24 de agosto de 2003


CARTAS

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com

Que funda la máquina

Hace 10 años que decidí hacerme un tatuaje. Para ser honesta disfruté el momento, lo pensé, medité y decidí. Estoy orgullosa de ellos porque marcaron en mí momentos personales que viví.
Nunca he pensado en quitármelos; al contrario, debo de confesar que esto es algo adictivo y a la vez algo romántico. Sería muy difícil tratar de convencer a los lectores que no lo tienen.
A lo que voy es... hace unos días hablé por simple curiosidad a una institución que tiene la máquina removedora de tatuajes. Marqué y dije con mi voz un poco ronca:
“Señorita, sería tan amable de decirme qué se requiere para remover un tatuaje”.
No me lo creerán, pero les sugiero tomen asiento y al lado suyo pongan una taza de café y entreténganse con esto. Con una voz casi, casi de Dulcinea me dijo: Mire, señorita, para removerle el o los tatuajes es necesario que traiga a nuestras oficinas la siguiente documentación: (señores, agarrense): - Examen de Sida. (Que vale solamente un dólar ¡ja, ja!); - Una carta de recomendación de alguna Institución de Rehabilitación; Solvencia de Policía; Llenar una solicitud previa; Examen de Hepatitis; Traer encargada si sos menor de edad.
Cuando la Dulcinea terminó, yo le dije siempre con mi voz tipo Gretta Garbo: “Bueno, quiere decir que no es suficiente presentarme ahí con el 18 en mi rostro y pasar sobre mi esos estrujantes rayos láser”. Y dijo Dulcinea: “¡Nooo...!” Después que me entregue todo esto y lo restante -que no les he podido escribir por falta de espacio- tengo que llevar la solicitud a preselección y ahí veremos si usted está realmente manchado. Señores, por favor, no creen que es más fácil presentarse con el rostro tatuado y empezar a quitárselos hasta que se funda esa máquina y ya fundida pedir a los altos y profesionales corruptos de nuestro país que les proporcionen otra.
Lo repito: siempre estaré orgullosa de lo que llevo puesto; pero para los que se han arrepentido no más tantito les cuento.


Brenda Carolina Perla
bperla66@hotmail.com

Qué ingratos

Como es posible que nuestros bien pagados padres de la patria no se den cuenta de la infinita necesidad de todo el pueblo de la emisión de leyes en contra de los mareros.
Realmente es ingrata la forma de actuar de estos políticos. Yo vivo en Canadá. Toda mi familia vive allá en Soyapango y todos los días de mi vida estoy más que preocupado por la peligrosa situación de mis hermanas y mis sobrinos. Como me encantaría que uno de esos bufones de la oposición (o quien sea que no apoye la emisión de leyes) se bajara en la noche de la ruta 7C al venir de trabajar o estudiar en la Colonia Los Santos 1 o que se diera una vueltecita por Los Conacastes... o que vaya a Apopa.
Sencillamente, con el perdón de todos, pero se orinarían en sus pantalones. Yo estoy lejos para darles mi espalda en las próximas elecciones; pero, por favor, hermanos salvadoreños, demosle el vuelto por sus acciones.

Jorge Ramos, Ottawa
yotopelirrojo@hotmail.com



Evaluación docente

Reconozco la importancia que tiene esta revista en el ambiente nacional y por esa razón denuncio ante ustedes la falta de criterios y de objetividad que tiene la famosa evaluación del desempeño docente.
El MINED en coordinación con la UES diseñaron una guía de evaluación de la cual los maestros solo vemos los resultados; antes de toda evaluación considero discreto y sano dar a conocer los puntos a evaluar; pero ni los maestros, los directores o incluso los mal llamados “asesores pedagógicos” -que no contribuyen en nada en los centros escolares- más parecen plazas políticas entregadas a personas sin el conocimiento del trabajo del aula.
Las evaluaciones realizadas no evalúan el trabajo del docente o primordialmente lo que los directores y maestros preparan para sus evaluaciones, ya que se evalúan otros aspectos los cuales desconocemos y al final los malos somos los docentes mal informados y juzgados injustamente. No estoy excusando a los docentes, pero en los casos cercanos a mi lugar de trabajo, considero que la calidad docente puede mejorar con ayuda certera de verdaderos asesores pedagógicos y con evaluaciones mucho más objetivas y que sus aplicadores sean personas que laboren en el ámbito educativo o algo afín.

Miguel Molina
quintin@elsalvador.com


¿Alguien puede informarme?

Amigos, les cuento el caso de mi hermana quien ya lleva cuatro años con Insuficiencia Renal Crónica. En esos cuatro años, también ha tenido dos operaciones del corazón a raíz de las diálisis que ella se viene realizando, las cuales se le realizan tres veces a la semana.
Mi madre mantuvo una conversación con uno de los médicos que le tratan y éste le ha dicho que el corazón nuevamente se encuentra estropeado; manifiesta que la vida de mi hermana corre bastante riesgo. Quisiera que por medio de ustedes pueda conocer qué tratamientos se puede dar a este caso o donde existe un centro especialista.
El nombre de mi hermana es Carmen Sosa. Cualquier ayuda o información que me puedan dar, será bienvenida. Favor escriban a mi correo y gracias por su comprensión.

César Sosa Mencías
csosa@quito.inec.gov.ec


Pueblo salvadoreño

Doy mis mayores condolencias al pueblo salvadoreño por estar sufriendo las consecuencias de estas pandillas que cometen crímenes que ni Dios los perdona. Las leyes de El Salvador hacen que no sean pagados.

Juan Aguiluz
juan.aguiluz@bredband.net



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