Del 1 al 8 de agosto de 2004


Al otro lado de la noticia

El pueblo pierde por omisión

Teresa Andrade es una poetisa de 19 años que estudia periodismo. La joven escritora pisó, hace algunos días, por primera vez en su corta vida, el edificio de la Asamblea Legislativa. Ahí observó, y escuchó, una sesión plenaria celebrada por los diputados. A Teresa le pedimos que nos narrara lo que allí sucedió. De esa forma, la convertimos en una iniciada en la crónica parlamentaria después de observar el comportamiento de cada uno de los legisladores y conocer los asuntos que ellos trataron ese día. Teresa nos cuenta, en esta crónica, muchísimos detalles de lo que sucede en la Asamblea Legislativa. También relata cómo la lectura de periódicos de convierte en uno de los pasatiempos favoritos de los diputados. Al menos uno de los diputados prefiere leer la Biblia que siempre lleva en su computadora personal.

Teresa Andrade
vertice@elsalvador.com

Con el sonido del gong inicia el juego legislativo. Poco importa la trascendencia de los temas, los jugadores se distienden en conversaciones y minucias personales. Fotos EDh/Archivo

El juego ha comenzado. Las mesas están dispuestas en su lugar. Un par de alfombras dividen las extremas, derecha e izquierda, y los partidos huérfanos.

Frente a aquel gran salón, Ciro Cruz Zepeda, el mediador, que en este juego le llaman presidente, sólo observa detenidamente a quienes, de vez en cuando, les da por hablar por teléfono, eso está permitido para todos.

El gran mediador, que también es huérfano, toca el gong y el sonido se va consumiendo en aquel ajetreo de la indiferencia. Un efecto dominó los hace callar, uno tras otro toman su lugar.

La contienda del día ha comenzado. Las reglas estipulan que deben haber 84 jugadores. Pero ahora hay 31 de izquierda, 28 de derecha y 25 que aún no se sabe para donde van a agarrar.
Son pocos los jugadores que están en su lugar y dispuestos a comenzar el gran juego.

El presidente anuncia que son 61, unos faltan y otros no llegarán, pero para eso están los suplentes, no se puede dejar las mesas solas por mucho tiempo. Aquí no es importante estar sentado, ni prestar atención, ni siquiera buscar pose de interesado; lo que importa es saber cuando levantar la mano. No vaya a ser que la levanten cuando no se debe, eso sería un gran bochorno.

La cita fue hace más de dos horas, “Más vale tarde que nunca”. El presupuesto de la nación o alguna problemática de interés nacional siempre puede esperar a que ellos se sientan cómodos para empezar. Los jugadores hablan entre ellos, no importa si les dan la palabra o no. El silencio no suele estar entre su agenda.

Uno de los entretenimientos favoritos es hablar por teléfono. NO importa la hora o el tema que se trate, siempre hay un hueco para las relaciones públicas. Fotos EDh/Archivo

El teléfono o el celular es el compañero que nunca falla. Todos danzan al compás de la sinfonía telefónica. Un sonido tras otro, y todos a contestar. Mientras Rodolfo Parker o Salvador Arias hablan por teléfono, el presidente les da la palabra, ni modo, hay que colgar, no se va a quedar mal en público.

Cada vez que un jugador sale, tiene que dejar a un suplente y el presidente tiene que anunciarlo a todos. Mientras lo anuncia, las risas con Francisco Merino se hacen presentes, es mejor reírse de quienes se van y de quienes entran o de algún chiste personal.

De vez en cuando parece ser un juego de sillas vacías. Nadie aguanta tanto sentado. Todos de pie o caminando eso no evita votar. Otras veces es mejor formar su propia mesa de discusión, los de la mesa de Héctor Silva y Héctor Dada con la mesa de enfrente, donde Jorge Villacorta que da la espalda para poder hablar mejor con sus compañeros de fracción. La sesión de juegos continúa con o sin ellos atentos.

