25 de mayo de 2003

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INTERNACIONAL

La adaptación de los terroristas

Los mortales bombazos en Arabia Saudita muestran cómo Al-Qaeda, el blanco clave de la guerra liderada por Estados Unidos contra el terrorismo, se puede adaptar y cambiar mientras sigue dando sus golpes terroristas.

Por George Edmonson y Eunice Moscoso
The New York Times
vertice@elsalvador.com

La operación fue relativamente simple, especialmente si se la compara con los ataques del 11 de septiembre de 2001 que tenían múltiples aspectos. Se cree que muchos de los terroristas suicidas en Riyadh eran locales, con lo que se eliminó la necesidad de viajes internacionales y comunicaciones electrónicas, así como los rastros subyacentes que pueden quedar para los investigadores. Y atacaron blancos extremadamente visibles: complejos residenciales que se sabe albergan a estadounidenses y otros extranjeros.

Para muchos expertos en terrorismo y observadores de Al-Qaeda, las bombas colocadas en vehículos que al explotar mataron a por lo menos 34 personas, incluidos ocho estadounidenses, son pruebas frescas de que el grupo está aprendiendo lecciones conforme sigue atacando.

“Un grupo terrorista como Al-Qaeda es semejante al tiburón arquetípico en el agua”, dijo el experto en terrorismo Bruce Hoffman del grupo de investigadores de la Rand Corporation. “Tiene que avanzar constantemente para sobrevivir”.
Algunos se refieren a Al-Qaeda como una red, en tanto que otros la describen como una “red de redes”.
Adel Al-Jubeir, asesor de política exterior del príncipe heredero saudita, la describió como “un modo de pensar”.

¿El virus perpetuo?


Magnus Ranstorp, director del Centro para el Estudio del Terrorismo y la Violencia Política de la Universidad de San Andrés en Escocia, la llamó un virus. “Es un virus que se autoperpetúa y va en direcciones diferentes, involucra a individuos diferentes, se vuelve resistente y cambia de dirección e intensidad conforme a la presión que se ejerza sobre él”, dijo.

Cualquiera que sea la caracterización, es claro que Al-Qaeda ha vuelto a ganar su primer lugar como amenaza para los intereses estadounidenses.

Una funcionaria estadounidense de inteligencia descartó la idea de que los bombazos marquen un resurgimiento de Al-Qaeda porque, dijo, el grupo simplemente funciona a su propia velocidad: “Al-Qaeda tiene su propio tiempo y no parece guiarse por el reloj de nadie más”.

A partir del 11 de septiembre, la tarjeta de anotaciones del Departamento de Justicia incluye a 237 cargos criminales interpuestos en investigaciones sobre terrorismo; más de 500 deportaciones vinculadas a las investigaciones sobre los sucesos del 11 de septiembre; 18,000 citatorios y órdenes de cateo emitidas; 124 millones de dólares en más de 600 cuentas bancarias congeladas, y 1,228 intervenciones telefónicas secretas y cateos aprobados en relación a presuntos terroristas o espías.

El jueves, el secretario de la Defensa Donald Rumsfeld dijo que han sido detenidas más de dos mil personas “que tienen vínculos y relaciones con terroristas en todo el mundo”. El director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) Robert Mueller dijo a principios de este año que se habían evitado más de 100 ataques terroristas en el mundo, pero es difícil verificar esa cifra.
Además, el Departamento de Justicia dijo que se han desintegrado células terroristas en Buffalo, Nueva York, Detroit, Seattle y Portland, Oregon.

Michael Greenberger, profesor de leyes y director del Centro para la Salud y la Seguridad Interna de la Universidad de Maryland, que trabajó en contra terrorismo en el Departamento de Justicia en el gobierno de Clinton, puso en duda la importancia de esos casos.

“No hay duda alguna de que al pueblo estadounidense le hemos sobre vendido la importancia de las detenciones y los juicios que se están efectuando en Estados Unidos”, dijo y agregó que cree que quienes han sido capturados son “personajes marginales a los que están tratando de enjaretarnos como actores importantes”.

Charles Heyman, editor y experto en temas militares del Grupo de Información de Jane en Inglaterra, dijo que es un error pensar en Al-Qaeda como si fuera una corporación occidental. Comentó que actualmente los combatientes que escaparon de Afganistán están realizando muchas de sus campañas en el ámbito local, así como operaciones para las cuales reciben directivas en pocas ocasiones, si no es que en ninguna, de algún nivel más alto.
“Pienso que es probable que haya unos 100 miembros de Al-Qaeda en esta ciudad”, dijo Heyman.

Sumit Ganguly, un profesor especializado en terrorismo de la Universidad de Texas estuvo de acuerdo. “Se están volviendo mucho más hábiles en esto porque se han dado cuenta de que están siendo observados mucho más de cerca”, dijo.

