28 de diciembre de 2003


LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Para no olvidar

Cada año nos deja sinsabores y satisfacciones, realidades y sueños. 2003 no ha sido la excepción. Han sido 365 días agitados, intensos, felices, por un lado; amargos, por el otro. Se podría decir que nos ha dejado algo bueno, algo malo y algo feo.

Quizá este espacio sea injusto en el análisis o, mejor dicho, en el recuento de cosas positivas o negativas que nos hayan pasado este año; pero, si la memoria no me falla, haré el intento de recordarlas.

Lo bueno: en primer lugar la buena noticia de que los niveles de pobreza se hayan reducido en 22 puntos porcentuales es un buen paso. Sin embargo, hay todavía una huella marcada que es necesario borrar del mapa, y es que según las estimaciones del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, 43 de cada cien salvadoreños es pobre. Primer punto que debe fijarse en la agenda de cosas pendientes.

Otra buena noticia que satisface es la extensión del permiso temporal de trabajo por un año más para más de 200 mil compatriotas en Estados Unidos. Esto significa una garantía de que las remesas seguirán sosteniendo una parte importante de nuestra economía, y sobre todo, aminorando la pobreza rural.

El mismo informe del PNUD destaca que hasta el año pasado las remesas habían evitado que el 8.6% de los habitantes rurales cayera en una situación de pobreza absoluta.

Si vemos el plano educativo, la decisión del gobierno de anular las cuotas voluntarias en las escuelas públicas y el aumento en el presupuesto 2004 de las carteras de Educación y de Salud, constituyen medidas acertadas; sobre todo, cuando en El Salvador la inversión pública en estas áreas no ha sido tan prioritaria.

Lo malo: los altos índices de violencia social. Preocupa que, según cálculos policiales en el cierre de fin de año, cada día mueren 13 salvadoreños. El mismo Ministerio de Salud registra como décima causa de muerte para este año las heridas por arma de fuego. Un signo inequívoco de que el fenómeno de la violencia sigue siendo un azote duro de esquivar.

Los sonados casos de corrupción en perjuicio de la economía pública también han sido la mala nota este año. Los más de $30 millones sustraídos de las arcas de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y desviados a las cuentas personales de los principales funcionarios de la administración anterior, comenzando por el presidente, Carlos Perla, refleja que los mecanismos de control para sanear la administración pública merecen mayor atención.

Lo feo: podrían decirse muchas cosas, pero hay una que quiero apuntar y es la falta de concertación que nos entregan los señores diputados en casi todas las plenarias y reuniones de las comisiones de trabajo. Acusaciones contra acusaciones surgen cada vez que se abordan los intereses nacionales. Una prueba de ello es el desacuerdo en el que se han enredado para aprobar el presupuesto nacional de 2004. Tanta divergencia partidaria es comprensible; estamos en tiempos electorales. Cada propuesta del partido que se considere un enamoramiento de los electores se bota con el argumento simple de que eso es politiquería, demagogia o tinte electoral. Con todos estos ingredientes, 2003 será sin duda un año inolvidable.


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