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LA
COLUMNA

La
semilla de la pobreza
La quinta reunión del Comité de
Expertos del Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de
la Convención Interamericana Contra la
Corrupción se llevará a cabo la semana próxima
(del 2 al 6 de febrero) en la sede de la OEA, ubicada en la gélida
Washington, DC.
Y El Salvador, como país, creo que tiene mucha experiencias por
compartir en cuanto a chanchullos y otras yerbas.
En la reunión preparatoria, el Comité de Expertos, evaluará
los informes de Uruguay, Panamá, Ecuador y Chile y analizarán
los avances de los países miembros en cuanto a la puesta en marcha
de la Convención hemisférica tan demandada por la administración
gubernamental estadounidense (que está harta de ofrecer el dinero
que recaudan de los contribuyentes para beneficio de unos pocos) y es
un instrumento odiado por aquellos Portillo y Alemán que sobreviven
al peso de la justicia en sus lugares de origen.
Y como repito, la experiencia de El Salvador es una novela de peso para
entender los avances y retrocesos de este país pequeño,
que tiene una distribución desigual de la riqueza, sobrevive
de la remesa familiar y es el escenario de escandalosos timos a las
arcas del Estado.
Independientemente El Salvador se adhiera por completo al nuevo instrumento
de la OEA, el próximo mandatario que llevará las riendas
del país a partir de junio de 2004, heredará una camisa
de once varas y un canasto (repleto con casos pendientes) sobre la cabeza.
Si Antonio Saca gana, como lo reiteran las encuestas, deberá
enfrentar un legado con nombres y apellidos y que nadie puede deslindar
del partido que lo ampara.
Si Handal gana, ¿qué hará con esos ex comandantes/empresarios
que le rodean y se han llevado algo más que un dulce a la bolsa?
Si Silva gana, ¿será capaz de aclarar los entretelones
del negocio que hizo con la firma canadiense?
Dicho y hecho, los políticos salvadoreños tienen la cola
pateada. Los unos se escupen y los otros lanzan los trapos sucios al
que está enfrente.
Los casos de Romeo Majano Araujo (exonerado al fin, pero igual el Instituto
del Seguro Social quedó quebrado); Ricardo Montenegro, Carlos
Mejía, Raúl García Prieto, Roberto Mathies Hill
y Carlos Perla son parte de una nómina que -independientemente
hayan sido vencidos o no en juicio- nos revela un problema grave de
la sociedad: a los salvadoreños no se les quita la maña
de echarse unos centavitos a la bolsa a costa del vecino.
Pero, ¿el Estado será capaz de enjuiciar a un ex funcionario
y llevarlo hasta las últimas consecuencias, como sucedió
en la valiente Nicaragua, nicaragüita? Bueno, aquí casi
ha pasado, casi.
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