26 de octubre de 2003


INTERNACIONAL

“Paras” y guerrilleros:
En Colombia el “adversario es el mismo”

Desde la soledad de su apartamento en Bogotá, Lecompte confiesa que su esposa
y él no se imaginaron que la guerrilla pudiera secuestrarla. “Ella tenía más afinidades
que divergencias con la guerrilla, pero el adversario es el mismo”, dice.

Amalia Morales (Última entrega)
* Periodista nicaragüense radicada en Bogotá,
Colombia, donde cursa una maestría.

vertice@elsalvador.com

Una foto histórica en San Vicente del Caguán cuando Ingrid Betancourt proponía un mensaje de paz a la guerrilla.

Ingrid Betancourt y Juan Carlos Lecompte están a favor de una reforma agraria, de reformas políticas, electorales, a la justicia, en contra de la corrupción del Estado. Pero difieren, en el método. Betancourt está contra la guerra, los secuestros, las voladuras y el narcotráfico.

Nueve días antes de su secuestro, Betancourt y otros dos candidatos a la presidencia se reunieron con el estado mayor de la guerrilla. El proceso de paz agonizaba.

En esa ocasión ella los retó a que dieran muestras de querer negociar la paz. Y sin imaginar que sería la futura víctima, demandó el cese de los secuestros. “No más secuestros y liberar a los secuestrados, podría ser un gesto unilateral de ustedes para mantener el proceso”, les dijo a unos comandantes, serios y barrigones que la miraban sin pestañear.

Esa vez, al final del encuentro uno de los comandantes se le acercó y le entregó una nota de una caligrafía tímida, que decía: “Ingrid, ya que andas repartiendo viagra, no sé si trajiste algunas pastillitas para regalárselas a Andrés París (otro comandante)”. Firma Joaquín Gómez. El papel está guardado en el estudio de Betancourt, en el estante de libros donde sobresale una colección de grandes autores franceses: Rousseau, Voltaire, Baudelaire, Victor Hugo, Camus, Sartre a los que seguramente leyó cuando estudiaba en el instituto de Ciencias Políticas de París.

En una mesa de centro, rodeando un cenicero está su libro en todos los idiomas que ha sido traducido. En total 15.
Hay dos versiones que Betancourt no conoce: la coreana y la japonesa, donde ha vendido más de 100,000 copias.
En cada palmo del apartamento hay algo que evoca a la ausente. Al abrirse la puerta, lo primero que se ve es una foto casi tamaño natural de Betancourt. A la par una pintura de ella sonriente, que no ha visto. Y en un aparador que ocupa el centro de la sala, su tesoro más preciado, el garabato de un inmortal escritor. “Ingrid, aquí te dejo una flor”, el dibujo y la firma: “tío Pablo Neruda. Feb. 1972”.

Una voz: libérenla

Desde Europa hasta Guatemala: el grito ha sido el mismo. Fue en ese mismo escenario donde Lecompte recibió la llamada de un general del Ejército que le confirmaba el secuestro. “Ingrid estaba desaparecida”, le dijo. Diez días después llegaría el comunicado oficial de las Farc. Fabián Ramírez, vocero de la guerrilla, afirmó que Betancourt estaba en manos de la guerrilla y que la van a tener por lo menos un año. En los días que sucedieron a la noticia del secuestro, Yolanda Pulecio, la madre de Ingrid, viajó a México en busca de su compatriota, el escritor Gabriel García Márquez, de quien es amiga desde los días en París. Quería que el Nobel persuadiera a la guerrilla. Pero no quiso.

“Gabo me dijo que él no tenía ninguna relación con la guerrilla. Cuando le dije que me ayudara a conseguir una cita con Fidel (Castro), me dijo que Fidel tampoco tenía relación con la guerrilla, que no valía la pena que yo fuera, y no fui y no me ayudó a conseguir la cita”.