Estamos de regreso

También parece ser que están respondiendo a cualquier impresión de que se están debilitando, dijo David Isenberg, analista de alta jerarquía del Consejo Británico Estadounidense de Información sobre Seguridad en Washington. Es como si estuvieran diciendo: “Ustedes creen que nos han hecho huir, pero tomen, aquí les va esto”, agregó.
Por otra parte, varios expertos dijeron que parece ser que ha aminorado la posibilidad de que haya más ataques a gran escala dentro de Estados Unidos.

“Pienso que si hubiesen podido ya lo hubieran hecho”, dijo Peter Bergen autor de Holy War Inc.: Inside the Secret World of Osama Bin Laden, quien entrevistó a bin Laden en 1997.
Hoffman dijo que es importante conservar a los ataques más recientes en perspectiva.

“Hay un mundo de diferencia entre atacar un bar en Bali un sábado por la noche o un conjunto residencial en una parte acomodada de la ciudad un lunes en la noche, a causar que el World Trade Center se derrumbe y atacar al Pentágono”, dijo. “Y eso, en sí mismo, demuestra un progreso considerable”.

Los bombazos de Riyadh, aun cuando no de la escala de los ataques del 11 de septiembre o los de agosto de 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, sí requirieron de planeación y compromiso.
Weldon Kennedy, un ex subdirector de la FBI que estuvo a cargo de la investigación del bombazo en la Ciudad de Oklahoma, dijo que la operación le sonaba a algo como “un esfuerzo de grupo muy bien coordinado”, con una etiqueta de un precio menor a cinco mil dólares.

Según varios expertos, es probable que la planeación se llevara varias semanas si no es que meses.
Kennedy también dijo que cree que los ataques recientes sólo reflejan el tiempo necesario que le tomó a Al-Qaeda reagruparse después de que, con la invasión a Afganistán liderada por Estados Unidos, se derrocara al gobierno de los talibán que protegían al grupo terrorista.

“Lo que sucedió en Afganistán fue que se desbarataron total y completamente las líneas de suministro y las de comunicación ... y les ha tomado algún tiempo volver a unirse para planear y organizarse”, dijo.
Las preguntas sobre la situación actual de Al-Qaeda comienzan hasta arriba, con su líder Osama bin Laden, cuyo estatus y lugares por donde anda son desconocidos desde la caída de los talibán a finales de 2001.
“Estamos buscando por todas partes”, el general Richard Myers dijo el jueves durante una conferencia de prensa en la que estuvo Rumsfeld. “Ustedes saben; no sabemos si está vivo o muerto”.

Para Charles Pena, director de estudios de política de defensa del Cato Institute con sede en Washington, sin tener a alguien que esté dentro de Al-Qaeda que proporcione información es difícil saber las respuestas a muchas preguntas. Por ejemplo, ¿Al-Qaeda previó que personajes clave serían capturados y tomó nuevas medidas? ¿Cuáles han sido, si las hay, las consecuencias de la guerra de Irak? ¿Cómo está funcionando la campaña contra el terrorismo?

La red compleja

“En esta guerra contra Al-Qaeda, no hay parámetros”, dijo Pena.
El Presidente Bush, al hablar con los reporteros en la Casa Blanca, dijo que nadie debe estar satisfecho consigo mismo “mientras Al-Qaeda se siga movilizando”. También reiteró lo que dijo a principios de este mes cuando viajaba en el barco USS Abraham Lincoln: cerca de la mitad de los operativos clave de Al-Qaeda ha sido capturada o está muerta.

Una posible repercusión significativa de los ataques de la semana pasada es la perspectiva de que Arabia Saudita le apriete las tuercas a los terroristas y a los simpatizantes de Al-Qaeda en el país. Aun cuando altos funcionarios estadounidenses alaban el nivel de la cooperación saudita, también se han producido incontables quejas y discusiones sobre que el país no está manejando con seriedad el problema.

El papel del reino es vital porque son demasiados los terroristas de Al-Qaeda que son sauditas, incluido bin Laden y una mayoría de los secuestradores del 11 de septiembre y de los suicidas del lunes. También se dice que ha sido una muy importante fuente de financiamiento para Al-Qaeda.

Durante la conferencia de prensa del viernes, Al-Jubeir dijo que los bombazos en Ryadh han impulsado a su país en una forma parecida a la experiencia estadounidense tras el 11 de septiembre, y que los gobernantes están analizando prácticamente todos los aspectos de la sociedad saudita “para poder asegurarnos de que los inmunicemos y evitemos que puedan reclutar a sauditas para estas campañas”.

Sin embargo, también dijo que el país ha sido calumniado injustificadamente y que está firmemente comprometido a trabajar con Estados Unidos y otros para destruir al terrorismo.



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