26 de octubre de 2003


ENTREVISTA

“Fui el chompipe de la fiesta”

Hace seis años, Rafael Rodríguez Loucel pasó de vigía del sistema financiero a imputado
en la mayor defraudación a la economía pública salvadoreña.
Tras cinco meses de encierro y años de silencio, decide contar “su verdad” sobre el caso.

Erick Lemus/Hugo Dueñas /Mirella Cáceres
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Pese a todo, Rodriguez Loucel dice que volvería a asumir un cargo público.

El 23 de julio de 1997 significa un choque de emociones para Rafael Rodríguez Loucel . Ese día fue detenido bajo cargos de defraudación a la economía pública, fraude procesal en perjuicio del Estado y hurto de documentos oficiales relacionados con el caso Finsepro-Insepro.

Rodríguez pasó de ser el funcionario más visible a imputado y, como él lo dice en su libro “Mi realidad y una injusticia”, terminó siendo el “chompipe de la fiesta”. Ahora se define como un funcionario políticamente inocente que quería impulsar reformas a la Ley Orgánica de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF), sin advertir que luchaba contra grupos financieros y empresariales que “no simpatizaban con una mayor cobertura de supervisión” y que ejercían “presión sobre las autoridades del Estado”.

Sin la presión o el riesgo de que se tergiverse su versión, Rodríguez Loucel cuenta su historia.

Vértice: ¿Por qué tardó tanto tiempo para publicar su historia?
Rafael Rodríguez Loucel:
Porque lleva mucho tiempo reponerse. El libro es una catarsis, pero también (es como) la declaración de que no se hizo en el momento porque fue un caso politizado. Relato cómo vi el caso y considero ciertos aspectos como el que la culpa se concentrara en una persona, cuando hubo un consejo directivo, dos ex superintendentes, auditores externos e internos, un presidente del BCR (Banco Central de Reserva) y un Presidente de la República que conocieron el caso.

Hubo, además, un Intendente de Bancos que lo conoció antes que yo porque él presentó el informe y un abogado que hizo un dictamen jurídico.
Sin estos dos informes no podía haber un juicio administrativo, y éste se realizó en término de 24 horas.

¿Qué valía tiene hoy su testimonio y cómo se comprueban responsabilidades de quienes conocieron previamente el caso?
El libro es una declaración porque yo nunca declaré. Es mi verdad y ésta se apega completamente a la realidad de los hechos.

¿Por qué no declaró?

Mi abogado consideró que no era prudente hacerlo en el estado anímico que me encontraba. Nunca me consideré culpable. Es como que me pregunten por qué no se fugó. Fui advertido a las 11:00 p.m. de que mi casa estaba rodeada. Hubo otras personas de Finsepro que fueron señaladas y no estuvieron en prisión. El caso era esencialmente político y nada alteraría la realidad y la decisión oficial.

Rodríguez Loucel interpreta la venia que tuvo para dirigir la SSF y lamentable final, como algo preconcebido

Pero ¿pudo ser importante su declaración en aquel momento?
Pudo ser importante, pero tergiversada, y a mí se me iba a considerar presunto culpable. Mi declaración no iba a cambiar una circunstancia ni algo ya preconcebido, yo debía estar un tiempo (en la cárcel) para cargar con la culpa; fui víctima de las circunstancias, el chompipe de la fiesta. Incluso asumo que fui escogido para pagar por esa culpa desde que me juramentan en el cargo porque este hecho era conocido desde 1992.

¿Cuándo habla de algo preconcebido, cuáles habrían sido las razones? ¿Proteger a alguien?

Por qué no se hizo lo mismo con Fincomer-Crediclub, en el que hubo también una dupleta como Finsepro-Insepro. Un mes antes se intervino; pero no pasó nada.
Yo tenía previsto seguir juicios administrativos a otras empresas con problemas. No sé si saltándome lo de Finsepro no me hubiera pasado nada.

¿Pero quién o quiénes orquestaron ese embrollo y por qué lo involucran a usted?

Quien me nombra y quien me puede remover, (es) el Consejo de Ministros, encabezado por el Presidente de la República.

¿Cuándo asume el cargo sabía de esa captación ilegal de fondos? ¿Qué pasó entonces?

Ordeno una investigación que dura cinco meses. Finsepro gozaba de una solvencia relativa. Los balances así lo reflejaron; pero el balance lo hace el contador y lo firma el auditor externo. Para la SSF, ese es un balance con fundamento… Por eso lo dije en su momento: ¿y el auditor? ¿y el contador?
Por otro lado, el auditor de la SSF no hace una revisión somera, lleva cuatro o cinco meses. Según la ley, yo no podía presentar ninguna demanda sin los informes del Intendente de Bancos y el dictamen jurídico.

Para Rodríguez Loucel, el juicio debió ser de orden mercantil y no penal.

¿Y los tuvo en su momento?
En 24 horas. El Presidente de la República me preguntó porqué no los había enviado, y le dije las razones.
Él supo de la anomalía, yo se lo recordé, así como del caso Crediclub y Fincomer. Yo tenía comunicación directa con él, le informaba de todas las anomalías que podía prever, le informaba a los funcionarios respectivos.

