26 de enero de 2003

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LA COLUMNA

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Un zoológico silencioso

En realidad, nuestro país rompe récord en muchas cosas. Apenas algunos políticos se enteran que su cabeza va a rodar y se enrolan con quien les puede dar la oportunidad de no perder el “caché” de funcionario público.
Traición u oportunismo, eso dependerá de ellos. Pero a lo que vamos. Dejemos que marche la campaña y no nos olvidemos del resto de cosas que pasa en casa.
Como decía, nuestro país rompe el récord en muchas cosas, entre ellas, el de que se mueran, en menos de un mes, cuatro felinos, entre ellos, una leona y tres cachorros.
Lo que fue el anuncio del nuevo huésped del zoológico, no duró mucho tiempo. Y es que la sorpresa no fue solamente de la población, más bien fue del personal mismo que ni siquiera se había enterado que las leonas estaban cargadas del ahora más solitario rey de la selva.
En todo caso, sin ir muy lejos, los hermanos guatemaltecos tienen experiencia en el tratamiento de estos casos y talvez si se les hubiera pedido ayuda el final de esta historia habría sido distinto. La administración del zoológico y las autoridades correspondientes continuarían festejando la buena racha.
¿Cómo es posible que un empleado experimentado haya cometido el fatal y tonto error de dar carne al cachorro? ¿Por qué desobedeció las indicaciones del veterinario?
Lo cierto es que éste un hecho más de las tristes cosas que han acontecido en nuestro zoo nacional, en los últimos años, y que han rayado en lo absurdo.
¿Cómo es posible también que, como arte de magia, se desaparezca un reptil y luego de varias semanas aparezca sin mayores explicaciones?
Sin una verdadera excusa se anuncia la muerte de un avestruz, un camello y una llama, con apenas pocos meses de haber sido adquiridas.
Y, bueno, el famoso león marino por cuyo mantenimiento hubo que mantener a muchas tiendas sin sal (ya que era vital para su existencia). Al final de cuentas habría sido más fácil enviarlo a su hábitat original.
La respuesta que ha dado el Concejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), una entidad que no entiendo por qué es la responsable del mantenimiento del parque recreativo, es el de simplemente cambiar funcionarios.
Si esa táctica funciona, ojalá que Mario Guevara se preocupe por el mantenimiento del zoológico ahora que ha sido nombrado su director.
Aunque perezca tonto, pero da la impresión que algunos personas creen que los que visitan el parque, sólo asisten para visitar a Manyula o los mandriles y que son indiferentes al resto de los animales. Creo que es necesaria más conciencia.


chochogomez@yahoo.com



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