25 de mayo de 2003

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INVESTIGACIÓN

Agobiados por el ‘sueño’

Cerrar un negocio o un trato sin leer detenidamente las condiciones del contrato o pagaré puede causar más de un dolor de cabeza. Este descuido mantiene en angustia a un grupo de personas que compró paquetes vacacionales sin percatarse del costo real ni de las cláusulas que en ningún momento les favorecen.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Presión, astucia o engaño. Esas son los tres términos que más repiten las personas que han llamado a Revista Vértice para declararse víctimas de un negocio en el cual entraron a jugar sin conocer las reglas claras. Todos firmaron un contrato, mediante el cual se comprometieron como socios de un club vacacional, pero ahora quieren renunciar.

La oferta tentadora de vacacionar en familia en cualquier rincón del mundo, dormir en hoteles de lujo y obtener descuentos en otros servicios, a cambio de una cuota módica cada mes, se desvaneció. “Cuando leímos el contrato y todos los demás papeles que firmamos, y los analizamos, nos dimos cuenta que pagaríamos el doble al final de siete años. Además, pagar $16 mil sólo para que nos asesoren es mucho dinero para nosotros”, refirió una afectada.

Al igual que esta clienta desencantada, otros dicen haber puesto los pies en la tierra. Nadie entendió que el valor del paquete significaba el costo de una asesoría turística y, como dijo otro quejoso, tampoco sabía que “pagar por una membresía así es regalarles el dinero. Cuando uno hace efectivo el viaje que ha comprado, termina pagando siempre”. “Es un engaño, primero le pintan todo bonito a uno para que les compre; pero después uno se entera que esto beneficia únicamente a estas empresas”, dijo una señora.

¿Fue realmente el encantamiento el culpable o fue la la falta deprecaución de estos clientes desprevenidos? Lo cierto es que legalmente estos clientes no pueden probar el ardid con el que dicen fueron sorprendidos.

Terreno legal


Hay un punto coincidente entre todos estas personas, y es que no sólo entraron en el mundo de los negocios sin conocer las leyes que lo rigen y sus derechos como consumidor. Tampoco fueron precavidos a la hora de aceptar las cláusulas de un contrato. Ahora, sus deudas oscilan entre los $4 mil y los $50 mil.

Lo peor para algunos es que no pueden rescindir el contrato porque así lo establece el mismo; otros pueden hacerlo pero no está seguro que les devuelvan su dinero.

Aunque ahora argumentan estafa, según algunos abogados, ese delito no existe en estos casos. Pedro Martínez, del IDHCA (Instituto de Derechos Humanos de la UCA) dice que habría estafa si después de firmar un contrato la agencia como tal no cumple con los servicios especificados en el contrato.

“Aquí hay una lección: uno debe leer bien lo que firma y asesorarse antes. Mucha gente no entiende los términos legales, entonces firman muy entusiasmados por las supuestas ventajas que van a tener. No leen todas las restricciones y condiciones, y hasta después se percatan de ello”, señala Martínez.

Los clientes que ahora denuncian están en desventaja. La ley no puede defenderlos porque hay una firma que los acusa y compromete. La mayoría habla de presiones sutiles para que compraran la oferta turística.

También argumentan que los engañaron pidiéndoles sus tarjetas de crédito para consultar su saldo y de una vez les cargaron el valor del paquete vacacional que proponían. El problema es que no pueden probarlo.

Para Ricardo Montoya, de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD), aunque ha habido cierto ardid no hay una intensidad manifiesta o evidente como para que constituya delito. “Allí está el límite. Eso no es penal pero es propio de otra área del derecho, por ejemplo, el administrativo sancionador que sería ir a la DPC (Dirección de Protección al Consumidor)”, dice Montoya.

Armando Flores, director del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) cree que es necesario remozar la Ley de Protección al Consumidor pues no establece con claridad una protección frente a este tipo de problemas.
“Algunos artículos podrían estirarse hacia ese problema, el cual no es nuevo. Tampoco hay una política de protección al consumidor, solo tenemos una ley con bastantes vacíos y una institucionalidad frágil”, argumenta.

Martínez y Montoya insisten en los vacíos legales y creen necesaria una ley específica que regule el uso y funcionamiento de las tarjetas de crédito. Sobre todo cuando ocurren casos como el de una señora a la que por teléfono le vendieron un paquete vacacional y sin firmar ningún documento legal le cargaron el valor de la oferta vacacional en su tarjeta.

Sobre este último caso Montoya alude al Código Penal, en su artículo 207, donde se podría establecer la figura de
hurto.

“Si (el emisor de la tarjeta de crédito) está descontando sin fundamento documental, esto marca el inicio de una
investigación para establecer responsables”, sostiene.

