28 de septiembre de 2003


ENTREVISTA

“El lenguaje está en crisis”

Alex Grijelmo ha marcado el nuevo rumbo estilístico de los periódicos en países de Latinoamérica, al crear un Libro de Estilo, que para algunos se llega a considerar una “Biblia” o, en el peor de los casos, una publicación que no merece siquiera una rápida ojeada.

Erick Lombardo Lemus
Claudia Jimena Rivera

vertice@elsalvador.com

No se considera un gurú del periodismo ni cosa que se parezca. Es sólo un acucioso investigador del lenguaje escrito, al que defiende contra todo avance tecnológico que invada el mundo y que atente directamente contra las palabras.

Su propuesta de rescate de las letras se consolida con el renovado y ampliado Libro de Estilo, que preparó para su antigua empresa El País, el más importante de los periódicos de España.
Grijelmo visitó El Salvador y reconoció el dilema de haber creado un “modelo” periodístico, que –lastimosamente– se aplica muy poco.
“Los libros se venden pero los periódicos siguen mal escritos”, resume.

Vértice: ¿Están mejor escritos los periódicos de hoy que los de antes?
Álex Grijelmo:
No sé… No sé cómo eran antes, lo que sí sé es que se está produciendo un deterioro del lenguaje evidente. O sea, estamos llenando los periódicos de anglicismos, de tecnicismos, de sintaxis extrañas, titulando mal, empobreciendo el léxico. Eso sí lo veo.
¿Cómo eran en el siglo pasado? ¡Pues, claro! Eran periódicos con menos medios y no me atrevo a decir que fueran mejores que los de ahora.

Producto de qué ¿las universidades?

Supongo que hay algo de eso. Las universidades forman mal; hay un gran complejo de inferioridad ante el idioma inglés. Creemos que utilizar palabras del inglés es más prestigioso.
Los periodistas intentamos hablar mejor y utilizamos expresiones que nadie utiliza. Oyes: “los atracadores huyeron a bordo de un coche”, eso se dice mucho en España, como las notas de la policía dicen “huyeron a bordo de un coche…”. Ya todos los periodistas dicen: “huyeron a bordo de una motocicleta”; cualquier día va a “huir alguien a bordo de unos patines”.
Nadie va diciendo a un amigo: “oye, pues el otro día cuando iba a bordo de mi coche, oí en la radio...”.
En nuestros periódicos los buses son llamados “unidades del transporte colectivo”...
En todos los sitios hay alguna sandez de este tipo. A veces, por el lenguaje de administración, por ejemplo, al recreo le llaman segmento de ocio y cosas así.
Bueno, ese deterioro si se está produciendo es porque las universidades no están atendiendo ese problema seguramente y porque las empresas tampoco son conscientes y los periodistas menos y, bueno, algunos nos dedicamos a denunciarlo con escaso éxito.

¿Qué tan escaso?

Se venden los libros, pero no se arreglan los periódicos (ríe).

Remontémonos a la etapa en que escribió el Manual de Estilo que viene a ser la “Biblia” para los periodistas…
(interrumpe) Pero es frustrante.

¿Por qué?
Porque ves muchos pecados.

O sea, ¿volvería a hacer un manual sobre ese manual?

Sí y luego lo tiro a los periodistas para contar las veces que se escribe mal… No, el libro ese de El País, en efecto, está teniendo mucho éxito desde hace muchos años, se vende muy bien en España y Latinoamérica, y lo compran y lo leen muchas personas, excepto los redactores de El País (ríe). Entonces, es bastante frustrante ver en el periódico esa incomprensión de estilo…

¿Cuánto tiempo le llevó elaborarlo?

Estuve trabajando un año. Estaba trabajando, en realidad, sobre un libro de estilo anterior, esto es como las catedrales que se hacen sobre templos visigóticos, pues, algo así.
Allí había un templo visigótico, un primer libro, más suscinto, y yo construí el que, luego, pues, ha tenido difusión internacional, sobre un pequeño libro que había anteriormente.

