27 de julio de 2003


LA COLUMNA

Por: Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Azotes de la niñez

JNada conmueve más que ver morir a los niños y las niñas. No es porque deban ser inmortales, sino porque son criaturas indefensas y como se suele decir de los más pequeños y jóvenes: tienen un futuro por delante. En nuestro país mueren a diario cientos de criaturas por causas diversas. Una de las principales causas de muerte son los accidentes de tránsito sin que se repare mucho en ello. De esto da fe el Hospital Bloom, donde decenas de menores desfilan por sus salas para recuperarse de golpes recibidos por algún conductor poco precavido, irrespetuoso de las señales de tránsito o por alguno que aún no ha aprendido a valorar la vida de un peatón.

La misma violencia social que en los últimos tres años ha cobrado casi dos mil víctimas anualmente, incluye a los más pequeños. Un ejemplo: hace dos meses, un niño de siete años fue asesinado por un drogadicto en una zona residencial de San Bartolo. ¿Habrá acabado con un futuro brillante? Nadie lo sabe, como tampoco lo que esta vida deparaba a los más de 50 niños que han muerto a causa de la neumonía en este año y que ha llevado al Ministerio a decretar alerta roja y a la Asamblea Legislativa a reflexionar si establece un estado de emergencia.

En cifras globales, la neumonía ha provocado la muerte de casi 300 personas -entre adultos y niños- y cerca de 50 mil han buscado tratamiento en los hospitales al padecerla.

Desde la epidemia del dengue, los hospitales nacionales no lucían abarrotados, y como es usual en estos casos, la escasez de recursos para enfrentar la emergencia sale a flote, hasta se ha calculado que si una persona se vacuna contra la gripe o la influenza evitaría un desembolso de entre $500 y $700 en la atención de cada paciente que ingresa por la enfermedad.

No hay necesidad de estar envuelto en este tipo de emergencias para hacer estos cálculos que significan mucho más que números, y eso se llama PREVENCIÓN. En El Salvador siguen muriendo principalmente niños y niñas de enfermedades previsibles y para muestra un botón: la desnutrición. Si bien en las estadísticas oficiales no figura como causante directa, se trata de un fantasma silencioso que rodea a muchos decesos de menores, y aunque los programas de asistencia alimentaria son de gran ayuda, no se está atacando la raíz del problema: la pobreza.
Hoy que la neumonía es casi una epidemia, se hablan de vacunar masivamente contra la gripe. Si vivimos en un país donde cada cambio estacional deriva en cientos de miles de consultas por enfermedades respiratorias ¿no es esto suficiente para estar preparado?


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.