26 de octubre de 2003


ESPECIAL

El fracaso de un sueño

Una de las grandes leyendas de la aviación dejó de surcar los cielos. El Concorde,
el único avión supersónico de pasajeros, hizo el pasado 24 de octubre su último vuelo
entre Nueva York y Londres. Las razones de la cancelación son puramente económicas:
el avión de pasajeros más rápido que el sonido no es rentable.

Camilo Zamora, en Londres
vertice@elsalvador.com

British Airways y Air France, las dos únicas aerolíneas del Concorde, anunciaron a inicios de año su decisión de aterrizar el Concorde para siempre, basados en una serie de eventos que habían hecho de esta maravilla de la tecnología una extrema pérdida de dinero.

La crisis del Condorde inició con el accidente de Air France hace tres años en el cual murieron 113 personas, cerca del aereopuerto Charles de Gaulle. El trágico evento llevó a las autoridades europeas de la aviación a cancelar todos los vuelos del Concorde.

Tanto a Air France como a British Airways les costó un promedio de unos 50 millones de dólares realizar los ajustes requeridos para poner nuevamente la flota a volar.

Pero el reinicio de operaciones del avion supersónico estaba condenado a la inevitable baja en la venta de pasajes. A esto se sumaron los ataques del once de septiembre que afectaron primordialmente la industria aérea. El último año del Concorde estuvo marcado por pequeños pero no menos importantes incidentes, aterrizajes de emergencia, mal funcionamiento de partes, fallas en el motor y despegues cancelados, llevaron a los ejecutivos de British Airways y Air France a decidir retirar el Concorde para siempre.

Y es que estamos hablando de un avión creado hace casi treinta años, del cual nunca se ha podido construir una versión que lo supere.

Último intento de salvación

El proyecto del Concorde fue asumido por los gobiernos de Gran Bretaña y Francia en tiempos en que el hombre daba los primeros pasos en la luna. El avión supersónico fue diseñado en 1960 y puesto en operaciones en 1976. Según el capitán John Hutchinson, piloto del Concorde por más de 15 años, las computadoras que hoy tienen los Concorde son viejas y no le permiten al avión tener algunas facilidades que tienen otros aviones modernos.

Pero Hutchinson, un renuente al cierre de los vuelos del Concorde, afirma “sin embargo aun funcionan (las computadoras)”.

Negociaciones entre British Airways y Airbus, el manufacturador de Concorde, concluyeron que una importante inversión en mantenimiento y renovación debía hacerse a los siete Concords de la flota si los querían mantener en el aire. En un comunicado la aereolínea afirmó que no era posible hacer semejante inversión en tiempos en que la demanda por vuelos había bajado.

Ante el anuncio de la cancelación de los vuelos de este avión las aerolíneas aumentaron el costo de los preciados últimos boletos en el Concorde. Las personas que volaron en el último viaje supersónico de pasajeros entre Londres y Nueva York han pagado como mínimo tres mil dólares en clase económica y hasta 10 mil en clases ejecutiva y primera clase. Definitivamente, después del anuncio el Concorde volvió a ser rentable.

Concorde es un ícono en Gran Bretaña, y el anuncio de su retiro no iba a dejar de brazos cruzados a terceros interesados. Pero ¿quién podría querer hacerse cargo de un avión supersónico de pasajeros creado hace treinta años? Ni más ni menos que Sir Richard Branson, un excéntrico empresario que ha creado la firma “Virgin”, que incluye tarjetas de crédito, celulares, grabadora de música, cadena de tiendas de discos compactos, bebidas, etc… y la aereolínea Virgin Atlantics.

Volar en el Concorde

Branson ofreció a British Airways un millón de libras esterlinas (más de 1,500,000 dólares) por cada avión Concorde de su flota, y le ofreció a los británicos hacerlo rentable. Según Branson “es inaceptable que algo tan hermoso deje de volar solo por los malos resultados de un año”.

Sin embargo, British Airways rechazó la oferta, dando pocas explicaciones, pero dejando en claro que retirando el Concorde le ahorraba a la empresa entre 40 y 65 millones de dólares anuales.

La gran magia del Concorde es que vuela a una velocidad de 1,350 millas por hora y a una altura de 60,000 pies, cruzando de Europa a Nueva York en menos de tres horas y media. Gracias al cambio horario, se llega a Estados Unidos más temprano de lo que se sale de Europa.

Es decir, un ejecutivo parisino podía programar una reunión en Nueva York a las nueve de la mañana, tomar en vuelo a las ocho y media en Charles de Gaulle, y todavía tener tiempo de hacer compras en la Gran Manzana antes de iniciar labores.

Según British Airways el cliente más frecuente del Concorde fue un ejecutivo petrolero quien realizó aproximadamente 70 cruces del Atlántico por año.

El avión es sin duda una joya, pero una joya muy cara de tener. Para pagar el boleto de un Concorde había que ser muy rico o invertir en los ahorros de tu vida.

Además, el avión no podía hacer cualquier ruta, ya que al superar la velocidad del sonido emitía fuertes sonidos que eran considerados contaminantes.

Eso explica por qué sus rutas eran primordialmente sobre el mar.


Despedidas de un viejo amigo

El 24 de octubre aterrizó el último vuelo del Concorde de British Airways en el aereopuerto de Heatrow, en Londres. A las 7:00 p.m. se esperó la realización de un acto oficial de despedida del avión supersónico.

El adiós del Concorde en Francia se realizó en mayo de este año y fue por sobre todo emotiva. Unos 250 trabajadores del aereopuerto y de mantenimiento realizaron guardia de honor mientras el último jet despegaba, y unas dos mil personas se aglomeraron en el aereopuerto Charles de Gaulle para ver salir por última vez este avión.

“Ahora estamos a bordo del avión más bello del mundo. Permanecerá como un sueño imborrable”, dijo Jean-Charles Principeaud, auxiliar de vuelo a bordo de un Concorde de Air France.

En Londres se espera algo similar, de hecho la policía ha pedido a los ciudadanos ver la despedida del avión por televisión, puesto que se cree que el número de personas va a exceder la capacidad del aereopuerto. Los aviones están destinados a museos o coleccciones privadas.

Air France vendió uno de sus concordes por un precio simbólico al Museo del Auto y Técnica en Sinsheim, Alemania. Además ha desmantelado otro avión para ser subastado en partes con el fin de colectar fondos para financiar proyectos para niños. La subasta incluirá dos motores Olympues 593, los cuales impulsaban la nave a más del doble de la velocidad del sonido.


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