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CRÓNICA
De
la sed a la guerra
Vértice
acudió al tercer Foro Mundial del Agua, que se celebró
en Japón, hace una semana y fue testigo de una reunión
estratégica que se vio ensombrecida por el inicio de la guerra
en Iraq. La cumbre mundial concluyó sin un pronunciamiento claro
sobre el acceso a ese recurso como derecho humano.
Erick Lombardo Lemus
vertice@elsalvador.com
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El
Príncipe Heredero de Japón presidió el Tercer
Foro Mundial del Agua que se llevó a cabo en las ciudades
japonesas de Kyoto, Shiga y Osaka.
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Kyoto. La calzada que guía hacia el camino
de la filosofía es acariciada por la sombra exigua que
brinda los árboles de cerezo a inicios de la primavera nipona.
Desde hace una semana, en el Kyoto Conference Hall Center, cientos de
delegados de todo el globo discuten una política mundial para
administrar el recurso agua.
Algunos de ellos, tras finalizar su participación, han optado
por ir hacia una ceremonia del té que se realizará en
un barrio residencial de Kyoto. A la cita solo pueden llegar una vez
atraviesan el camino de la filosofía, Tetsugakuno-michi,
un estrecho sendero de dos kilómetros de longitud ubicado entre
el templo Ginkakuji y el santuario Nyakuoji, en la base de la colina
Higashiyama. El único rumor que escuchan es el agua que corre
por un canal paralelo al sendero. La temperatura ambiente no sobrepasa
los cinco grados centígrados y cada uno de los delegados respira
paz y se deleita con la sensación de equilibrio que ofrecen las
aguas cristalinas. La escena es uno de los tantos símbolos que
explican por qué Kyoto fue escogida como sede de la cumbre.
El agua es un tema político, aunque por hoy pese la lucha por
el petróleo. Pero, de acuerdo con las previsiones oficiales,
durante los próximos dos decenios el volumen del agua que se
demanda en todo el mundo (para la producción de alimentos) sufrirá
un aumento del 17%. ¿La causa? El crecimiento demográfico
desproporcionado en los países en desarrollo.
Es muy probable que en el año 2025 dos tercios de la población
mundial vivirá en regiones que padecerán escasez entre
moderada y grave. Quizá le suene apocalíptico, mas el
agua dulce solo representa el 2.5% del volumen total de la que hay en
el planeta.
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El
ex gobernante soviético Mikhail Gorbachev expresó
un férreo apoyo a la paz y a la defensa del recurso agua.
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Estrés hídrico
Todos los años mueren más de cinco
millones de personas debido a enfermedades originadas por agua y alimentos
contaminados. Si el suministro cumpliera con las normas sanitarias mínimas,
la incidencia de causas insalubres disminuiría hasta un 75%.
El estrés hídrico es un concepto acuñado
recientemente en las regiones donde el agua es un problema de corto
plazo. En Europa, el problema es la privatización del servicio
público; en el tercer mundo, la calidad y el suministro deficiente.
La Cumbre del Agua terminó con un programa débil de acción.
Agnes Van Ardenne-Van der Hoeven, ministra holandesa de Cooperación
para el Desarrollo lo dijo todo en una frase: es muy decepcionante
y desequilibrado que (el documento del Foro) promueva grandes
proyectos hídricos y la participación de compañías
privadas en los servicios de suministro de agua dulce.
Pero el desarrollo feliz del encuentro mundial solo fue posible gracias
a la hospitalidad de las ciudades anfitrionas: Shiga, Osaka y Kyoto,
y sus habitantes que se desvivieron porque delegados, conferencistas
y periodistas se sintieran en casa.
El inicio de la guerra en Iraq dio una vuelta de turca. Las mesas de
trabajo de los países de Oriente Medio se eliminaron de la agenda
y el secretario general de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, canceló
su visita.
Solo Mikhail Gorbachev, expresidente de la Unión Soviética,
que ahora encabeza la Green Cross International, llegó a defender
la esencia del Foro y a protestar contra la guerra en Iraq. Mientras
tanto, los monitores en la sala de prensa transmitían los bombardeos
sobre Bagdad y la incursión militar.
La lección de 1945
Los japoneses son reacios a la guerra. La evocación que brota
de sus labios es la mañana trágica: 6 de agosto de 1945,
a las 8 horas y 15 minutos. Hiroshima fue el blanco de la primera bomba
atómica que arrasó toda la ciudad y cobró miles
de víctimas.
Sin embargo, durante esa misma semana, el primer ministro, Junichiro
Koizumi, en una rueda de prensa televisada, inclinó la balanza
a favor de los Estados Unidos. A Bush le ha costado muchos sufrimientos
llegar a esa decisión, aseveró y propició
el inicio de una serie de protestas en las ciudades más importantes
de Japón.
En esta nación, hasta las manifestaciones giran en torno al orden.
Al menos, el día del cierre del Foro del Agua, jóvenes
y adultos marcharon por las calles de Kyoto con un mensaje: no
a la guerra; pero la protesta iba precedida de bandas musicales
que interpretan desde el Himno de la Alegría de Beethoven hasta
rolas antibélicas de los Beatles. La marcha entra al mercado
de alimentos Nishiki y continúa el trayecto por la calle Teramachi
acompañada por el resguardo de la policía, que, dicho
sea de paso, no usa armas.
En paralelo, el Foro llegó a su fin marcado por un doble sentido
de rechazo: no a la privatización de un servicio público,
como lo sostuvieron unos activistas que rechazaron un plan del Banco
Mundial, y no a la guerra en Asia central.
Después de todo, agua y vida van de la mano.
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La
cúpula o el Domo A, como es conocido este edificio que
sobrevivió a la bomba atómica, se mantiene en
pie y su significado es elocuente.
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El
triciclo calcinado de un niño víctima de la bomba
atómica es exhibido en el Memorial de Hiroshima para
nunca olvidar el horror de la guerra.
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Bandas
musicales japonesas desfilaron el domingo anterior por las calles
principales de la ciudad de Kyoto para expresar su apoyo a la
paz.
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Una
veintena de pacifistas elabora una pancarta contra la guerra en
Iraq en la periferia de Kyoto.
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