29 de junio de 2003


LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Aprender de las lecciones

¿Interrogantes? ¿admiración? ¿indignación? Son algunas de las sensaciones que supongo habrán despertado en la ciudadanía la famosa fuga de catorce integrantes de la llamada banda “Tacoma Cabrera”. Y no es para menos. El sinsabor que deja un hecho así es tal que la desconfianza en el sistema judicial -y en este caso específicamente el de resguardo de reos- aumenta.
Más que la forma en que escaparon los imputados, me sorprende los enormes vacíos en el “dispositivo de seguridad”, que según el jefe de seguridad de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Carlos Flores, había fallado. Pero yo me pregunto si en realidad existían tales medidas. Que introdujeran armas o celulares dentro de una pizza o por otra vía, no me causa admiración. La historia ha registrado ya grandes escapes como el ocurrido en el siglo pasado de la inexpugnable Alcatraz, proezas que han sido dignas de llevarlas a la gran pantalla. Pero el ocurrido el domingo pasado no alcanza esos méritos; todo lo contrario, pues no burlaron el más complejo sistema de seguridad; simplemente engañaron a un custodio (una ingenuidad que también me cuestiono) y luego presionaron al resto, es decir, tres en total. ¿Cómo es posible que un dispositivo de seguridad para vigilar a una banda de alta peligrosidad en su estancia en las bartolinas del centro judicial capitalino, se haya confiado a tan pocos vigilantes?
¿Cómo es que a falta de un detector de metales (porque justamente se dañó un día antes) no realizaron una revisión exhaustiva?
Creo que aquí se ha pecado de imprecaución. El mismo Carlos Flores reconoció que necesitaba de por lo menos 25 custodios para tal misión, aunque la cantidad ideal es 60. El dicho que más he escuchado ante este hecho ha sido: “Sólo en este país pasan estas cosas”. Creo que los salvadoreños no aprendemos de las lecciones.
No es la primera vez que reos se escapan. Basta recordar el caso de Roberto Hernández Rosales que salió de la cárcel escondido en un ropero (aunque luego lo recapturaron y hoy guarda prisión), el de Giovanni Vásquez ,“El crazy”, que suplantó a otro reo ante el juez y salió en libertad tranquilamente.
La guerra de palabras entre la CSJ y la PNC sobre quien tenía mayor responsabilidad no es lo constructivo en estos casos, sino encontrar la forma de prevenir este tipo de acontecimientos. Si se hiciera esto, no tendríamos -por ejemplo- que desembolsar como Estado los $30 mil (¢262 mil 500) que se han prometido como recompensa a aquellos que brinden información que lleve a recapturar a los doce reos prófugos.


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