1 de febrero de 2004


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

La semilla de la pobreza

La quinta reunión del Comité de Expertos del Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de la Convención Interamericana Contra la
Corrupción se llevará a cabo la semana próxima (del 2 al 6 de febrero) en la sede de la OEA, ubicada en la gélida Washington, DC.

Y El Salvador, como país, creo que tiene mucha experiencias por compartir en cuanto a chanchullos y otras yerbas.

En la reunión preparatoria, el Comité de Expertos, evaluará los informes de Uruguay, Panamá, Ecuador y Chile y analizarán los avances de los países miembros en cuanto a la puesta en marcha de la Convención hemisférica tan demandada por la administración gubernamental estadounidense (que está harta de ofrecer el dinero que recaudan de los contribuyentes para beneficio de unos pocos) y es un instrumento odiado por aquellos Portillo y Alemán que sobreviven al peso de la justicia en sus lugares de origen.

Y como repito, la experiencia de El Salvador es una novela de peso para entender los avances y retrocesos de este país pequeño, que tiene una distribución desigual de la riqueza, sobrevive de la remesa familiar y es el escenario de escandalosos timos a las arcas del Estado.

Independientemente El Salvador se adhiera por completo al nuevo instrumento de la OEA, el próximo mandatario que llevará las riendas del país a partir de junio de 2004, heredará una camisa de once varas y un canasto (repleto con casos pendientes) sobre la cabeza.

Si Antonio Saca gana, como lo reiteran las encuestas, deberá enfrentar un legado con nombres y apellidos y que nadie puede deslindar del partido que lo ampara.

Si Handal gana, ¿qué hará con esos ex comandantes/empresarios que le rodean y se han llevado algo más que un dulce a la bolsa?

Si Silva gana, ¿será capaz de aclarar los entretelones del negocio que hizo con la firma canadiense?

Dicho y hecho, los políticos salvadoreños tienen la cola pateada. Los unos se escupen y los otros lanzan los trapos sucios al que está enfrente.

Los casos de Romeo Majano Araujo (exonerado al fin, pero igual el Instituto del Seguro Social quedó quebrado); Ricardo Montenegro, Carlos Mejía, Raúl García Prieto, Roberto Mathies Hill y Carlos Perla son parte de una nómina que -independientemente hayan sido vencidos o no en juicio- nos revela un problema grave de la sociedad: a los salvadoreños no se les quita la maña de echarse unos centavitos a la bolsa a costa del vecino.

Pero, ¿el Estado será capaz de enjuiciar a un ex funcionario y llevarlo hasta las últimas consecuencias, como sucedió en la valiente Nicaragua, nicaragüita? Bueno, aquí casi ha pasado, casi.


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