28 de diciembre de 2003


DIAGNÓSTICO... "RESERVADO"

Salud... divino tesoro

Salud, dinero y amor parecen ser las tres principales aspiraciones de muchos.
Pero, según la última encuesta de CID Gallup, entre los salvadoreños, el mayor
regalo de nuevo año es gozar de salud, como una puerta para lograr una mejor
calidad de vida.

A. Miranda, M. Cáceres, W. Hernández
y Fotos Álvaro López
vertice@elsalvador.com

Si tengo salud puedo trabajar, reza un dicho muy común entre los salvadoreños, quienes ponen el bienestar físico -ante todo- entre sus prioridades.

Así lo refleja la última encuesta de opinión pública realizada por CID Gallup en la que un 37 por ciento de los entrevistados asegura que lo que más necesita es salud.

Al parecer, los encuestados reconocen que sin salud no hay bienestar en todo el sentido de la palabra. Y qué mejor que empezar 2004 sintiéndose físicamente saludable.

Por eso, cuando se les preguntó: ¿Y cuál es su principal deseo personal para el año nuevo? Un 25% contestó que la superación personal; pero un 16% dijo que deseaba salud.

“Las aspiraciones para un año nuevo están más ligadas a situaciones personales que materiales: educación, salud, tranquilidad en la sociedad, trabajo y una vida en familia plena de paz, unión, amor y confianza”, explica -a manera de resumen- la citada encuesta.

Y para alcanzar ese deseo, ¿Qué considera usted que necesita más? fue la otra pregunta que se les hizo. Treinta y siete de cada cien encuestados manifestaron que para lograr en la vida todos esos bienes no materiales, se requería de salud.

“Si tengo salud, puedo trabajar, y si tengo trabajo, tengo alimentos, dinero”, refirieron.
Entonces, si la salud es el bien más preciado para los salvadoreños, ¿Cómo se encuentra su estado físico? ¿Cuál fue
su condición de salud para este año?

Estas preguntas condujeron a Vértice a indagar de qué se enferman los salvadoreños.

Sin salud
Según los cálculos oficiales, más de nueve millones de salvadoreños estuvieron enfermos entre enero y octubre. La mayoría afectada de las vías respiratorias.

Informes como el de Desarrollo Humano del PNUD revelan que los cambios demográficos y sociales en nuestro país, acompañados por la propagación de padecimientos como el SIDA ha vuelto más complejo el perfil de enfermedades en los años recientes.

En efecto, en 2003, el Hospital Rosales registró un caso nuevo de SIDA cada día. Pero, qué sucede con otras enfermedades que presenta el salvadoreño.

Para este año se registró un aumento de las enfermedades no transmisibles, así como de lesiones y tratamiento por accidentes o violencia, cuya prevención y tratamiento requieren de elevada inversión.

El Ministerio de Salud tuvo un presupuesto para 2002 de $231.99 millones, mientras que en éste se operó con $240 millones. Ese dinero no habría alcanzado para atender al 80% de la población que depende de la atención médica estatal, ya que más de la mitad del presupuesto asignado a esa cartera ministerial se invierte en el pago de salarios de los empleados.

La oferta de servicios sigue siendo pequeña para la enorme cantidad de pacientes que, respecto al año anterior, aumentó considerablemente. Más de 8.6 millones de personas requirieron de una atención médica, más de 130 mil que el año pasado.

La unidad de Salud del barrio San Miguelito, al oriente de San Salvador, por ejemplo, abrió este año unos 35 mil expedientes nuevos. ¿Significa esto que hubo un incremento de enfermos? Posiblemente.
¿Cuáles fueron entonces las causas de ese incremento de enfermos?

Gente enferma

El mayor porcentaje de pacientes atendidos
en la Unidad de Salud de San Miguelito
lo constituye mujeres y niños.

En El Salvador, la población es mayormente afectada por enfermedades de las vías respiratorias.

Los libros de control de dos unidades de salud capitalinas, la del barrio San Miguelito y la Gerardo Barrios (cerca del Estado Mayor de la Fuerza Armada), revelan una mayor prevalencia de las llamadas IRA (Infecciones Respiratorias Agudas), entre las que figuran el catarro común, sinusitis aguda, faringoamigdalitis, entre otras.

En la sala de espera de la unidad Barrios aguarda, como muchos otros, Nathalie Muñoz, una pequeña regordeta de un año y medio de edad.

Aunque ese día su madre, Vanessa, la había llevado por diarrea, dice que sus visitas a la clínica son principalmente por gripe.

