26 de enero de 2003

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INTERNACIONAL

Corea del Norte:
Donde cada bomba es un peligro

Aunque la administración del Presidente Bush ha insistido en que los esfuerzos de Corea del Norte por aumentar su arsenal nuclear no constituyen una crisis, la mayoría de los expertos opina que es la amenaza más grave de la última década contra la seguridad en el noreste asiático.

Michael R. Gordon
The New York Times News Service
vertice@elsalvador.com

El peligro que ven es la diferencia entre la Norcorea actual -un Estado aislado de la comunidad internacional que, según los servicios de inteligencia de Estados Unidos, probablemente posee una o dos bombas nucleares- y una Norcorea con un arsenal de seis o siete bombas y los medios para producir más cada año, lo cual es la vía rápida en la que el país se ha colocado a últimas fechas.

Una expansión así no sólo aumentaría en gran escala la amenaza militar contra los aliados y fuerzas de Estados Unidos en la región, y potencialmente contra el propio Estados Unidos, sino también aumentaría el riesgo de que Norcorea pudiera vender material funcionable en el mercado negro. Podría alentar a los Estados no nucleares en Asia a construir sus propias armas nucleares. Si Norcorea llegara a desplomarse internamente, la tarea de localizar y asegurar el material nuclear sería mucho más complicada.

No obstante, los funcionarios de la administración Bush han hecho todo lo que está a su alcance para restar importancia a los esfuerzos nucleares de Corea del Norte. Como dijo el secretario de Estado Colin L. Powell al iniciarse la semana pasada: “No es aún una crisis”.

Al parecer hay varias razones para que la administración Bush haya adoptado esta actitud.
Públicamente, los funcionarios dicen que los norcoreanos están tratando de generar un ambiente de crisis con el fin de obtener concesiones de Washington y que están decididos a no seguir las instrucciones o sugerencias de Estados Unidos.

Primer objetivo: irak

Pero un alto funcionario estadounidense, quien pidió no ser identificado, admitió que otros factores, en particular Irak, también están interviniendo. Con fuerzas armadas estadounidenses fluyendo hacia el Golfo Pérsico, a la administración del Presidente Bush le agradaría frenar el problema en Corea del Norte mientras se concentra en el derrocamiento de Saddam Hussein.

La administración Bush también está tratando de calmar a aliados nerviosos, especialmente a Corea del Sur, quienes temen que imponer condiciones severas para iniciar negociaciones con Norcorea sólo servirá para crear nuevas tensiones en la península de Corea.

No obstante, muchos analistas creen que las más recientes medidas adoptadas por Norcorea plantean una amenaza similar a la que enfrentó la administración del presidente Clinton hace diez años, cuando Corea del Norte descargó las varillas de combustible nuclear de su reactor en Yongbyon, generado temores de que las reprocesaría para producir plutonio con la calidad necesaria para utilizarse en bombas nucleares. (Posteriormente, Norcorea aceptó congelar su programa nuclear a cambio de promesas de ayuda de Estados Unidos para satisfacer en otras formas sus necesidades energéticas).

El informe de la CIA

Después de que esa crisis fue superada, los servicios de inteligencia estadounidenses calcularon que Norcorea aún tenía suficiente plutonio disponible para fabricar una o dos bombas nucleares. Aunque se carece de pruebas de que efectivamente hayan creado bombas nucleares con el plutonio, la CIA ha llegado a la conclusión de que lo más probable es que las tengan, dado que poseen el talento científico y han tenido el tiempo suficiente para hacerlo.

Cualquiera que sea la capacidad nuclear de ese país, no hay la menor duda de que Norcorea está lista para incrementar rápidamente su arsenal. Mediante el reprocesamiento del combustible gastado en el reactor de Yongbyon, Norcorea podría obtener plutonio para cinco bombas en seis meses o menos, según funcionarios estadounidense actuales y retirados. Además, poner en marcha nuevamente el reactor generaría suficiente plutonio para fabricar una bomba al año.

Norcorea también podría aumentar su arsenal al terminar la construcción de dos reactores de mayor tamaño y al seguir adelante con sus trabajos de enriquecimiento de uranio. Norcorea podría tener un sistema de enriquecer uranio para mediados de la década, dice la CIA, con lo que generaría material para dos bombas al año. Algunos partidarios de línea dura en la administración Bush aseguran que un arsenal nuclear norcoreano en expansión no representa una nueva amenaza en términos cualitativos, dado que es muy probable que Norcorea ya haya cruzado el umbral nuclear.
Pero la mayoría de los expertos está de acuerdo en que un arsenal creciente introduce nuevos peligros en la ecuación.