Fue satisfactorio ver el producto final, ¿el producto de la investigación?
¿Producto de investigación? No. Fue todo intuición, como un trabajo periodístico más. Lo que no sabes lo preguntas y, como normalmente lees el periódico todos los días y te encuentras cosas que están mal, piensas: ‘lo voy a poner en el libro de estilo para que no salgan más’. Y, luego, siguen saliendo y te enfadas todavía más. Por lo menos, si no estuvieran en el libro de estilo tendrían disculpas; pero, bueno…

Ahora eres director de contenidos de Prisa Internacional ¿En qué momento se produjo tu transición a lo que ahora estás haciendo?
En el 99… Después del Mundial de Atletismo de Sevilla me ofrecieron dirigir una cadena de periódicos locales que en ese momento estaba montando Grupo Prisa y acepté.
Mi último puesto en el periódico fue redactor jefe de deportes, después de haber sido redactor jefe de Domingo, de Nacional. Afortunadamente recorriendo todas las secciones del periódico tuve una visión muy panorámica de todo y, después del Mundial de Atletismo, me ofrecieron la cadena de periódicos y aquí estoy.

¿Es un requisito pasar por varias secciones?

No, no es necesario, a mí -desde luego- me ha venido muy bien. Trabajé en un periódico local en Burgos; después, en una agencia de noticias. Me parece que son los dos mejores lugares para aprender.
Un periódico pequeño porque tienes que hacer tantas cosas, consigues meterte el periódico en la cabeza y, luego, una agencia de noticias porque está relacionado con la materia prima del periodismo que es la noticia; aquí ves quién trae las noticias y en una agencia de noticias no puedes especular, inventar ni interpretar, entonces, adquieres los mecanismos, la técnica de extraer noticias de la realidad, el tener contacto con fuentes, cuidar las fuentes, solo vives de que haya noticias.
Si tienes curiosidad y hablas con los compañeros, pues también puedes tener esa visión. Lo que pasa es que hay mucha gente que no lo hace, que está en su sección de economía y solo lee periódicos de economía, solo lee libros de economía, solo habla de economía, se quedará toda la vida en la sección de economía, claro, sino va al fútbol o nada.

¿Madrid o Barcelona?

¡Madrid! Primero el Burgos, pero -como está en tercera división- me conformo con ganar la Eurocopa con el Madrid.

¿Por qué nunca hay que encasillarse?

Debe haber especialización en el periodismo, pero corremos el peligro que -al especializarnos- sepamos cada vez más que cada vez menos. Si vas profudizando en algo y ya te metes en un mundo tan pequeño y haces un microperiodismo que pierdes la pertenencia de la realidad y un día -siendo tú redactor de ciencia y sabiendo tanto de las feromonas y de los agujeros negros- ves un suceso en tu calle y no reaccionas. Y eso ha pasado. Al final se te olvida que eres periodista. Es bueno que la gente vaya rotando, entendiendo que haya una especialización, pero no hasta el punto de convertir tu especialidad en una religión.

Burgalés nato
46 años de edad y director general de Contenidos de Prisa Internacional, principalmente en Latinoamérica. vida.

El lenguaje en prensa
“Hay un gran complejo de inferioridad ante al idioma inglés. Creemos que utilizar inglés es prestigioso”.
La expansión de Prisa
“Ponemos las empresas, la experiencia, pero no vamos a mandar españoles a hacer radio”a América.
El manual de estilo
“Lo compran y lo leen muchas personas, excepto los redactores de El País; es bastante frustrante”.

La frontera entre la verdad y lo verosímil

Un tema delicado del periodismo actual tiene que ver con el arrogo de algunos “profesionales” al escribir sobre sucesos no comprobados, es decir, suponer que las cosas pasan, pero basados en suposiciones o la imaginación. El problema es la manipulación y Grijelmo no duda en calificarlo como “peligrosísimo”.

¿Por qué habla de la verdad y lo verosimil?

Se usa mucho en las páginas de opinión interpretando y diciendo: esta medida la ha propuesto tal partido porque en realidad lo que está oculto y quiere hacer es esto, esto y esto… Son cosas que son verosímiles, pues ¿quizá? Pero, se convierte lo verosímil como si fuera verdad y ese es un juego que hay que combatir porque es peligrosísimo.
Una cosa es opinar sobre un hecho si está bien o está mal; pero otra es juzgar las intenciones sin tener la información... Eso me da mucho miedo...
También, a veces, se presenta en la misma información que lo que es verosímil se presenta como si fuera cierto.

¿Es como tener una historia inconclusa?

Claro, los datos que me hacen falta me los imagino y como son verosímiles los pongo. Eso no puede ser. Hay que contar lo que se sabe, no lo que se imagina. Hay mucha confusión entre lo verosímil y ahí está la historia del cura que decía en la conferencia: “es verosímil, pero ¿es verdad? No lo sabemos”.


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