 |  |
LA
COLUMNA
Para
no olvidar
Cada año nos deja sinsabores y satisfacciones,
realidades y sueños. 2003 no ha sido la excepción. Han
sido 365 días agitados, intensos, felices, por un lado; amargos,
por el otro. Se podría decir que nos ha dejado algo bueno, algo
malo y algo feo.
Quizá este espacio sea injusto en el análisis o, mejor
dicho, en el recuento de cosas positivas o negativas que nos hayan pasado
este año; pero, si la memoria no me falla, haré el intento
de recordarlas.
Lo bueno: en primer lugar la buena noticia de que los niveles de pobreza
se hayan reducido en 22 puntos porcentuales es un buen paso. Sin embargo,
hay todavía una huella marcada que es necesario borrar del mapa,
y es que según las estimaciones del Informe de Desarrollo Humano
del PNUD, 43 de cada cien salvadoreños es pobre. Primer punto
que debe fijarse en la agenda de cosas pendientes.
Otra buena noticia que satisface es la extensión del permiso
temporal de trabajo por un año más para más de
200 mil compatriotas en Estados Unidos. Esto significa una garantía
de que las remesas seguirán sosteniendo una parte importante
de nuestra economía, y sobre todo, aminorando la pobreza rural.
El mismo informe del PNUD destaca que hasta el año pasado las
remesas habían evitado que el 8.6% de los habitantes rurales
cayera en una situación de pobreza absoluta.
Si vemos el plano educativo, la decisión del gobierno de anular
las cuotas voluntarias en las escuelas públicas y el aumento
en el presupuesto 2004 de las carteras de Educación y de Salud,
constituyen medidas acertadas; sobre todo, cuando en El Salvador la
inversión pública en estas áreas no ha sido tan
prioritaria.
Lo malo: los altos índices de violencia social. Preocupa que,
según cálculos policiales en el cierre de fin de año,
cada día mueren 13 salvadoreños. El mismo Ministerio de
Salud registra como décima causa de muerte para este año
las heridas por arma de fuego. Un signo inequívoco de que el
fenómeno de la violencia sigue siendo un azote duro de esquivar.
Los sonados casos de corrupción en perjuicio de la economía
pública también han sido la mala nota este año.
Los más de $30 millones sustraídos de las arcas de la
Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA)
y desviados a las cuentas personales de los principales funcionarios
de la administración anterior, comenzando por el presidente,
Carlos Perla, refleja que los mecanismos de control para sanear la administración
pública merecen mayor atención.
Lo feo: podrían decirse muchas cosas, pero hay una que quiero
apuntar y es la falta de concertación que nos entregan los señores
diputados en casi todas las plenarias y reuniones de las comisiones
de trabajo. Acusaciones contra acusaciones surgen cada vez que se abordan
los intereses nacionales. Una prueba de ello es el desacuerdo en el
que se han enredado para aprobar el presupuesto nacional de 2004. Tanta
divergencia partidaria es comprensible; estamos en tiempos electorales.
Cada propuesta del partido que se considere un enamoramiento de los
electores se bota con el argumento simple de que eso es politiquería,
demagogia o tinte electoral. Con todos estos ingredientes, 2003 será
sin duda un año inolvidable.
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |