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INTERNACIONAL
Batallas
por las drogas en México
Los
carteles de la droga han intensificado la guerra entre sí para
controlar uno de los mercados más sólidos que existen
en la
frontera con EE. UU. Los ajusticiamientos cobran víctimas por
igual.
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| Agentes
de la policía mexicana y policías de El Paso, Texas,
retiran los cadáveres de supuestos traficantes de droga. |
Las sangrientas guerras entre reyes mexicanos de las
drogas que luchan por territorio se han intensificado con una oleada
de asesinatos, vinculada con el tráfico de drogas que asciende
a 300,000 millones de dólares a lo largo de la frontera.
El descubrimiento de 11 cuerpos durante el fin de semana anterior, debajo
de una casa en Ciudad Juárez, al otro lado del río Grande
(Bravo) desde El Paso, fue la evidencia más reciente de la escalada
en batallas por el dominio que muchos atribuyen a un incremento en la
aplicación de las leyes que crean mayor presión sobre
pandillas del narcotráfico.
Las autoridades mexicanas dicen creer que los asesinatos fueron ordenados
por operativos del cártel de Juárez, incluyendo a un comandante
de la policía estatal de Chihuahua.
La presunta participación del comandante fue un amargo golpe
para los esfuerzos en contra de las drogas en Juárez, actualmente
considerada como una de las ciudades más importantes de México
en las letales guerras de cárteles, José Luis Santiago
Vasconcelos, investigador especial de la delincuencia organizada por
la Procuraduría General de México, dijo el miércoles
pasado.
“Esto es muy grave”, dijo. “Nos demuestra una descomposición
extrema de las fuerzas policiales, una ruptura extrema en las fuerzas
que están a cargo de mantener la ley, que en vez de cuidar y
garantizar la seguridad de la población, están trabajando
abiertamente y en concierto con las organizaciones criminales del narcotráfico.
Es una situación muy seria. No vamos a tolerarlo, y vamos a combatirlo
plenamente”.
El descubrimiento de los 11 cadáveres y el arresto de un residente
en la casa fue una clara indicación de que incluso el grupo más
poderoso del narco en México, encabezado por Vicente Carrillo
Fuentes, se está desesperando en sus esfuerzos por mantener su
bastión, informaron autoridades mexicanas.
Vasconcelos dijo que algunas de las víctimas probablemente eran
integrantes del cártel de Juárez que fueron asesinados
por sus colegas para “arreglar alguna cuenta pendiente”,
en tanto que otros podrían haber estado trabajando con cárteles
rivales o tratando de labrarse su propia tajada del lucrativo tráfico
de drogas.
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| La
policía mexicana encontró 11 cadáveres en
una fosa común en la fronteriza Ciudad Juárez el
24 de enero pasado. |
El hombre que vivía en la casa donde se encontraron
los cuerpos fue detenido junto a su esposa e hijo tratando de escapar
hacia Estados Unidos.
Alejandro García Cárdenas dijo a oficiales que había
más cuerpos enterrados en su casa y otros en la cercanía,
según relató Vasconcelos en una rueda de prensa en Juárez.
“El motivo de su confesión es que él preferiría
ir a prisión antes que terminar en el cementerio”, explicó
Vasconcelos. “Comprendía que la organización (de
Carillo) lo estaba buscando para matarlo”.
Autoridades de México y otras de Estados Unidos atribuyen la
oleada de violencia a la presión de la policía sobre los
cárteles. Los oficiales de la ley han hecho algunas exitosas
incursiones en contra de las pandillas del narco, incluyendo la caída
de los hermanos Arellano-Félix de Tijuana hace dos años,
así como el arresto del jefe del cártel del Golfo, Osiel
Cárdenas, en la
primavera pasada.
“Las acciones que las instituciones del país han estado
desarrollando en este combate frontal en contra del narcotráfico
no tienen precedente”, afirmó el Procurador General en
Ciudad de México, Rafael Macedo de la Concha. “Están
chocando entre ellos, se están matando entre sí, debido
a que no pueden encontrar un lugar para llevar a cabo pacíficamente
sus actividades criminales”.
Guerra entre cárteles
Las batallas entre cárteles con sede en Mazatlán, Nuevo
Laredo, Tijuana y Juárez produjeron casi 20 víctimas a
lo largo de la semana pasada, incluyendo a varios oficiales de la ley,
tanto estatales como federales. Tan sólo en el estado de Sinaloa,
donde Mazatlán domina el narcotráfico, aproximadamente
50 asesinatos han sido vinculados con cárteles en este mes.