Por el momento, nuestro país ofrece algunos recursos legales que protejen al consumidor, como es la Ley de Protección al Consumidor y la asistencia de la Fiscalía General de la República. Sin embargo, hace falta establecer mayores mecanismos legales, sobre todo, efectivos.

Más denuncias contra “espacios compartidos”

1- A la publicación del reportaje “Negocios dudosos” el pasado domingo, hubo respuestas. La mayoría para quejarse del servicio que dan empresas que venden paquetes vacacionales.
“Nos presionaron para que compráramos”. Un matrimonio fue llevado a un hotel guatemalteco en condición de ganadores de un fin de semana gratis, que al final terminaron pagando. Allí los sometieron a una constante y maratónica exposición de venta de un paquete vacacional. “Cansados de tanto palabrerío firmamos el contrato, pero al leerlo detenidamente, nos dimos cuenta que aquello era muy costoso. Estamos arrepentidos”, dijo la esposa.

2- “Prometen y no cumplen”. Compró la membresía de $500 para vacacionar en un lujoso hotel en la costa salvadoreña. Por la compra le dijeron que tenía derecho a disfrutar tres días en Jaltepeque, pero siempre pagó $20 diarios. Ahora le exigen que pague $250 al año por el mantenimiento del lugar. “Esto no me lo explicaron. Estoy negociando terminar ese contrato porque al final me costará más de $5,000”, dijo otra clienta.

3- Un cargo a tarjeta no autorizado. La llamaron a su casa para proponerle un paquete llamado “Pasaporte a la aventura” valorado en $590 y con el cual podría disfrutar en cualquier isla del Caribe. La oferta le pareció tentadora y aceptó. Le pidieron su número de tarjeta internacional y le cargaron el monto sin que lo haya autorizado por escrito. Lo único que sabe es el nombre de la empresa y a través de un material promocional que le enviaron.


“Somos una compañía seria”

El presidente de Club of America, una de las compañías que vende paquetes vacacionales denunciadas por algunos clientes, defiende la seriedad y responsabilidad con que trabajan, niega que haya engañado o presionado a alguien para que adquiera sus servicios de asesoría turística.


Alejandro Sinibaldi viajó desde Guatemala para hablar con Vértice sobre las operaciones de Vacation Club of America (VCA), con presencia en Guatemala, Honduras y El Salvador, en respuesta a señalamientos de algunos socios que se sienten engañados. Para este empresario, los $60 millones que han invertido en desarrollos hoteleros a nivel regional, los $56 millones que han generado en ventas entre 1996 y 2002, y la confianza depositada por 2 mil 843 socios hablan por sí solas. Además cree que el 97% de los 312 socios salvadoreños que están al día con sus pagos refleja la satisfacción con el servicio.

Vértice:¿Quiénes son ustedes? ¿De dónde viene el concepto de vender membresías y qué beneficios reciben lo socios?
Sinibaldi: Somos una empresa guatemalteca, un club vacacional, es el más moderno club de viajes que lo ayuda a planificar vacaciones para poder disfrutar de la comodidad con diferentes destinos.

El concepto con el que trabajamos es conocido a nivel mundial como “tiempo compartidos”, que empieza en los años treinta en Alemania y evoluciona hasta llegar a Centroamérica.
El gran beneficio es que, por ejemplo, Amatique Bay Resort le cuesta $150 la noche pero si es miembro del club paga $45. Tiene un ahorro del 300%
Un segundo beneficio es que con “tiempos compartidos” usted se olvidó de la inflación hotelera que sube el 10% todos los años. Además tiene una asesoría, le hacemos la reserva, las llamadas internacionales. Son muchísimos beneficios.

¿Entonces, por qué se queja la gente?

Ni, modo, si me saca un reportaje hablando mal de mi todo el mundo se va a quejar (sonríe).

Es la gente que ha hablado. Dicen que el servicio es muy caro, carece de calidad y argumentan que los “terapiaron” para que adquirieran el servicio...
¿Y por qué firmaron el voucher o el contrato? Para mi lo único objetivo es lo que está por escrito. Si compro algo y no lo quiero pagar, uno empieza a inventarse un montón de cosas. Así es el ser humano, no quiere aceptar su responsabilidad. Nosotros somos una compañía seria, con inversiones grandes.
Yo le puedo dar mil versiones pero la más importante es la que está escrita. El cliente que dice que yo lo engañé, que yo lo llevé, que yo le regalé cosas que no son ciertas, no puede demostrarlo. En la Procuraduría del Consumidor hay un caso (denuncia) nuestro, ni uno más.

¿Qué opción les dan a los clientes quejosos? ¿Pueden rescindir el contrato?

Yo les vendí un producto y tengo derecho a cobrar, sobre todo, si por todos lados (documentos) le dije que no hay devolución. (El cliente) Tiene que pagar el monto total. Podemos refinanciar; que se acerquen a nuestras oficinas y con mucho gusto atenderemos.


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