La directora del centro, Patricia de Muñoz, confirma que en el semestre de este año casi el 40% de los pacientes son atendidos por IRA, y en segundo y tercer lugar, figuran el parasitismo intestinal y la conjuntivitis. Esta última por el brote que hubo entre septiembre y octubre.

“Los más afectados de las vías respiratorias son los menores de 4 años y mujeres de entre 20 y 59 años”, dice la médica.

Igual realidad se encontró en la unidad de San Miguelito, donde, según su director en funciones, Clayton Majano González, sólo en este año atendieron a 91 mil cinco personas, además de las 101 mil 200 asistencias que hizo la unidad de enfermería (controles, vacunaciones, visitas de campo y curaciones).

Pero en ambas clínicas no sólo las enfermedades respiratorias son el pan diario. Hablar con cada paciente de las salas de espera es como ingresar a un amplio mundo de males, desde las más comunes hasta las más raras y complejas.

A nivel oficial, se manejan diez principales causas de morbilidad. Este año, las IRA, la neumonía y la conjuntivitis bacteriana dejaron gran cantidad de afectados; sin embargo, es imposible saber el comportamiento de otras enfermedades usuales entre la población, como el caso de la diábetes, hipertensión arterial, insuficiencia renal parasitismo y otras enfermedades gastrointestinales.

El Ministerio prometió dar esta información en detalle hasta febrero de 2004.
Pero en los pasillos de la clínica de San Miguelito, estas enfermedades están en la boca de los pacientes mientras esperan pasar consulta.

María Esperanza es uno de ellos. Al oir su nombre, la señora de 45 años se levanta y con paso cansino se dirige hacia la puerta del consultorio número doce. María Esperanza había esperado una hora para estar frente al médico, un joven de tez blanca, ojos oscuros y cabello engomado, quien le lleva el control de su diábetes que padece desde hace doce años.

Alteraciones en la presión arterial forman parte
de los problemas que enfrentan los salvadoreños.
SIDA, décimo lugar de muertes
hospitalarias en el país

Según el PNUD, el SIDA ocupó el décimo lugar de muertes hospitalarias, durante 2002. El Salvador muestra un incremento en la infección por el VIH de 0.83 x 100,000 en 1990 a 15.4 durante el año 2002. Hasta diciembre de 2002, se presentaron 5,455 personas portadoras del VIH positivo y 5,497 casos de SIDA.
La principal forma de transmisión en el país es sexual, principalmente heterogénea. Un 86% es por transmisión en las relaciones sexuales; de este porcentaje, 76.7% corresponde a la categoría de heterosexual, 4.9% a homosexuales y el 4.4% a los bisexuales. El grupo de hombres que tienen sexo con hombres tenía una prevalencia de VIH del 17.7%, con una prueba de sífilis del 15.1%. El grupo de mujeres trabajadoras del sexo presentó una prevalencia del VIH del 3.6% en San Salvador y de sífilis del 16%.

Los vulnerables

La presencia de las mujeres y los niños en los pasillos de las clínicas es predominante.

“Quizá se deba a que las mujeres son las que cuidan a los hijos enfermos, están más expuestas a la enfermedad”, afirma la doctora de Muñoz.

Graciela Orantes es un ejemplo de esa exposición. Es quien cuida a su nieta Ana Graciela Grande Domínguez, de ocho años,
diagnosticada con neumonía y la encargada de llevarla durante cinco días a que reciba terapias respiratorias.

Aunque no se ha contagiado, ella también se convierte en paciente cada vez que la atacan los dolores artríticos o cuando su otra nieta, Mónica Celeste, se enferma de asma o bronquitis.

Ella, junto a su nieta, son pacientes frecuentes de la clínica Barrios porque allí sus males son atendidos con eficacia y amabilidad; además, porque no pagan nada.

“No tenía los dos dólares que me cobran en el hospital San Rafael, donde le diagnosticaron la neumonía a mi nieta”, dice mientras acaricia el rostro de la niña.

Esas virtudes atraen a miles cada año a esta clínica. La doctora de Muñoz dice que mensualmente atienden entre 7 y 8 mil pacientes.

La condición económica de los pacientes de estos centros es variada. Los doctores Majano y de Muñoz coinciden en que algunos no pueden costear el tratamiento.

Este es el caso de Graciela Orantes, quien hace malabares con los $400 que le envía cada dos meses su hija,

residente en Estados Unidos. Esos fondos los invierte en medicamentos para las niñas y los suyos para tratar su artritis.

