unos comen sus galletitas o toman agua de las botellas
que adornan las mesas, hay que calmar el cansancio, otros prefieren
ser las estrellas del noticiero, algunos prefieren callar, otros discutir
y otros prefieren retirarse temprano, ya se solucionarán los
problemas, sino lo hace, el otro lo hará.
Las voces se van perdiendo entre los ecos de los demás jugadores,
todos ya se quieren ir, la cena espera. Ahora sólo votan por
votar, ya no importa de qué se habla, solo hay que subir las
manos. Cada jueves la aventura es la misma, un paseo por el juego donde
nunca hay ganador.
* La autora es estudiante
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