.1 de febrero de 2004


INTERNACIONAL

Batallas por las drogas en México

Los carteles de la droga han intensificado la guerra entre sí para
controlar uno de los mercados más sólidos que existen en la
frontera con EE. UU. Los ajusticiamientos cobran víctimas por igual.

The New York Times
Por Karen Brooks

vertice@elsalvador.com
Agentes de la policía mexicana y policías de El Paso, Texas, retiran los cadáveres de supuestos traficantes de droga.

Las sangrientas guerras entre reyes mexicanos de las drogas que luchan por territorio se han intensificado con una oleada de asesinatos, vinculada con el tráfico de drogas que asciende a 300,000 millones de dólares a lo largo de la frontera.

El descubrimiento de 11 cuerpos durante el fin de semana anterior, debajo de una casa en Ciudad Juárez, al otro lado del río Grande (Bravo) desde El Paso, fue la evidencia más reciente de la escalada en batallas por el dominio que muchos atribuyen a un incremento en la aplicación de las leyes que crean mayor presión sobre pandillas del narcotráfico.

Las autoridades mexicanas dicen creer que los asesinatos fueron ordenados por operativos del cártel de Juárez, incluyendo a un comandante de la policía estatal de Chihuahua.

La presunta participación del comandante fue un amargo golpe para los esfuerzos en contra de las drogas en Juárez, actualmente considerada como una de las ciudades más importantes de México en las letales guerras de cárteles, José Luis Santiago Vasconcelos, investigador especial de la delincuencia organizada por la Procuraduría General de México, dijo el miércoles pasado.

“Esto es muy grave”, dijo. “Nos demuestra una descomposición extrema de las fuerzas policiales, una ruptura extrema en las fuerzas que están a cargo de mantener la ley, que en vez de cuidar y garantizar la seguridad de la población, están trabajando abiertamente y en concierto con las organizaciones criminales del narcotráfico. Es una situación muy seria. No vamos a tolerarlo, y vamos a combatirlo plenamente”.

El descubrimiento de los 11 cadáveres y el arresto de un residente en la casa fue una clara indicación de que incluso el grupo más poderoso del narco en México, encabezado por Vicente Carrillo Fuentes, se está desesperando en sus esfuerzos por mantener su bastión, informaron autoridades mexicanas.

Vasconcelos dijo que algunas de las víctimas probablemente eran integrantes del cártel de Juárez que fueron asesinados por sus colegas para “arreglar alguna cuenta pendiente”, en tanto que otros podrían haber estado trabajando con cárteles rivales o tratando de labrarse su propia tajada del lucrativo tráfico de drogas.

La policía mexicana encontró 11 cadáveres en una fosa común en la fronteriza Ciudad Juárez el 24 de enero pasado.

El hombre que vivía en la casa donde se encontraron los cuerpos fue detenido junto a su esposa e hijo tratando de escapar hacia Estados Unidos.

Alejandro García Cárdenas dijo a oficiales que había más cuerpos enterrados en su casa y otros en la cercanía, según relató Vasconcelos en una rueda de prensa en Juárez.

“El motivo de su confesión es que él preferiría ir a prisión antes que terminar en el cementerio”, explicó Vasconcelos. “Comprendía que la organización (de Carillo) lo estaba buscando para matarlo”.

Autoridades de México y otras de Estados Unidos atribuyen la oleada de violencia a la presión de la policía sobre los cárteles. Los oficiales de la ley han hecho algunas exitosas incursiones en contra de las pandillas del narco, incluyendo la caída de los hermanos Arellano-Félix de Tijuana hace dos años, así como el arresto del jefe del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas, en la
primavera pasada.

“Las acciones que las instituciones del país han estado desarrollando en este combate frontal en contra del narcotráfico no tienen precedente”, afirmó el Procurador General en Ciudad de México, Rafael Macedo de la Concha. “Están chocando entre ellos, se están matando entre sí, debido a que no pueden encontrar un lugar para llevar a cabo pacíficamente sus actividades criminales”.

Guerra entre cárteles

Las batallas entre cárteles con sede en Mazatlán, Nuevo Laredo, Tijuana y Juárez produjeron casi 20 víctimas a lo largo de la semana pasada, incluyendo a varios oficiales de la ley, tanto estatales como federales. Tan sólo en el estado de Sinaloa, donde Mazatlán domina el narcotráfico, aproximadamente 50 asesinatos han sido vinculados con cárteles en este mes.

