25 de mayo de 2003

Portada
La Columna
Cartas
Tema de Portada
Investigación
Internacional
Reportaje
Opinión
Colofón
Archivo

REPORTAJE

Cuando el remedio resulta más dañino

Presionado por las críticas pos electorales, el presidente Francisco Flores propuso un incremento al salario mínimo, entre otras medidas, como solución a la crisis económica nacional. El solo anuncio generó un alza en los precios de la canasta básica y, finalmente, deterioró la capacidad adquisitiva de los salvadoreños.

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

La propuesta del aumento al salario mínimo, hecha por el presidente Francisco Flores a finales de abril, generó, más que esperanzas, preocupación en muchos hogares salvadoreños.

El anuncio provocó, casi de inmediato, un aumento considerable en los precios de los principales productos de la canasta básica. Un fenómeno explicable, según el economista Carlos Federico Paredes, vicepresidente del Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas (COLPROCE).

“La economía de mercado es una economía de expectativas, si se anuncia la medida (el incremento) de esa manera, desde el nivel político, se desencadena inmediatamente lo que se produjo (aumento en los precios)”, dijo.

El fenómeno tiene un nombre: especulación, un cáncer que aparece cada vez que se toca el tema salarial.
El último sondeo de precios realizado por la Dirección de Protección al Consumidor (DPC) advierte del alza de precios en productos no sólo de la canasta básica alimenticia, sino también de la canasta básica de servicios: el saco de arroz subió de $20 a $26 dólares; la telefonía fija aumentó hasta un 200%.

Consecuencias

Esto provoca que los salvadoreños que reciben el salario mínimo ($144) sienten que el sueldo se les esfuma cada vez más rápido.

El problema se agrava aún más, si se considera que la mayoría de la Población Económicamente Activa (PEA) en nuestro país no tiene un empleo formal, lo que significa que la mayor parte de trabajadores no se beneficia con la aprobación de posibles nuevos aumentos.

Estimaciones de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo (FUSADES), señalan que un 55 por ciento de salvadoreños son asalariados, el resto engrosa el sector informal, “el que no se rige estrictamente por la regulación salarial”.

Este último sector (informal) es el más vulnerable a las fluctuaciones en el mercado y su capacidad adquisitiva se ve seriamente afectada.

“El costo de la canasta básica en marzo de este año es uno por ciento más caro que en marzo del año pasado y los
costos promedio de todo, en ese mismo período, son 2.39 por ciento más caros”, sostuvo Margarita de Sanfeliú, de FUSADES.

El valor de la canasta básica alimenticia en El Salvador ronda los $273 por persona, lo que permite inferir que una familia promedio salvadoreña (cuatro miembros) tendría que llevar dos salarios mínimos para sostener su hogar. Pero la tasa de empleo indica que en el país únicamente trabajan de 1.5 a dos miembros del grupo familiar.
A las familias de más bajos ingresos, un salario mínimo sólo les alcanza para satisfacer sus necesidades ‘mínimas’ y priorizan esa satisfacción en detrimento de otras necesidades ‘básicas’ para la armonía social, como lo son el vestuario y la diversión, entre otras.

¿Qué hacer?

La representante de FUSADES como el vicepresidente del COLPROCE señalan que para fortalecer efectivamente el nivel de vida de los salvadoreños, se debe ir más allá del aumento en el ingreso monetario y deben establecerse políticas de consenso entre todos los sectores involucrados en el sistema laboral.

De no ser así, un incremento decretado en el salario mínimo se traslada, de inmediato, a costos y a precios de bienes y, peor aún, a mayor desempleo, advierten los consultados.

“Lo que tendría que haber es una consulta con las empresas para ver qué tanto pueden soportarlo (el incremento) sin
trasladarlo a costos”, dijo la licenciado De Sanfeliú.

