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INTERNACIONAL
Opositores
preguntan: ¿Miente Bush?
El
presidente Bush es comparado con otros ex mandatarios de Estados Unidos
a quienes se les descubrió que mentían en asuntos importantes
del Estado. ¿Bush está consciente de todo lo que dicen?
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Para
algunos senadores estadounidenses, Bush miente en cosas
importantes.
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La búsqueda de armas químicas, biológicas
y nucleares en Irak ha sido infructuosa. Se ha visto ahora que los recortes
de impuestos no dan alivio alguno a los millones de contribuyentes estadounidenses
de bajos ingresos.
Desde el punto de vista de algunos demócratas, el Presidente
George W. Bush ha estado mintiendo acerca de éstos y otros asuntos
importantes, en la misma forma en que Lyndon B. Johnson mintió
acerca de Vietnam, Richard M. Nixon mintió acerca de Watergate
y Bill Clinton acerca de su vida sexual.
Por ejemplo, el senador demócrata de Florida, Bob Graham, ex
presidente del Comité de Inteligen-cia y candidato a la postulación
presidencial del Partido Demócrata, acusó a Bush de llevar
a cabo un patrón de engaño y charlatanería
en el tema de Irak.
Una organización antibélica, Moveon.org, publicó
un desplegado de una plana en The New York Times la semana pasada, sugiriendo
que hombres y mujeres jóvenes fueron enviados a la muerte
por una mentira.
El Centro de Prioridades de Presupuesto y Política, grupo liberal
de investigación, dijo, acerca de la declaración del presidente
de que todos los estadounidenses que pagan impuestos sobre sus ingresos
se beneficiarían de sus recortes fiscales, que tales aseveraciones
no son exactas.
De hecho, una revisión de todas las declaraciones públicas
del gobernante encontraron muy poco que pudiera llevar a la conclusión
de que el presidente efectivamente mintió en cualquiera de estos
dos temas. Pero, más pertinente de que si el presidente efectivamente
mintió es determinar cuáles factores subrayó y
a cuáles les restó importancia.
Ciertamente, se puede argumentar con validez que exageró el peligro
planteado por las armas iraquíes prohibidas cuando trataba de
convencer al país y al Congreso de la necesidad de un ataque
preventivo, y también que hizo un énfasis excesivo en
los beneficios que recibirían los estadounidenses de ingresos
modestos cuando estaba tratando de convencer a todos de su plan de recorte
fiscal.
Bush no es el único que ha pecado de hacer un énfasis
selectivo. Robert Dallek, historiador presidencial, recuerda que durante
la campaña electoral de 1940, el presidente Franklin D. Roosevelt
insistió en que no llevaría a Estados Unidos a la guerra
a menos que su país fuera atacado por una potencia extranjera.
Hacia el final de la campaña, cuando su oponente republicano,
Wendell L. Willkie, parecía estar triunfando, Roosevelt simplemente
descartó la línea que empezaba con a menos que.
Cuando los presidentes están tratando de realizar cambios fundamentales
en la política nacional, como es el caso de Bush, dice Donald
F. Kettl, científico político de la Universidad de Wisconsin,
tienen que encontrar una forma que sea poderosa y persuasiva,
y políticamente atractiva, y ofrecer algo que el pueblo pueda
aceptar.
Sobre Irak
Veamos qué dijo el Presidente Bush acerca de armas de destrucción
masiva en dos discursos por televisión en horario pico, uno el
7 de octubre, su primer gran discurso sobre Irak, y el otro el 17 de
marzo, cuando declaró que Saddam Hussein tenía que salir
de Irak o enfrentar un ataque.
El discurso de octubre estuvo dedicado en gran parte
a la amenaza de las armas prohibidas.
Irak, dijo Bush, tenía un arsenal masivo de armas biológicas
y miles de toneladas de agentes químicos y estaba
reconstituyendo su programa de armas nucleares.
El presidente preguntó: Si sabemos que Saddam Hussein tiene
armas peligrosas hoy -y lo sabemos-, ¿tiene sentido que el mundo
espere a enfrentarlo a medida que él se haga incluso más
fuerte y desarrolle armas aún más peligrosas?
En el discurso en marzo, en vísperas de la guerra, Bush declaró:
Inteligencia recabada por éste y otros gobiernos no deja
la menor duda de que el régimen iraquí sigue poseyendo
y ocultando algunas de las armas más letales que hayan sido creadas.
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Meses
después de la guerra en Irak, aún se cuestiona si
fue necesaria la acción bélica implementada en el
lugar.
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No hay evidencias de que el presidente no creía
en lo que estaba diciendo. La senadora demócrata de Nueva York,
Hillary Clinton, y otros demócratas dijeron la semana pasada
que los informes de inteligencia que recibieron justificaban las declaraciones
de Bush.
