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INVESTIGACIÓN
Agobiados
por el sueño
Cerrar
un negocio o un trato sin leer detenidamente las condiciones del contrato
o pagaré puede causar más de un dolor de cabeza. Este
descuido mantiene en angustia a un grupo de personas que compró
paquetes vacacionales sin percatarse del costo real ni de las cláusulas
que en ningún momento les favorecen.
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Presión, astucia o engaño. Esas son los
tres términos que más repiten las personas que han llamado
a Revista Vértice para declararse víctimas de un negocio
en el cual entraron a jugar sin conocer las reglas claras. Todos firmaron
un contrato, mediante el cual se comprometieron como socios de un club
vacacional, pero ahora quieren renunciar.
La oferta tentadora de vacacionar en familia en cualquier rincón
del mundo, dormir en hoteles de lujo y obtener descuentos en otros servicios,
a cambio de una cuota módica cada mes, se desvaneció.
Cuando leímos el contrato y todos los demás papeles
que firmamos, y los analizamos, nos dimos cuenta que pagaríamos
el doble al final de siete años. Además, pagar $16 mil
sólo para que nos asesoren es mucho dinero para nosotros,
refirió una afectada.
Al igual que esta clienta desencantada, otros dicen haber puesto los
pies en la tierra. Nadie entendió que el valor del paquete significaba
el costo de una asesoría turística y, como dijo otro quejoso,
tampoco sabía que pagar por una membresía así
es regalarles el dinero. Cuando uno hace efectivo el viaje que ha comprado,
termina pagando siempre. Es un engaño, primero le
pintan todo bonito a uno para que les compre; pero después uno
se entera que esto beneficia únicamente a estas empresas,
dijo una señora.
¿Fue realmente el encantamiento el culpable o fue la la falta
deprecaución de estos clientes desprevenidos? Lo cierto es que
legalmente estos clientes no pueden probar el ardid con el que dicen
fueron sorprendidos.
Terreno legal
Hay un punto coincidente entre todos estas personas, y es que no sólo
entraron en el mundo de los negocios sin conocer las leyes que lo rigen
y sus derechos como consumidor. Tampoco fueron precavidos a la hora
de aceptar las cláusulas de un contrato. Ahora, sus deudas oscilan
entre los $4 mil y los $50 mil.
Lo peor para algunos es que no pueden rescindir el contrato porque así
lo establece el mismo; otros pueden hacerlo pero no está seguro
que les devuelvan su dinero.
Aunque ahora argumentan estafa, según algunos abogados, ese delito
no existe en estos casos. Pedro Martínez, del IDHCA (Instituto
de Derechos Humanos de la UCA) dice que habría estafa si después
de firmar un contrato la agencia como tal no cumple con los servicios
especificados en el contrato.
Aquí hay una lección: uno debe leer bien lo que
firma y asesorarse antes. Mucha gente no entiende los términos
legales, entonces firman muy entusiasmados por las supuestas ventajas
que van a tener. No leen todas las restricciones y condiciones, y hasta
después se percatan de ello, señala Martínez.
Los clientes que ahora denuncian están en desventaja. La ley
no puede defenderlos porque hay una firma que los acusa y compromete.
La mayoría habla de presiones sutiles para que compraran la oferta
turística.
También argumentan que los engañaron pidiéndoles
sus tarjetas de crédito para consultar su saldo y de una vez
les cargaron el valor del paquete vacacional que proponían. El
problema es que no pueden probarlo.
Para Ricardo Montoya, de la Fundación de Estudios para la Aplicación
del Derecho (FESPAD), aunque ha habido cierto ardid no hay una intensidad
manifiesta o evidente como para que constituya delito. Allí
está el límite. Eso no es penal pero es propio de otra
área del derecho, por ejemplo, el administrativo sancionador
que sería ir a la DPC (Dirección de Protección
al Consumidor), dice Montoya.
Armando Flores, director del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC)
cree que es necesario remozar la Ley de Protección al Consumidor
pues no establece con claridad una protección frente a este tipo
de problemas.
Algunos artículos podrían estirarse hacia ese problema,
el cual no es nuevo. Tampoco hay una política de protección
al consumidor, solo tenemos una ley con bastantes vacíos y una
institucionalidad frágil, argumenta.
Martínez y Montoya insisten en los vacíos legales y creen
necesaria una ley específica que regule el uso y funcionamiento
de las tarjetas de crédito. Sobre todo cuando ocurren casos como
el de una señora a la que por teléfono le vendieron un
paquete vacacional y sin firmar ningún documento legal le cargaron
el valor de la oferta vacacional en su tarjeta.
Sobre este último caso Montoya alude al Código Penal,
en su artículo 207, donde se podría establecer la figura
de
hurto.
Si (el emisor de la tarjeta de crédito) está descontando
sin fundamento documental, esto marca el inicio de una
investigación para establecer responsables, sostiene.
Por el momento, nuestro país ofrece algunos recursos legales
que protejen al consumidor, como es la Ley de Protección al Consumidor
y la asistencia de la Fiscalía General de la República.