Paredes va más allá al recomendar que antes de aumentar el salario mínimo hay que hacerse cuatro preguntas fundamentales:

¿Cuál es el poder adquisitivo del salario? ¿Cuál es la diferencia entre salario mínimo y el salario que pagan las microempresas? ¿Cuál es la capacidad de compra de la canasta básica? y la última está relacionada con los salarios relevantes del mercado,

“Esta es la base para considerar un política de salario”, insiste Paredes.
Entonces, concluyen los entrevistados, las revisiónes y aumentos en los salarios mínimos aislados de una política laboral más amplia, son insuficientes.
Desde el 3 de abril pasado se formó el Consejo Nacional del Salario Mínimo para que discutiera el tema.

Hace tres días (mayo 22) se acordó aumentar un 10% al salario que se gana en las áreas de comercio y servicios; el 7.5% a nivel de industria y el 5% en maquilas. Para el agro no habrá incremento.

Si con el solo anuncio presidencial se provocó aumento de precios, debido a lo especulativo del mercado salvadoreño ¿Qué ocurrirá ahora con el acuerdo firmen de subir el salario mínimo, sobre todo, cuando FUSADES y CELPROFE insisten en la falta de una política laboral?


“¡Dios sabe cómo hago!”

Las calles de San Salvador están ocupadas por un ejército de personas en busca de ingresos... Cuando el dinero llega, apenas alcanza para satisfacer las necesidades mínimas. Casi la mitad de la población total de El Salvador, en edad de trabajar, no encuentra un puesto estable ni bien remunerado.


Son las seis de la tarde y la actividad comercial en el sector del ex Telégrafo está en pleno apogeo.

En medio del murmullo se alcanza a escuchar la estridente voz de Óscar Jiménez, un escuálido joven de unos 20 años que vende frutas
en ese sector.

“Aquí se gana poco porque hay mucha competencia, apenas, y con suerte, se sacan 50 colones diarios. Sólo Dios sabe cómo hago para sacar el alquiler, la cuota de la escuela de mis dos hijos y la comida para la familia”, dice, mientras toma del brazo a una guapa señorita, con uniforme de oficina.

“Venga mi amor, aquí le doy la libra cabal, la balanza no tiene balero”, le dice a la joven.

Ella, asustada y sorprendida, le lanza una risa en señal de negativa. Él insiste.
Como Óscar, un ejército de personas se rebusca en las calles de la capital en busca de un ingreso económico en tareas ocasionales o empleos informales que les reporten lo necesario para sobrevivir. Representan el 45 por ciento de la Población Económicamente Activa del país.

“En la casa trabajamos mi mujer y yo en esto de vender frutas, pero el dinero apenas alcanza para comer. Aquí en esta situación en la que estamos no existen diversiones, ni descanso”, se queja Oscar, sin desistir en su insistente pesca de clientes.

“Yo al menos tengo un ingreso, sin embargo hay otra gente que sí está jodida”, me dice en un gesto de solidaridad.
Para ese sector de población, el Banco Mundial establece un techo en el costo de la canasta básica que ronda los 60 dólares mensuales.

Hay que escoger

“Esta gente racionaliza tremendamente sus recursos y por lo tanto no se puede dar prácticamente ningún tipo de lujos y escoge estrictamente sus satisfactores”, explica el vicepresidente del COLPROCE, Carlos Federico Paredes.
Esto hace que se involucre toda la familia, sin importar la edad, en la generación de ingresos.

“Este es un negocio familiar. Mi mujer y yo vendemos aquí; mi suegra, más abajo, y los ‘bichos’, en la calle”, explica el joven.

La semana pasada la Asamblea Legislativa aprobó un aumento en el salario mínimo entre el cinco y diez por ciento, pero Óscar no se verá beneficiado, el no aplica a la medida.

AZÚCAR $ 0.29

ARROZ$0.30
HUEVOS$2.19
La libra de azúcar blanca costó $0.29 la semana pasada, un centavo más arriba que hace cinco días. Desde hace 15 días, el precio por la libra de arroz se incrementó. De $20 que costaba el saco, subió a $26 El cartón de 30 unidades de huevos grandes también sufrió un leve incremento de dos centavos esta semana.

Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.