Llegar hasta el centro de salud es para esta señora un sacrificio, por eso dice que para este año nuevo lo que más desea es salud para seguir luchando por sus nietas. “Lo demás viene después, con la salud”.

Ese bienestar buscaron otros enfermos en distintos centros asistenciales, como los 14 mil pacientes que acudieron cada mes a las unidades de San Miguelito y Barrios.

Es curioso. De lugares distantes han llegado en busca de atención a estos centros.

La vacunación en los menores de cinco años es uno de los programas de prevención con mayor cobertura.

Pobreza limita salud población
El campo corre en desventaja en la carrera por garantizar salud a madres e hijos en El Salvador. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Familiar (FESAL) 2003, la tasa de mortalidad en niños de 1 a 4 años está “claramente asociada al nivel socio-económico de la vivienda”. Por ejemplo, el índice estimado para el nivel socio-económico bajo es más que tres veces mayor que el estimado para el nivel alto (8.8 contra 2.7 por mil).
De esa manera, parece comprensible que departamentos considerados de más bajos recursos económicos, como Ahuachapán, encabecen la lista de los poblados con mayores índices de desnutrición, anemia en madres e hijos, además de las infecciones respiratorias en menores de cinco años.
Así, el 36% de la población de Ahuachapán presenta un cuadro de desnutrición crónica (Baja Talla por Edad) contra el 7.4% de la zona central de San Salvador.
El mismo departamento es primero en la prevalencia de anemia en niños menores de cinco años, con el 27.3% contra el 14.1% de San Salvador.
Otros municipios con bajos ingresos también lideran la lista de diarreas e infecciones respiratorias en menores de 5 años. El 25.2% de la población infantil de Cabañas padeció diarreas y el 59.8% de Cuscatlán, infecciones respiratorias en 2003.
Pero pese a los inconvenientes, FESAL indica un descenso del 55% en la tasa de mortalidad infantil. Pasó del 54 por mil nacidos vivos en 1988, a 25 por mil en 2003. Sin embargo, el índice aún es muy alto si se compara con Costa Rica, que es de 10 por mil.
En términos comparativos, El Salvador se sitúa a nivel intermedio en cuanto a la mortalidad infantil, si se toman en cuenta los índices de sus vecinos de Centroamérica, México y Chile. No se puede asegurar lo mismo sobre la tasa de mortalidad materna.
El Ministerio de Salud reporta para 2003 una tasa de mortalidad materna institucional de 57.2 por 100 mil nacidos vivos. FESAL admite que el reducido número de muertes maternas identificadas no le permite determinar si se han registrados cambios significativos en ese rubro.

Condiciones de vida
Sólo el 21.3% de la población rural recibe servicio de agua continuo y el 62.7% aún cocina con leña. Según la FESAL, las condiciones de vida limitan la salud de la población.

María Ester García, una sexagenaria de Lourdes, en La Libertad, ha cobijado sus esperanzas de sanar su rinitis alérgica que padece desde hace veinte años en la clínica Barrios, además de su gastritis.

“He gastado en médicos y tratamientos, pero no me han logrado curar. Me refirieron a esta clínica que es bien famosa por la calidad de atención”, señala esta anciana, madre de siete hijos y quien asegura padecer estas enfermedades hoy en su vida adulta.

“Hasta los 40 años era muy sana... cuando uno llega a viejita empieza a padecer todos los males”, apunta con humor.
Salud en cifras

De acuerdo con los indicadores de salud de 2002, los males de los salvadoreños llegan según la edad.

Los adultos mayores, que suman 485 mil 560 para este año, concentraron enfermedades crónicas de las vías respiratorias, hipertensión arterial, artritis, diabetes mellitus y dorsalgias (lumbago con ciática, dolor en la columna dorsal y en la espalda, entre otros).

Mientras, en la población menor de 14 años incidieron más las IRA, diarreas y gastroenteritis, parasitismo intestinal y las bronquitis.

En el grupo etáreo de 15 y 19 años, aparecen la infección en las vías urinarias, complicaciones del embarazo y puerperio, inflamación en los órganos genitales femeninos, migrañas, cefaleas tensional y traumatismos en diferentes partes del cuerpo.

Los salvadoreños entre los 20 y 59 años presentaron algunas enfermedades de los jóvenes, además de inflamaciones de cuello uterino, vagina y vulva.

En la clínica Barrios, por ejemplo, se detectó 80 lesiones pre cancerosas (que son tratables) en mujeres de entre 30 y 59 años. Además, de algunos casos de desnutrición, una enfermedad más presente en menores de cinco años.