La tasa de asesinatos en Nuevo Laredo llegó a su máximo nivel el año pasado. Durante el fin de semana, un enfrentamiento a tiros en una pequeña comunidad, Anáhuac, cobró la vida de tres hombres.

La violencia al otro lado de la frontera desde Laredo ha escalado a tal grado que varios periodistas mexicanos han terminado por ocultarse o dejaron de escribir acerca del narcotráfico por completo.

En Tijuana, incluso personas de la vieja guardia que deberían estar curtidos por decenios de violencia entre cárteles, están azorados ante la reciente ola de asesinatos.

“Están matando como nunca antes. Ahora es una pequeña Colombia”, escribió Jesús Blancornelas, editor del polémico semanario “Zeta” de Tijuana, en un editorial. Blancornelas aseguró que a él casi lo matan hace seis años hombres de los Arellano-Félix.

“Casi todos los sicarios escapan”, escribió. “Existen muchas cruces en el cementerio, y muy pocos asesinos detrás de las rejas”.

El nexo de la violencia de los cárteles ha repercutido en años recientes entre Tijuana, Mazatlán, Juárez y Nuevo Laredo a medida que los cárteles ascienden, caen y después avanzan hacia otros territorios para recuperar su poder.

En Tijuana, Benjamín y Ramón Arellano-Félix perpetraron aterradores asesinatos en contra del cártel rival de Sinaloa, en Mazatlán, a principios de los años 90.

Entonces, la violencia se trasladó a Juárez, donde la misteriosa muerte del jefe del cártel de Juárez Amado Carrillo Fuentes, en 1997, dejó un espacio vacante en los estratos superiores de dicho grupo.

Las autoridades mexicanas han dado duros golpes al narcotráfico. Sin embargo, el control en sus fronteras es cada vez más difícil.

Después de que los hermanos Arellano-Félix cayeron hace dos años, ese cártel y varios más empezaron a luchar en contra del cártel del Golfo por el control de Monterrey y Nuevo Laredo.

Actualmente, dijo Vasconcelos, el grupo de Carrillo está tratando de “garantizar la supremacía y sobrevivencia” en Juárez en vista de los desafíos provenientes de sus tres rivales más importantes de Mazatlán, Tijuana y el área de Nuevo Laredo y Matamoros.

Con las elecciones presidenciales a menos de dos años, los tres partidos políticos más importantes de México, ninguno de los cuales tiene el control absoluto, están usando la seguridad pública para ganar electores, según Luis Astorga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien ha estado estudiando a los cárteles durante casi 20 años.

El resultado es que los partidos políticos están socavando los esfuerzos de cada cual en algunas áreas, incrementando la aplicación de ley en otras y sacudiendo un avispero en bastiones de cárteles a lo largo de la frontera.

“Es una combinación de factores”, dijo Astorga. “Son los métodos tradicionales de confrontación entre los grupos. Otro de los componentes es... que los partidos políticos están luchando por acabar con la delincuencia para así tener una oportunidad de llegar a la Presidencia”.

El hecho de que la violencia no esté disminuyendo ni esté concentrada en un solo lugar pone de manifiesto que los cárteles están frustrados y en fuga, destacan oficiales.

Ese tipo de presión inevitablemente conduce a la violencia, afirman expertos, en particular cuando cientos de miles de millones de dólares están en juego en un país que es considerado como uno de los principales productores de amapola, para producir opio, y de plantas de marihuana, así como uno de los grandes canales para la cocaína proveniente de Sudamérica.

Cuando el Presidente mexicano, Vicente Fox, asumió el cargo en 2000, entre sus primeras acciones en contra de las drogas estuvo el fortalecimiento de los esfuerzos de erradicación de cultivos, enfocados a campos de amapola y marihuana a lo largo de México.

“El país ya no es tan grande”, dijo Will Glaspy, portavoz de la Dependencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) en Washington, D.C. “Actualmente, la presión de los agentes de la ley viene de todas partes. Es algo similar a ubicarlos con precisión, para que de esa forma ellos estén buscando una manera de salir de ciertas áreas y desplazarse hacia otras”.


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