El calor del juego

Rojos y tricolores, azules y verdes o amarillos, al final, todos tratan de dar un apariencia de buenos compañeros ante el público que los visita. Fotos EDh/Archivo

El debate comienza, una discusión sucede a la otra. “Ya lo hablamos eso en las comisiones de trabajo”, dice Nelson López. Ese es otro de los lugares de discusión. Ahí se hacen pequeños simulacros del gran juego, ese solo es los jueves.

Es en estas discusiones previas, los jugadores dan sus puntos de vista y pelean por su posición, cada uno tiene su especialidad y en el gran juego todos votan por lo que creen mejor para el pueblo.

Hay que discutir por que hay que discutir. En una ocasión, el diputado Renato Pérez, del partido de derecha, atacó al partido que usa la camiseta roja. “No estamos a favor del comunismo, radicales esos cómo los sacamos del gobierno”.

Salvador Arias otro de los jugadores, ríe y celebra, le aplaude en son de burla, al igual que su compañero de lucha Schafik Handal, pertenecientes al equipo rojo.

Estas peleas solo son show, cuando los medios se descuidan no hay rivalidad. Uno no debe asustarse si ve a Schafik Handal bromear, codearse y departir con Milena de Escalón o con Norman Quijano o hasta con Roberto d’Aubuisson hijo.

Lo que más disfrutan los 84 jugadores es la atención de los medios de comunicación. Ellos sí los quieren. Una danza de cámaras, grabadoras y libretitas rodean el salón. Los jugadores buscan ser la noticia del día, así es que hay que posar y actuar para la mejor toma. Eso sí, cuando hay temas en disputa todos buscan hablar.

Las cámaras buscan al ganador. El mejor diputado es el que más aparece en los medios, se dice por ahí. La prensa es el mejor amigo de los jugadores, así que vale la pena dejar la sesión para entablar una larga conversación con ellos, como lo hace Hugo Martínez o Rodolfo Parker, amigos de toda la prensa.

Las peleas partidarias son pasajeras o parte del show para el respetable. Muy en el fondo, el compañerismo asoma como muy buenos jugadores. Fotos EDh/Archivo

En este juego se vale de todo, lo importante es no estar tan cansado, ni aburrido, pero siempre levantar la mano, hay que votar. Una de las aficiones más grandes es leer el periódico, claro, hay que leer lo que la prensa dice de uno mismo. Los adeptos a este pasatiempo son muchos, entre Roberto d’Aubuisson hijo, Noé González, Norman Quijano, entre otros. El jugador Antonio Almendáriz lee la Biblia en su computadora portátil o busca imágenes de tipo religioso, no se dan cuenta lo que en aquel lugar está ocurriendo.

El jugador de la tricolor azul, blanco y rojo se pasa cigarros con Saúl Monzón, luego les cae de algún lugar una bolita de papel mojada, hay que jugar como niños y adolescentes, nunca hay que perder el espíritu de niño.

El tiempo los está comiendo, ya están cansados. Tres diputados le piden la palabra al presidente. Nadie quiere oírlos ya, todos deniegan, quieren irse ya, y huir del largo trabajo. Luego de aprobar algo de interés público, hay que celebrar, todos se ponen de pie y aplauden. Los jugadores de rojo en una ocasión gritan “Qué viva el Frente” y el jugador Almendáriz dice “sí, qué viva, pero lejos”, todos ríen.

La sesión se alarga y hay que ver como entretenerse. Entre pláticas y bromas, entre risas y el timbre de los teléfonos, se intenta tomar decisiones. Unos comen sus galletitas o toman agua de las botellas que adornan las mesas, hay que calmar el cansancio, otros prefieren ser las estrellas del noticiero, algunos prefieren callar, otros discutir y otros prefieren retirarse temprano, ya se solucionarán los problemas, sino lo hace, el otro lo hará.

Las voces se van perdiendo entre los ecos de los demás jugadores, todos ya se quieren ir, la cena espera. Ahora sólo votan por votar, ya no importa de qué se habla, solo hay que subir las manos. Cada jueves la aventura es la misma, un paseo por el juego donde nunca hay ganador.


* La autora es estudiante

 


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