Otra puerta que tocó fue la del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Chávez dijo que ayudaría, pero hasta “hoy no sé que ha hecho ese señor”.

Distinta fue la reacción de un gobierno distante, el francés, de donde Betancourt es ciudadana. Pulecio dice que al día siguiente del secuestro, el presidente Jacques Chirac habló, vía telefónica, con Andrés Pastrana. Posterior a la llamada de Chirac, Pastrana los convocó y con “frivolidad total” les dijo que su gobierno “nada podía hacer porque estaba de salida”, dice Pulecio. Faltaban cinco meses y medio para que abandonara el cargo. “El presidente Pastrana fue infame”.

Un símbolo en Europa

Familiares y simpatizantes de la ex candidata presidencia reclaman su liberación a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En Francia, donde ya era conocida por su libro publicado un año antes y donde vive su hermana mayor, Astrid, se ha generado una red de comités a favor de su liberación.

Los comités se extendieron por Europa. Lecompte dice que se han creado alrededor de 280, que organizan caminatas, que crean páginas web una de ellas es: www.betancourt.info

Betancourt ha sido nombrada ciudadana de honor en más de 60 ciudades de Francia, también en Bélgica y Alemania,
Holanda, Canadá.

Los partidos verdes y hasta el parlamento europeo han pedido su liberación. Los gobiernos de Francia y Bélgica la postularon a Premio Nobel de Paz 2003.

Hace unas semanas el coliseo romano se iluminó para pedir por la liberación de Betancourt y de San Suu Kyi, Premio Nobel detenida en Birmania. “Ingrid es un símbolo del secuestro en Colombia”, dice Pulecio.

Voces como la de la guatemalteca Rigoberta Menchú, también Premio Nobel de Paz, se han sumado al coro de gargantas que en el exterior, piden a la guerrilla poner fin al cautiverio de la ex candidata y del resto de secuestrados.

En Colombia, en cambio, el único comité lo integra la familia, reconocen Pulecio y Lecompte.
“No sé si es que no hay solidaridad, por un lado, y por otro lado están acostumbrados al horror de lo que pasa todos los días en Colombia, la gente se adormeció”, dice Pulecio.

En los 18 meses y medio de cautiverio la guerrilla ha dado dos pruebas de vida de la dirigente política. La primera llegó a los cinco meses de su desaparición.

En el primer video se ve demacrada física y moralmente. Clara Rojas, su compañera, aparece a la par también en las mismas condiciones físicas.

En esa grabación la dirigente deplora el gobierno del ex presidente Pastrana y declara que se siente abandonada por el Estado colombiano. Se opone a ser canjeada por guerrilleros, como pretendían las Farc.

Después de ese video transcurrieron 13 meses de silencio y de mucha especulación, antes que las Farc presentaran la segunda prueba de supervivencia.

Movidos por los peores rumores, en ese compás de espera la familia intensificó la presión internacional. Uno de los momentos más angustiantes para Pulecio fue el día que recibió una llamada, de una periodista que dijo ser de Caracol, una de las principales cadenas de radio y televisión del país, y le avisó que su hija estaba muerta. “Sentí una angustia terrible”.

Lecompte, por su parte, fue nuevamente a la cárcel Modelo que está en Bogotá a entrevistarse con miembros de las Farc, quienes le dijeron que no se preocuparan que si ella se moría, eso sería muy difícil de ocultar.

Las pruebas

La otra versión era que estaba muy enferma, con una insuficiencia renal. A mediados de julio, la familia pidió auxilio al gobierno francés y éste envió una misión médica a Manaos, la frontera de Brasil con Colombia, donde se suponía sería liberada. La operación falló y casi genera un lío internacional entre los gobiernos de Brasil, Francia y Colombia.

El penúltimo día de agosto de este año, la segunda prueba de supervivencia fue emitida por noticias Uno, el mismo telediario que pasó la primera prueba.

Las declaraciones de la candidata, que demuestra un buen semblante, acabaron con el nudo de especulaciones y la zozobra de la familia.

