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LA
COLUMNA
Azotes
de la niñez
JNada conmueve más que ver morir a los niños y las niñas.
No es porque deban ser inmortales, sino porque son criaturas indefensas
y como se suele decir de los más pequeños y jóvenes:
tienen un futuro por delante. En nuestro país mueren a diario
cientos de criaturas por causas diversas. Una de las principales causas
de muerte son los accidentes de tránsito sin que se repare mucho
en ello. De esto da fe el Hospital Bloom, donde decenas de menores desfilan
por sus salas para recuperarse de golpes recibidos por algún
conductor poco precavido, irrespetuoso de las señales de tránsito
o por alguno que aún no ha aprendido a valorar la vida de un
peatón.
La misma violencia social que en los últimos tres años
ha cobrado casi dos mil víctimas anualmente, incluye a los más
pequeños. Un ejemplo: hace dos meses, un niño de siete
años fue asesinado por un drogadicto en una zona residencial
de San Bartolo. ¿Habrá acabado con un futuro brillante?
Nadie lo sabe, como tampoco lo que esta vida deparaba a los más
de 50 niños que han muerto a causa de la neumonía en este
año y que ha llevado al Ministerio a decretar alerta roja y a
la Asamblea Legislativa a reflexionar si establece un estado de emergencia.
En cifras globales, la neumonía ha provocado la muerte de casi
300 personas -entre adultos y niños- y cerca de 50 mil han buscado
tratamiento en los hospitales al padecerla.
Desde la epidemia del dengue, los hospitales nacionales no lucían
abarrotados, y como es usual en estos casos, la escasez de recursos
para enfrentar la emergencia sale a flote, hasta se ha calculado que
si una persona se vacuna contra la gripe o la influenza evitaría
un desembolso de entre $500 y $700 en la atención de cada paciente
que ingresa por la enfermedad.
No hay necesidad de estar envuelto en este tipo de emergencias para
hacer estos cálculos que significan mucho más que números,
y eso se llama PREVENCIÓN. En El Salvador siguen muriendo principalmente
niños y niñas de enfermedades previsibles y para muestra
un botón: la desnutrición. Si bien en las estadísticas
oficiales no figura como causante directa, se trata de un fantasma silencioso
que rodea a muchos decesos de menores, y aunque los programas de asistencia
alimentaria son de gran ayuda, no se está atacando la raíz
del problema: la pobreza.
Hoy que la neumonía es casi una epidemia, se hablan de vacunar
masivamente contra la gripe. Si vivimos en un país donde cada
cambio estacional deriva en cientos de miles de consultas por enfermedades
respiratorias ¿no es esto suficiente para estar preparado?
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