Sin embargo, hace falta establecer mayores mecanismos legales, sobre
todo, efectivos.
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Más denuncias
contra espacios compartidos
1-
A la publicación del reportaje Negocios dudosos
el pasado domingo, hubo respuestas. La mayoría para quejarse
del servicio que dan empresas que venden paquetes vacacionales.
Nos presionaron para que compráramos. Un
matrimonio fue llevado a un hotel guatemalteco en condición
de ganadores de un fin de semana gratis, que al final terminaron
pagando. Allí los sometieron a una constante y maratónica
exposición de venta de un paquete vacacional. Cansados
de tanto palabrerío firmamos el contrato, pero al leerlo
detenidamente, nos dimos cuenta que aquello era muy costoso.
Estamos arrepentidos, dijo la esposa.
2- Prometen y no cumplen.
Compró la membresía de $500 para vacacionar en
un lujoso hotel en la costa salvadoreña. Por la compra
le dijeron que tenía derecho a disfrutar tres días
en Jaltepeque, pero siempre pagó $20 diarios. Ahora le
exigen que pague $250 al año por el mantenimiento del
lugar. Esto no me lo explicaron. Estoy negociando terminar
ese contrato porque al final me costará más de
$5,000, dijo otra clienta.
3- Un cargo a tarjeta no
autorizado. La llamaron a su casa para proponerle un paquete
llamado Pasaporte a la aventura valorado en $590
y con el cual podría disfrutar en cualquier isla del
Caribe. La oferta le pareció tentadora y aceptó.
Le pidieron su número de tarjeta internacional y le cargaron
el monto sin que lo haya autorizado por escrito. Lo único
que sabe es el nombre de la empresa y a través de un
material promocional que le enviaron.
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Somos
una compañía seria
El
presidente de Club of America, una de las compañías que
vende paquetes vacacionales denunciadas por algunos clientes, defiende
la seriedad y responsabilidad con que trabajan, niega que haya engañado
o presionado a alguien para que adquiera sus servicios de asesoría
turística.
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Alejandro Sinibaldi viajó desde Guatemala para
hablar con Vértice sobre las operaciones de Vacation Club of
America (VCA), con presencia en Guatemala, Honduras y El Salvador, en
respuesta a señalamientos de algunos socios que se sienten engañados.
Para este empresario, los $60 millones que han invertido en desarrollos
hoteleros a nivel regional, los $56 millones que han generado en ventas
entre 1996 y 2002, y la confianza depositada por 2 mil 843 socios hablan
por sí solas. Además cree que el 97% de los 312 socios
salvadoreños que están al día con sus pagos refleja
la satisfacción con el servicio.
Vértice:¿Quiénes son ustedes? ¿De
dónde viene el concepto de vender membresías y qué
beneficios reciben lo socios?
Sinibaldi: Somos una empresa guatemalteca, un club vacacional,
es el más moderno club de viajes que lo ayuda a planificar vacaciones
para poder disfrutar de la comodidad con diferentes destinos.
El concepto con el que trabajamos es conocido a nivel mundial como tiempo
compartidos, que empieza en los años treinta en Alemania
y evoluciona hasta llegar a Centroamérica.
El gran beneficio es que, por ejemplo, Amatique Bay Resort le cuesta
$150 la noche pero si es miembro del club paga $45. Tiene un ahorro
del 300%
Un segundo beneficio es que con tiempos compartidos usted
se olvidó de la inflación hotelera que sube el 10% todos
los años. Además tiene una asesoría, le hacemos
la reserva, las llamadas internacionales. Son muchísimos beneficios.
¿Entonces, por qué se queja la gente?
Ni, modo, si me saca un reportaje hablando mal de mi todo el mundo se
va a quejar (sonríe).
Es la gente que ha hablado. Dicen que el servicio es muy caro,
carece de calidad y argumentan que los terapiaron para que
adquirieran el servicio...
¿Y por qué firmaron el voucher o el contrato? Para mi
lo único objetivo es lo que está por escrito. Si compro
algo y no lo quiero pagar, uno empieza a inventarse un montón
de cosas. Así es el ser humano, no quiere aceptar su responsabilidad.
Nosotros somos una compañía seria, con inversiones grandes.
Yo le puedo dar mil versiones pero la más importante es la que
está escrita. El cliente que dice que yo lo engañé,
que yo lo llevé, que yo le regalé cosas que no son ciertas,
no puede demostrarlo. En la Procuraduría del Consumidor hay un
caso (denuncia) nuestro, ni uno más.
¿Qué opción les dan a los clientes quejosos? ¿Pueden
rescindir el contrato?
Yo les vendí un producto y tengo derecho a cobrar, sobre todo,
si por todos lados (documentos) le dije que no hay devolución.
(El cliente) Tiene que pagar el monto total. Podemos refinanciar; que
se acerquen a nuestras oficinas y con mucho gusto atenderemos.
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