¿Se sorprendió el ex mandatario o asumió que ya sabía del caso?

No puedo decirle, no vi su rostro. Lo que pasa es que presunciones habían; pero la SSF no podía trabajar bajo presunciones. ¡Dios guarde! Se nos viene el mundo encima.
Tenían que haber hechos comprobados.

¿Cuál fue el papel de Roberto Orellana?

Estaba igual o más enterado que el superintendente, y no es el caso específico de él, sino de todos los presidentes del BCR.

¿Qué otros personajes se enteraron?

Todo el consejo directivo de la SSF, y en este punto sí quiero insistir porque la decisión es colegiada, y si me llevaron a mí, varias personas tuvieron que estar conmigo; en total, nueve.

¿Entonces se simplificó la salida judicial?

Estuvo concentrada en una sola persona. Yo era el representante legal de la SSF, la entidad acusada de negligente. La negligencia pudo haber sido porque la ley no prevé un procedimiento rápido y por otro lado la intervención como la que hubo tiene que ser con la opinión previa del BCR. Por otro lado, un funcionario no debe aceptar un cargo con esas ataduras administrativas.

¿Cuando aceptó el cargo estaba consciente de esas ataduras?

No. Las ataduras tienen efecto práctico. No me han preguntado, pero por qué no se hizo el escándalo en el caso de Fomiexport, donde hubo muchos afectados. ¿Por qué a un superintendente anterior (Roberto Navarro) no se le acusó de negligencia?

¿Fue desleal con usted el ex presidente Calderón Sol?
Eh… estaba defendiendo sus intereses. Si no era acusado yo, él era acusado. Roberto Orellana Milla hubiese sido destituido como lo pidió la Asamblea Legislativa… pero (quien) lo destituye, que es el Presidente, hizo caso omiso de esa recomendación. Considero que el ex presidente sí fue desleal porque lo mantuve informado permanentemente.

¿El ex Presidente Calderón Sol protegió a unos y no a otros?
Protegió en ese sentido a Roberto Orellana Milla por intereses. Si se hacía efectiva la destitución, podía venir después un procedimiento penal contra él. Esa es una presunción mía. Ese proceso se detiene cargando sobre mí la culpa. Esa es la connotación política; eso no tiene nada que ver con la ley, con razones técnicas financieras, negligencia o un proceso jurídico.
Pero esa es una especulación sobre el panorama en aquel momento...
La destitución del presidente del BCR sí era previsible, que hubiera una acción penal... Todo fue político.

¿Qué intereses pudo haber defendido el ex Presidente Calderón Sol?
Políticos y económicos porque habían instituciones estatales, personas naturales y jurídicas en el gobierno que habían depositado en Insepro cuando sabían que ésta no podía captar (fondos). Ahora, el caso ya no es penal sino mercantil, entonces qué hacía yo en ese baile. ¿Quién me reparará los cinco meses de cárcel? Podría demandar al Estado por daños y perjuicios. ¿Quién pedirá una disculpa al ex superintendente Rafael Rodríguez Loucel? Olvídese de la indemnización monetaria; es contra mi moral y profesionalismo.

¿Pero lo que sigue no es un juego político?
No me interesa la política, sino la restauración de mi honor.

¿Quién lo escogió como víctima?

El sistema económico y político, y quien lo representa es el Presidente de la República... se le pide una acción y se da contra los que dirigían Finsepro, pero siguen demandando. Como el gobierno no les da nada, empiezan las víctimas.

¿Presume que el gobierno de Calderón fue corrupto?
No, esa sería una conclusión apresurada.

Pero no hay un juzgamiento de responsables.
Creo que hay un abuso porque la complicidad se da.

Sobre todo cuando usted habla que el caso se conocía desde 1992.
Usted me da la razón de que varios debieron estar conmigo. Yo lo dije: o todos en el suelo o todos en la cama...

“Perdí todo mi prestigio profesional”

Si algo lamenta Rafael Rodríguez Loucel es que, después de la noche en que lo detuvieron, todo su historial profesional haya sido borrado de tajo. “Era como un borrón y cuenta nueva”, expresa.

Haber dirigido la Secretaría General de Integración Económica, el Departamento de Investigaciones Económicas del BCR y de FUSADES, la Superintendencia del Sistema Financiero, profesor universitario y distinguido como el Economista del Año en 1989, quedaron enterrados. Le dieron, según sus propias palabras, “muerte profesional”.

Tras su liberación, “ya no fui noticia”, reclama. “Una vez pregunté a unos periodistas ‘¿por qué no me preguntaban cómo me estaba yendo?”, recuerda.

Pero no todo lo que pasó fue en vano. Sus días en la cárcel tienen un sentido divino para él porque “allí me casé, encontré a Dios, empecé a ganar valores espirituales, y me di cuenta de quiénes son los verdaderos amigos”, dice. Pese a todo, Rodríguez considera a Roberto Orellana Milla y Armando Calderón Sol sus amigos y no les guarda rencor; aunque sí confiesa que espera, al menos, una disculpa.

 


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