26 de octubre de 2003


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

¿No estamos tan mal?

La segunda clasificación mundial de la libertad de prensa difundida esta semana por la organización francesa Reporteros sin Fronteras (RSF) ubica a nuestro país en el lugar número 37 de un total de 166 escaños.
Después de todo ¿no estamos tan mal?
Pero después ¿de qué? La pregunta es natural si reflexionamos en el hecho que los indicadores de RSF priorizan aquellas regiones donde la cárcel y la muerte son figuras concretas.
Un país como El Salvador en transición a la democracia no encaja en esas realidades tan extremas. Caigamos en la cuenta de que en esta clasificación Cuba es la penúltima nación, justo delante de Corea del Norte, mencionada como violatoria de la libertad de prensa.
El caso de que un partido de izquierda, un grupo de vendedoras arremeta con bastonazos y ladrillos, que una administración ejecutiva discrecione la distribución de la publicidad gubernamental, que un ex funcionario tome el teléfono para detener publicaciones no está incluido en este tipo de informes porque -aunque muchos colegas no lo crean- El Salvador es un escenario democrático.
Al observar la realidad dramática de Cuba no tenemos comparación. ¿O acaso nadie recuerda la captura y condena de 26 periodistas?
Don Fidel tuvo la amabilidad de condenar a penas que van de 14 a 27 años de prisión a los colegas por escribir artículos que hacen el juego a los “intereses imperialistas”.
RSF considera que Cuba es “la mayor cárcel del mundo para los periodistas” tras el ajuste de tuercas que hizo el régimen.
¿Venezuela? Donde los colegas están enfrentados entre dos feroces expresiones (“chavismo” y “antichavismo”) para ejercer el periodismo, como si nuestra vocación tenga que abrigar una bandera extra a la libertad de prensa y el derecho de información.
Un grupo de amigos tuvo que organizarse y autodenominarse “Los de en medio” para poder trabajar tranquilos; pero en una sociedad tan polarizada sobreviven por milagro de Dios.
El Salvador, en cambio, ya no es un referente mundial donde el ejercicio de esta profesión es una sentencia de muerte; pero, ojo, no hay que dormirse en los laureles y olvidar que la defensa de nuestros derechos (libertad de prensa e información) nunca va a ser aspiradora por la derecha ni por la izquierda. La fiscalización del poder público siempre causa escozor y no es lo mismo la tolerancia de criminales de poca monta a publicaciones que revelen el despilfarro o el enriquecimiento ilícito del erario público. ¿Verdad?


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