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LA
COLUMNA
¿Por
qué emigran?
Más que conmiserarme ante la agonía que vivieron los indocumentados
dentro del tráiler sellado y que fue encontrado en Victoria,
Texas, me pongo a reflexionar sobre la razón que impulsa a tanto
salvadoreño a cruzar desiertos, montes y ríos atestados
de peligros. ¿Por qué dejan familia, casa, amigos, tierra,
cultura? ¿Por qué esperar un tren que a muchos los ha
devuelto mutilados o les ha arrancado la vida? Los porqués de
este masivo éxodo son muchos pero las respuestas son escasas.
Conozco a un jovencito que, después de curarse de las heridas
que le dejó una paliza en tierras mexicanas, emprendió
un segundo viaje. Llegó. Ahora dice estar feliz, junto a su padre
y con un trabajo muy bien remunerado, deseoso de ayudar a una congregación
religiosa que lo vio crecer o a algún necesitado. También
sé de otros dos jóvenes cuyo destino es desconocido, o
de jovencitas que se cansaron de buscar empleo y no hallaron otra salida
a su desesperación. Dios sabe que busqué trabajo
y no lo encontré, me dijo una pariente que en su peregrinaje
ilegal sorteó infinidad de peligros y miró restos de huesos
de humanos. Decían que eran de personas que habían
viajado por su cuenta o que los coyotes los dejaron a su suerte y murieron
de hambre, de sed, por el calor o el frío, agregó.
Las historias de indocumentados salvadoreños son muchas y tienen
distintos matices; pero todas representan una cruel odisea, de la cual
casi siempre se responsabiliza al coyote. Estoy en desacuerdo
con el trabajo que ellos desempeñan, de cómo se lucran
y se aprovechan de la desesperación de la gente. Sin embargo,
esta figura no desaparecerá capturándolos o desintegrando
bandas de traficantes de humanos, tampoco llamando a la cordura a la
gente para que no se entreguen en sus manos. Encarcelarán unos
y surgirán otros. Hasta se habla de una especialización
de este oficio porque hay condiciones para desarrollarlo, porque hay
países como el nuestro donde la pobreza se abalanza como un monstruo
gigante sobre casi la mitad de la población, que desesperada
hace lo que sea para proveer un futuro digno a sus hijos. Ya es tiempo
de que en lugar de hablar del tema, se aborde de manera responsable.
Las gestiones gubernamentales para lograr por ejemplo, la estabilidad
legal de más de 200 mil salvadoreños a través de
una extensión del TPS, es algo loable, pero ¿hasta cuándo
dejaremos de depender de esas concesiones? ¿Hasta cuando las
remesas dejarán de sostener nuestra economía ? ¿Hasta
cuándo cesará ese peregrinaje que en muchos casos termina
trágicamente como ocurrió con los ocupantes del tráiler
encontrado en Texas?
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