En el segundo video, Betancourt, reitera su oposición a ser canjeada por guerrilleros, pero insta al gobierno al canje de los soldados, que llevan cinco y hasta seis años en manos de las Farc. Y se declara, aparentemente, a favor de las operaciones de rescate, a la que su familia se sigue negando. “Rescate sí, definitivamente sí, por principio, pero no cualquier rescate. Los rescates o son un éxito o no deben serlo”, afirmó con cierta ironía.

Con tales afirmaciones, la candidata hace alusión al frustrado operativo del Ejército que, en mayo pasado, culminó con la muerte de 10 personas, entre ellos ocho soldados y dos civiles, uno de ellos gobernador de Antioquia, la región industrial.

En los 23 minutos que dura el video, el énfasis de sus palabras se concentran en la situación de los secuestrados y en el manejo que el gobierno debe darle al tema. Raras veces habla de sí misma. Menos de cinco minutos los dedica para saludar a su familia.

Al esposo le hubiera gustado saber si recibió su libro favorito: la historia de Napoleón, que le envió con un cura que trabaja en la selva.

Desde que está en cautiverio Pulecio, Lecompte, sus hijos Melanie y Lorenzo, y parientes en Estados Unidos, le han enviado mensajes de aliento los sábados a la medianoche a través del programa Voces del Secuestro, que transmite una radio local.

El video de Betancourt despertó toda clase de interpretaciones. En los medios consideraron que el mensaje de la política era un llamado al gobierno de Álvaro Uribe para que realice el canje humanitario y dialogue con las Farc, a quienes el mandatario colombiano califica de terroristas.

“Está cerrado (Uribe) que no negocia con guerrilleros y con terroristas, pero sí negocia con los paramilitares; eso es lo extraño, que son tan terroristas como la guerrilla”, se queja Pulecio a propósito del proceso de desmovilización de los grupos paramilitares que promueve el gobierno.

Otra especulación que generó el video, es que Betancourt saldría en los próximos días. En libertad se supone que integraría como mediadora en un futuro diálogo entre las Farc y el gobierno, que estaría promoviendo Naciones Unidas.

Sin embargo, la guerrilla, a través de un comunicado, desmintió la posible liberación de la ex candidata y reiteró que el canje (con guerrilleros presos) es la única opción para devolverla a su familia.

La politica Ingrid Betancourt
Ingrid, una ausencia irreparable

El pasado miércoles ella cumplió 20 meses en cautiverio. Cuando salga algunas cosas habrán cambiado. Una de las ausencias que resentirá será la de su padre, que murió un mes después del secuestro. La urna con sus cenizas la esperan en una iglesia de Bogotá.
De sus familiares cercanos, siguen en el país su mamá, su esposo y sus sobrinos, hijos de su única hermana, Astrid, quien lidera parte de los comités por su liberación en Francia.
Además de esos parientes, en su apartamento la espera Pom, su perra obesa y blanca, que llevaba 11 años, echándosele a los pies.
Es la lenta celadora del espacio que Ingrid decoró. Mantenerlo a flote, tal y como ella lo dejó no ha sido fácil. Lecompte hizo muchas gestiones para congelar por un año los préstamos y las cuentas pendientes de la esposa ausente. A la que evoca a través de fotos, de ideas:
“¿Llegada a este punto, será que a mí también me van a matar? Mi relación con la muerte se equipara a la que pueda tener con ella un equilibrista.
Tanto él como yo hacemos cada cual una actividad peligrosa, evaluamos los riesgos, pero nuestro amor por el arte es más grande que el miedo.
Amo la vida apasionadamente, no tengo ganas de ser ninguna mártir, todo lo que construyo en Colombia es también para poder tener la felicidad de envejecer aquí.
Para tener el derecho de vivir aquí en este, nuestro país, sin temer por todos aquellos que amo”.
Ingrid Betancourt.


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