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LA
COLUMNA
Aprender
de las lecciones
¿Interrogantes? ¿admiración? ¿indignación?
Son algunas de las sensaciones que supongo habrán despertado
en la ciudadanía la famosa fuga de catorce integrantes de la
llamada banda Tacoma Cabrera. Y no es para menos. El sinsabor
que deja un hecho así es tal que la desconfianza en el sistema
judicial -y en este caso específicamente el de resguardo de reos-
aumenta.
Más que la forma en que escaparon los imputados, me sorprende
los enormes vacíos en el dispositivo de seguridad,
que según el jefe de seguridad de la Corte Suprema de Justicia
(CSJ), Carlos Flores, había fallado. Pero yo me pregunto si en
realidad existían tales medidas. Que introdujeran armas o celulares
dentro de una pizza o por otra vía, no me causa admiración.
La historia ha registrado ya grandes escapes como el ocurrido en el
siglo pasado de la inexpugnable Alcatraz, proezas que han sido dignas
de llevarlas a la gran pantalla. Pero el ocurrido el domingo pasado
no alcanza esos méritos; todo lo contrario, pues no burlaron
el más complejo sistema de seguridad; simplemente engañaron
a un custodio (una ingenuidad que también me cuestiono) y luego
presionaron al resto, es decir, tres en total. ¿Cómo es
posible que un dispositivo de seguridad para vigilar a una banda de
alta peligrosidad en su estancia en las bartolinas del centro judicial
capitalino, se haya confiado a tan pocos vigilantes?
¿Cómo es que a falta de un detector de metales (porque
justamente se dañó un día antes) no realizaron
una revisión exhaustiva?
Creo que aquí se ha pecado de imprecaución. El mismo Carlos
Flores reconoció que necesitaba de por lo menos 25 custodios
para tal misión, aunque la cantidad ideal es 60. El dicho que
más he escuchado ante este hecho ha sido: Sólo en
este país pasan estas cosas. Creo que los salvadoreños
no aprendemos de las lecciones.
No es la primera vez que reos se escapan. Basta recordar el caso de
Roberto Hernández Rosales que salió de la cárcel
escondido en un ropero (aunque luego lo recapturaron y hoy guarda prisión),
el de Giovanni Vásquez ,El crazy, que suplantó
a otro reo ante el juez y salió en libertad tranquilamente.
La guerra de palabras entre la CSJ y la PNC sobre quien tenía
mayor responsabilidad no es lo constructivo en estos casos, sino encontrar
la forma de prevenir este tipo de acontecimientos. Si se hiciera esto,
no tendríamos -por ejemplo- que desembolsar como Estado los $30
mil (¢262 mil 500) que se han prometido como recompensa a aquellos
que brinden información que lleve a recapturar a los doce reos
prófugos.
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