Hegemonía en Asia

Si Norcorea tuviera media docena de bombas o más, podría amenazar a Corea del Sur y a Japón, y aún tener bombas suficientes para tratar de disuadir a Estados Unidos de que lance un ataque de represalia.

“Si alguien tiene uno o dos bombas, no puede tener una estrategia militar”, dice Robert J. Einhorn, ex funcionario de alto rango en el Departamento de Estado.

“Pero, cuando se tienen seis o siete bombas se puede desarrollar una estrategia de amenazar o incluso usar algunas bombas al tiempo que se mantienen en reserva otras. Se puede hacer algo más que simplemente lanzar una sola bomba en un acto de desesperación o venganza”, señala.
La expansión nuclear sería incluso más preocupante dado que Corea del Norte tiene ya bastante tiempo de estar perfeccionando misiles que puedan cruzar el océano.

Sus programas de misiles están mucho más avanzados que los de Irán e Irak. Norcorea declaró una moratoria sobre nuevos vuelos de prueba de misiles. Pero si cancela esa moratoria y termina de perfeccionar su misil Taepo-Dong 2, podría lanzar un misil con una carga nuclear hasta territorio de Estados Unidos.

La preocupación en torno a posibles sucesos como los arriba mencionados, de hecho, fue una fuerza impulsora decisiva que subyació la campaña de la administración Bush para crear todo un sistema de defensa de misiles.

La expansión del arsenal de Norcorea también complicaría cualesquiera planes que hubiera formulado el Pentágono para lanzar un ataque preventivo. Es mucho más difícil localizar a una docena de armas que encontrar sólo a una o dos.

Otra gran preocupación es que las armas nucleares norcoreanas pueden traducirse en una mayor proliferación nuclear en términos más amplios. No hay evidencias de que Norcorea haya vendido en alguna ocasión material funcionable.

Pero si estuviera generando material funcionable para suficientes bombas al año, le sobraría el necesario para venderlo. Vender material nuclear sería una grave provocación, pero es un paso que Norcorea podía dar si está política y económicamente aislada y tratando de evitar un colapso total.
“Norcorea tiene un historial de vender misiles a cambio de dinero en efectivo”, dice Gary Samore, director de Estudios en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos y máximo funcionario en la oficina de proliferación nuclear del Consejo de Seguridad Nacional durante el período del presidente Bill Clinton.

Samore agrega que “mientras más armas nucleares tengan, mayor será el peligro de que puedan deshacerse de algunas a cambio de dinero en efectivo, y no hay la menor duda de que habría compradores”.

La expansión del arsenal nuclear de Norcorea también aplicaría nuevas presiones para que Corea del Sur y Japón siguieran su ejemplo.

La ambición nuclear


Al referirse a los japoneses y sudcoreanos, Kurt Campbell, quien fue el funcionario decano del Departamento de Defensa en Asia durante la administración Clinton y ahora es vicepresidente decano del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dice: “Los que tienen ambiciones nucleares claramente están en la minoría, pero hablar de opciones nucleares ya no sería ahora tabú en comentarios sobre estrategia”.

Algo que aumenta las preocupaciones es el estancamiento diplomático prevaleciente. Estados Unidos ha declarado que no tomará parte en negociaciones directas hasta que Norcorea primero haya desmantelado sus estructuras para crear uranio altamente enriquecido y congele su producción de plutonio. Junto con otras naciones aliadas, ha suspendido el envío a Norcorea de aceite combustible pesado.

A esto, Norcorea respondió con la expulsión de los inspectores de la Agencia de Energía Atómica y el anuncio de que volvería a poner en marcha su reactor en Yongbyon, además de abrir de nuevo la fábrica que reprocesa el combustible gastado.

Las acciones de Corea del Norte contrastan con el enfoque reciente adoptado por Irak, que hasta ahora ha dado un acceso sin restricciones al más reciente grupo de inspectores de armas de la Organización de las Naciones Unidas.

Irak, sin embargo, es en lo que Estados Unidos se está concentrando ahora. La administración Bush está decidida a impedir que Irak pase a formar parte del club nuclear.
Los funcionarios de Estados Unidos también han llegado a la conclusión de que una invasión de Irak puede llevarse a cabo rápidamente y con un costo mínimo, en contraste con lo que significaría una guerra contra Corea del Norte.

La planeación de Estados Unidos plantea una guerra invernal si Irak no se desarma voluntariamente, y la administración Bush no tiene la intención de permitir que los sucesos en Asia, por más inquietantes que sean, la obliguen a abandonar esa ruta. El Presidente Bush indicó lo anterior el jueves pasado: “Creo que la situación en Corea del Norte se resolverá pacíficamente”, dijo, pero añadió que el “día de ajuste de cuentas” con Saddam Husein “se está aproximando”.


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