30 de marzo de 2003

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CRÓNICA
De la sed a la guerra

Vértice acudió al tercer Foro Mundial del Agua, que se celebró en Japón, hace una semana y fue testigo de una reunión estratégica que se vio ensombrecida por el inicio de la guerra en Iraq. La cumbre mundial concluyó sin un pronunciamiento claro sobre el acceso a ese recurso como derecho humano.

Erick Lombardo Lemus
vertice@elsalvador.com

El Príncipe Heredero de Japón presidió el Tercer Foro Mundial del Agua que se llevó a cabo en las ciudades japonesas de Kyoto, Shiga y Osaka.

Kyoto. La calzada que guía hacia el “camino de la filosofía” es acariciada por la sombra exigua que brinda los árboles de cerezo a inicios de la primavera nipona. Desde hace una semana, en el Kyoto Conference Hall Center, cientos de delegados de todo el globo discuten una política mundial para administrar el recurso agua.
Algunos de ellos, tras finalizar su participación, han optado por ir hacia una ceremonia del té que se realizará en un barrio residencial de Kyoto. A la cita solo pueden llegar una vez atraviesan el “camino de la filosofía”, Tetsugakuno-michi, un estrecho sendero de dos kilómetros de longitud ubicado entre el templo Ginkakuji y el santuario Nyakuoji, en la base de la colina Higashiyama. El único rumor que escuchan es el agua que corre por un canal paralelo al sendero. La temperatura ambiente no sobrepasa los cinco grados centígrados y cada uno de los delegados respira paz y se deleita con la sensación de equilibrio que ofrecen las aguas cristalinas. La escena es uno de los tantos símbolos que explican por qué Kyoto fue escogida como sede de la cumbre.
El agua es un tema político, aunque por hoy pese la lucha por el petróleo. Pero, de acuerdo con las previsiones oficiales, durante los próximos dos decenios el volumen del agua que se demanda en todo el mundo (para la producción de alimentos) sufrirá un aumento del 17%. ¿La causa? El crecimiento demográfico desproporcionado en los países en desarrollo.
Es muy probable que en el año 2025 dos tercios de la población mundial vivirá en regiones que padecerán escasez entre moderada y grave. Quizá le suene apocalíptico, mas el agua dulce solo representa el 2.5% del volumen total de la que hay en el planeta.

El ex gobernante soviético Mikhail Gorbachev expresó un férreo apoyo a la paz y a la defensa del recurso agua.

Estrés hídrico

Todos los años mueren más de cinco millones de personas debido a enfermedades originadas por agua y alimentos contaminados. Si el suministro cumpliera con las normas sanitarias mínimas, la incidencia de causas insalubres disminuiría hasta un 75%.
El “estrés hídrico” es un concepto acuñado recientemente en las regiones donde el agua es un problema de corto plazo. En Europa, el problema es la privatización del servicio público; en el tercer mundo, la calidad y el suministro deficiente.
La Cumbre del Agua terminó con un programa débil de acción. Agnes Van Ardenne-Van der Hoeven, ministra holandesa de Cooperación para el Desarrollo lo dijo todo en una frase: “es muy decepcionante y desequilibrado” que (el documento del Foro) promueva grandes proyectos hídricos y la participación de compañías privadas en los servicios de suministro de agua dulce.
Pero el desarrollo feliz del encuentro mundial solo fue posible gracias a la hospitalidad de las ciudades anfitrionas: Shiga, Osaka y Kyoto, y sus habitantes que se desvivieron porque delegados, conferencistas y periodistas se sintieran en casa.
El inicio de la guerra en Iraq dio una vuelta de turca. Las mesas de trabajo de los países de Oriente Medio se eliminaron de la agenda y el secretario general de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, canceló su visita.
Solo Mikhail Gorbachev, expresidente de la Unión Soviética, que ahora encabeza la Green Cross International, llegó a defender la esencia del Foro y a protestar contra la guerra en Iraq. Mientras tanto, los monitores en la sala de prensa transmitían los bombardeos sobre Bagdad y la incursión militar.

La lección de 1945

Los japoneses son reacios a la guerra. La evocación que brota de sus labios es la mañana trágica: 6 de agosto de 1945, a las 8 horas y 15 minutos. Hiroshima fue el blanco de la primera bomba atómica que arrasó toda la ciudad y cobró miles de víctimas.
Sin embargo, durante esa misma semana, el primer ministro, Junichiro Koizumi, en una rueda de prensa televisada, inclinó la balanza a favor de los Estados Unidos. “A Bush le ha costado muchos sufrimientos llegar a esa decisión”, aseveró y propició el inicio de una serie de protestas en las ciudades más importantes de Japón.
En esta nación, hasta las manifestaciones giran en torno al orden. Al menos, el día del cierre del Foro del Agua, jóvenes y adultos marcharon por las calles de Kyoto con un mensaje: “no a la guerra”; pero la protesta iba precedida de bandas musicales que interpretan desde el Himno de la Alegría de Beethoven hasta rolas antibélicas de los Beatles. La marcha entra al mercado de alimentos Nishiki y continúa el trayecto por la calle Teramachi acompañada por el resguardo de la policía, que, dicho sea de paso, no usa armas.
En paralelo, el Foro llegó a su fin marcado por un doble sentido de rechazo: no a la privatización de un servicio público, como lo sostuvieron unos activistas que rechazaron un plan del Banco Mundial, y no a la guerra en Asia central.
Después de todo, agua y vida van de la mano.

La cúpula o el Domo A, como es conocido este edificio que sobrevivió a la bomba atómica, se mantiene en pie y su significado es elocuente.

El triciclo calcinado de un niño víctima de la bomba atómica es exhibido en el Memorial de Hiroshima para nunca olvidar el horror de la guerra.

Bandas musicales japonesas desfilaron el domingo anterior por las calles principales de la ciudad de Kyoto para expresar su apoyo a la paz.

Una veintena de pacifistas elabora una pancarta contra la guerra en Iraq en la periferia de Kyoto.


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