Funcionarios de la administración insisten en que las armas iraquíes
todavía serán encontradas. Pero, en retrospectiva, la
amenaza de las armas prohibidas, auténtica o no, no parece haber
sido, como el presidente estaba sugiriendo, la motivación decisiva
para lanzarse a la guerra.
Razones más centrales -su deseo de dominar el Oriente Medio y
remover a un dictador cuyo desafío hacía que Estados Unidos
se viera débil- hubieran sido más difíciles, políticamente
hablando, de convencer al pueblo y al Congreso.
La semana pasada, en un discurso en Nueva Jersey, Bush no mencionó
siquiera las armas iraquíes. En lugar de eso, citó el
rechazo de Saddam a respetar las demandas del mundo libre
y dijo: Esto es seguro: Saddam Hussein no es ya una amenaza para
Estados Unidos y para nuestros aliados y amigos.
En lo referente a los impuestos, Bush aseveró en su discurso
del Estado de la Unión que las críticas contra su plan
carecían de fundamento, y lo repitió frecuentemente en
fechas posteriores: Este alivio fiscal, declaró,
es para todos aquellos que pagan impuestos sobre la renta.
¿Otra mentira?
De hecho, como descubrieron el Centro de Política Fiscal, brazo
investigador de la Institución Brookings y del Instituto Urbano,
8.1 millones de personas que deben pagar impuestos no hubieran recibido
un recorte en sus impuestos dentro de los términos de la propuesta
de Bush y no recibirán alivio alguno a través de la legislación
que entró en vigor el mes pasado.
Prácticamente todos ellos son solteros sin hijos y sin dividendos
sobre ganancias de capital que ya están en la clasificación
del 10 por ciento, o aquéllos con clasificación de cabeza
de familia cuyo dependiente no sea un niño menor de 17
años. Pero hay más de 100 millones de contribuyentes de
impuestos en Estados Unidos. De forma que más de 90 por ciento
recibirán algún recorte impositivo. Si hubiera dicho casi
todos hubiera sido exacto.
Lo que es más importante, sin embargo, es que el alivio impositivo
que la mayoría de la ciudadanos estadounidenses recibirá
es muy pequeño, lo cual dista mucho de la impresión que
el presidente Bush trató de dar cuando hizo campaña en
el país para promover su plan.
Bush insistió en hacer énfasis en los beneficios fiscales
para la gente con ingresos modestos, no en el alivio fiscal más
extenso que deseaba para la clase más pudiente. Con frecuencia
tenía en el escenario, junto a él, a una pareja con dos
niños y un ingreso de 40,000 a 50,000 dólares, cuyos impuestos
se reducirían en más de 1,000 dólares, más
que nada gracias al aumento en el crédito fiscal para hijos.
Pero el hecho indisputable es que el grueso del recorte de los impuestos
se destinará a los ricos.
Un estudio de la Justicia Fiscal para Ciudadanos, instituto liberal
de investigación cuyos cálculos no han sido disputados,
encontró que la mitad de todos los contribuyentes recibirían
una reducción de menos de 100 dólares al año este
año, y que para 2005, tres cuartas partes de los ciudadanos recibirían
un recorte de menos de 100 dólares.
Por otra parte, casi dos terceras partes de los ahorros impositivos
se aplicarán al 10 por ciento más rico de los contribuyentes,
y el 1 por ciento más rico recibirá una reducción
impositiva promedio de cerca de 100,000 dólares al año.
La pregunta en cuanto a Irak y los impuestos es si Bush cruzó
la línea que divide al politiqueo aceptable de la manipulación.
Algunos críticos aseguran que Bush torció la información
de inteligencia para ajustarla a sus metas políticas. Esto quizá
sólo pueda ser respondido en forma conclusiva por historiadores
cuando sean conocidas todas las evidencias y consecuencias.
Bush parece típico de alguien que trata de vender algo,
dice Dallek.
Uno busca lo que la gente va a encontrar más fácil
de creer y más persuasivo, continúa. En cierto
sentido, uno se convence a sí mismo de esas ideas, y no tengo
la menor duda de que Bush estaba convencido de que (los iraquíes)
tenían armas de destrucción masiva.
Cuando firmó la iniciativa impositiva para hacerla ley el mes
pasado, durante una ceremonia en la Sala Oriental de la
Casa Blanca, el presidente introdujo a Jenny Tyson, de Omaha, Nebraska,
esposa de un sargento de la Fuerza Aérea que sirve en las fuerzas
armadas en el Pacífico.
Con dos hijos, los Tyson conservarán 1,300 dólares
adicionales al año de su propio dinero, declaró
el presidente.
Eso era cierto. Pero el caso es que no es el punto principal de la nueva
ley impositiva.
A bush se le acusa no solo de mentir para justificar
la guerra en Irak, sino en un plan de ajustes económicos que
beneficiaría a los estadounidenses más humildes.
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