La tasa de asesinatos en Nuevo Laredo llegó a su máximo
nivel el año pasado. Durante el fin de semana, un enfrentamiento
a tiros en una pequeña comunidad, Anáhuac, cobró
la vida de tres hombres.
La violencia al otro lado de la frontera desde Laredo ha escalado a
tal grado que varios periodistas mexicanos han terminado por ocultarse
o dejaron de escribir acerca del narcotráfico por completo.
En Tijuana, incluso personas de la vieja guardia que deberían
estar curtidos por decenios de violencia entre cárteles, están
azorados ante la reciente ola de asesinatos.
“Están matando como nunca antes. Ahora es una pequeña
Colombia”, escribió Jesús Blancornelas, editor del
polémico semanario “Zeta” de Tijuana, en un editorial.
Blancornelas aseguró que a él casi lo matan hace seis
años hombres de los Arellano-Félix.
“Casi todos los sicarios escapan”, escribió. “Existen
muchas cruces en el cementerio, y muy pocos asesinos detrás de
las rejas”.
El nexo de la violencia de los cárteles ha repercutido en años
recientes entre Tijuana, Mazatlán, Juárez y Nuevo Laredo
a medida que los cárteles ascienden, caen y después avanzan
hacia otros territorios para recuperar su poder.
En Tijuana, Benjamín y Ramón Arellano-Félix perpetraron
aterradores asesinatos en contra del cártel rival de Sinaloa,
en Mazatlán, a principios de los años 90.
Entonces, la violencia se trasladó a Juárez, donde la
misteriosa muerte del jefe del cártel de Juárez Amado
Carrillo Fuentes, en 1997, dejó un espacio vacante en los estratos
superiores de dicho grupo.
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| Las
autoridades mexicanas han dado duros golpes al narcotráfico.
Sin embargo, el control en sus fronteras es cada vez más
difícil. |
Después de que los hermanos Arellano-Félix
cayeron hace dos años, ese cártel y varios más
empezaron a luchar en contra del cártel del Golfo por el control
de Monterrey y Nuevo Laredo.
Actualmente, dijo Vasconcelos, el grupo de Carrillo está tratando
de “garantizar la supremacía y sobrevivencia” en
Juárez en vista de los desafíos provenientes de sus tres
rivales más importantes de Mazatlán, Tijuana y el área
de Nuevo Laredo y Matamoros.
Con las elecciones presidenciales a menos de dos años, los tres
partidos políticos más importantes de México, ninguno
de los cuales tiene el control absoluto, están usando la seguridad
pública para ganar electores, según Luis Astorga de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien
ha estado estudiando a los cárteles durante casi 20 años.
El resultado es que los partidos políticos están socavando
los esfuerzos de cada cual en algunas áreas, incrementando la
aplicación de ley en otras y sacudiendo un avispero en bastiones
de cárteles a lo largo de la frontera.
“Es una combinación de factores”, dijo Astorga. “Son
los métodos tradicionales de confrontación entre los grupos.
Otro de los componentes es... que los partidos políticos están
luchando por acabar con la delincuencia para así tener una oportunidad
de llegar a la Presidencia”.
El hecho de que la violencia no esté disminuyendo ni esté
concentrada en un solo lugar pone de manifiesto que los cárteles
están frustrados y en fuga, destacan oficiales.
Ese tipo de presión inevitablemente conduce a la violencia, afirman
expertos, en particular cuando cientos de miles de millones de dólares
están en juego en un país que es considerado como uno
de los principales productores de amapola, para producir opio, y de
plantas de marihuana, así como uno de los grandes canales para
la cocaína proveniente de Sudamérica.
Cuando el Presidente mexicano, Vicente Fox, asumió el cargo en
2000, entre sus primeras acciones en contra de las drogas estuvo el
fortalecimiento de los esfuerzos de erradicación de cultivos,
enfocados a campos de amapola y marihuana a lo largo de México.
“El país ya no es tan grande”, dijo Will Glaspy,
portavoz de la Dependencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) en Washington,
D.C. “Actualmente, la presión de los agentes de la ley
viene de todas partes. Es algo similar a ubicarlos con precisión,
para que de esa forma ellos estén buscando una manera de salir
de ciertas áreas y desplazarse hacia otras”.
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