La desnutrición, como otras enfermedades, tiene fuerte relación con la pobreza de los pacientes. “Quizá por los escasos recursos no pueden comprar medicamentos. Eso contribuye al decaimiento de la salud de las personas”, señala el doctor Clayton Majano.

Pero, a la vez, el galeno reflexiona que ante la efectividad de los programas de atención, la accesibilidad de los centros asistenciales y la capacidad del personal “no debería haber tantas personas enfermas”.

Pero esta reflexión no parece tener lógica al ver tantos pacientes que acuden cada día en busca de una cura. Y si a eso se le agregan las epidemias, la saturación es mayor.

Sólo en la clínica San Miguelito, se atendieron 400 pacientes semanales por conjuntivitis, enfermedad que no respetó edad ni sexo, al igual que el dengue y las neumonías este año, cuyo costo alcanzó unos 6 millones 300 mil dólares, según Salud.

Pero eso no es todo, los enfermos no sólo abarrotaron los consultorios; este año, más de 285 mil pasaron casi cinco días -como promedio mínimo- tendidos en la cama de un hospital, privados de su salud.

Los más de nueve millones que este año buscaron salud en los centros públicos asistenciales, y los otros no contabilizados de los centros privados, tienen razón en pedir que 2004 les depare menos enfermedades.

3,462 Muertes
Según Salud, las causas principales en 2003 fueron shock séptico, trauma cráneo encefálico, insuficiencia renal crónica, accidente cerebrovascular, neumonía/ bronconeumonía, SIDA, infarto del miocardio, intoxicación (químicos y alcoholismo), diagnóstico sindrómicos y heridas por arma de fuego.



El gasto necesario

La inversión en el rubro de salud sigue siendo baja, sobre todo cuando se consider
que 1.6 millones de personas no recibieron atención.

La inversión para incrementar la cobertura de salud de los salvadoreños no ha sido óptima. Si bien el gasto (8.8% del PIB) no es bajo si se compara con el de otros países latinoamericanos, el análisis que hace el PNUD en el reciente Informe de Desarrollo Humano, se centra en un necesario incremento del presupuesto en un 21% si se quiere atender al menos el 80% de la población como se lo ha planteado el Ministerio de Salud.

Pone d e ejemplo la inversión que hace el ISSS y el MSPAS y encuentra una brecha enorme. Mientras el primero destina $222.6 en cada uno de sus asegurados, el segundo gasta apenas $48.

La diferencia queda más manifiesta cuando se considera que Salud atiende al mayor grueso de la población, es decir, el 80%. Y aquí el problema es que el 69% del presupuesto es dedicado al pago de salarios de los más de 22 mil empleados, entre médicos, enfermeras, técnicos en salud y administrativos.

Esto impidió que un 24% de los salvadoreños no consultara en el 2002 sus problemas de salud por problemas de oferta del servicio, según la FESAL de este año. Sin embargo, este mismo informe señala que los indicadores de salud no son tan desoladores.

RECURSOS INSUFICIENTES

La escasa oferta en el servicio de salud pública habría privado a 1.6 millones de salvadoreños de recibir atención médica gratuita.

Consultas1.51
las veces que cada habitante consultó este año en un centro público.
Médicos 2.0
por cada 10 mil habitantes dispuso el Ministerio de Salud para 2003.
Camas 9.0
las camas por cada mil habitantes, fue la oferta en los centros públicos.

La implementación de los SIBASI y el aumento en el acceso a los servicios de atención (ampliación de los horarios de consulta y hacia los fines de semana) han dado buenos resultados.

Pero hay que señalar que los recursos dispuestos para atender a una población tan numerosa no son suficientes. Según los indicadores oficiales, existen dos médicos y 0.32 odontólogos por cada 10 mil habitantes, al igual que tres enfermeras y cinco auxiliares de enfermería, es un ejemplo entre muchos.

Igual se podría hablar de que el 9% de camas hospitalarias por cada mil habitantes no basta. Si se comparan estos números con el de la demanda, resultan insuficientes. Este año, entre enero y octubre,

Salud habla de que tres millones 101 mil 935 personas fueron atendidas por primera vez sólo en la consulta externa. ¿Y los que requirieron hospitalización o exámenes de laboratorio? Las cifras aún no cuadran.

Los retos
La tasa de desnutrición crónica en menores de 5 años se redujo al 18.9%. Para borrar este problema, el PNUD calcula una inversión gradúa para 2015 de $30.1 millones.

 

 


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